Vejiga neurógena

Toda la información sobre las causas, los síntomas y los tratamientos de la disfunción vesical causada por anomalías en el sistema nervioso.

Síntomas y causas

La vejiga neurógena o neurogénica es una disfunción vesical derivada de una lesión en los nervios que controlan su funcionamiento. Al tener un daño neurológico, se altera la capacidad de vaciar la vejiga o de retener la orina en su interior.

Existen tres tipos principales de vejiga neurogénica según sus características:

  • Vejiga hipoactiva o flácida: no tiene la capacidad de contraerse, por lo que se llena de orina hasta que rebosa (incontinencia urinaria).
  • Vejiga hiperactiva o espástica: se producen contracciones involuntarias por las que el paciente siente necesidad de orinar aunque la vejiga tenga poca cantidad de orina o esté vacía.
  • Vejiga mixta: tiene características de las dos anteriores, por lo que el control urinario es irregular.

Si la vejiga neurógena no se trata convenientemente, puede derivar en complicaciones graves. El diagnóstico temprano y la terapia adecuada permiten controlar la enfermedad para que los pacientes mantengan una buena calidad de vida a pesar de que no tenga una cura definitiva.

Síntomas

Los síntomas más característicos de la vejiga neurógena son:

  • Vejiga hipoactiva:
    • Escapes de orina.
    • Imposibilidad de detectar cuándo está llena la vejiga.
    • Dificultad para comenzar a orinar.
    • Retención urinaria: incapacidad de vaciar la vejiga completamente.
    • Los hombres suelen presentar disfunción eréctil.
  • Vejiga hiperactiva:
    • Aumento de la frecuencia miccional.
    • Pérdida de control del esfínter vesical.
    • Incontinencia por urgencia: se manifiesta una urgencia urinaria, incluso durante la noche.
  • Vejiga mixta:
    • Retención urinaria.
    • Incontinencia urinaria: incapacidad de controlar la micción.

Causas

La vejiga neurógena puede estar causada por diversas afecciones subyacentes entre las que destacan:

  • Afecciones del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal): se interrumpen las señales nerviosas que controlan la actividad vesical:
    • Lesiones en la médula espinal.
    • Esclerosis lateral amiotrófica (ELA): enfermedad degenerativa por la que el funcionamiento de las neuronas motoras se desgastan y mueren de forma prematura, por lo que dejan de enviar órdenes a los músculos.
    • Accidente cerebrovascular o ictus: el flujo de sangre se interrumpe o se reduce considerablemente en el cerebro.
    • Demencia: pérdida de la función cerebral.
    • Parálisis cerebral: una serie de trastornos motores que afectan al movimiento y la postura debido a una lesión cerebral durante el desarrollo embrionario.
    • Tumores cerebrales.
    • Hidrocefalia: acumulación de líquido en el cerebro.
    • Espina bífida: malformación congénita por la que la columna vertebral no se cierra por completo durante la fase embrionaria.
    • Estenosis del canal lumbar: estrechamiento del espacio interior de la columna vertebral que puede presionar la médula espinal.
    • Paraplejia espástica hereditaria: conjunto de afecciones genéticas que causan debilidad, rigidez y espasmos musculares en las piernas.
    • Atrofia multisistémica: trastorno neurodegenerativo que afecta al movimiento, el equilibrio y las funciones autónomas del organismo.
  • Alteraciones de los nervios periféricos: el daño se produce en los nervios dispersos por el cuerpo.
    • Hernia discal: parte de un disco intervertebral se desplaza y presiona una raíz nerviosa.
    • Neuropatía diabética: daño en los nervios derivado de niveles altos de glucosa en la sangre de forma continuada.
    • Neuropatía alcohólica: daño en los nervios periféricos provocado por un consumo excesivo de alcohol.
    • Deficiencia de vitamina B12: es un componente esencial para la salud nerviosa, por lo que si no hay una cantidad suficiente se pueden dañar los nervios que controlan la vejiga.
    • Sarcoidosis: produce granulomas (inflamación) en distintas partes del organismo. Cuando afecta al sistema nervioso, se puede ver comprometido el funcionamiento de la vejiga.
    • Síndrome de Guillain-Barré: enfermedad autoinmune que causa debilidad por un daño en los nervios.
  • Daños del sistema nervioso central y periférico: hay una alteración tanto en el cerebro y la médula espinal como en el resto de nervios del organismo.
    • Esclerosis múltiple: enfermedad autoinmune crónica que daña la capa que protege a los nervios (mielina).
    • Sífilis: una de las complicaciones de esta enfermedad infecciosa es la neurosífilis, que se produce cuando las bacterias llegan al sistema nervioso central. Como consecuencia, el organismo puede dañarse gravemente y presentar ceguera, parálisis o demencia, llegando incluso a dañar los nervios periféricos que regulan la vejiga.
    • Enfermedad de Parkinson: afección neurodegenerativa que provoca la muerte progresiva de las neuronas.

Factores de riesgo

El riesgo de padecer vejiga neurogénica aumenta cuando se padece cualquiera de las patologías que pueden causarla.

Complicaciones

Las complicaciones más frecuentes de la vejiga neurógena son:

  • Infecciones en el tracto urinario recurrentes.
  • Cálculos renales: se forman masas sólidas (piedras) en los riñones formadas por la cristalización de los minerales que contiene la orina.
  • Daño renal: el exceso de presión ejercido por la orina acumulada puede hacer que el líquido retorne a los riñones y afecte a su funcionamiento normal.
  • Reflujo vesicoureteral: la orina retrocede hacia los uréteres.
  • Insuficiencia renal: cuando el daño renal es grave, los riñones dejan de funcionar adecuadamente.

Prevención

No siempre se puede prevenir la vejiga neurógena, ya que la aparición de alguna de las enfermedades que la causan no se puede evitar. Para reducir el riesgo de que se produzcan algunas de ellas o complicaciones, se recomienda:

  • Llevar un estilo de vida saludable.
  • Beber alrededor de dos litros de agua al día.
  • Evitar el estreñimiento.
  • Mantener un peso saludable.
  • No consumir alcohol.
  • No fumar.
  • Controlar la diabetes adecuadamente.
  • Utilizar medidas de protección y evitar las actividades de riesgo para prevenir las lesiones medulares o cerebrales.

¿Qué médico trata la vejiga neurógena?

La vejiga neurógena es una enfermedad que se trata en la especialidad de Urología.

Diagnóstico

El diagnóstico de la vejiga neurógena requiere llevar a cabo diversos estudios. Los más utilizados son:

  • Historia clínica: se recogen datos detallados sobre los antecedentes del paciente, así como su estilo de vida y los síntomas que presenta.
  • Exploración física:
    • Con el paciente de pie y erguido, se observa la anatomía genital tanto con la vejiga llena como vacía.
    • Observación genital, rectal y pélvica para detectar posibles anomalías.
    • Exploración neurológica: evaluación del estado mental, los reflejos, la fuerza y la sensibilidad.
    • Evaluación de la musculatura pélvica: además de observar la postura del paciente, se observan y palpan los músculos para una valoración externa. Para comprobar la fuerza, el tono y la función muscular, se lleva a cabo una exploración interna mediante un tacto vaginal o rectal.
    • Ecografía: se obtienen imágenes del aparato urinario mediante ultrasonidos para detectar posibles anomalías y determinar el residuo postmiccional.
  • Estudio urodinámico: evalúa el funcionamiento del esfínter urinario, la vejiga y la uretra.
    • Uroflujometría: mide el volumen de orina y el tiempo de micción para calcular la fuerza del caudal de orina.
    • Cistomanometría: estudia la función de llenado vesical. Para ello, se introduce líquido en la vejiga con una sonda transuretral y se registra la presión intravesical y la del músculo detrusor con unos electrodos colocados en la vejiga y el ano. Además, se introduce una sonda en el recto para medir la presión intraabdominal.
    • Estudio de presión-flujo: se detiene la infusión de líquido cuando el paciente siente ganas de orinar. Se registran las presiones y se mide el flujo urinario mientras micciona.
    • Cistografía: se utilizan rayos X para observar la vejiga y la uretra con ayuda de una sustancia de contraste que se introduce con una sonda vesical.
    • Cistouretrografía: es un procedimiento similar al anterior que se realiza mientras el paciente orina. Suele realizarse con la cistografía como una prueba única.
    • Cistoscopia: se introduce una sonda flexible con una cámara y un foco de luz en el extremo a través de la uretra y se desliza hasta la vejiga para comprobar el estado anatómico del sistema urinario.
    • Electromiografía: evalúa la actividad eléctrica de los músculos y los nervios para detectar problemas neuromusculares del esfinter y suelo pélvico. Consiste en insertar unas agujas finas en el músculo para, con ayuda de unos electrodos adheridos a la piel, medir las señales eléctricas que emiten los músculos en reposo o cuando se contraen.
    • Potenciales evocados somatosensoriales: mide la actividad eléctrica del cerebro cuando responde a estímulos táctiles en las extremidades. En este procedimiento se colocan electrodos que registran el recorrido de las señales que van desde los nervios periféricos a la médula espinal y el cerebro.

Tratamiento

El tratamiento de la vejiga neurógena se enfoca en el trastorno específico que la causa, por lo que cada paciente recibe una terapia diferente. Para abordar los diversos síntomas que produce, se recomienda seguir una dieta saludable y beber cantidades elevadas de líquidos para disminuir el riesgo de infecciones y la formación de cálculos renales. Además, se emplean los siguientes abordajes:

  • Medicación: se utilizan medicamentos para favorecer el funcionamiento adecuado de la vejiga. Para ello, se administran fármacos para relajar el músculo, reducir las contracciones involuntarias o mejorar la capacidad de vaciado. Son frecuentes los anticolinérgicos y los agonistas beta-3 adrenérgicos orales o las infiltraciones con toxina botulínica para disminuir la actividad muscular.
  • Reeducación vesical: el paciente aprende una serie de técnicas o aplica determinados cambios en sus hábitos para aprender a controlar la vejiga. Algunos de los procedimientos habituales son:
    • Llevar un diario para programar las micciones y, poco a poco, espaciarlas en el tiempo.
    • Técnicas de supresión de la urgencia: cuando se sienten ganas imperiosas de orinar, el paciente puede contraer el suelo pélvico, sentarse o respirar pausadamente para reducir la sensación.
    • Rehabilitación del suelo pélvico: ejercicios para fortalecer la musculatura (de Kegel).
    • Modificación de la conducta: distribuir las cantidades de agua que se ingieren de forma adecuada: pequeñas tomas a lo largo del día y restringir la ingesta a media tarde para reducir las micciones nocturnas.
  • Cateterismo vesical intermitente: devuelve la capacidad de vaciar la vejiga por completo imitando la forma en que se hace de forma natural. Para ello, se coloca una sonda a través de la uretra para evacuar la orina cada vez que el paciente siente necesidad de ir al baño.
  • Sonda vesical permanente: en casos graves, el catéter se debe mantener siempre, por lo que se debe conectar a una bolsa que recoge la orina.
  • Cirugía: en aquellos pacientes que no responden adecuadamente a los tratamientos anteriores, se recomienda una intervención quirúrgica para recuperar la funcionalidad perdida. Pueden emplearse distintas técnicas dependiendo de cada circunstancia:
    • Cistoplastia de aumento: se amplía la capacidad de la vejiga, normalmente, con un injerto de tejido tomado del intestino del paciente, para reducir la presión interna.
    • Neovejiga: se crea una nueva vejiga con una porción del intestino. Puede colocarse en su lugar habitual (neovejiga ortotópica) o crear una derivación urinaria para que la nueva vejiga quede ubicada cerca del intestino.
    • Esfínter artificial: se coloca un dispositivo inflado para cerrar la uretra que, cuando se activa manualmente presionando una bomba colocada en el escroto o el labio mayor de la vulva, se abre para dejar pasar la orina.
    • Derivaciones urinarias: se crean nuevas vías para que fluya la orina hacia el exterior del cuerpo. Normalmente, se crea una urostomía, que es un orificio artificial en el abdomen unido a una bolsa en la que se recoge la micción.
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