Ampollas
Las ampollas son pequeños sacos de piel rellenos de líquido que surgen como respuesta a una agresión externa, enfermedades infecciosas o patologías autoinmunes.
Síntomas y causas
Las ampollas son protuberancias rellenas de líquido que se forman en la capa superficial de la piel como consecuencia del roce, el calor o enfermedades cutáneas. Aparecen con mayor frecuencia en las manos y los pies, aunque pueden surgir en otras partes del cuerpo.
El líquido que rellena las ampollas es una mezcla de plasma sanguíneo, agua y proteínas que el organismo genera para defenderse. Suele ser transparente o de color amarillo claro, pero se vuelve más oscuro cuando hay presencia de sangre debido a que la lesión ha alcanzado los capilares que hay debajo de la piel. Este líquido seroso actúa como un vendaje natural para proteger las terminaciones nerviosas y el tejido dañado frente a infecciones, golpes o roces.
A pesar de que son molestas, las ampollas suelen ser benignas y desaparecen sin necesidad de tratamiento médico. Aun así, cuando aparecen en lugares extraños o sin una explicación aparente, conviene acudir a un experto que las analice debidamente.
Síntomas
Los síntomas característicos de las ampollas son:
- Elevación de la piel rellena de líquido que puede presentarse sola o en grupo.
- Vesículas: son de tamaño pequeño, con un diámetro inferior a 5 milímetros.
- Bullas: son más grandes, con un diámetro mayor de 5 milímetros.
- Sensación de ardor.
- Picazón.
- Sensibilidad al tacto.
- En ocasiones, dolor, sobre todo cuando se presiona la ampolla.
Las ampollas infectadas presentan los siguientes signos:
- Enrojecimiento de la piel que recubre y rodea la protuberancia.
- Dolor agudo.
- Supuración de pus (líquido espeso de color amarillo o verde que contiene suero, leucocitos y células muertas).
- Sensación de calor en la zona afectada.
- Fiebre.
- Cansancio.
- Dolor corporal generalizado.
Causas
Las ampollas pueden aparecer por causas muy diversas:
- Ampollas en la piel: se producen en cualquier zona del cuerpo.
- Quemaduras: aparecen cuando se producen quemaduras de segundo grado por exposición al fuego, materiales muy calientes, productos químicos electricidad o radiación solar. En las quemaduras de tercer grado, las ampollas forman parte del proceso de curación.
- Picaduras de insectos: provocan una reacción inflamatoria que desaparece en poco tiempo si no se tiene alergia.
- Enfermedades cutáneas:
- Impétigo ampolloso: infección bacteriana por el Staphylococcus aureus.
- Pénfigo vulgar: trastorno autoinmune que cursa con ampollas dolorosas en la piel y las mucosas.
- Penfigoide ampolloso: enfermedad autoinmune que causa bullas con pus.
- Dermatitis herpetiforme: se asocia a la enfermedad celiaca y provoca ampollas y picor.
- Epidermólisis ampollosa: patología genética por la que la piel es extremadamente frágil y con mayor propensión a las ampollas.
- Herpes zóster: la reactivación de la infección por el virus varicela-zoster afecta a los nervios periféricos y a la piel, causando ampollas dolorosas en forma de franja.
- Varicela: infección por el virus varicela-zóster caracterizada por un sarpullido que, tras la inflamación inicial, deriva en ampollas. Cuando se secan, aparecen las costras.
- Exantema vírico de manos, pies y boca: conocido habitualmente como la enfermedad de mano, boca pie, es una infección por el virus de Coxsackie habitual en los niños. Cursa con fiebre, llagas en la boca y ampollas en las manos y los pies.
- Ampollas en los pies:
- Fricción o roce repetitivo con superficies ásperas cuando se camina descalzo o con los zapatos, cuando no tienen un buen ajuste.
- Sudoración: la humedad generada reblandece la piel, por lo que la fricción aumenta.
- Calor excesivo: caminar descalzo sobre superficies muy calientes.
- Infecciones: si las bacterias o los hongos penetran en la capa superficial de la piel, pueden generar ampollas.
- Mala circulación: cuando la sangre no fluye adecuadamente se produce un daño en los tejidos que deriva en inflamación y heridas.
- Ampollas en las manos:
- Fricción constante por el uso de herramientas o material deportivo sin protección.
- Dishidrosis: dermatitis crónica que cursa con ampollas como consecuencia del estrés, el calor o la sudoración excesiva.
- Ampollas en la boca:
- Aftas: úlceras que aparecen en el labio o la lengua debido a un sistema inmunitario debilitado o a cambios hormonales, estrés o traumatismos.
- Calentura: herpes labial causado por el virus del herpes simple.
- Ampollas genitales: suelen ser un signo de herpes genital, una infección de transmisión sexual. Son frecuentes en el pene, el glande, la vulva o el ano.
Factores de riesgo
Los factores que aumentan el riesgo de padecer ampollas son:
- Llevar calzado inadecuado: los zapatos nuevos, rígidos, demasiado flojos o muy apretados ejercen presión o provocan fricción en el pie.
- No utilizar calcetines.
- Fricción excesiva de objetos contra la piel.
- Temperaturas muy altas.
- Exposición al sol, calor directo o agentes químicos.
- Alergias.
- Ambientes con muchos insectos.
- Enfermedades que se manifiestan con ampollas.
Complicaciones
Aunque no es muy habitual, las ampollas pueden causar complicaciones graves:
- Infección de la herida: si la ampolla se rompe, las bacterias tienen mayor facilidad para acceder a la zona lesionada.
- Celulitis infecciosa: las bacterias se propagan a la piel que rodea la lesión, por lo que se enrojece e inflama. Además, puede provocar fiebre.
- Cicatrices: si la piel se retira antes de tiempo, pueden quedar cicatrices visibles y duraderas.
- Deshidratación: algunas patologías que provocan ampollas pueden hacer que el paciente pierda muchos líquidos.
¿Qué médico trata las ampollas?
Las ampollas se tratan en especialidades muy diversas, dependiendo de su naturaleza y dónde aparezcan. En la mayoría de los casos, Dermatología médico-quirúrgica y Venereología, Podología, Enfermedades infecciosas o Medicina familiar y comunitaria.
Diagnóstico
El diagnóstico de las enfermedades ampollosos se lleva a cabo mediante los siguientes procedimientos:
- Anamnesis: se hace una historia clínica en la que se recopilan los antecedentes médicos y familiares del paciente junto con los síntomas y el estilo de vida.
- Exploración física: se observa la zona en la que han aparecido las ampollas para comprobar sus características. Además, se vigilan otras zonas de piel y mucosa en las que pueden haber surgido otras protuberancias.
- Biopsia: es eficaz para detectar enfermedades ampollosas autoinmunes. Para hacerla, se toma una muestra del tejido dañado y se analiza en el laboratorio con la técnica de inmunofluorescencia directa en la que se utiliza un anticuerpo marcado con fluorocromo para detectar anticuerpos IgG (protegen frente a las infecciones bacterianas) o IgA (protege las mucosas y los fluidos frente a las infecciones).
- Inmunofluorescencia indirecta: se analiza una muestra de sangre para detectar los anticuerpos específicos presentes. Se utilizan dos anticuerpos, el primario se une al antígeno y el secundario, que es fluorescente, se liga al primario permitiendo una detección fácil.
- Inmunobloting: es una técnica de biología molecular que sirve para diagnosticar la enfermedad concreta que tiene el paciente. Para detectar el tipo de anticuerpos que produce el organismo, se separan las proteínas según su peso molecular y se añaden un anticuerpo primario y otro secundario para poder observar las bandas que se forman al unirse.
Tratamiento
La principal recomendación es no tocar las ampollas y dejar que se curen por sí mismas para evitar molestias e infecciones. Se debe evitar, en la medida de lo posible, el roce con la zona dañada, por lo que conviene mantenerla al aire libre.
Si la ampolla causa mucho dolor o hay riesgo de que se rompa espontáneamente, se debe drenar el líquido siguiendo estas recomendaciones:
- Lavarse las manos con agua y jabón antes de manipular las bullas.
- Limpiar la zona afectada con agua tibia y jabón neutro.
- Desinfectar una aguja con alcohol o agua oxigenada.
- Hacer una punción en uno de los bordes de la ampolla para que el líquido salga al exterior.
- Es importante dejar que el líquido salga por sí solo, sin apretar la amolla y, sobre todo, sin retirar la piel que la cubre.
- Cuando haya salido todo el líquido, lavar la ampolla de nuevo.
- Aplicar una crema antibiótica.
- Cubrir con una gasa estéril que se deberá cambiar de forma regular para evitar que se ensucie o humedezca, ya que podría retrasarse la cicatrización o facilitar la llegada de bacterias.
El tratamiento de las enfermedades ampollosas depende de su naturaleza. Como en la mayoría de los casos son procesos infecciosos, se prescriben antibióticos para combatir a las bacterias y analgésicos para calmar el dolor.



































































































