Hepatocarcinoma

Toda la información sobre las causas, los síntomas, los tratamientos y el pronóstico del cáncer que se origina en las células del parénquima del hígado.

Síntomas y causas

El hepatocarcinoma es el tipo más frecuente de cáncer de hígado, se estima que supone entre el 80 y el 90 % de todos los tumores hepáticos. Se origina en los hepatocitos, las células predominantes del hígado que se organizan formando el parénquima hepático responsable de la síntesis de proteínas o la producción de bilis, entre otras funciones.

Es raro que el hepatocarcinoma se desarrolle en un hígado sano, ya que suele estar relacionado con una afección previa, como la hepatitis, la cirrosis o la enfermedad del hígado graso no alcohólico.

El hepatocarcinoma puede dividirse en tres tipos si se tiene en cuenta su patrón de crecimiento:

  • Hepatocarcinoma nodular solitario o masivo: es el más común. Se forma un único tumor bien definido que puede estar encapsulado.
  • Hepatocarcinoma multinodular o multifocal: consta de varios tumores diseminados en distintos segmentos del hígado. Es el más habitual en pacientes con cirrosis en estado avanzado.
  • Hepatocarcinoma infiltrativo o difuso: las células cancerosas no se agrupan en un tumor, sino que se diseminan en el hígado reemplazando el tejido hepático sano. Debido a sus características es muy difícil de diagnosticar, ya que puede confundirse con la cirrosis.

El pronóstico del hepatocarcinoma depende del estadio en el que se encuentre cuando se diagnostica. Suele tener mala evolución, ya que es un tipo de tumor muy agresivo y se sitúa actualmente como el segundo más letal después del cáncer de páncreas. La esperanza de vida de los pacientes con hepatocarcinoma sin tratar varía entre los tres años y los cuatro meses. Con el tratamiento adecuado, la tasa de supervivencia es de 5 años o más en estadios iniciales y de alrededor de 11 meses en estadios avanzados.

Según la Asociación Española contra el Cáncer, la estadificación del hepatocarcinoma es la siguiente:

  • Estadio inicial (A): los pacientes son asintomáticos y tienen una buena función hepática. Tienen un solo tumor o hasta 3 de un tamaño inferior a 3 centímetros. Pueden someterse a tratamientos radicales y tienen una supervivencia a 5 años de entre el 50 y el 75 %.
  • Estadio intermedio (B): no muestran síntomas y tienen un tumor de gran tamaño o multinodular. La esperanza de vida aumenta con el tratamiento. Se estima que la supervivencia a 3 años es del 50 %.
  • Estadio avanzado (C): se presentan síntomas y los tumores han invadido los vasos sanguíneos o se han extendido a otros órganos. Los tratamientos son paliativos y la supervivencia a los 6 meses de un 50 %.
  • Estadio terminal (D): tumores sintomáticos de gran tamaño o diseminados. Se proporciona a los pacientes cuidados paliativos para mejorar su calidad de vida. La supervivencia a 3 meses es de un 50 %.

Síntomas

Es raro que el hepatocarcinoma presente síntomas en sus primeras etapas. Cuando lo hace, suelen ser:

  • Obstrucción de la vesícula biliar.
  • Ictericia: coloración amarillenta de la piel, las mucosas y el globo ocular.
  • Si las neoplasias se rompen, hemorragia.

En las fases avanzadas, los síntomas del hepatocarcinoma suelen ser:

  • Fatiga intensa.
  • Falta de apetito.
  • Pérdida de peso sin causa aparente.
  • Dolor abdominal.
  • Picor.
  • Masa palpable en la parte superior derecha del abdomen.
  • En pacientes con cirrosis, empeoramiento repentino de la enfermedad.
  • Fiebre.
  • Inflamación abdominal.

Causas

Como se comentaba anteriormente, el hepatocarcinoma suele darse en pacientes con enfermedades hepáticas previas de larga duración:

  • Hepatitis crónica: infección causada por el virus de la hepatitis B o C.
  • Cirrosis: formación de tejido cicatricial en el hígado debido al consumo excesivo de alcohol, trastornos metabólicos o infección con el virus de la hepatitis.
  • Enfermedad hepática metabólica: es la enfermedad del hígado graso asociada a una disfunción metabólica. Se acumula un exceso de grasa en el hígado como consecuencia de otras afecciones, como:
    • Obesidad.
    • Resistencia a la insulina.
    • Diabetes tipo 2.
    • Dislipidemia: aumento de los niveles de lípidos en la sangre (colesterol, triglicéridos).
  • Alcoholismo: el consumo excesivo y continuado de alcohol aumenta el riesgo de padecer cirrosis y, en consecuencia, de desarrollar un tumor en los hepatocitos.
  • Enfermedades hepáticas hereditarias:
    • Hemocromatosis: acumulación de hierro en el organismo, especialmente en el hígado.
    • Déficit de alfa-1 antitripsina: los niveles de AAT (enzima hepática encargada de inhibir la acción de las proteasas, que descomponen las proteínas) en sangre descienden porque se acumula en el hígado y favorece la destrucción de las células sanas.
    • Tirosinemia: el organismo no descompone la tirosina adecuadamente, por lo que se acumula en los tejidos y puede llevar a fallo hepático o disfunción renal.
    • Enfermedad de von Gierke: trastorno metabólico que impide que el organismo procese el glucógeno tipo 1a necesario para liberar glucosa. Esta afección provoca que el glucógeno y la grasa se acumulen en el hígado y los riñones.
    • Enfermedad de Wilson: enfermedad genética que causa acumulación de cobre en hígado, cerebro y otros órganos.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo del hepatocarcinoma son:

  • Edad: suele detectarse a partir de los 40 años.
  • Localización geográfica: el cáncer de hígado es más frecuente en el sudeste de Asia y en África. En estas zonas, es más común que el hepatocarcinoma se desarrolle sin que haya una enfermedad previa.
  • Cirrosis: como ya se ha comentado en apartados anteriores, los pacientes con cirrosis tienen más probabilidades de tener este tipo de cáncer hepático.
  • Hepatitis B o C: causan daños en el hígado, por lo que se vuelve más propenso a desarrollar células cancerosas.
  • Alcoholismo: esta enfermedad suele causar cirrosis.
  • Obesidad: aumenta el riesgo de hígado graso no alcohólico.
  • Diabetes: también es un factor de riesgo para la enfermedad del hígado graso no alcohólico.

Complicaciones

Las complicaciones más destacadas del hepatocarcinoma son:

  • Metástasis: diseminación del cáncer de hígado a otros órganos, en especial, a los ganglios linfáticos, los huesos o los pulmones.
  • Trombosis de la vena porta: si el tumor crece e invade la vena que lleva la sangre desde el intestino, el estómago, el páncreas, el bazo y la vesícula biliar hasta el hígado, puede bloquearla e impedir el flujo sanguíneo.

El resto de complicaciones suelen ser consecuencia de la enfermedad que ha causado el cáncer:

  • Insuficiencia hepática.
  • Ascitis: acumulación de líquido en el abdomen.
  • Hemorragia gastrointestinal.
  • Malnutrición.
  • Encefalopatía hepática: confusión o disminución de la función cerebral por acumulación de toxinas que el hígado no depura.

Prevención

Para prevenir el hepatocarcinoma se deben tomar medidas para tratar de impedir la cirrosis y la hepatitis. Para ello, se recomienda:

  • Inmunización: vacuna frente al virus de la hepatitis B y C. En España, el calendario vacunal recomendado incluye tres dosis (a los 2, 4 y 11 meses respectivamente) cuando la madre está inmunizada. Si no lo está, se añade una primera dosis nada más nacer (dentro de las primeras 24 horas de vida).
  • No beber alcohol o tomarlo de forma moderada.
  • Seguir el tratamiento indicado por los especialistas para la hepatitis, la cirrosis, la enfermedad hepática grasa o la hemocromatosis.
  • Mantener un peso saludable.
  • Practicar ejercicio de forma regular.
  • Controlar la diabetes adecuadamente.
  • Dieta equilibrada.

¿Qué médico trata el hepatocarcinoma?

El hepatocarcinoma es una enfermedad que se trata en las especialidades de oncología médica y oncología radioterápica. Los expertos en aparato digestivo intervienen en el diagnóstico.

Diagnóstico

Como es habitual que no muestre síntomas, el hepatocarcinoma suele detectarse en pruebas rutinarias o en programas de cribado que se desarrollan en personas de riesgo para un diagnóstico precoz. Este cribado está recomendado, según la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas (AASLD) y la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL), cada seis meses en pacientes con cirrosis y consiste en:

  • Ecografía abdominalEcografía abdominalEcografía : se obtiene una representación del hígado utilizando ondas de ultrasonido que, al ser recogidas por el transductor, se transmiten a una computadora que las traduce en imágenes.
  • Cribado de alfafetoproteína (AFP): se miden los niveles de alfafetoproteína en una muestra de sangre, ya que es un marcador tumoral que puede indicar la presencia de células cancerosas.

Otros procedimientos que sirven para detectar el hepatocarcinoma son:

  • Elastografía hepática: sirve para medir la elasticidad de los tejidos del hígado y detectar zonas más rígidas debido a la fibrosis. Para ello, se mide la velocidad en que se propagan las vibraciones a través de los tejidos hepáticos. Cuanto más rígidos son, más rápido se transmiten las ondas.
    • FibroScan® o elastografía de transición: se desplaza un transductor similar al de las ecografías sobre la piel emitiendo una onda pulsátil vibratoria que penetra en el tejido orgánico y otra de ultrasonidos para captar la velocidad a la que se propaga la primera. Un ordenador procesa los datos y los convierte en una representación gráfica.
    • Elastografía por resonancia magnética: se coloca bajo el abdomen un dispositivo que transmite ondas sonoras de baja frecuencia que atraviesan el tejido hepático. La resonancia (ondas de radio y un campo magnético) genera imágenes de estas ondas y un software las convierte en un elastograma, que muestra la rigidez de los tejidos en distintos colores.
  • Tomografía axial computarizada (TAC): se consiguen imágenes del hígado emitiendo rayos X desde distintos ángulos.
  • Resonancia magnética (RM): como se indicaba anteriormente, el uso de ondas de radio junto con un campo electromagnético permite obtener imágenes de los tejidos hepáticos.
  • Biopsia de hígadoBiopsia de hígadoBiopsia : se toma una muestra de hígado, normalmente con ayuda de una aguja, y se analiza en el laboratorio en busca de células cancerosas. Este procedimiento sirve para confirmar el diagnóstico, estadificar su nivel de gravedad y clasificar la patología según su histología. Estos datos son muy útiles para encontrar el tratamiento más adecuado para cada caso.

Los tipos de hepatocarcinoma según la apariencia de las células al observarlas en el laboratorio son:

  • Hepatocarcinoma clásico: también llamado trabecular, es el más frecuente. Las células cancerosas presentan forma de placas similares a las de los tejidos sanos del hígado o, en ocasiones, estructura glandular.
  • Hepatocarcinoma fibrolamelar: es un tipo muy raro. Las células tumorales son grandes y con forma poligonal, con bandas fibrosas entre ellas.
  • Hepatocarcinoma indiferenciado: son tumores muy agresivos formados por células de forma y tamaño irregular.
  • Hepatocarcinoma de células claras: tienen una acumulación elevada de lípidos o glucógenos, por lo que el citoplasma celular es de color claro.
  • Hepatocarcinoma con características de esteatohepatitis: las células tumorales tienen características similares a las de los hígados con esteatohepatitis no alcohólica, es decir, acumulación de grasa, inflamación, muerte celular y, en ocasiones, fibrosis.

Tratamiento

El tratamiento del hepatocarcinoma debe ser personalizado para cada paciente, ya que se tienen en cuenta sus necesidades, su estado general de salud y el tipo de cáncer que padece. En la mayoría de los casos, se utilizan diversos abordajes combinados para obtener los resultados esperados. Los procedimientos más eficaces son:

  • Quimioterapia: se utilizan fármacos químicos para destruir las células cancerosas. Es un tratamiento sistémico, por lo que afecta a todo el organismo y, a su vez, ataca a los tejidos sanos. Esta terapia retrasa el crecimiento de los tumores y, en la mayoría de los casos, reduce las posibilidades de tener una recaída.
  • Radioterapia corporal estereotáctica (SBRT): se administran dosis elevadas de radiación que se dirigen de forma muy precisa al tumor, por lo que se reduce el riesgo de dañar a las células sanas. Es útil para el abordaje de tumores no operables.
  • Radioembolización con microesferas Ytrio90: se administra radiación directamente en el tumor, por lo que no interfiere en las células sanas. En este procedimiento, se utilizan esferas radiactivas cargadas de Ytrio-90, un isótopo de itrio que emite radiación beta de alta energía de alcance limitado, algo fundamental para una terapia dirigida.
  • Embolización arterial (TAE): se inyectan sustancias específicas en la arteria hepática (de la que se suelen nutrir los tumores cancerosos) para bloquear el flujo de sangre que llega a la neoplasia. También suele emplearse en tumores que no se pueden operar.
  • Quimioembolización transarterial (TACE): se inyectan agentes embólicos en uno de los vasos sanguíneos que nutren al tumor para bloquear el suministro de sangre y, a su vez, fármacos de quimioterapia. Al interrumpirse el riego sanguíneo, estos medicamentos quedan atrapados por un tiempo en el interior de la neoplasia, por lo que su eficacia aumenta.
  • Ablación por radiofrecuencia (ARF): con ayuda de una sonda fina que se introduce a través de la piel hasta el tumor, se emiten ondas de radio de alta energía que generan el calor necesario para destruir las células malignas. Suele utilizarse en tumores de tamaño pequeño o cuando no es posible la cirugía.
  • Crioablación: es un procedimiento similar al anterior, pero en el que se utilizan gases fríos que congelan el tumor.
  • Hepatectomía: se extirpa la parte del hígado que está afectada por el tumor, cuando solamente afecta a una zona y el resto conserva su estructura y funciones normales.
  • Trasplante de hígado: está indicado en pacientes con cirrosis y hepatocarcinoma en estadio inicial que cumplen con los criterios de Milán (un solo tumor de hasta 5 centímetros o un máximo de 3 tumores de hasta 3 centímetros que no invadan ningún vaso sanguíneo ni presenten metástasis). Se extrae el hígado del paciente y se sustituye por el de un donante fallecido o por una parte de un donante vivo.
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