Luxación
La luxación se produce cuando los huesos que forman parte de una articulación se separan debido a que el ligamento que los une se estira en exceso.
Síntomas y causas
La luxación, también llamada dislocación, es la separación de los huesos de una articulación, por lo que pierde su relación anatómica. Suele ser la consecuencia de una fuerza excesiva sobre el ligamento que une las piezas óseas, que sufre una distensión y se afloja.
El nombre de la luxación suele tomarse del hueso más alejado de la región en la que se ha reubicado el hueso luxado o de la articulación dañada. Las más frecuentes son la luxación de la rodilla con desplazamiento de la rótula, luxación de hombro en la que se separan la clavícula y el omóplato (luxación acromioclavicular) y la luxación de codo por la que se desplazan el húmero y los huesos del antebrazo (cúbito y radio).
Dependiendo de la gravedad de la dislocación, la luxación puede ser de dos tipos:
- Luxación completa: los huesos se separan por completo.
- Subluxación: se produce un desplazamiento de los huesos articulares, por lo que pierden su alineación habitual, pero continúan en contacto.
El pronóstico de la luxación es generalmente bueno, ya que, si se sigue el tratamiento adecuado, suele resolverse sin complicaciones en un plazo de unas seis a doce semanas. Aun así, los casos más graves pueden tardar más tiempo en recuperarse. Cuando se dan en menores de 20 años, hay un riesgo mayor de recurrencia.
Síntomas
Los síntomas más característicos de una luxación son:
- Dolor intenso.
- Hormigueo o entumecimiento de la articulación.
- Inflamación.
- Hematoma.
- Limitación de movimiento.
- Deformidad evidente que, dependiendo de la dirección de la dislocación, puede ser:
- Luxación anterior: el hueso se desplaza hacia adelante. Es habitual en el hombro.
- Luxación posterior: el hueso se mueve hacia atrás. Es más frecuente en la cadera.
- Luxación inferior: el hueso se posiciona por debajo de lo habitual. Aunque es menos común que la anterior, también es habitual en el hombro.
- Luxación superior: el hueso se coloca por encima de su ubicación normal. Suele darse en la articulación acromioclavicular.
La piel que cubre la articulación dañada puede mostrar una apariencia diferente, por lo que la dislocación se puede clasificar en:
- Luxación abierta: la piel se desgarra porque los huesos que se han desplazado de lugar la atraviesan, por lo que se presenta una herida expuesta que supone una emergencia médica.
- Luxación cerrada: no hay herida abierta, por lo que la piel permanece intacta.
Causas
Las casusas de una luxación pueden ser:
- Luxación traumática: se debe a un impacto o una caída.
- Luxación congénita: está presente desde el nacimiento como consecuencia de que el crecimiento intrauterino se detiene. La más frecuente es la displasia del desarrollo de la cadera, en la que la cabeza del fémur no encaja adecuadamente en el acetábulo pélvico.
- Luxación patológica: es la consecuencia de una enfermedad subyacente que debilita las articulaciones.
- Luxación recidivante: repetición crónica de la dislocación debida a un daño en los ligamentos o la cápsula articular que envuelve la articulación.
Factores de riesgo
El riesgo de luxación aumenta en los siguientes casos:
- Sufrir caídas o accidentes de tráfico.
- Practicar deportes de contacto sobre todo en adultos jóvenes.
- Hiperlaxitud articular: los ligamentos son más flexibles de lo habitual, por lo que las articulaciones tienen un rango de movimiento superior al normal.
- Debilidad muscular.
- Articulaciones con una cavidad poco profunda, ya que son menos estables.
- Edad avanzada: el paso del tiempo causa debilidad muscular y disminución de la densidad ósea, por lo que aumenta la inestabilidad en las articulaciones.
- Enfermedades que debilitan las articulaciones:
- Artrosis: desgaste crónico del cartílago articular.
- Artritis: inflamación articular.
- Artritis séptica: infección de la articulación.
- Artritis reumatoide: el sistema inmunitario ataca la membrana sinovial, por lo que los tendones se inflaman y las articulaciones se debilitan.
- Laxitud ligamentosa severa: los ligamentos están excesivamente relajados.
- Tumores óseos.
Complicaciones
No es frecuente que la luxación provoque complicaciones. Aun así, pueden ocasionar:
- Síndrome compartimental: si la luxación está acompañada de fractura ósea, es posible que la inflamación obstruya el flujo sanguíneo y los tejidos que la componen se necrosen.
- Daños en los vasos sanguíneos que, al igual que el síndrome compartimental, impidan la llegada de sangre a los tejidos.
- Hemorragia interna: las luxaciones abiertas pueden perforar la piel y los vasos sanguíneos provocando una gran pérdida de sangre.
- Lesión de los nervios periféricos: es posible que los nervios queden aplastados o se estiren como consecuencia de una luxación. Aunque se recuperan en la mayoría de los casos, suele ser una lesión que tarda bastante tiempo en curarse y que, en el caso de rotura total, requiere una intervención quirúrgica.
- Infecciones: las luxaciones abiertas provocan una herida, por lo que hay una mayor propensión a las infecciones. Si se extienden al hueso (osteomielitis) es una patología grave y difícil de curar.
Prevención
Las luxaciones pueden prevenirse adquiriendo algunos hábitos sencillos:
- Fortalecer los músculos y aumentar la flexibilidad mediante ejercicios específicos.
- Utilizar protección (casco, rodilleras, coderas, muñequeras) para practicar deportes de alto impacto.
- Evitar forzar las articulaciones, para ello, se debe adoptar la posición adecuada para hacer esfuerzos y utilizar la técnica correcta al practicar deportes.
- Calentar antes del ejercicio y estirar una vez finalizada la sesión.
¿Qué médico trata la luxación?
La luxación es una patología que se trata en las especialidades de Traumatología y Cirugía ortopédica, Medicina familiar y comunitaria y Medicina de la educación física y el deporte.
Diagnóstico
El diagnóstico de la luxación suele incluir los siguientes procedimientos:
- Historia clínica: además de los antecedentes médicos y el estilo de vida del paciente, se recopila toda la información sobre la forma en que se produjo la lesión y los síntomas percibidos.
- Exploración física:
- Se observa la zona para comprobar si hay hematomas, inflamación, deformidad o heridas abiertas.
- Se palpa la articulación para determinar si hay hinchazón y los puntos de dolor.
- Se comprueba el rango de movimiento de la articulación.
- Se mide el pulso en los vasos sanguíneos de la parte más alejada de la articulación lesionada, para comprobar si hay daño vascular.
- Se movilizan los músculos y se evalúa la sensibilidad de la piel para confirmar o descartar daños neurológicos.
- Radiografía: se emiten rayos X para obtener imágenes de los huesos y los tejidos músculos que permiten ver la localización anormal de los huesos, así como comprobar si hay fracturas óseas y determinar el tipo de desplazamiento (anterior, posterior, inferior o superior).
- Tomografía computarizada (TC): se toman imágenes con rayos X desde diversos ángulos para conseguir una imagen tridimensional de la articulación. Es una prueba útil para detectar fracturas no detectables en una radiografía convencional o lesiones de mayor complejidad.
- Resonancia magnética (RM): se emplean ondas de radio y un campo electromagnético para conseguir imágenes detalladas de la articulación. A diferencia de la radiografía y la TC, se puede ver el estado tanto los huesos como los tendones y los ligamentos.
Tratamiento
El tratamiento habitual de una luxación suele ser el siguiente:
- Primeros auxilios inmediatos: los puede realizar cualquier persona mientras se llega al centro médico. Es fundamental no intentar colocar la articulación, ya que, sin la técnica adecuada, se puede agravar el daño.
- Inmovilizar la articulación en la forma en que se ha quedado tras la lesión.
- Aplicar hielo para reducir la inflamación.
- Reducción cerrada: el especialista aplica anestesia local para colocar la articulación en el lugar adecuado. Normalmente, se utilizan técnicas manuales de recolocación.
- Cirugía: determinadas luxaciones no pueden tratarse con reducción cerrada, por lo que es necesaria una intervención quirúrgica para recolocar los huesos en su posición.
- Inmovilización post reducción: tras la colocación la articulación debe permanecer inmóvil durante un tiempo hasta que los ligamentos queden completamente reparados. Normalmente, se recurre a un cabestrillo, aunque en algunos casos se pone una férula o un yeso para impedir el movimiento.
- Rehabilitación: la fisioterapia es fundamental para recuperar la movilidad completa. Se comienza con movimientos suaves y, poco a poco, se añaden ejercicios específicos para fortalecer los músculos.






































































































