Quirónsalud
Blog del Dr. Francois Peinado. Urología. Hospital Universitario Ruber Juan Bravo

Lo que NO se puede conseguir y sus riesgos
La comunidad científica es categórica al advertir que no existen píldoras, lociones, cremas ni rutinas de ejercicios manuales que posean la capacidad de alterar permanentemente la longitud estructural del pene. Cualquier suplemento oral o producto tópico que prometa un crecimiento milagroso suele estar compuesto, en el mejor de los casos, por ingredientes que mejoran transitoriamente el flujo sanguíneo y la calidad de la erección, pero jamás generan un aumento real de tejido.
Asimismo, la inyección de sustancias y rellenos permanentes como la silicona líquida, la vaselina o los aceites de parafina está absolutamente contraindicada y es fuertemente condenada por la medicina moderna. El cuerpo humano es incapaz de metabolizar estos materiales exógenos, lo que inevitablemente desencadena reacciones inmunológicas severas. Estas prácticas clandestinas provocan la formación de granulomas, inflamación crónica, necrosis de la piel y deformidades irreversibles que destruyen la funcionalidad del órgano. En un número trágicamente alto de casos, el único tratamiento posible para estas complicaciones es la cirugía reconstructiva compleja o la amputación parcial del miembro.
La cirugía y la realidad del estado flácido
Cuando los pacientes deciden recurrir a la cirugía de alargamiento (un procedimiento conocido médicamente como sección del ligamento suspensorio o ligamentolisis), se enfrentan a una limitación biomecánica ineludible que deben comprender a cabalidad. Este procedimiento se basa en cortar el ligamento que ancla y estabiliza la base de los cuerpos cavernosos del pene al hueso púbico.
Al liberar este fuerte anclaje ligamentoso, el órgano cede por gravedad, permitiendo que una porción interna del pene se proyecte hacia el exterior. Sin embargo, la gran advertencia médica es que este alargamiento se consigue básica y casi exclusivamente en estado flácido. La intervención puede añadir entre 1 y 2 centímetros visuales al pene cuando está en reposo, pero no aumenta en absoluto la longitud estructural del pene durante el estado de erección.
Más aún, al cortar este pilar fundamental de soporte, el pene erecto puede perder su ángulo de elevación natural y su estabilidad intrínseca si no se realizan otras maniobras durante la cirugía como el anclaje del mismo. Esto provoca que el órgano se vuelva inestable, incontrolable o con un efecto de "bamboleo" durante la penetración, lo cual incrementa el riesgo de lesiones físicas y reduce drásticamente la funcionalidad y la satisfacción durante el acto sexual.
En conclusión, si bien la medicina estética urológica actual cuenta con herramientas para modificar la apariencia del pene en estado de reposo y aumentar su circunferencia de forma temporal, la capacidad para crear un pene anatómica y funcionalmente más largo durante una erección sigue siendo una imposibilidad biológica. En la gran mayoría de los casos, la intervención más efectiva y segura no requiere de bisturí ni inyecciones, sino de una correcta educación anatómica, apoyo psicológico y una reestructuración de la percepción corporal.
Referencias Bibliográficas
El deseo sexual masculino es un fenómeno complejo que va mucho más allá de la simple "ganas de sexo". Desde el punto de vista científico, se define como un estado motivacional que impulsa al individuo a buscar y participar en actividades sexuales. Este impulso no surge de manera aislada, sino que integra múltiples dimensiones: la cognitiva (pensamientos, fantasías, imaginación), la neurobiológica (hormonas y neurotransmisores) y la afectiva (estado de ánimo y emociones). Todas ellas confluyen para generar la experiencia subjetiva del deseo sexual.
Aunque el acto sexual suele estar motivado por el vínculo de pareja y la búsqueda de placer, desde una perspectiva evolutiva el deseo sexual cumple una función esencial: permitir la reproducción. En este sentido, el deseo actúa como un proceso intermedio entre la intención y la acción, activando conductas orientadas al encuentro sexual.
El término "libido", de origen freudiano, se utiliza habitualmente como sinónimo de deseo sexual. Sin embargo, en la práctica clínica y científica moderna, el concepto de deseo sexual se entiende como un constructo más amplio que integra tanto estados mentales como correlatos biológicos que inician la conducta sexual.
¿Cuándo hablamos de deseo sexual reducido?
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) define el trastorno de deseo sexual hipoactivo masculino (MHSDD) como la presencia persistente o recurrente de una ausencia o marcada reducción de fantasías sexuales y deseo de actividad sexual que genera malestar clínicamente significativo y se mantiene durante al menos seis meses. Además, para establecer este diagnóstico, el cuadro no debe explicarse por otros trastornos mentales, problemas graves de pareja, consumo de fármacos o enfermedades médicas, incluidas las endocrinas. Este punto es clave: el MHSDD "puro" es relativamente infrecuente. En un amplio estudio clínico con más de 3.700 hombres que consultaban por disfunción sexual, aunque el 36 % refería bajo deseo sexual, solo el 14 % cumplía criterios de MHSDD aislado. En la mayoría de los casos, el bajo deseo coexistía con disfunción eréctil o trastornos eyaculatorios.
Por este motivo, una definición más pragmática, propuesta por la Cuarta Consulta Internacional en Medicina Sexual, describe el deseo sexual hipoactivo simplemente como una deficiencia persistente o recurrente de pensamientos, fantasías o deseo sexual, sin imponer criterios tan restrictivos. Esta definición resulta más útil en la práctica clínica diaria.
¿Con qué frecuencia se reduce el deseo sexual en el hombre?
Los datos epidemiológicos muestran que el deseo sexual reducido es relativamente frecuente, especialmente con el envejecimiento. El European Male Ageing Study (EMAS), que incluyó a más de 3.300 hombres entre 40 y 79 años, reveló que aproximadamente uno de cada seis hombres presenta alguna forma de disminución del deseo sexual.
Un hallazgo relevante de este estudio es que el descenso del deseo sexual muestra una clara relación con la edad, pero no con la mayoría de las enfermedades orgánicas. Solo el 1 % de los hombres más jóvenes (40–49 años) refería no pensar nunca en sexo, frente al 20 % en el grupo de mayor edad. Sin embargo, la frecuencia del pensamiento sexual no se vio afectada por enfermedades metabólicas, cardiovasculares o urológicas, sino que se asoció de forma significativa a factores psicológicos, especialmente la depresión. Este dato desmonta una idea muy extendida: el bajo deseo sexual masculino no es, en la mayoría de los casos, una consecuencia directa de enfermedades físicas, sino que responde a una interacción compleja entre cerebro, emociones y biología.
¿Cómo se genera el deseo sexual masculino? Bases neurobiológicas
La fisiopatología del deseo sexual masculino ha sido ampliamente estudiada, primero en modelos animales y posteriormente extrapolada al ser humano. Estos estudios han permitido identificar redes neuronales específicas implicadas en la motivación sexual.
En términos generales, los estímulos sexuales activan circuitos cerebrales que incluyen la amígdala, el hipocampo, el núcleo accumbens, el área tegmental ventral y la corteza prefrontal. Estas estructuras participan en la evaluación emocional del estímulo, la asignación de valor (recompensa) y la integración cognitiva del deseo. Los estudios de neuroimagen funcional en humanos han confirmado que el deseo sexual se asocia a la activación de regiones límbicas y corticales relacionadas con la motivación, la emoción y la anticipación del placer. A diferencia del amor romántico, que activa con mayor intensidad circuitos de apego y recompensa duradera, el deseo sexual se relaciona más con la expectativa de experiencias sensoriales placenteras.
Diversos neurotransmisores participan en este proceso. La dopamina desempeña un papel central como modulador de la motivación y la recompensa, mientras que otros sistemas —como la serotonina, la noradrenalina, la oxitocina, los melanocortinos y los opioides endógenos— pueden facilitar o inhibir el deseo sexual. Curiosamente, la manipulación farmacológica de estos sistemas ha demostrado ser más eficaz para inducir pérdida de deseo (por ejemplo, con antidepresivos ISRS) que, para tratarla de forma efectiva, lo que subraya la complejidad del fenómeno.
Neurocircuitos implicados en el deseo sexual

"¿Qué es el deseo sexual masculino?"
- Cognitiva: pensamientos y fantasías.
- Neurobiológica: neurotransmisores y hormonas.
- Afectiva: emociones y estado de ánimo.
"Deseo sexual reducido: lo que dicen los datos"
Referencia:
Fifth International Consultation on Sexual Medicine (ICSM 2024) "Definition of normal and reduced sexual desire in the male"
La disfunción eréctil es una de las consultas más frecuentes en la consulta de urología y, sin embargo, sigue rodeada de silencio, dudas y, a veces, vergüenza. Es importante saber que no se trata solo de un problema sexual: puede ser también un indicador temprano de alteraciones cardiovasculares o metabólicas.

Por eso, como médico urólogo y andrólogo especializado en salud masculina, siempre insisto en que la prevención es nuestra mejor aliada. Existen múltiples factores —muchos de ellos modificables— que influyen en la calidad de las erecciones y en el bienestar sexual del hombre.
En este artículo comparto contigo 15 medidas clave, sencillas y eficaces, que pueden ayudarte a mantener una vida sexual plena y saludable a lo largo del tiempo.
Cómo prevenir la disfunción eréctil: 15 claves respaldadas por la ciencia
La disfunción eréctil es un problema más común de lo que se cree, pero también es una condición que, en muchos casos, se puede prevenir. Adoptar hábitos de vida saludables no solo mejora tu salud general, sino que también protege tu vida sexual. A continuación, te comparto 15 recomendaciones clave, basadas en evidencia científica, para reducir el riesgo de padecer disfunción eréctil.
1. Cuida tu peso
El exceso de peso, especialmente la obesidad abdominal, se asocia con un mayor riesgo de disfunción eréctil. Un perímetro de cintura superior a 102 cm puede ser un indicador de riesgo. El sobrepeso puede favorecer el colesterol alto, la diabetes y enfermedades cardiovasculares, todas ellas condiciones que afectan la calidad de las erecciones.
2. Sigue una dieta mediterránea
Comer bien también es cuidar tu vida sexual. Una alimentación rica en frutas, verduras, cereales integrales, pescado y grasas saludables favorece la salud cardiovascular, y por tanto, la salud eréctil. Evita los alimentos ultraprocesados, fritos, carnes rojas en exceso y lácteos grasos.
3. Controla tu presión arterial
La hipertensión puede dañar los vasos sanguíneos, disminuyendo el flujo de sangre al pene. Muchas personas tienen la tensión alta y no lo saben, por lo que es importante revisarla periódicamente y, si es necesario, tratarla.
4. Mantén a raya el colesterol
Un colesterol elevado puede obstruir las arterias y dificultar la circulación, lo cual repercute directamente en la función eréctil. Reducirlo con cambios en la dieta o tratamiento médico es clave para proteger tu salud sexual.
5. Controla bien tu diabetes
El mal control de la glucosa puede dañar tanto los nervios como los vasos sanguíneos del pene. Una diabetes mal controlada es una causa frecuente de disfunción eréctil. Trabajar con tu médico para mantener estables los niveles de azúcar en sangre es esencial.
6. Si fumas, es hora de dejarlo
Fumar daña los vasos sanguíneos y multiplica el riesgo de problemas de erección. Además, los tratamientos para la disfunción eréctil pueden ser menos eficaces en hombres fumadores. Abandonar el tabaco siempre es una decisión acertada.
7. Alcohol, con moderación
Un consumo elevado de alcohol puede disminuir el deseo sexual, afectar la erección y dificultar el orgasmo. Si crees que el alcohol está afectando tu vida sexual, reducir o eliminar su consumo puede marcar una gran diferencia.
8. Evita las drogas recreativas
Sustancias como la cocaína, anfetaminas, marihuana u opiáceos pueden dañar el sistema nervioso y los vasos sanguíneos, afectando negativamente a la función eréctil. Si tienes problemas con su consumo, buscar ayuda médica es el primer paso para mejorar tu salud integral.
9. Haz ejercicio físico
No hace falta correr una maratón. Incluso caminar 30 minutos al día puede mejorar el flujo sanguíneo, reducir el estrés y favorecer las erecciones. El ejercicio regular es uno de los pilares fundamentales para prevenir la disfunción eréctil.
10. Revisa tus niveles de testosterona
A partir de los 30 años, los niveles de testosterona comienzan a disminuir lentamente. Si notas falta de deseo sexual o dificultad para mantener la erección, puede ser útil hacer una analítica para valorar si existe un déficit hormonal y tratarlo si es necesario.
11. Aléjate de los esteroides anabolizantes
Aunque parezca contradictorio, el uso de testosterona sintética con fines estéticos puede dañar tu capacidad natural para producirla. Esto puede provocar problemas graves en la función eréctil, además de otros efectos secundarios como atrofia testicular o caída del cabello.
12. Aprende a manejar el estrés
La ansiedad y el estrés crónicos pueden afectar el deseo sexual y provocar disfunción eréctil. Es importante identificar las causas de estrés (laborales, personales o emocionales) y buscar estrategias para gestionarlas adecuadamente.
13. Trata la apnea del sueño
Este trastorno, que provoca interrupciones repetidas en la respiración durante el sueño, también puede influir en la salud sexual. Existen tratamientos eficaces que no solo mejoran la calidad del descanso, sino también la función eréctil.
14. Revisa los efectos secundarios de tus medicamentos
Varios fármacos, como algunos diuréticos, antidepresivos, analgésicos opiáceos o relajantes musculares, pueden causar disfunción eréctil. Nunca dejes la medicación por tu cuenta, pero consulta con tu médico si notas que tu vida sexual se ve afectada.
15. Sé proactivo y consulta al especialista
Tener una disfunción puntual no es motivo de alarma, pero si el problema persiste, no lo dejes pasar. Puede haber una causa subyacente que merece atención. Cuanto antes se diagnostique, más eficaz será el tratamiento.
Recuerda: la disfunción eréctil no solo afecta a la vida sexual, también puede ser un marcador precoz de problemas cardiovasculares. Cuidarte hoy es proteger tu salud para el futuro.

La salud sexual desempeña un papel crucial en el bienestar general, y los investigadores siguen explorando nuevos tratamientos para ayudar a las personas que sufren disfunciones sexuales. Los emocionantes avances de la tecnología médica ofrecen soluciones prometedoras, como la terapia con ondas de choque de baja intensidad (LiSWT), la terapia con células madre y la terapia con plasma rico en plaquetas (PRP). Aunque estos tratamientos tienen potencial, también presentan limitaciones que deben abordarse mediante nuevas investigaciones.
Terapia de ondas de choque de baja intensidad (LISWT)
La LiSWT es un tratamiento no invasivo que utiliza ondas sonoras para mejorar el flujo sanguíneo a los genitales. Desarrollada originalmente para tratar cálculos renales y lesiones musculoesqueléticas, los investigadores descubrieron que las ondas de choque también podían mejorar la función eréctil estimulando el crecimiento de los vasos sanguíneos. Este tratamiento se está investigando principalmente para la disfunción eréctil (DE) y la enfermedad de Peyronie en la fase dolorosa, una dolencia que provoca la curvatura del pene.
Beneficios potenciales:
Limitaciones actuales:
Terapia con células madre
La terapia con células madre es un enfoque innovador que pretende regenerar los tejidos dañados utilizando los propios mecanismos de curación del organismo. En el ámbito de la salud sexual, se está estudiando sobre todo para la disfunción eréctil y la atrofia vaginal (reducción de la elasticidad y adelgazamiento de los tejidos vaginales, a menudo relacionados con la menopausia). Las células madre, normalmente derivadas de la médula ósea o del tejido adiposo, pueden reparar vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas dañados, mejorando su funcionamiento.
Posibles beneficios:
Limitaciones actuales:
Terapia con plasma rico en plaquetas (PRP)
La terapia PRP consiste en extraer una pequeña cantidad de sangre del paciente, procesarla para concentrar las plaquetas e inyectarla en zonas específicas para favorecer la cicatrización. En el ámbito de la salud sexual, el PRP se ha estudiado como tratamiento de la disfunción eréctil, el rejuvenecimiento vaginal e incluso afecciones como el liquen escleroso, un trastorno inflamatorio crónico de la piel que afecta a la zona genital.
Posibles beneficios:
Limitaciones actuales:
El futuro de los tratamientos de salud sexual
Aunque estos avances ofrecen nuevas esperanzas, es esencial abordarlos con expectativas realistas. Muchos de estos tratamientos están aún en fase de investigación, y sus beneficios y riesgos a largo plazo siguen sin estar claros y tienen muy poca evidencia todavía. Si está considerando alguna de estas terapias, consulte con un profesional médico para determinar cuál es el mejor enfoque en función de sus necesidades y condiciones de salud específicas.
Al mantenerse informado sobre las últimas investigaciones y avances, las personas que luchan con problemas de salud sexual pueden explorar nuevas opciones manteniendo expectativas realistas sobre su eficacia y disponibilidad.
Referencias:




La reconstrucción de estructuras peneanas como el cuerpo cavernoso y la túnica albugínea continúa siendo un reto importante en andrología y urología reconstructiva. Las técnicas actuales, como los injertos autólogos, las prótesis o los colgajos musculocutáneos, presentan limitaciones claras: desde complicaciones mecánicas e infecciones hasta una escasa recuperación funcional. En este contexto, la ingeniería tisular ha emergido como una alternativa prometedora que busca no solo reparar, sino regenerar estructuras anatómicas y funcionales del pene.
En un artículo publicado recientemente en BMC Urology por Guo et al. (2024), se revisa de forma exhaustiva el estado actual de la investigación en bioingeniería del pene, abordando tanto la reconstrucción del cuerpo cavernoso como de la túnica albugínea. El trabajo destaca la importancia de los scaffolds o andamiajes —tanto sintéticos como derivados de matrices acelulares— que permiten sostener y guiar el crecimiento celular. Además, el uso de células madre mesenquimales, derivadas de tejido adiposo o muscular, ha mostrado una notable capacidad para diferenciarse en células musculares lisas y endoteliales, componentes fundamentales para la función eréctil.

Anatomía del pene
Una de las líneas más innovadoras revisadas es el empleo de células madre modificadas genéticamente (como aquellas que sobreexpresan HIF-1α o VEGF) para mejorar la angiogénesis y la integración funcional del injerto. También se exploran métodos como la bioimpresión 3D, que permite diseñar estructuras personalizadas, y técnicas para modular la señalización celular mediante factores como TGF-β1, NO, SRF o GATA6. Los resultados preclínicos en modelos animales —principalmente conejos y ratas— son alentadores: se ha observado restauración parcial o completa de la erección, presencia de esperma tras el coito e incluso nacimientos, lo que demuestra recuperación eyaculatoria y fertilidad.
En el caso de la túnica albugínea, los injertos celulares han logrado reducir la fibrosis y recuperar la elasticidad del tejido, dos aspectos críticos en patologías como la enfermedad de Peyronie. Los estudios también apuntan a una mejora en las propiedades mecánicas del injerto y una integración estructural más eficaz con el tejido nativo.
No obstante, persisten desafíos importantes. La necesidad de validar estos resultados en modelos animales de mayor tamaño —anatómicamente comparables al pene humano—, el control de la degradabilidad del andamiaje, y la dirección específica de la diferenciación celular en el microambiente cavernoso son cuestiones aún por resolver. Además, la futura aplicación clínica requerirá superar importantes barreras regulatorias y garantizar la seguridad a largo plazo de estas terapias avanzadas.
En conjunto, esta revisión posiciona la ingeniería tisular del pene como una de las áreas más prometedoras en la medicina regenerativa aplicada a la salud sexual masculina. Su potencial para ofrecer soluciones funcionales y duraderas en casos complejos de disfunción eréctil o reconstrucción peneana es indiscutible. Se trata, sin duda, de un campo que merece atención prioritaria y colaboración entre urólogos, biólogos celulares e ingenieros biomédicos.
Blog especializado en el tratamiento de los problemas de próstata y salud sexual del varón.
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