Dolor en la planta del pie
El dolor en la planta del pie suele ser la consecuencia de un traumatismo o una enfermedad musculoesquelética de gravedad variable. Aun así, también puede ser un signo de complicaciones de la diabetes y otras enfermedades crónicas.
Síntomas y causas
El dolor en la planta del pie es un síntoma frecuente que afecta a todo tipo de personas. Puede ser de distinta intensidad y presentarse como una molestia leve o una condición incapacitante que impide desarrollar las tareas del día a día.
El malestar puede manifestarse de forma diferente dependiendo de la patología subyacente:
- Al pisar o comenzar a caminar: suele ser un síntoma de la fascitis plantar, metatarsalgia o el espolón calcáneo.
- Al andar: en la mayoría de los casos, es la consecuencia de la fascitis plantar, el espolón calcáneo, el neuroma de Morton, anomalías biomecánicas, sobrecarga o uso de calzado inadecuado.
- Cuando se permanece de pie durante mucho tiempo: habitualmente es indicativo de fascitis plantar, neuroma de Morton, alteraciones del arco plantar, atrofia de la grasa plantar o exceso de uso.
- En reposo: puede ser un síntoma de la fascitis plantar, la atrofia de la almohadilla grasa, la metatarsalgia o una neuropatía periférica.
- Dolor crónico que empeora por la noche: suele ser un signo de complicaciones de la diabetes o la artritis.
El pronóstico del dolor en la planta del pie varía dependiendo de la causa que lo provoca, por lo que es fundamental recibir un diagnóstico preciso de forma precoz. Para ello, se recomienda acudir al especialista en cuanto las molestias se mantienen o agravan durante una o dos semanas. En la mayoría de los casos, el dolor remite siguiendo el tratamiento adecuado, aunque la recuperación suele ser lenta.
Síntomas
El dolor en la planta del pie puede tener las siguientes características:
- Dolor punzante: se presenta como un pinchazo agudo, normalmente, cuando se apoya el peso del cuerpo sobre la planta. Es más frecuente en el talón, aunque también puede darse en la almohadilla (zona metatarsal).
- Dolor sordo: se trata de una molestia difusa o una sensación de pesadez generalizada después de pasar mucho tiempo de pie o caminando.
- Dolor localizado en el puente, que es la estructura que no llega a tocar el suelo al estar de pie: se manifiesta solamente al apoyar el pie.
- Dolor en el metatarso: es la sensación de estar pisando piedras, que se siente en la parte central del pie formada por los cinco huesos metatarsianos.
- Ardor: es una sensación de quemazón que suele estar acompañada de hormigueo en los dedos.
Es habitual que el dolor en la planta del pie esté acompañado de otros síntomas, como:
- Inflamación.
- Rigidez.
- Hormigueo.
- Sensibilidad al tacto.
- Tensión.
- Durezas.
Se considera un signo de alarma si, además del dolor en la planta del pie, se percibe alguno de estos signos:
- Incapacidad de caminar o permanecer de pie con el peso apoyado sobre el pie.
- Enrojecimiento o calor, que pueden ser signo de una infección.
- Úlceras purulentas.
- Dolor repentino tras un traumatismo.
- Entumecimiento constante.
- Fiebre.
- Deformidad.
Causas
El dolor en la planta del pie se produce cuando alguno de los componentes de la estructura (huesos, músculos, ligamentos, tendones y nervios) está dañado como consecuencia de un trastorno mecánico, una patología inflamatoria o una enfermedad sistémica. Los más frecuentes son:
- Fascitis plantar: inflamación del tejido que conecta el talón con los dedos (fascia) debido a un exceso de tensión.
- Metatarsalgia: inflamación y dolor localizado en los huesos largos que componen la planta del pie (metatarso) derivado de la compresión de los nervios.
- Espolón calcáneo: formación de calcificaciones en el hueso del talón (calcáneo), que crece de forma anómala. Suele ser la consecuencia de la fascitis plantar.
- Neuroma de Morton: engrosamiento del tejido que recubre los nervios que recorren la planta hasta los dedos (digitales). Por norma general, se da entre el tercer y el cuarto dedo del pie.
- Alteraciones del arco plantar: son anomalías estructurales por las que la curvatura natural del pie, encargada de absorber impactos y distribuir las cargas, presenta anomalías:
- Pie cavo: el arco del pie es más alto de lo normal.
- Pies planos: el arco está descendido, por lo que se apoya completamente al pisar.
- Anomalías biomecánicas: son alteraciones funcionales, es decir, que hacen que los pies se muevan de forma diferente a lo habitual:
- Pie valgo: el apoyo se produce en el borde interior, en pronación, por lo que los talones y los dedos se giran hacia fuera. También se conoce como pisada pronadora.
- Pisada supinadora o supinación excesiva: el apoyo se da en la parte externa del pie. Como consecuencia, el tobillo se dirige hacia fuera.
- Atrofia de la grasa plantar: adelgazamiento del tejido adiposo localizado debajo del hueso del talón, en la zona metatarsal.
- Neuropatía periférica: daño en los nervios periféricos, aquellos que están fuera del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) que puede provocar hormigueo, entumecimiento, pérdida de sensibilidad, debilidad muscular y dolor intenso.
- Síndrome del túnel tarsiano: se comprime el nervio tibial, una rama del nervio ciático que proporciona sensibilidad a la parte posterior de la pierna y la planta del pie. Suele deberse a una inflamación derivada de una rotura o una dislocación del tobillo, al crecimiento de un espolón óseo, alteraciones del arco plantar o la artritis.
- Sobrecarga muscular: ejercicio excesivo o repetitivo que impide al músculo recuperarse adecuadamente, es decir, acumula fatiga, por lo que se produce dolor, sensación de pesadez y disminución del rendimiento.
- Papiloma del pie: verrugas que aparecen en la planta del pie por una variante del virus del papiloma humano (VPH).
- Callosidades o hiperqueratosis: formación de capas gruesas de piel en aquellas zonas de la planta del pie que sufren mayor presión o roce.
- Uso de calzado inadecuado: los tacones demasiado altos, las suelas demasiado planas o los zapatos muy estrechos producen sobrecarga, alteran la distribución del peso o comprimen el pie.
- Traumatismos: golpes directos o caídas que afectan a la planta del pie.
- Fracturas por estrés: rotura de alguno de los huesos de la planta del pie como consecuencia de un impacto repetitivo o una sobrecarga crónica. Es frecuente entre los deportistas.
- Complicaciones de la diabetes: los niveles elevados de azúcar en la sangre pueden derivar en otras afecciones que provocan dolor en la planta del pie, como:
- Neuropatía diabética: la glucosa daña los nervios, especialmente de las piernas y los pies, por lo que produce entumecimiento y dolor. Es una complicación grave.
- Pie diabético: se asocian a la neuropatía o la enfermedad vascular provocada por la diabetes. Se desarrollan úlceras en la planta del pie que pueden infectarse y provocar una necrosis de los tejidos.
- Complicaciones de la artritis reumatoide: inflamación de las articulaciones que causa dolor y dificultad de movimiento. El dolor proviene de la hinchazón de los tejidos o de la deformación de las articulaciones.
Factores de riesgo
El riesgo de sentir dolor en la planta del pie aumenta en los siguientes casos:
- Edad: es más frecuente entre los 40 y los 60 años.
- Practicar deportes de alto impacto, como correr o saltar.
- Caminar en exceso.
- Permanecer de pie durante periodos prolongados.
- Utilizar calzado inadecuado.
- Tener sobrepeso u obesidad.
Complicaciones
El dolor en la planta del pie puede derivar en las siguientes complicaciones:
- Dolor crónico: si no se recibe el tratamiento adecuado, las molestias pueden ser persistentes.
- Limitación de la capacidad de movimiento.
- Alteraciones de la marcha y de la postura para evitar el dolor.
¿Qué médico trata el dolor en la planta del pie?
El dolor en la planta del pie se diagnostica y trata en las especialidades de Podología, Traumatología y Cirugía ortopédica, Medicina de la educación física y el deporte o Medicina física y Rehabilitación.
Diagnóstico
El diagnóstico de las causas que producen el dolor en la planta del pie sigue este procedimiento:
- Anamnesis: se recopila información sobre los antecedentes médicos del paciente, su estilo de vida y las características de las molestias que sienten.
- Exploración física: se observa la zona en busca de inflamaciones o anomalías. Además, se evalúa la movilidad del pie y se buscan puntos de dolor.
- Pruebas de diagnóstico por imagen:
- Radiografía del pie: se emiten rayos X para conseguir imágenes bidimensionales de los huesos y los tejidos blandos (músculos, tendones y ligamentos). Ayuda a detectar fracturas, infecciones, espolones, quistes, tumores o artritis.
- Ecografía: se utilizan ultrasonidos para obtener imágenes en tiempo real de las estructuras del pie. Es útil en el diagnóstico de inflamaciones y de anomalías tendinosas.
- Resonancia magnética (RM): las imágenes se obtienen gracias al uso de ondas de radiofrecuencia y un campo electromagnético. Se recurre a esta técnica en casos complejos o alteraciones neurológicas, ya que ofrece una representación de las estructuras más detallada.
- Estudio de la pisada: se analiza la distribución del peso en la planta del pie y la forma en que cambia al caminar. A parte de una exploración física exhaustiva, se utilizan unas plataformas especiales que proporcionan información sobre la postura y la distribución de la presión en la planta del pie.
Tratamiento
El tratamiento del dolor en la planta del pie varía dependiendo de la gravedad de la patología que lo causa. Los abordajes más eficaces son:
- Descanso: permanecer en reposo y utilizar el pie lo menos posible, procurando no apoyarlo, es útil para reducir la inflamación y calmar el dolor.
- Hielo: colocar hielo en la zona afectada ayuda a disminuir la hinchazón.
- Medicación oral: los antiinflamatorios alivian el dolor y bajan la inflamación.
- Infiltraciones: se inyectan determinadas sustancias directamente en el área dolorida para que su efecto sea más rápido y tenga un efecto mayor.
- Infiltración de corticoides: medicamento que combina un efecto analgésico y antiinflamatorio.
- Plasmaféresis: se infiltra plasma rico en plaquetas (PRP), que se obtiene de una muestra de sangre del propio paciente. En este caso, se utilizan factores del crecimiento para favorecer la regeneración de los tejidos ligamentosos y calmar el dolor.
- Fisioterapia: se combinan técnicas distintas para lograr el objetivo deseado:
- Tratamiento manual: los masajes ayudan a reducir la tensión.
- Ejercicios de estiramiento y fortalecimiento para acelerar la recuperación.
- Ondas de choque: se aplican ondas de ultrasonido directamente sobre la zona dañada para conseguir los siguientes efectos:
- Elevar la temperatura para aliviar el dolor, aumenta la producción de colágeno y reduce la rigidez.
- Mejorar la circulación sanguínea.
- Generar una vibración que moviliza y repara los tejidos.
- Favorecer los procesos químicos celulares.
- Punción seca: se introducen agujas de acupuntura en el punto del dolor para relajar las contracturas y aliviar el dolor.
- Plantillas ortopédicas: las plantillas personalizadas corrigen las alteraciones biomecánicas y proporcionan un soporte adicional al pie.
- Cirugía: los casos más graves que no responden a los tratamientos menos invasivos, requieren una intervención quirúrgica.
- Hemifasciectomía plantar endoscópica: se resecciona parte de la banda fibrosa de la fascia plantar de forma mínimamente invasiva para reducir la tensión del arco. Es frecuente que se combine con la eliminación del espolón calcáneo.
- Osteotomía: se cortan los huesos metatarsianos para hacerlos más cortos o corregir su posición. De esta forma, se reduce la presión en la planta.































































