Traumatismos
Los traumatismos son lesiones que se producen por una fuerza externa y que pueden afectar a diversas partes del cuerpo. A menudo requieren de tratamiento multidisciplinar, ya que afectan a diversos órganos.
Síntomas y causas
El traumatismo es una lesión física provocada de forma brusca en cualquier parte del organismo por una fuerza externa. Su intensidad es variable, ya que puede ir desde cortes leves a daños graves en los órganos internos.
Existen distintos tipos de traumatismos dependiendo del tipo de lesión que se haya producido:
- Traumatismos cerrados: están causados por un golpe o un impacto fuerte, pero ni la piel se rompe ni hay penetración al interior del organismo.
- Traumatismos abiertos: el objeto que provoca el traumatismo atraviesa la piel y rompe los tejidos creando una comunicación entre una cavidad corporal y el exterior. Los órganos internos quedan expuestos y se genera una hemorragia, por lo que se necesitan una intervención médica urgente.
Los traumatismos se clasifican en diversos tipos atendiendo a las zonas afectadas:
- Traumatismos en las extremidades: se producen daños en huesos, músculos, tendones o ligamentos.
- Contusiones: es un tipo de traumatismo cerrado que daña los tejidos blandos o los huesos.
- Erosiones: se produce la pérdida de la capa superficial de la piel, pero no se rompen las capas más profundas.
- Heridas: la piel se rompe, por lo que hay sangrado, y haber daño en los órganos que están debajo.
- Herida incisa: corte limpio con bordes bien definidos, provocado por un objeto afilado.
- Herida punzante: lesión profunda y estrecha causada por un objeto punzante y fino.
- Herida contusa: está producida por el golpe de un objeto sin filo que impacta en la piel.
- Esguinces: daño en una articulación debido a la distensión o al desgarro de los ligamentos. Suele ser la consecuencia de un movimiento forzado.
- Luxaciones: desplazamiento anormal de los huesos de una articulación.
- Fracturas: formación grietas o rotura de un hueso. Si atraviesa la piel y accede al exterior, se conoce como fractura expuesta.
- Contracturas: contracción mantenida e involuntaria de las fibras musculares.
- Traumatismo torácico: pueden verse afectados los huesos (costillas, esternón, vértebras) o los órganos internos (pulmones, diafragma, corazón, vasos sanguíneos). Cuando es de gravedad, pone en riesgo la vida del paciente.
- Traumatismo torácico contundente: producidos por impactos, caídas o accidentes en medios de transporte.
- Traumatismo torácico penetrante: son aquellos provocados por objetos punzantes, armas de fuego o cualquier objeto capaz de perforar la piel y llegar al interior del organismo.
- Traumatismo abdominal: la lesión se da a la altura de la pared abdominal, por lo que se corre el riesgo de daño en las vísceras intraabdominales (estómago, hígado, páncreas, bazo, vesícula biliar, intestinos, riñones, glándulas suprarrenales).
- Traumatismo craneoencefálico: suele ser de gravedad y debe atenderse inmediatamente por un especialista porque puede estar dañada la función cerebral.
- Traumatismo en la columna vertebral: produce daños en las vértebras, los ligamentos o la médula espinal. Es una emergencia médica que requiere la inmovilización inmediata del paciente para intentar evitar daños neurológicos graves.
- Traumatismo dental: es uno de los más frecuentes. Puede producirse una lesión leve en los labios, la fractura de la mandíbula o la rotura y desprendimiento de un diente.
Los traumatismos pueden ser lesiones leves o de gravedad, dependiendo del tipo de golpe que se reciba y la zona en la que se produzca. Ante la duda de posibles lesiones medulares o cerebrales, es conveniente seguir estas recomendaciones para evitar daños mayores:
- Llamar a emergencias lo antes posible (112).
- No mover a la persona accidentada, ni siquiera para quitar o poner prendas de ropa o el casco protector de la cabeza. Si resulta sencillo, se pueden retirar los anillos, las pulseras y los relojes para evitar complicaciones si hay inflamación.
- Si hay fracturas en las extremidades, inmovilizarla.
- En el caso de heridas abiertas, cubrirlas con tejidos limpios y comprimir para frenar la hemorragia.
- Mantener, si es posible, al paciente despierto tranquilizándole y hablando con él.
- No dar bebida ni comida.
- No administrar medicamentos.
Síntomas
Los síntomas son diferentes en función del tipo de traumatismo que se haya sufrido:
- Traumatismos en las extremidades y la piel:
- Contusiones: inflamación, dolor, sensación de calor, hematomas.
- Erosiones: escozor, enrojecimiento, leve hinchazón, ampollas, sangrado ligero.
- Heridas: hemorragia de intensidad variable dependiendo de la zona y los vasos sanguíneos afectados, dolor, calor alrededor de la zona dañada, inflamación.
- Esguinces: inflamación, dolor, dificultad para mover la articulación.
- Luxaciones: dolor, cambios en la forma e imposibilidad de mover la articulación.
- Fracturas: dolor intenso, inflamación, hematomas, deformidad, imposibilidad de mover la zona afectada.
- Contracturas: dolor, rigidez, limitación del movimiento.
- Traumatismo torácico: dolor intenso, dificultad para respirar, hematomas, disminución del nivel de conciencia, hipotensión, pulso débil, tos con sangre, sudoración, mareos, cianosis (piel de color azulado), taquicardia, sonidos respiratorios.
- Traumatismo abdominal:
- Traumatismo abdominal cerrado: dolor, hinchazón y distensión abdominal, taquicardia, hipotensión, náuseas, vómitos, sangre en heces, ruidos abdominales, moratones, piel fría, respiración rápida.
- Traumatismo abdominal abierto: herida sangrante, dolor abdominal que suele ir en aumento, distensión, náuseas, vómitos, shock (pulso rápido, palidez, sudoración), sangre en la orina o las heces, disminución de los ruidos abdominales.
- Traumatismo craneoencefálico: los signos de alarma son pérdida de conocimiento, adormecimiento, dificultad para hablar, vómitos repetidos, pérdida de equilibrio, falta de fuerza en las extremidades, dolor de cabeza constante, tensión en el cuello, convulsiones, hemorragia en la nariz o los oídos.
- Traumatismo en la columna vertebral: dolor intenso, sensación de hormigueo, dificultad para mover las extremidades.
- Traumatismo dental: dolor (sobre todo al masticar o morder), cambios en el color del diente afectado, movilidad de las piezas dentales, mayor sensibilidad al frío o al calor, inflamación de las encías o los labios.
Además de las manifestaciones físicas, es probable que se muestren síntomas psicológicos, como aturdimiento, ansiedad o confusión.
Causas
Los traumatismos pueden estar causados por distintos agentes, por lo que se clasifican en dos tipos principales:
- Traumatismo físico: las lesiones se producen por el efecto de una fuerza externa.
- Traumatismo mecánico: es la consecuencia de un movimiento o fuerza ejercida por un sólido, un líquido o un gas que presiona contra el cuerpo. Puede provocar compresión, estiramiento, torsión, deslizamiento o torsión. Es habitual en golpes, caídas, colisiones o heridas por arma blanca o de fuego.
- Traumatismo energético: está causado por una corriente eléctrica que atraviesa el cuerpo. Suele ser la consecuencia de un choque eléctrico o la recepción de un rayo.
- Traumatismo térmico: se produce por la transferencia excesiva de calor o frío al organismo. Pueden ser la consecuencia del fuego, un golpe de calor, el contacto con líquidos inflamables o la exposición prolongada al frío (hipotermia).
- Traumatismo químico: los tejidos se destruyen como consecuencia del contacto con sustancias
Factores de riesgo
Los traumatismos pueden darse en cualquier momento, ya que pueden estar ocasionados por una caída fortuita o un golpe. Aquellos de mayor gravedad, suelen estar relacionados con las siguientes situaciones:
- Edad: son más frecuentes en niños pequeños y personas mayores.
- Deportes de contacto o de alto impacto.
- Accidentes de tráfico.
- Consumo de alcohol y drogas.
- Trabajos de riesgo: manipulación de maquinaria, construcción, minería.
- Entornos de violencia.
- Superficies irregulares.
- Iluminación insuficiente.
Complicaciones
Los traumatismos pueden provocar situaciones graves para la salud, como:
- Artrosis postraumática: desgaste del cartílago de la articulación después de una fractura, un esguince o una dislocación. Es posible que pasen varios años desde el traumatismo hasta que se manifiesta.
- Rigidez articular: dificultad para mover una articulación, sobre todo después de estar en reposo un tiempo.
- Osteomielitis: infección ósea de origen bacteriano.
- Dolor crónico.
- Shock.
- Hemorragias.
- Daño neurológico.
- Daño vascular.
- Estado de coma.
- Edema cerebral.
- Déficit cognitivo.
- Epilepsia postraumática.
- Alteraciones sensoriales (vista, oído y olfato).
- Parálisis.
- Pérdida de sensibilidad.
- Disfunción de esfínteres.
- Neumotórax: acumulación de aire en la pleura.
- Hemotórax: acumulación de sangre en el espacio pleural.
- Insuficiencia respiratoria.
- Tamponamiento cardiaco: acumulación de sangre en el pericardio.
- Empiema: infección con pus, normalmente, en los pulmones tras un drenaje incompleto de un hemotórax.
- Atelectasia: colapso de una parte del pulmón.
- Rotura de la aorta.
- Fallo multiorgánico.
- Peritonitis: inflamación del peritoneo (membrana que recubre la cavidad abdominal) como consecuencia de la fuga de contenido del intestino.
- Obstrucción intestinal.
- Rotura del hígado o el bazo.
- Biloma: Fugas de bilis hacia el peritoneo.
- Síndrome compartimental abdominal: aumento de la presión dentro del abdomen, por lo que los órganos se comprimen y dejan de funcionar adecuadamente.
- Hemorragia interna.
- Abscesos intraabdominales: acumulación de pus en el abdomen.
- Muerte.
Prevención
Los traumatismos no siempre se pueden prevenir, ya que pueden estar provocados por una causa externa, normalmente, de forma accidental. Aun así, tener precauciones en el día a día puede evitarlos o, al menos, minimizar los daños:
- Conducir cumpliendo con los límites de velocidad y las normas de tráfico.
- Utilizar los elementos de seguridad pertinentes cuando se viaja, se practican deportes de contacto o se realizan trabajos de riesgo: cinturón, casco, gafas, protectores bucales, calzado reforzado.
- Eliminar los obstáculos en el hogar.
- Iluminar las estancias adecuadamente.
¿Qué médico trata los traumatismos?
Los traumatismos necesitan un tratamiento multidisciplinar en el que intervienen numerosas especialidades, como Urgencias, Traumatología y Cirugía ortopédica, Medicina interna, Medicina intensiva, Neurocirugía, Neurología, Neumología, Cardiología, Cirugía general y del aparato digestivo, Odontología, Medicina física y Rehabilitación, Angiología y Cirugía vascular, Reumatología y Psicología clínica.
Diagnóstico
El traumatismo se diagnostica mediante la observación y valorando los hechos relatados por el paciente o las personas que hayan presenciado lo ocurrido. Para determinar la gravedad de las lesiones, es necesario realizar diversas pruebas:
- Exploración física: se evalúa el estado de la zona afectada, la respuesta al dolor, las posibles deformidades, la capacidad de movimiento, la sensibilidad y la respuesta cognitiva.
- Auscultación: se escuchan los sonidos de los pulmones y se comprueban los latidos del corazón.
- Radiografías: las imágenes obtenidas con rayos X permiten comprobar el estado de los huesos y los órganos internos. En ellas se pueden ver roturas, infecciones, objetos extraños, perforaciones o líquido acumulado.
- Ecografía: las ondas de ultrasonido ofrecen imágenes de los músculos, los tendones, los ligamentos, los vasos sanguíneos y los órganos. Sirven para detectar desgarros, roturas, acumulación de fluidos o cambios en el tamaño y la estructura.
- Resonancia magnética: utiliza ondas de radio y un campo electromagnético para conseguir imágenes de los órganos, los tejidos blandos y los huesos. Es útil para encontrar daños en los huesos, el cerebro, el corazón, el abdomen o la columna vertebral.
- Tomografía computarizada (TC): en las imágenes que se consiguen mediante el uso de rayos X desde distintos ángulos, se pueden ver fracturas, hemorragias, coágulos, inflamación o hematomas.
- Arteriografía: se utilizan rayos X y un material de contraste tintado que permite observar más detalles. Tiene una gran utilidad para evaluar el estado de los vasos sanguíneos en pacientes con politraumatismos o lesiones abiertas.
- Eco-Doppler: es un tipo avanzado de ecografía en el que se puede comprobar el flujo sanguíneo para evaluar la circulación arterial y venosa.
- Electromiografía: mide la actividad eléctrica de los nervios con ayuda de unas agujas que se insertan en el músculo. Ayuda a detectar daños en la comunicación nerviosa o problemas musculares.
- Electrocardiograma: registra la actividad eléctrica cardiaca, por lo que ofrece información sobre el ritmo, la frecuencia y la fuerza del corazón.
- Evaluación neurológica: incluye un estudio del cerebro, la médula espinal, los nervios y los músculos para detectar problemas de movimiento, habla o vista, así como deficiencias en la función mental.
- Análisis de sangre: muestra indicios de infección y de posibles complicaciones sistémicas.
Tratamiento
El tratamiento de los traumatismos requiere un abordaje multidisciplinar y personalizado, ya que depende de la gravedad de las lesiones y de las características del paciente. A menudo, hay que tratar daños en varios órganos, por lo que los especialistas tienen que decidir con cautela cuáles se tratan antes por ser más peligrosas.
- Traumatismos en las extremidades y la piel:
- Contusiones: aplicar frío al poco tiempo de producirse para reducir la inflamación. Si el dolor es intenso, se pueden tomar analgésicos o antiinflamatorios.
- Erosiones: limpieza y desinfección. Para prevenir la entrada de bacterias y evitar los roces, se pueden cubrir con un apósito.
- Heridas: las infecciones se previenen mediante limpieza con agua estéril y desinfección. Dependiendo de la gravedad, es posible que sea necesario utilizar grapas, pegamento o puntos de sutura para que cierren adecuadamente.
- Esguinces: se recomienda dejar el miembro afectado en reposo, aplicar hielo para bajar la inflamación e inmovilizar la articulación hasta su recuperación total.
- Luxaciones: se recoloca el hueso en su sitio (con o sin intervención quirúrgica) y se mantiene inmovilizado hasta que se cura por completo.
- Fracturas: normalmente, se inmovilizan con yeso hasta que sueldan. Cuando son múltiples o están desplazadas, se deben recolocar en el quirófano.
- Contracturas: aplicar calor o frío en la zona calma los síntomas, además, los estiramientos y el tratamiento con fisioterapia son muy eficaces.
- Traumatismo torácico: algunos de los procedimientos pertinentes son:
- Oxigenoterapia: administración de oxígeno para favorecer la respiración.
- Ventilación mecánica: uso de dispositivos externos para ayudar al paciente a respirar cuando no puede hacerlo por sí solo.
- Drenaje del aire o la sangre acumulada en los pulmones para liberar el pulmón y que pueda expandirse.
- Pericardiocentesis: extracción del líquido acumulado en el pericardio.
- Traumatismo abdominal: las técnicas más utilizadas son:
- Traumatismo abdominal cerrado: además de las intervenciones necesarias para reparar los daños en órganos específicos, la laparotomía (cirugía abierta) y la laparoscopia (mínimamente invasiva) exploratorias sirven para controlar las hemorragias y observar los daños ocasionados.
- Traumatismo abdominal abierto: como en el caso anterior, la cirugía es fundamental para reparar las lesiones y conocer con exactitud el estado de los órganos vitales. Los objetos incrustados se retiran en el quirófano, no antes, ya que pueden estar taponando heridas que pueden causar hemorragias graves.
- Traumatismo craneoencefálico: los tratamientos más frecuentes son:
- Cirugía para drenar hematomas, retirar tejido dañado o fijar fracturas.
- Fisioterapia: ayuda a mejorar la movilidad y a recuperar la fuerza muscular.
- Terapia ocupacional: ofrece herramientas al paciente para adaptarse a su nueva realidad y aumentar su independencia.
- Logopedia: además de ayudar a recuperar la capacidad de habla perdida, sirve para favorecer la deglución en pacientes con disfagia.
- Traumatismo en la columna vertebral: los procedimientos más eficaces son:
- Órtesis: uso de fajas o corsés para estabilizar las vértebras.
- Vertebroplastia: se aplica cemento con una inyección para reparar roturas en las vértebras.
- Cifoplastia: es una técnica similar a la anterior, pero en la que se utiliza un balón hinchable para facilitar la infiltración del cemento óseo.
- Osteosíntesis: intervención quirúrgica para unir y estabilizar los fragmentos de un hueso fracturado. Normalmente, se necesitan placas y tornillos para fijarlos.
- Descompresión: se alivia la presión que los huesos ejercen sobre los discos y los nervios espinales mediante el uso de tracción controlada.
- Traumatismo dental: los tratamientos que ofrecen mejores resultados son:
- Endodoncia: se destruye el nervio para evitar el dolor y se restaura la pieza perdida.
- Reimplantación: si no ha pasado demasiado tiempo y se ha conservado correctamente (sin tocar la raíz, lavado con suero fisiológico sin frotar o guardado en leche) se recoloca en su sitio. Se debe esperar un tiempo para saber si ha quedado fijo.
Además, es frecuente la necesidad de hacer trasfusiones de sangre, monitorizar los signos vitales, administrar líquidos, alimentar vía enteral o parenteral o hacer trasplantes de órganos cuando están muy dañados.













































































































