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Los hoyuelos en las mejillas son uno de los rasgos faciales más reconocibles y, para muchas personas, se asocian con el atractivo o la simpatía. Sin embargo, más allá de las percepciones estéticas, su aparición tiene una explicación anatómica relacionada con la musculatura de la cara.

Durante años se ha dicho popularmente que los hoyuelos son consecuencia de una "imperfección" del músculo cigomático mayor. Sin embargo, no se trata de ningún defecto ni de una alteración médica. "Los hoyuelos no son una alteración ni una enfermedad. Desde el punto de vista médico, se consideran una variante anatómica normal", explica el Dr. Javier Mareque Bueno, médico odontólogo y cirujano oral y maxilofacial del Hospital Universitari Dexeus.

En muchas personas con hoyuelos, el músculo cigomático mayor —uno de los principales músculos que intervienen en la sonrisa— presenta una disposición anatómica diferente a la habitual, que puede incluir una bifurcación parcial. Cuando el músculo se contrae al sonreír, esta configuración hace que la piel quede más unida a los tejidos profundos y aparezca la característica depresión en la mejilla.

Un rasgo con componente hereditario

Los hoyuelos aparecen con mayor frecuencia en determinadas familias, por lo que la genética desempeña un papel importante en su desarrollo. Sin embargo, su herencia no sigue un patrón tan sencillo como se creía hace años.

"Existe una clara influencia genética, aunque actualmente sabemos que probablemente intervienen distintos factores relacionados tanto con la genética como con el desarrollo facial", explica el Dr. Mareque.

Además, no todos los hoyuelos tienen el mismo aspecto. Pueden aparecer en una sola mejilla o en ambas, ser más profundos o más discretos y, en algunos casos, hacerse visibles únicamente al sonreír. También existen hoyuelos en otras zonas del rostro, como la barbilla, aunque su origen anatómico es diferente.

Su apariencia, además, puede variar con el tiempo. Algunos niños presentan hoyuelos muy marcados que se atenúan durante el crecimiento debido a los cambios en la grasa facial y en la estructura de los tejidos. Del mismo modo, el envejecimiento, las fluctuaciones de peso o la pérdida de elasticidad de la piel pueden hacer que sean más o menos visibles a lo largo de la vida.

El músculo que hace posible la sonrisa

El músculo cigomático mayor participa de forma decisiva en la sonrisa y conecta la región del pómulo con la comisura de los labios. Su contracción eleva las comisuras labiales y contribuye a una de las expresiones faciales más características de las emociones positivas.

Aunque los hoyuelos están relacionados con la configuración de este músculo y de los tejidos que lo rodean, esta particularidad anatómica no afecta a su función. Las personas que tienen hoyuelos pueden sonreír, hablar y masticar con normalidad, y los hoyuelos no se asocian por sí mismos a problemas de salud.

Las alteraciones de la musculatura facial pueden aparecer, en cambio, en situaciones excepcionales, como determinadas parálisis faciales, traumatismos, lesiones de los nervios faciales o algunas intervenciones quirúrgicas. En estos casos pueden producirse asimetrías de la sonrisa o limitaciones de la movilidad facial.

Como ocurre con otros músculos del organismo, el paso de los años puede provocar cierta pérdida de tono muscular. Sin embargo, en personas sanas, el músculo cigomático mayor suele conservar adecuadamente su función incluso a edades avanzadas.

Lejos de ser un defecto, los hoyuelos son una característica anatómica más del rostro. Su presencia está relacionada con la particular disposición de los tejidos faciales y se hace especialmente visible cuando sonreímos, convirtiéndose en uno de esos pequeños rasgos que hacen que cada cara sea diferente.