Deterioro cognitivo

El deterioro cognitivo es la degradación paulatina de las habilidades de pensamiento, por lo que provoca pérdida de memoria, falta de juicio, problemas de habla y dificultad para orientarse.

Síntomas y causas

El deterioro cognitivo es la disminución de las habilidades funcionales del cerebro (memoria, comunicación, percepción, razonamiento) cuando se compara con individuos de su misma edad. La disminución de las capacidades mentales interfiere en el desarrollo de las actividades del día a día, por lo que tanto el paciente como las personas que le rodean pueden identificarlas.

A pesar de que el deterioro cognitivo es más frecuente en personas de edad avanzada, es importante diferenciar entre el envejecimiento natural, en el que la capacidad para aprender o recordar se ralentiza, y la pérdida de capacidades mentales. Cuando los síntomas interfieren con la autonomía de una persona, se trata de un proceso patológico que requiere evaluación médica.

Existen diferentes grados de deterioro cognitivo dependiendo del impacto que tienen los síntomas en la autonomía de la persona:

  • Deterioro cognitivo leve (DCL): la disminución de las capacidades es mayor de la esperada para la edad, pero el paciente mantiene su independencia.
  • Deterioro cognitivo moderado o demencia leve: hay una dependencia parcial porque las limitaciones son evidentes.
  • Deterioro cognitivo grave o demencia severa: la dependencia es total debido a una pérdida profunda de las funciones cerebrales.

El pronóstico del deterioro cognitivo varía en función de la edad y el grado de afectación. Se estima que entre el 10 % y el 20 % de los pacientes con deterioro cognitivo leve desarrollan demencia en el plazo de un año.

Síntomas

Los síntomas del deterioro cognitivo son similares a cualquier edad, aunque pueden variar de intensidad. En un comienzo, suelen ser sutiles y pueden confundirse con despistes propios de la edad, pero conviene prestar atención por si se presentan de forma persistente o se agravan paulatinamente. Los más característicos son:

  • Pérdida de la memoria reciente: olvidar conversaciones, hechos importantes o citas.
  • Dificultad para realizar tareas cotidianas, como vestirse o cocinar, seguir instrucciones o terminar una tarea.
  • Desorientación en tiempo y espacio: perderse en lugares conocidos, dificultades para calcular distancias o no saber la fecha.
  • Problemas con la expresión oral: no encontrar las palabras adecuadas o no poder seguir una conversación.
  • Dificultad para seguir el hilo de pensamiento: tener problemas para seguir la trama de una película o un libro.
  • Falta de juicio: tener problemas para tomar decisiones o hacer razonamientos abstractos.
  • Alteración en la regulación del apetito: los cambios en el cerebro pueden modificar las señales de hambre y saciedad.
  • Dificultad para reconocer personas o saber para qué sirven los objetos.
  • Cambios en el estado de ánimo o de personalidad: mostrar irritabilidad o agresividad, perder interés en las actividades que antes gustaban, sufrir ansiedad en situaciones que antes se afrontaban con normalidad o tener depresión.
  • Pérdida de objetos: colocar objetos en lugares inusuales y olvidar como llegaron a ese lugar.

Causas

El deterioro cognitivo se produce como consecuencia del daño o la destrucción de las células nerviosas del cerebro. Este daño en las neuronas puede deberse a causas muy diversas, entre las que destacan:

  • Enfermedades neurodegenerativas: afecciones que provocan la pérdida progresiva de las células nerviosas del sistema nervioso central.
    • Alzheimer: es la causa más común de la demencia. Se trata de una enfermedad que destruye progresivamente la memoria y la capacidad para realizar tareas cotidianas y pensar.
    • Demencia con cuerpos de Lewy: la acumulación de un exceso de proteína alfa-sinucleína (que facilita la comunicación neuronal) en el cerebro provoca la pérdida de las funciones mentales.
    • Deterioro cognitivo vascular: es la segunda causa más frecuente de la demencia, llamada, en estos casos, demencia vascular. Es la consecuencia del daño en el tejido cerebral que se produce por la interrupción del flujo sanguíneo en el cerebro en el curso de patologías como el ictus o los microinfartos.
    • Enfermedades infecciosas: las infecciones pueden acelerar los procesos neurodegenerativos mediante la inflamación sistémica, el daño vascular o la invasión del sistema nervioso central.
    • Traumatismos craneoencefálicos: dependiendo de la zona del cerebro afectada por el golpe y de su gravedad, pueden producir la pérdida de habilidades mentales y funciones ejecutivas.
    • Tumor cerebral: si las células cancerosas acceden a los circuitos neuronales, es posible que se pierdan la memoria, la atención y el control del lenguaje, se dificulten las funciones ejecutivas o se produzcan cambios en la conducta y la personalidad.
    • Deficiencia de vitaminas: la falta de vitaminas del complejo B, especialmente la B12 y la B1, puede manifestarse con confusión, lentitud mental y pérdida de memoria. Este deterioro cognitivo es reversible si se trata a tiempo.
    • Alteraciones metabólicas: la función cerebral puede verse afectada cuando el cuerpo realiza los procesos químicos de forma anormal. Al igual que en el caso anterior, es reversible si se detecta y trata a tiempo.
    • Diabetes y resistencia a la insulina: la hiperglucemia y la hiperinsulinemia pueden dañar el tejido cerebral.
    • Síndrome metabólico: la obesidad, la hipertensión y la dislipidemia producen inflamación y daño vascular en el cerebro.
    • Hipotiroidismo: afecta negativamente a la memoria y al rendimiento mental.
    • Desequilibrios graves de electrolitos o glucosa, así como los fallos en el hígado o los riñones pueden derivar en encefalopatía metabólica

Factores de riesgo

Los principales factores de riesgo del deterioro cognitivo son:

  • Edad avanzada: la probabilidad aumenta a partir de los 65 años.
  • Predisposición genética: el gen APOE e4 aumenta las probabilidades de padecer demencia y Alzheimer.
  • Antecedentes familiares.
  • Hipertensión arterial.
  • Hipercolesterolemia, especialmente los niveles altos de lipoproteína de baja densidad (LDL).
  • Diabetes.
  • Tabaquismo.
  • Obesidad.
  • Sedentarismo.
  • Depresión.
  • Pérdida de audición o visión sin tratar, ya que el cerebro debe hacer un esfuerzo extra, por lo que se acelera el desgaste de las neuronas y se reduce la estimulación mental y social.
  • Escasa actividad intelectual.
  • Nivel educativo bajo.

Complicaciones

La evolución del deterioro cognitivo, desde un estado leve hasta la demencia severa, produce diversas complicaciones que afectan a la calidad de vida del paciente y su entorno:

  • Pérdida de autonomía: incapacidad progresiva de realizar actividades básicas de la vida diaria, como la higiene personal o la alimentación.
  • Riesgos de seguridad: la probabilidad de sufrir accidentes domésticos, caídas o desorientación aumenta considerablemente.
  • Problemas de comunicación: dificultad para expresarse y comprender a los demás.
  • Aislamiento social: deriva de la incapacidad de comunicarse con normalidad.
  • Trastornos de conducta: se muestran estados de agitación, agresividad, apatía o depresión, dependiendo del paciente.
  • Disminución de la esperanza de vida: en fases avanzadas, la dependencia total y la fragilidad aumentan el riesgo de enfermedades que pueden ser la causa final de la muerte:
    • Neumonía: una mayor dificultad para tragar propicia que los alimentos, los líquidos o la saliva pasen a las vías respiratorias. Además, la falta de fuerza y coordinación hace más difícil toser para expulsar la mucosidad.
    • Desnutrición: las alteraciones en la regulación del apetito, las dificultades físicas, los trastornos conductuales y los problemas de reconocimiento de los objetos cotidianos pueden derivar en un déficit en la ingesta de alimentos.
    • Infecciones: las carencias en el cuidado personal, los problemas de deglución, la posible deshidratación o desnutrición, el uso de pañales por incontinencia y la disminución de la respuesta inmunitaria propician estas enfermedades.

¿Qué médico trata el deterioro cognitivo?

El diagnóstico y tratamiento del deterioro cognitivo se realiza en la especialidad de Neurología. Para un manejo óptimo de la situación, también intervienen Geriatría, Medicina física y Rehabilitación, Neuropsicología y Psiquiatría.

Diagnóstico

El diagnóstico precoz es fundamental para identificar la causa subyacente e iniciar un tratamiento adecuado. Como no hay un procedimiento que permita diagnosticarlo con claridad, sobre todo en sus primeras fases, el proceso diagnóstico combina varias pruebas:

  • Historia clínica: se recopila información detallada sobre los antecedentes médicos y familiares, así como de los síntomas y su evolución.
  • Exploración física: se utiliza para descartar causas físicas e identificar posibles alteraciones motoras.
    • Revisión del estado de salud general, especialmente de la vista y el oído.
    • Exploración neurológica: se utilizan test específicos para evaluar la memoria, la atención, el lenguaje y las funciones espaciales.
    • Pruebas de marcha y equilibrio: se llevan a cabo pruebas enfocadas a detectar riesgos de caídas (simetría de los pasos, equilibrio al sentarse y levantarse) o ralentización de la marcha (se mide el tiempo que el paciente tarda en recorrer una distancia).
    • Pruebas cognitivas: se llevan a cabo diversas evaluaciones neuropsicológicas para medir objetivamente el rendimiento de las funciones cognitivas (pensamiento, aprendizaje, memoria, uso del juicio y uso del lenguaje). Las variantes más utilizadas son:
  • Mini-Cog: detecta las señales de deterioro cognitivo leve. Valora la capacidad de recordar tres palabras y dibujar un reloj que indique una hora concreta.
  • Evaluación cognitiva de Montreal (MoCA): identifica síntomas de las fases iniciales de demencia. Esta prueba evalúa la memoria inmediata y a corto plazo, la capacidad de atención y concentración, la fluidez verbal, las funciones ejecutivas, las habilidades espaciales y la orientación temporal y espacial.
  • Miniexamen del estado mental (MMSE): valora el funcionamiento de capacidades cognitivas, como la orientación, la memoria, la atención, el cálculo, el lenguaje y las habilidades visuoespaciales y visoconstructivas.
  • Análisis de sangre: además de ofrecer una visión del estado general de salud del paciente, sirve para detectar posibles causas metabólicas o de déficit vitamínico.
  • Pruebas de imagen: permiten visualizar la estructura del cerebro y detectar lesiones vasculares, atrofias o la presencia de biomarcadores, como la proteína beta-amiloide.
      • Tomografía axial computarizada de cráneo (TAC craneal): ayuda a descartar causas orgánicas, como hidrocefalia, infarto cerebral, atrofia, derrames, hemorragias o tumores. Esta técnica utiliza rayos X y un ordenador que genera imágenes en cortes transversales con las que se puede crear una reconstrucción tridimensional del cerebro y los huesos del cráneo.
      • Resonancia magnética de cráneo (RM craneal): proporciona imágenes del cerebro y las estructuras que lo rodean mediante el uso de ondas de ultrasonido y un campo magnético de gran potencia. Permite identificar problemas no degenerativos, al igual que el TAC, evaluar la pérdida de volumen en determinadas zonas del cerebro (atrofia) y detectar cambios estructurales.
      • PET-TAC craneal amiloide: combina el TAC con la tomografía por emisión de positrones (PET), que utiliza sustancias radioactivas para identificar áreas con mayor actividad bioquímica. Esta prueba se utiliza para conseguir información anatómica y metabólica del cerebro, por lo que permite diagnosticar alteraciones neurológicas.
      • Análisis del líquido cefalorraquídeo: en algunos casos, se realiza una punción lumbar para extraer una muestra y analizarla en busca de marcadores específicos relacionados principalmente con la enfermedad de Alzheimer.

Tratamiento

Aunque muchas de las causas del deterioro cognitivo no tienen cura, existen tratamientos orientados a controlar los síntomas, ralentizar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida del paciente. En estos casos, el abordaje siempre es multidisciplinar:

  • Tratamiento farmacológico: se centra en aliviar los síntomas y retrasar la evolución de la enfermedad subyacente:
    • Inhibidores de la acetilcolinesterasa: bloquean la descomposición de la acetilcolina (principal neurotransmisor del sistema nervioso) para mantener los niveles adecuados para potenciar la comunicación neuronal y la transmisión colinérgica, que es la comunicación entre las neuronas y otras células.
    • Antagonistas de los receptores NMDA: bloquean las proteínas que regulan el paso de iones (calcio, sodio) en las neuronas del cerebro para reducir la excitación celular excesiva y abordar los problemas de memoria.
    • Anticuerpos monoclonales: contribuyen a la eliminación de las placas de proteína beta-amiloide que se forman en el cerebro en casos de Alzheimer.
    • Terapias no farmacológicas: se centran en estimular al paciente para frenar el deterioro:
      • Ejercicios de estimulación cognitiva y entrenamiento de la memoria: se utilizan para mantener activas las funciones cerebrales el mayor tiempo posible.
        • Responder preguntas personales.
        • Seleccionar palabras de una misma categoría.
        • Recordar listas.
        • Detectar una letra o un número en un texto.
        • Nombrar el color en el que está escrita una palabra que nombra un color distinto.
        • Indicar el día marcado en un calendario.
        • Encontrar similitudes o diferencias.
  • Terapia ocupacional: sirve adaptarse a los cambios y mantener tanto la funcionalidad como la autonomía.
    • Ayudar al paciente a que se sitúe en el tiempo y el espacio.
    • Trabajar la identidad y la memoria autobiográfica.
    • Adaptar las rutinas a las nuevas capacidades.
  • Fisioterapia: mejora la movilidad y prevenir caídas.
    • Ejercicios de fuerza y resistencia para fortalecer los grandes grupos musculares.
    • Ejercicio aeróbico para estimular la función cerebral.
    • Mover las articulaciones de forma guiada para mantener la amplitud de movimiento.
    • Control de factores de riesgo vascular: en casos de deterioro cognitivo de origen vascular es fundamental manejar adecuadamente la hipertensión la hipercolesterolemia y la diabetes.
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