Mujer y salud cardiovascular: factores de riesgo a partir de los 45-50 años y por qué el infarto no siempre se manifiesta igual

Durante años, las enfermedades cardiovasculares se han percibido como un problema mayoritariamente masculino. Sin embargo, esta idea no solo es incompleta, sino que ha contribuido a infradiagnosticar y retrasar la atención en muchas mujeres. A partir de los 45–50 años, coincidiendo con la transición a la menopausia, el riesgo cardiovascular femenino aumenta de forma significativa y adopta características propias que conviene conocer.
Entender cómo cambian los factores de riesgo y reconocer que los síntomas de un infarto no siempre son los mismos que en los hombres es clave para mejorar la prevención y la detección precoz.
"Las enfermedades cardiovasculares son también la principal causa de muerte en mujeres. El reto es que, en muchas ocasiones, se manifiestan de forma diferente y eso retrasa la consulta y el diagnóstico", explica el Dr. Jordi Pérez Rodon, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
El corazón femenino: un cambio de escenario a partir de los 45–50 años
Hasta la menopausia, las mujeres suelen presentar una menor incidencia de enfermedad cardiovascular que los hombres de la misma edad. La protección hormonal, especialmente el papel de los estrógenos, contribuye a mantener un perfil metabólico y vascular más favorable. Sin embargo, este escenario cambia progresivamente a partir de los 45–50 años.
Con el descenso hormonal, aumentan la rigidez arterial, las alteraciones del metabolismo de las grasas y la tendencia a acumular grasa abdominal, factores que elevan el riesgo cardiovascular. A ello se suma que, en esta etapa, suelen coexistir otros condicionantes como el estrés crónico, los cambios en el sueño o una menor actividad física.
"Tras la menopausia, el riesgo cardiovascular de la mujer se aproxima rápidamente al del hombre, e incluso puede superarlo si confluyen otros factores", señala el Dr. Pérez Rodon.
Las cifras confirman la magnitud del impacto cardiovascular en la mujer. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en mujeres en España, por delante del cáncer, y representan alrededor del 30% de todas las defunciones femeninas.
Cómo cambian los factores de riesgo en la mujer
Los factores de riesgo clásicos —hipertensión, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo o sedentarismo— afectan también a las mujeres, pero su impacto puede ser distinto y, en algunos casos, más acusado a partir de la menopausia.
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Hipertensión arterial: su prevalencia aumenta de forma significativa tras los 50 años y con frecuencia pasa desapercibida durante años.
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Colesterol y perfil lipídico: el descenso de estrógenos se asocia a un aumento del colesterol LDL y a una reducción del HDL.
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Diabetes: en mujeres, la diabetes multiplica el riesgo cardiovascular de forma más marcada que en hombres.
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Obesidad abdominal: la redistribución de la grasa hacia el abdomen tiene un impacto directo en el riesgo cardiaco.
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Factores psicosociales: el estrés sostenido, la ansiedad o la depresión influyen de manera relevante en la salud cardiovascular femenina.
"A menudo, estos factores se normalizan como parte del envejecimiento, cuando en realidad son señales claras de alerta cardiovascular", subraya el Dr. Pérez Rodon.
Por qué el infarto no siempre presenta los mismos síntomas
Uno de los principales retos en la salud cardiovascular femenina es que el infarto no siempre se manifiesta con el patrón clásico descrito en los hombres. El dolor torácico opresivo irradiado al brazo izquierdo puede aparecer, pero no es el único ni el más frecuente en todos los casos.
En mujeres, es habitual que los síntomas sean más inespecíficos o atípicos, lo que favorece la confusión y retrasa la atención médica. Entre los más frecuentes se encuentran:
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Molestia torácica difusa o poco definida.
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Falta de aire sin dolor claro en el pecho.
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Fatiga intensa y repentina.
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Náuseas, vómitos o molestias digestivas.
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Dolor en la espalda, cuello, mandíbula u hombros.
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Mareo, sudoración fría o sensación de malestar general.
"Muchas mujeres no reconocen estos síntomas como cardíacos y tardan más en acudir a urgencias", advierte el especialista. "Las cifras nos indican que el infarto en la mujer sigue infravalorado. No porque sea menos frecuente, sino porque se detecta más tarde y, en muchos casos, se manifiesta de forma menos típica", apunta el Dr. Pérez Rodon.
Prevención cardiovascular con enfoque femenino
A partir de los 45–50 años, la prevención cardiovascular en la mujer debe ser activa y adaptada a esta etapa vital. Algunas claves son:
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Revisar periódicamente presión arterial, colesterol y glucosa.
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Prestar atención a cambios en el peso y en la distribución de la grasa corporal.
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Mantener actividad física regular, ajustada a la condición física y al momento vital.
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Cuidar el descanso y el manejo del estrés como parte del abordaje cardiovascular.
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Consultar ante síntomas persistentes, nuevos o diferentes a los habituales.
"La prevención cardiovascular en la mujer no puede basarse en un modelo único. Conocer los cambios hormonales, los factores de riesgo y los síntomas menos evidentes es esencial para actuar a tiempo", concluye el Dr. Jordi Pérez Rodon jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
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