Osteocondritis

La osteocondritis es la falta de riego sanguíneo en el cartílago y el hueso que sujeta en una articulación. Como consecuencia, se produce dolor y reducción del rango de movimiento.

Síntomas y causas

La osteocondritis, también llamada osteocondritis disecante, es una enfermedad inflamatoria que afecta al cartílago y el hueso que se encuentra debajo de él en una articulación. Es una patología que causa dolor y limita el rango de movimiento.

Aunque es más frecuente en la rodilla, también puede darse en otras articulaciones. Dependiendo de la parte del cuerpo en la que se produzca, la osteocondritis puede ser de distintos tipos:

  • Osteocondritis de rodilla: provoca daño un segmento del cartílago hialino y en el hueso subcondral (que es aquel que se encuentra por debajo del tejido cartilaginoso en la articulación). Afecta con mayor frecuencia al cóndilo femoral interno, que es la parte interna de la base del fémur.
  • Osteocondritis de pecho: hace referencia a la osteocondritis costal o esternocostal. Afecta a los cartílagos costales, que son los que conectan las costillas con el esternón. Puede ser de dos tipos:
    • Costocondritis: existe daño en el cartílago, pero la inflamación es leve, por lo que no es visible.
    • Síndrome de Tietze: es una inflamación más agresiva del cartílago, cuya hinchazón se percibe a simple vista.
    • Osteocondritis de cadera: se conoce como la enfermedad de Legg-Calvé-Perthes y se da en la cabeza del fémur en niños de 4 a 10 años. Es una patología más grave que las anteriores, ya que la falta de riego provoca la necrosis del tejido óseo y cartilaginoso.
    • Osteocondritis de astrágalo: se produce en el hueso del tobillo que conecta la pierna con el pie.

El pronóstico de la osteocondritis es eminentemente bueno en pacientes jóvenes, ya que suele curarse con reposo. Sin embargo, en pacientes de edad avanzada hay un riesgo mayor de artrosis. El diagnóstico precoz es fundamental para evitar complicaciones.

Síntomas

Los síntomas más característicos de la osteocondritis son:

  • Dolor que suele aumentar progresivamente. Es frecuente que se manifieste al mover la articulación o ante la palpación.
  • Enrojecimiento de la zona afectada.
  • Inflamación que no siempre es perceptible a simple vista.
  • Limitación de movimiento.
  • Sensación de Inestabilidad.
  • En ocasiones, edema (acumulación de líquido en el interior de la articulación).

La osteocondritis se clasifica en distintos grados según su gravedad, por lo que el dolor se manifiesta de forma diferente en cada tipo:

  • Osteocondritis estable: el hueso y el cartílago continúan en su lugar.
    • Grado I: el cartílago está reblandecido, pero sigue pegado al hueso, que presenta una compresión o una pequeña fractura por estrés. En este caso, el dolor solamente se manifiesta al hacer deporte.
    • Grado II: la estructura de la articulación está dañada, ya que un fragmento de hueso comienza a separarse de la base. El dolor en este grado es más constante y se sienten pinchazos con la presión.
    • Osteocondritis inestable: el hueso y el cartílago se separan del hueso, por lo que quedan sueltos en la articulación.
      • Grado III: el hueso unido al cartílago se ha separado por completo, pero sigue en su lugar original. El dolor es constante y se agrava con el movimiento.
      • Grado IV: además de desprenderse completamente de su lecho, se mueve libremente por la articulación. El dolor se intensifica y la articulación se bloquea al intentar moverla.

Causas

La causa principal de la osteocondritis es la falta de flujo sanguíneo en el hueso afectado. Esta carencia puede ser la consecuencia de distintas circunstancias:

  • Traumatismos.
  • Movimientos repetitivos y de alto impacto.
  • Sobreesfuerzo articular, como la falta de tiempo de recuperación entre actividades deportivas o el sobrepeso.
  • Crecimiento más rápido del hueso que del tejido conectivo que deriva en una tensión excesiva en la articulación.
  • Deficiencias nutricionales: la carencia de vitaminas y minerales afecta al desarrollo de los huesos y los cartílagos.

Factores de riesgo

El riesgo de osteocondritis aumenta cuando se cumplen los siguientes factores:

  • Edad: es más frecuente entre los 10 y los 20 años, sobre todo si se practica mucho deporte.
  • Ejercicio de alto impacto.
  • Trabajos que requieren el uso repetitivo de la articulación.
  • Lesiones deportivas frecuentes.
  • Predisposición genética.
  • Alteraciones metabólicas, como la diabetes o la gota.

Complicaciones

La complicación más habitual de la osteocondritis es la artrosis, que es una enfermedad degenerativa que desgasta el cartílago que recubre la superficie ósea de la articulación.

Prevención

La mejor forma de prevenir la osteocondritis es seguir estas recomendaciones:

  • Utilizar la técnica más adecuada en la práctica deportiva.
  • Calentar antes y estirar después del ejercicio.
  • Hacer ejercicios para fortalecer los músculos y potenciar la elasticidad.
  • Usar equipos de protección durante la actividad laboral o deportiva.
  • Evitar la sobrecarga muscular.
  • Mantener un peso adecuado.
  • Dejar un tiempo de recuperación después de un esfuerzo intenso.
  • Llevar un estilo de vida saludable.

¿Qué médico trata la osteocondritis?

La osteocondritis es una afección que se trata en la especialidad de Traumatología y Cirugía ortopédica.

Diagnóstico

En el diagnóstico de la osteocondritis se realizan diversas pruebas. Las más destacadas son:

  • Historia clínica: se recopila información sobre los antecedentes médicos y familiares del paciente, su estilo de vida y los síntomas por los que acude a la consulta.
  • Examen físico: se observa la articulación para detectar inflamación o deformidades. Además, se palpa la zona en busca de hinchazón que no se percibe a simple vista, mayor sensibilidad y puntos de dolor. Normalmente, se comprueba el rango de movimiento.
  • Radiografía: se utilizan rayos X para conseguir imágenes de la articulación y detectar anomalías en los huesos, zonas de menor densidad o fragmentos óseos sueltos.
  • Tomografía computarizada (TC): se emiten rayos X desde ángulos diversos para obtener una representación tridimensional de las estructuras que componen la articulación. Permite observar los huesos con mayor detalle, por lo que es más sencillo detectar la ubicación de los fragmentos sueltos.
  • Resonancia magnética (RM): se emplean ondas de radio y un campo magnético para ver tanto los huesos como los tejidos blandos (cartílagos y tendones) de la articulación. Es útil para detectar lesiones en el cartílago o edemas, además de determinar si el fragmento óseo es viable. Es una herramienta imprescindible para decidir el mejor tratamiento para cada caso.

Tratamiento

La osteocondritis se puede abordar con un tratamiento conservador o quirúrgico dependiendo de su gravedad. Los procedimientos más frecuentes son:

  • Reposo: evitar las actividades que tensionan la articulación. Si es necesario, se coloca dispositivo de inmovilización para evitar el movimiento.
  • Medicación: los antiinflamatorios están indicados para reducir la hinchazón y los analgésicos para calmar el dolor.
  • Terapia biológica: consiste en infiltrar directamente en la articulación sustancias que alivian el dolor, bajan la inflamación y contribuyen a la regeneración del tejido óseo y cartilaginoso. Las más eficaces son:
    • Plasma rico en plaquetas: es un concentrado obtenido de la filtración de la sangre del propio paciente para obtener un suero con una concentración alta de plaquetas.
    • Células madre: se toman de la médula ósea o de la grasa del paciente y se infiltran en la zona afectada.
    • Fisioterapia: tanto la terapia manual como los ejercicios específicos para fortalecer los músculos y mejorar la amplitud de movimiento suelen formar parte de la rehabilitación.
    • Cirugía: solamente se recurre a una intervención quirúrgica en casos de grado III y IV para fijar los fragmentos de nuevo, si es posible, o retirarlos. También es una opción terapéutica si la patología no evoluciona favorablemente tras un tiempo siguiendo tratamientos conservadores.
      • Artroscopia: se practican incisiones de tamaño pequeño (entre 0,5 y 1 centímetro) para introducir una sonda flexible con una cámara en su extremo que sirve de guía para el procedimiento y el instrumental necesario para llevar a cabo la intervención.
      • Fijación: se colocan tornillos en la articulación, que actualmente son reabsorbibles para evitar una segunda intervención, para estabilizar el fragmento desprendido.
      • Mosaicoplastia o injerto: los casos más graves requieren un trasplante de cartílago o hueso.
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