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Blog del Dr. Francois Peinado. Urología. Hospital Universitario Ruber Juan Bravo
El deseo sexual masculino es un fenómeno complejo que va mucho más allá de la simple "ganas de sexo". Desde el punto de vista científico, se define como un estado motivacional que impulsa al individuo a buscar y participar en actividades sexuales. Este impulso no surge de manera aislada, sino que integra múltiples dimensiones: la cognitiva (pensamientos, fantasías, imaginación), la neurobiológica (hormonas y neurotransmisores) y la afectiva (estado de ánimo y emociones). Todas ellas confluyen para generar la experiencia subjetiva del deseo sexual.
Aunque el acto sexual suele estar motivado por el vínculo de pareja y la búsqueda de placer, desde una perspectiva evolutiva el deseo sexual cumple una función esencial: permitir la reproducción. En este sentido, el deseo actúa como un proceso intermedio entre la intención y la acción, activando conductas orientadas al encuentro sexual.
El término "libido", de origen freudiano, se utiliza habitualmente como sinónimo de deseo sexual. Sin embargo, en la práctica clínica y científica moderna, el concepto de deseo sexual se entiende como un constructo más amplio que integra tanto estados mentales como correlatos biológicos que inician la conducta sexual.
¿Cuándo hablamos de deseo sexual reducido?
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) define el trastorno de deseo sexual hipoactivo masculino (MHSDD) como la presencia persistente o recurrente de una ausencia o marcada reducción de fantasías sexuales y deseo de actividad sexual que genera malestar clínicamente significativo y se mantiene durante al menos seis meses. Además, para establecer este diagnóstico, el cuadro no debe explicarse por otros trastornos mentales, problemas graves de pareja, consumo de fármacos o enfermedades médicas, incluidas las endocrinas. Este punto es clave: el MHSDD "puro" es relativamente infrecuente. En un amplio estudio clínico con más de 3.700 hombres que consultaban por disfunción sexual, aunque el 36 % refería bajo deseo sexual, solo el 14 % cumplía criterios de MHSDD aislado. En la mayoría de los casos, el bajo deseo coexistía con disfunción eréctil o trastornos eyaculatorios.
Por este motivo, una definición más pragmática, propuesta por la Cuarta Consulta Internacional en Medicina Sexual, describe el deseo sexual hipoactivo simplemente como una deficiencia persistente o recurrente de pensamientos, fantasías o deseo sexual, sin imponer criterios tan restrictivos. Esta definición resulta más útil en la práctica clínica diaria.
¿Con qué frecuencia se reduce el deseo sexual en el hombre?
Los datos epidemiológicos muestran que el deseo sexual reducido es relativamente frecuente, especialmente con el envejecimiento. El European Male Ageing Study (EMAS), que incluyó a más de 3.300 hombres entre 40 y 79 años, reveló que aproximadamente uno de cada seis hombres presenta alguna forma de disminución del deseo sexual.
Un hallazgo relevante de este estudio es que el descenso del deseo sexual muestra una clara relación con la edad, pero no con la mayoría de las enfermedades orgánicas. Solo el 1 % de los hombres más jóvenes (40–49 años) refería no pensar nunca en sexo, frente al 20 % en el grupo de mayor edad. Sin embargo, la frecuencia del pensamiento sexual no se vio afectada por enfermedades metabólicas, cardiovasculares o urológicas, sino que se asoció de forma significativa a factores psicológicos, especialmente la depresión. Este dato desmonta una idea muy extendida: el bajo deseo sexual masculino no es, en la mayoría de los casos, una consecuencia directa de enfermedades físicas, sino que responde a una interacción compleja entre cerebro, emociones y biología.
¿Cómo se genera el deseo sexual masculino? Bases neurobiológicas
La fisiopatología del deseo sexual masculino ha sido ampliamente estudiada, primero en modelos animales y posteriormente extrapolada al ser humano. Estos estudios han permitido identificar redes neuronales específicas implicadas en la motivación sexual.
En términos generales, los estímulos sexuales activan circuitos cerebrales que incluyen la amígdala, el hipocampo, el núcleo accumbens, el área tegmental ventral y la corteza prefrontal. Estas estructuras participan en la evaluación emocional del estímulo, la asignación de valor (recompensa) y la integración cognitiva del deseo. Los estudios de neuroimagen funcional en humanos han confirmado que el deseo sexual se asocia a la activación de regiones límbicas y corticales relacionadas con la motivación, la emoción y la anticipación del placer. A diferencia del amor romántico, que activa con mayor intensidad circuitos de apego y recompensa duradera, el deseo sexual se relaciona más con la expectativa de experiencias sensoriales placenteras.
Diversos neurotransmisores participan en este proceso. La dopamina desempeña un papel central como modulador de la motivación y la recompensa, mientras que otros sistemas —como la serotonina, la noradrenalina, la oxitocina, los melanocortinos y los opioides endógenos— pueden facilitar o inhibir el deseo sexual. Curiosamente, la manipulación farmacológica de estos sistemas ha demostrado ser más eficaz para inducir pérdida de deseo (por ejemplo, con antidepresivos ISRS) que, para tratarla de forma efectiva, lo que subraya la complejidad del fenómeno.
Neurocircuitos implicados en el deseo sexual

"¿Qué es el deseo sexual masculino?"
- Cognitiva: pensamientos y fantasías.
- Neurobiológica: neurotransmisores y hormonas.
- Afectiva: emociones y estado de ánimo.
"Deseo sexual reducido: lo que dicen los datos"
Referencia:
Fifth International Consultation on Sexual Medicine (ICSM 2024) "Definition of normal and reduced sexual desire in the male"
Blog especializado en el tratamiento de los problemas de próstata y salud sexual del varón.
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