Cáncer de riñón

Toda la información sobre las causas, los síntomas, los tratamientos y el pronóstico de la proliferación de neoplasias cancerosas en el tejido renal.

Síntomas y causas

El cáncer de riñón o cáncer renal es una enfermedad por la que se produce un sobrecrecimiento de las células que forman el tejido renal, que se acumulan formando tumores malignos.

Gracias al uso cada vez más extendido de pruebas de imagen, muchos se detectan de forma incidental en fases iniciales.

Teniendo en cuenta las características y el origen de las neoplasias, el cáncer de riñón puede ser de varios tipos:

  • Adenocarcinoma o carcinoma de células renales: es el más frecuente, alrededor del 80 % de los diagnosticados. Suele manifestarse en forma de un tumor solitario en el interior del riñón.
    • Carcinoma de células claras: es el más común. Son células de color claro con acumulación de lípidos en el citoplasma y una membrana celular bien definida.
    • Carcinoma de células granulares (no claras): se dividen en diferentes subtipos:
      • Carcinoma de células papilares: son de tamaño pequeño y presentan papilas en una zona o en la superficie tumoral completa. Cuando se aplican tintes para favorecer la observación con el microscopio, los absorben y se presentan de color rosa.
      • Carcinoma de células cromófobas: a pesar de ser de color claro como los adenocarcinomas, son más grandes y con forma poligonal. Son transparentes con un halo pálido alrededor y presentan numerosas vesículas.
      • Carcinoma no clasificado: tienen características diferentes a los descritos anteriormente. Suelen tener apariencia irregular y muy diferente a las células sanas.
      • Carcinomas poco comunes: en casos muy raros, se producen otros tipos de tumores:
        • Carcinoma del túbulo colector.
        • Carcinoma quístico multilocular.
        • Carcinoma medular.
        • Carcinoma mucinoso tubular y de células fusiformes.
        • Carcinoma asociado con neuroblastoma.
  • Carcinoma de células transicionales o uroteliales: se originan en la pelvis renal, no en los riñones. Tienen características similares al cáncer de vejiga, en el que las células tienen el núcleo agrandado y una forma irregular.
  • Nefroblastoma o tumor de Wilms: tiene mayor incidencia en los niños. El aspecto es heterogéneo, ya que las neoplasias se forman con células del blastema (pequeñas, redondas y con núcleos superpuestos), del estroma (alargadas y delgadas) y epiteliales (con forma tubular).
  • Sarcoma renal: surge en los vasos sanguíneos o el tejido conectivo del riñón, formado por células claras con crecimiento variable con una capacidad alta de producir metástasis. Es muy poco frecuente.

El cáncer de riñón es el octavo tipo de tumor con mayor incidencia en España. El pronóstico varía considerablemente dependiendo del tipo al que pertenezca y el estadio en el que se detecte. En la mayoría de los casos, son neoplasias localizadas que pueden extirparse por completo mediante una cirugía tras la que la tasa de supervivencia a cinco años de un 93 %. Aun así, entre el 20 % y el 30 % de los pacientes reciben un diagnóstico cuando ya se ha producido metástasis, por lo que la recuperación es más complicada.

Síntomas

Es habitual que el cáncer renal no presente síntomas, ni siquiera cuando están en fases avanzadas, por lo que se detecta en revisiones de rutina. Cuando se manifiestan, los más comunes son:

  • Dolor lumbar o en un costado.
  • Hematuria: sangre en la orina.
  • Falta de apetito.
  • Masa abdominal palpable.
  • Cansancio.
  • Pérdida de peso sin razón aparente.

Causas

Aunque se desconocen las causas, el cáncer de riñón se origina por un cambio en el ADN de las células renales. Esta alteración hace que proliferen demasiado rápido y que adquieran la capacidad de sobrevivir durante más tiempo que las células sanas. Este exceso de células se agrupa formando tumoraciones cancerosas que crecen rápido y pueden invadir tejidos sanos.

Factores de riesgo

Los factores que aumentan el riesgo de padecer cáncer de riñón son:

  • Edad: suele darse en personas de entre 50 y 70 años, aunque el tumor de Wilms es más frecuente en menores de 5 años.
  • Sexo: es más habitual entre los hombres.
  • Tabaquismo.
  • Obesidad.
  • Hipertensión.
  • Enfermedad renal avanzada, sobre todo si se requiere diálisis.
  • Enfermedades genéticas hereditarias, como:
    • Enfermedad de von Hippel-Lindau: incrementa las probabilidades de desarrollar tumores en el cerebro, la médula espinal, el páncreas, las glándulas suprarrenales y los riñones.
    • Síndrome de Birt-Hogg-Dubé: las mutaciones genéticas causan neoplasias cutáneas benignas, quistes en el pulmón y tumores renales (benignos o malignos).
    • Esclerosis tuberosa: forma masas no cancerosas en la piel, el cerebro, el corazón, los pulmones o los riñones.
    • Síndrome de Cowden: suele formar quistes en el tracto gastrointestinal y propiciar el desarrollo de diversos tipos de cáncer, como el de endometrio, mama, tiroides, colon o riñón.
    • Antecedentes familiares de cáncer renal.
    • Predisposición genética.

Complicaciones

El cáncer de riñón puede derivar en complicaciones graves entre las que destacan:

  • Hipercalcemia: exceso de calcio en la sangre.
  • Eritrocitosis: cantidad anormalmente alta de glóbulos rojos en la sangre.
  • Trombosis en la vena renal: formación de coágulos de sangre que impiden o dificultan el paso de la sangre.
  • Metástasis: diseminación del cáncer renal a otros órganos, en especial a los pulmones, el cerebro, los huesos, los pulmones, el hígado o las glándulas suprarrenales.

Prevención

Aunque el cáncer de riñón no se puede prevenir, el riesgo de padecerlo se reduce considerablemente siguen las siguientes recomendaciones:

  • No fumar.
  • Limitar el consumo de alcohol.
  • Llevar una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras.
  • Practicar ejercicio de forma regular.
  • Mantener un peso adecuado.

¿Qué médico trata el cáncer de riñón?

Aunque las primeras sospechas suelen surgir en la consulta de urología, el cáncer de riñón se trata en las especialidades de oncología médica y oncología radioterápica.

Diagnóstico

En el protocolo de detección de cáncer de riñón se incluyen diversas pruebas:

  • Análisis de sangre: un exceso de glóbulos rojos, calcio o enzimas hepáticas puede ser un indicio de enfermedad oncológica.
  • Análisis de orina: la presencia de sangre o bacterias indica que hay una enfermedad renal. También pueden detectarse células cancerosas en los desechos.
  • Tomografía axial computarizada (TAC): se utilizan rayos X (normalmente junto con un material de contraste para facilitar la diferenciación entre los distintos tipos de tejidos) para obtener imágenes desde diversos ángulos que, cuando se superponen, ofrecen una representación tridimensional del riñón. Este estudio se utiliza para comprobar las características del órgano y determinar si hay masas anormales, su localización y su tamaño.
  • Resonancia magnética (RM): se emplean ondas de radio y un campo magnético de alta potencia para crear las imágenes, que son menos detalladas que las ofrecidas por un TAC. Esta prueba se emplea en pacientes que no pueden someterse a rayos X o alérgicos al material de contraste que se utiliza.
  • Biopsia: es el procedimiento definitivo para diagnosticar el cáncer de riñón. Para ello, se toma una muestra de tejido renal que se observa en el microscopio en busca de células cancerosas.

La fase en la que se encuentra el cáncer de riñón se determina observando las imágenes radiológicas. Cada estadio tiene unas características diferentes:

  • Estadio I: el tumor mide menos de 7 centímetros y solamente está en el riñón.
  • Estadio II : aunque es más grande de 7 centímetros, no se extiende a los tejidos circundantes.
  • Estadio III : el tumor invade una vena (frecuentemente la cava o la renal) o el tejido que rodea el riñón, sin llegar a la glándula suprarrenal.
  • Estadio IV: la neoplasia crece fuera de la fascia Gerota, el tejido fibroso que rodea los riñones y las glándulas suprarrenales, que pueden estar invadidas. Aunque puede afectar a los ganglios linfáticos cercanos, no llega a los distantes ni produce metástasis.

Tratamiento

El tratamiento del cáncer de riñón requiere un abordaje multidisciplinar y personalizado para cada paciente. Los procedimientos más eficaces son:

  • Cirugía: intervención quirúrgica para extirpar el tumor y, en la mayoría de los casos, tejido sano para garantizar que se eliminan todas las células cancerosas. Puede practicarse una operación abierta o laparoscópica, menos invasiva, en función de las características de cada paciente. Dependiendo del tamaño de la neoplasia y el estadio en el que se encuentra, puede ser:
    • Nefrectomía parcial: se extrae la parte del riñón en la que se encuentra el cáncer. Es adecuado en tumores pequeños, localizados en un extremo y en etapas iniciales con el objetivo de mantener la función renal.
    • Nefrectomía radical: se extirpa el riñón completo (nefrectomía total) junto con los ganglios linfáticos y el tejido adiposo que lo rodea. Como es posible llevar una vida normal con un solo riñón que funciona adecuadamente, es la mejor opción para garantizar que se eliminan todas las células cancerosas.
  • Ablación: cuando se desaconseja la cirugía y los tumores son pequeños, se destruyen aplicando frío (crioterapia) o calor (radiofrecuencia) con ayuda de una sonda que se inserta directamente en la neoplasia.
  • Radioterapia: es la terapia elegida en pacientes que no pueden someterse a una cirugía o que solamente tienen un riñón. Se aplica radiación externa, a través de la piel, dirigida al tumor para reducir su tamaño y ralentizar el crecimiento celular.
  • Inmunoterapia: se administran medicamentos para reforzar el sistema inmunitario y ayudarle a combatir la proliferación de células cancerosas.
  • Terapia dirigida: se utilizan medicamentos específicos para tratar los cambios en el ADN de las células que provocan el cáncer. Los más utilizados actúan limitando el crecimiento de los vasos sanguíneos del tumor o frenando la proliferación de las células cancerosas.
  • Quimioterapia: se ha demostrado que el uso de medicamentos químicos sistémicos no ofrece buenos resultados en el cáncer de pulmón, por lo que suele ser un tratamiento de último recurso cuando los anteriores no han surtido el efecto deseado.

Después del tratamiento para el cáncer de riñón, es fundamental acudir a las revisiones periódicas en las que se comprueba si las células cancerosas han desaparecido por completo o si, por el contrario, se produce una recidiva o una metástasis.

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