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Con la llegada del verano, es habitual escuchar recomendaciones para "tomar el sol y recargar vitamina D". Sin embargo, la relación entre la exposición solar y esta vitamina está rodeada de mitos que pueden llevar a hábitos poco saludables.

La vitamina D desempeña un papel fundamental en nuestro organismo. Contribuye a la absorción del calcio y del fósforo, ayuda a mantener unos huesos fuertes y participa en el correcto funcionamiento del sistema inmunitario. Aunque parte de esta vitamina puede obtenerse a través de la alimentación, la principal fuente sigue siendo la síntesis que realiza nuestra piel cuando se expone a la radiación solar.

A pesar de ello, los especialistas recuerdan que más tiempo al sol no significa más beneficios. De hecho, la piel tiene una capacidad limitada para producir vitamina D y una exposición excesiva aumenta el riesgo de daño cutáneo.

"La radiación ultravioleta es un factor de riesgo conocido para el envejecimiento prematuro de la piel y para el desarrollo de cáncer cutáneo. Por eso, el objetivo debe ser encontrar un equilibrio entre obtener vitamina D y proteger la salud de la piel", explica la Dra. Alba Català, Jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitari Quirónsalud Barcelona.

Uno de los mitos más extendidos es que el uso de protector solar impide la síntesis de vitamina D. Sin embargo, la evidencia científica muestra que, en condiciones reales, las personas no suelen aplicar el fotoprotector de forma perfecta ni uniforme, por lo que la producción de vitamina D se mantiene en niveles adecuados en la mayoría de los casos.

Otro error frecuente es pensar que es necesario permanecer largos periodos al sol. En realidad, durante los meses de primavera y verano suelen bastar exposiciones breves y regulares en zonas como brazos o piernas para favorecer la síntesis de esta vitamina. Además, existen alimentos que aportan vitamina D, como el pescado azul, los huevos o algunos productos enriquecidos.

Los expertos también recuerdan que algunos grupos de población, como las personas mayores o quienes presentan déficit de vitamina D, pueden requerir una valoración médica específica e incluso suplementación, siempre bajo supervisión profesional.

En cualquier caso, las recomendaciones para disfrutar del sol de forma segura continúan siendo las mismas: evitar las horas de máxima radiación, utilizar protección solar adecuada, complementar la protección con gafas, gorra o sombrero y prestar especial atención a niños y personas con piel especialmente sensible.

Porque disfrutar del verano y cuidar nuestra salud no son objetivos incompatibles. La clave está en hacerlo de forma responsable e informada.