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Blog de Salud y bienestar mental del Hospital Quirónsalud Digital

  • Qué hacer (y qué no) cuando alguien manifiesta pensamientos suicidas

    Joan Francesc Serra Pla, psicólogo clínico adjunto en Hospital Quirónsalud Digital

    Cuando una persona expresa pensamientos suicidas, quienes la rodean suelen experimentar una mezcla de preocupación, miedo e incertidumbre respecto a cómo actuar. La respuesta que reciba en esos primeros momentos puede influir significativamente en su seguridad emocional y en su disposición a aceptar ayuda profesional. Por ello, es fundamental entender cuáles son las señales más frecuentes, cómo intervenir de manera adecuada y qué conductas conviene evitar.prev suicidioprev suicidio

    Las formas más frecuentes en que se manifiestan pensamientos suicidas

    Los pensamientos suicidas pueden expresarse de múltiples modos, desde declaraciones explícitas hasta señales más sutiles. Entre las manifestaciones más comunes se encuentran:

    • Verbalizaciones directas o indirectas. Frases como «no puedo más», «desearía desaparecer» o «la vida no tiene sentido» pueden indicar un malestar profundo, incluso cuando no mencionan el suicidio de forma literal.
    • Cambios conductuales significativos. Aislamiento progresivo, abandono de obligaciones, alteraciones drásticas del sueño o la alimentación, o una marcada pérdida de interés por actividades antes gratificantes.
    • Gestos de despedida o cierre. Entregar objetos personales de valor emocional, redactar mensajes de despedida o mostrar conductas que parecen indicar una preparación.
    • Aumento de conductas de riesgo. Consumo abusivo de sustancias, conducción temeraria o exposición innecesaria al peligro.
    • Variaciones emocionales intensas. Una aparente calma repentina tras un periodo de sufrimiento intenso también puede ser una señal de alerta, ya que en algunos casos coincide con la toma de una decisión autodestructiva.

    Reconocer estas señales no implica diagnosticar, pero sí permite activar medidas de apoyo y orientación adecuadas.

    ¿Cómo ayudar a alguien con pensamientos suicidas?

    Ofrecer ayuda requiere presencia, escucha activa y una actitud de respeto. Las siguientes pautas pueden resultar útiles:

    1. Escuchar sin juicio. Permitir que la persona exprese su malestar, validar su sufrimiento y mostrar disponibilidad facilita que se sienta comprendida.
    2. Hablar abiertamente del tema. Preguntar de manera directa por la presencia de ideas suicidas no incrementa el riesgo; por el contrario, permite evaluar la situación y reduce el aislamiento emocional.
    3. Transmitir apoyo y acompañamiento. Asegurar que no está sola y que existen alternativas de ayuda profesional puede aliviar la sensación de desesperanza.
    4. Fomentar la búsqueda de atención especializada. Contactar con un psicólogo, un psiquiatra o servicios de urgencias es fundamental cuando el riesgo es elevado o la persona manifiesta un plan concreto.
    5. Asegurar el entorno inmediato. En situaciones de riesgo inminente, retirar o limitar el acceso a medios potencialmente peligrosos puede ser crucial.
    6. Mantener el contacto. Tras una primera conversación, es importante hacer seguimiento, ofrecer continuidad y facilitar que la persona mantenga el vínculo con la red de apoyo.

    ¿Qué evitar si alguien manifiesta pensamientos suicidas?

    Algunas reacciones bienintencionadas pueden resultar contraproducentes:

    • Minimizar o restar importancia. Frases como «no es para tanto» o «ya se te pasará» invalidan el malestar y pueden incrementar el aislamiento.
    • Culpabilizar o presionar. Reproches del tipo «piensa en tu familia» o «cómo puedes decir eso» generan vergüenza y dificultan que la persona siga compartiendo lo que siente.
    • Ofrecer soluciones simplistas. El sufrimiento psicológico es complejo; sugerir «anímate» o «haz ejercicio» puede sonar desconectado de la realidad emocional de la persona.
    • Mantener el secreto ante un riesgo grave. Si existe peligro para la vida, la prioridad es la seguridad, lo cual puede implicar informar a profesionales o familiares cercanos.

    En definitiva, afrontar una situación en la que alguien verbaliza pensamientos suicidas exige sensibilidad, claridad y responsabilidad. Escuchar, validar y facilitar el acceso a ayuda profesional constituye la base de una intervención adecuada. A la vez, es imprescindible evitar actitudes que minimicen el sufrimiento o aumenten la sensación de soledad. La prevención se fortalece cuando la persona encuentra un entorno seguro y dispuesto a acompañar, y cuando se recurre de manera temprana a profesionalesEste enlace se abrirá en una ventana nueva capacitados para ofrecer tratamiento y orientación.

  • 10 señales de alerta de la ludopatía

    Joan Francesc Serra Pla, psicólogo clínico en Hospital Quirónsalud Digital

    La ludopatía, también conocida como juego patológico, es una adicción conductual con graves consecuencias emocionales, sociales y económicas. Su detección temprana es fundamental para evitar la progresión hacia un deterioro mayor. Para ello, es fundamental saber cómo reconocer el problema.ludopatíaludopatía

    ¿Qué se conoce por ludopatía?

    La ludopatía es un trastorno del comportamiento caracterizado por la incapacidad persistente para controlar el impulso de jugar, pese a las consecuencias negativas. Las personas con esta adicción experimentan una necesidad creciente de apostar, pérdida de control y una interferencia significativa en su vida personal, laboral y familiar.

    Este trastorno suele asociarse a distorsiones cognitivas (como la ilusión de control), activación intensa del sistema de recompensa y dificultades en la regulación emocional. No se trata de una falta de fuerza de voluntad, sino de un trastorno reconocido clínicamente, descrito en manuales diagnósticos como el DSM-5 bajo el nombre de trastorno por juegoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    10 señales que pueden indicar que una persona tiene ludopatía

    Detectar las señales tempranas permite intervenir antes de que el problema se cronifique. Estas señales afectan al ámbito emocional, cognitivo, económico y social. No es necesario que aparezcan todas, pero la presencia de varias puede ser motivo para solicitar evaluación profesional.

    1. Preocupación constante por el juego

    Pensar de forma recurrente en apostar, planificar nuevas partidas o recordar experiencias de juego. La actividad ocupa un espacio mental desproporcionado.

    2. Necesidad creciente de apostar más dinero

    Aparece tolerancia. Es decir, para experimentar la misma excitación o alivio emocional, la persona incrementa progresivamente las cantidades apostadas.

    3. Pérdida de control sobre el juego

    Intentos repetidos e infructuosos de reducir o abandonar el juego. A menudo la persona promete que será la última vez, pero no consigue detenerse.

    4. Jugar para escapar del malestar emocional

    El juego se utiliza como vía de escape para aliviar ansiedad, estrés, aburrimiento o tristeza. La apuesta funciona como un regulador emocional disfuncional.

    5. Mentiras frecuentes sobre el tiempo o el dinero invertido

    La persona oculta, minimiza o falsea la realidad del juego ante familiares, amigos o profesionales.

    6. Deterioro económico progresivo

    Endeudamiento, uso de créditos rápidos, incumplimiento de obligaciones económicas o desaparición recurrente de dinero en casa.

    7. Conflictos familiares o laborales relacionados con el juego

    Discusiones, pérdida de confianza, disminución del rendimiento laboral o riesgo de sanciones o despido.

    8. Intentos desesperados de recuperar lo perdido

    Tras una pérdida económica, la persona vuelve a jugar buscando compensar el dinero perdido, lo que aumenta todavía más la espiral de endeudamiento.

    9. Alteraciones emocionales asociadas al juego

    Irritabilidad, ansiedad o inquietud cuando no se puede jugar. También pueden aparecer síntomas depresivos por culpa y sensación de fracaso.

    10. Abandono de actividades importantes

    Pérdida de interés en hobbies, relaciones sociales o responsabilidades. El juego pasa a ser la actividad central de la vida del individuo.

    La ludopatía es un trastorno serio, pero tratable. Reconocer las señales de alerta es el primer paso hacia la recuperación. La intervención psicológica especializada —junto con el acompañamiento familiar y, en ocasiones, apoyo farmacológico— permite romper el ciclo adictivo y restablecer el bienestar emocional y funcional.

    Si observas estas señales en ti o en alguien cercano, buscar ayuda profesional de manera temprana puede marcar una diferencia sustancial en el pronóstico y la calidad de vida.

  • Mitos y verdades sobre la ansiedad crónica

    Joan Francesc Serra Pla, psicólogo clínico adjunto en Hospital Quirónsalud Digital

    La ansiedad crónica es uno de los motivos de consulta más frecuentes en salud mental. A pesar de su prevalencia, sigue rodeada de malentendidos que pueden dificultar el acceso a un tratamiento adecuado. Este artículo revisa, desde una perspectiva clínica, qué sabemos realmente sobre esta condición, desmonta mitos comunes y reafirma verdades esenciales basadas en la evidencia.ansiedad crónicaansiedad crónica

    ¿Qué es la ansiedad crónica?

    La ansiedad crónica se caracteriza por un estado persistente de preocupación y activación fisiológica que se mantiene durante meses o años, incluso en ausencia de amenazas reales. No es un episodio puntual ni una reacción adaptativa aislada, sino un patrón estable que interfiere significativamente en la vida diaria. Puede aparecer como parte de trastornos específicos —como el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico o la fobiaEste enlace se abrirá en una ventana nueva social— o manifestarse de manera mixta, acompañada de síntomas depresivos o somáticos.

    A nivel neurobiológico, implica una hiperactivación sostenida de los circuitos relacionados con la alerta —principalmente la amígdala y los sistemas de respuesta al estrés— que se mantienen hiperreactivos incluso ante estímulos neutros. Este funcionamiento prolongado genera desgaste emocional y físico.

    Síntomas característicos de la ansiedad crónica

    Entre los síntomas más comunes destacan:

    • Preocupación excesiva y difícil de controlar, a menudo centrada en múltiples áreas de la vida.
    • Hiperactivación fisiológica, como tensión muscular, palpitaciones, sudoración o respiración acelerada.
    • Alteraciones cognitivas, principalmente rumiación, anticipación negativa y dificultad para concentrarse.
    • Cambios conductuales, como evitación de situaciones percibidas como amenazantes, irritabilidad o necesidad de control constante.
    • Trastornos del sueño, especialmente insomnio de conciliación o despertares frecuentes.

    Estos síntomas tienden a fluctuar según el contexto, pero en ausencia de intervención persisten y pueden intensificarse.

    Los mitos más extendidos sobre la ansiedad crónica

    Los mitos influyen en la forma en que las personas interpretan sus síntomas y buscan ayuda. Desmontarlos es clave para evitar estigmas y fomentar intervenciones tempranas. Algunos de los más extendidos son:

    1. La ansiedad crónica es solo estrés mal gestionado

    Aunque el estrés puede desencadenarla, reducir la ansiedad crónica a una simple falta de gestión emocional es erróneo y culpabilizante. Implica factores biológicos, temperamentales, cognitivos y ambientales que van más allá de la voluntad personal.


    2. El objetivo es evitar totalmente el malestar

    Evitar la incomodidad favorece un círculo de refuerzo negativo: cuanto más se evita, mayor se vuelve el miedo. Los tratamientos eficaces incluyen la exposición gradual y la tolerancia al malestar, no la evitación total.

    3. Si es crónica, será para toda la vida

    La cronicidad no implica irreversibilidad. Con tratamiento psicológico basado en evidencia —terapias cognitivo-conductuales, terapia de aceptación y compromiso— y, cuando es necesario, apoyo farmacológico, la mayoría de personas experimentan mejoras significativas.

    3 verdades sobre la ansiedad crónica

    Aclarar aquello que sí es cierto ayuda a establecer expectativas realistas y facilita el proceso terapéutico.

    1. La ansiedad es tratable

    Existe un amplio consenso clínico en que, con intervención adecuada, la sintomatología puede reducirse notablemente. La plasticidad cerebral permite modificar patrones de respuesta profundamente arraigados.

    2. La relación mente-cuerpo es bidireccional

    La ansiedad crónica afecta al organismo —tensión muscular, problemas digestivos, cefaleas— y, a su vez, el estado físico influye en la ansiedad. Por ello, los enfoques integrados (psicoterapia, ejercicio, sueño, regulación fisiológica) son más eficaces.

    3. Detectarla a tiempo mejora el pronóstico

    Cuanto antes se interviene, menores son las probabilidades de que la ansiedad derive en un trastorno más complejo o acompañe a otros problemas como depresión, abuso de sustancias o agotamiento profesional.

    En definitiva, la ansiedad crónica es una condición compleja, pero comprensible y tratable. Desmontar mitos y reforzar verdades basadas en la evidencia permite a los pacientes tomar decisiones informadas y buscar apoyo sin culpa ni estigma. Desde la práctica clínica, promover una comprensión realista y compasiva de la ansiedad es esencial para facilitar procesos terapéuticos efectivos y sostenibles.

  • Las 5 fases del duelo

    Dra. Adriana Atencio Antoranz, psicóloga adjunta de la Unidad de Salud Mental y Bienestar de Hospital Quirónsalud Digital

    La vida conlleva, de manera inevitable, ciertas nociones que intentamos asumir con los recursos que tenemos disponibles. Una de ellas es la noción de transición, es decir, deseamos poder asimilar los cambios lo mejor posible, pero la experiencia nos dice que hace falta tiempo y esfuerzo mental para poder adaptarnos. Además, es frecuente que, aunque lo intentemos, apreciamos que puede haber un desfase entre lo que queremos sentir y lo que realmente sentimos. Aunque sabemos que la muerte es parte del ciclo de la vida, nos cuesta mucho trabajo psíquico asimilar las pérdidas, sobre todo si se trata de la de un ser amado, pudiéramos decir, que es de los trabajos psíquicos y afectivos que más nos cuesta. No en vano, solemos apoyarnos en nuestra fe, en nuestros seres queridos o en alguna creencia que nos ayude a transitar esa dura realidad.terapia duelo 2terapia duelo 2

    Cuando la pérdida irrumpe en la vida la sensación que se experimenta es un vacío que provoca miedo, tristeza, angustia y dolor, entre otras reacciones propias y esperadas ante la muerte de un ser querido.

    Desde que somos pequeños a través del juego vamos ensayando mentalmente la ausencia y cómo establecer una continuidad frente a lo que ya no está. Pensemos, por ejemplo, en el juego del «cucú tras» o, un poco más avanzada la infancia, el escondite Ambos juegos son maneras de ir representando psicológicamente el circuito desaparición - aparición. Esta función, entre otras, será la que nos permitirá en gran medida lidiar con el dolor de la pérdida y construir puentes para hacer soportable la ausencia.

    Es común escuchar decir «no estamos preparados para asimilar la muerte», ¿podemos estarlo? Evolutivamente nuestra psique es capaz de pasar de lo manipulativo a lo abstracto y, sin duda, es algo que nos va preparando para asimilar las ausencias y las pérdidas, pero queda el trabajo afectivo que concierne al duelo, como un trabajo inexorable de la condición humana y que nos concierne a cada uno.

    Sigamos pensando en la infancia, podemos apreciar también que los juegos suelen ser repetitivos, porque de esta manera el niño es capaz de crear seguridad y hacer que la pérdida transitoria sea soportable, pudiendo también desarrollar la noción de continuidad ante la desaparición. El cómo seamos capaces de atravesar este proceso caracterizará en parte el modo en que podamos vincularnos con otros significativos y hacer frente a la separación de nuestras principales figuras de apego en nuestra vida cotidiana.

    Más allá de nuestros recursos cognitivos y emocionales que sirven de base para lidiar con las pérdidas y las ausencias, es de esperar que la pérdida de un ser amado siempre genere dolor y un desajuste en nuestra vida cotidiana, pero antes de precisar más en detalle el proceso del duelo, vamos a definir lo que se entiende por duelo.

    Qué es el duelo

    El duelo se concibe como un afecto normal y forma parte de nuestra vida emocional.

    Es la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga de sus veces, por ejemplo: la patria, la libertad, un ideal, etc.

    Se caracteriza por:

    • Un profundo desasosiego, tristeza o rabia.
    • Supresión del interés por el mundo exterior.
    • Pérdida de la capacidad de sentir afectos como júbilo, alegría y amor.
    • Inhibición de toda productividad, bajo apetito en general.
    • Síntomas físicos de carácter ansioso.
    • Síntomas a nivel cognitivo como la confusión, dificultad para concentrarse y temor a olvidar al ser querido.

    ¿En qué consiste el trabajo del duelo?

    De manera esperada o abrupta, se produce un corte en la relación con la persona que en la mayoría de los casos tenía un lugar significativo de amor y satisfacción en nuestra vida. Como dijimos en párrafos anteriores, la tendencia general es que tengamos dificultad para manejar la pérdida o renunciar a algo cuando nos gusta o nos sentimos bien. Ante esa renuncia impuesta se suele responder acatando la realidad, pero es una orden que toma tiempo poder cumplir.

    La persona que partió sigue presente a nivel psicológico a través del recuerdo, es por ello que los que quedamos solemos dedicar un tiempo importante a recordar. Algunas religiones y culturas se apoyan en los rituales como vías para rememorar pero también para elaborar el dolor.

    Es solo después de ese trabajo psíquico que podemos retomar en gran medida el funcionamiento de la vida cotidiana. Insistimos en la noción de que se necesita un tiempo para poder rehacer la vida a la que se estaba acostumbrado en relación con la persona que partió. A simple vista, se observa decaimiento y tristeza, pero paradójicamente a nivel interno y muchas veces sin ser del todo conscientes, hay todo un trabajo y esfuerzo de adaptación.

    El duelo se considera patológico cuando:

    • La persona se asume como culpable de la pérdida y lo puede expresar a través de autorreproches
    • Hay insomnio o anhedonia persistentes
    • Disminución en el sentimiento de sí mismo al punto de sentir que se pierde el sentido de la vida

    Es cuando experimentamos uno o varios de estos síntomas o cuando sentimos un desbordamiento que obstaculiza el poder retomar el día a día, que sugerimos buscar apoyo especializadoEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Un modelo que ha sido ampliamente difundido y orienta la práctica clínica fue elaborado por Kübler-Ross y plantea que el duelo consta de 5 fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Aunque la noción de fases sugiere un orden y una cronología, la experiencia clínica muestra que es un proceso dinámico, donde las fases no siempre se experimentan en el orden establecido, y no todas las personas las viven de la misma manera. Se trataría más bien de un proceso que es dinámico.

    Cómo superar un duelo

    Explicaremos brevemente las 5 fases del duelo como el trabajo psíquico que en sí mismo es un proceso que permite hacer un tratamiento del dolor causado por la pérdida.

    Fase 1. Negación

    Se trata de una primera reacción de incredulidad ante la pérdida. La persona niega lo sucedido, implica un rechazo de la realidad. Se vive como estado de shock donde la persona no es capaz de asimilar información.

    Fase 2. Ira

    Suele surgir en un segundo momento donde emergen sentimientos de enfado y rabia. Aparece una intensa frustración, impotencia y una necesidad de culpar a alguien o a sí mismo sobre lo sucedido, para intentar encontrar una respuesta que de sentido a tan irreparable realidad.

    Fase 3. Negociación

    Es una manera que trata de introducir un condicional que sirva de justificación al presente sobre el pasado de lo que no se hizo. Pensamientos del tipo: «¿qué hubiera pasado si...?» o «si hubiera hecho otra cosa...»; son modos que funcionan como autoengaño, tratando de hacer soportable pensar en la pérdida, pero sólo desde lo que se pudo haber hecho.

    Fase 4. Depresión

    La tristeza y el dolor emergen de manera profunda; así como el desánimo, la apatía y preguntas sobre el sentido que tiene la vida sin la persona amada.

    Fase 5. Aceptación

    Es el momento donde psíquicamente somos capaces de aceptar la realidad de la pérdida y aprender a vivir con ella. Es posible retomar o rehacer la vida y seguir adelante, siendo capaz de vivir del recuerdo, sin miedo a olvidar.

    ¿Qué podemos hacer para ayudarnos en el proceso de duelo?

    Una larga tradición cultural es respaldada por la mayoría de los autores y coincide con:

    • Buscar apoyo en los familiares y allegados y hablar de la persona que falleció, así como de lo que se está sintiendo en el momento.
    • Hacer rituales que permitan rememorar al ser querido. Se recomiendan acciones específicas que permitan conectar el dolor con un hacer y no solo con el sentimiento de la carga afectiva, que puede ser muy elevada.

    La pérdida de un ser querido puede vivirse de una manera muy devastadora, es de las tareas más dolorosas que nos toca enfrentar como humanos; pero, en algunos casos, puede activar una necesidad de transformar el afecto en algo de lo que se pueda hablar y pensar, cuando esa necesidad de transformación está presente o si percibes que tienes síntomas de un duelo patológico, puede ser de ayuda buscar apoyo psicológico. En Hospital Digital Quirónsalud estaremos dispuestos a trabajar contigo en ese proceso tan humano y sensible a través de nuestras sesiones de terapia para el duelo.



  • ¿Cómo es la terapia de pareja?

    Mónica Sagardoy Fidalgo, psicóloga general sanitaria en Hospital Quirónsalud Digital

    Diversos estudios sobre la calidad relacional de las parejas estiman que un 70 % de las mismas no se encuentran satisfechas con su relación. Sin embargo, de ellas solo un 25 % busca ayuda profesional en servicios de atención psicológica. terapia parejaterapia pareja

    ¿Por qué esta diferencia? Una de las razones apunta al desconocimiento sobre la dinámica interna de la terapia para parejas. A lo largo de estas líneas trataremos de desvelar en qué consiste realmente esta psicoterapia.

    En primer lugar, la terapia de pareja no se focaliza en los problemas individuales, sino en la interacción entre ambas personas. Se trata de dirigir una mirada atenta, reflexiva y esperanzada sobre la relación, con el objetivo de comprender dónde se encuentran los obstáculos y cómo superarlos.

    ¿A quién va dirigida?

    La terapia de pareja está pensada para quienes sienten que su relación ya no funciona como antes. Personas que, pese a intentarlo una y otra vez, no logran cambiar el rumbo de la convivencia y viven atrapadas en dinámicas insatisfactorias.

    ¿Para qué sirve la terapia de pareja?

    Más que un «último recurso», la terapia es un espacio de trabajo conjunto, una oportunidad nueva y diferente para lograr el cambio. Permite reconstruir el vínculo con nuevas herramientas o bien separarse con el menor daño posible, especialmente cuando hay hijos en común.

    ¿Cómo funciona la terapia de pareja?

    Al comenzar, es importante el acuerdo entre ambos integrantes. La clave es doble: consentimiento y compromiso. No basta con aceptar asistir; es necesario tener la voluntad real de trabajar por la relación, incluso si el camino implica cambios difíciles.

    En algunos casos la terapia puede comenzar individualmente procurando la incorporación de la otra persona en cuanto sea posible

    Siendo la relación el objetivo terapéutico del psicólogo, este evaluará las dinámicas generadas en la convivencia a través de entrevistas conjuntas e individuales. Posteriormente elaborará hipótesis explicativas que compartirá con los participantes. Este proceso libera la culpa que a menudo la pareja trae consigo. Finalmente se plantean conjuntamente los objetivos que se quieren alcanzar.

    Se atienden especialmente aspectos como la comunicación o la presencia de un adecuado intercambio de refuerzos en la pareja, puesto que ambos elementos son indicadores de buena salud en la convivencia.

    El psicoterapeuta de parejas también centrará su mirada en cuestiones prácticas como las relacionadas con la familia política, el reparto de tareas en casa, el tiempo de ocio, el autocuidado, la educación de los hijos o los distintos modos de administrar la economía familiar. Los desacuerdos en cuanto a la calidad y frecuencia de las relaciones íntimas constituyen también un motivo frecuente de consulta.

    Dinámicas en las sesiones

    El contenido y metodología a seguir en cada consulta puede variar de acuerdo con el psicoterapeuta y su enfoque, con las características del problema consultado y si se trata sesiones iniciales o finales, pero en general toda consulta debería incluir:

    • Un espacio para el reconocimiento de avances y aspectos positivos
    • Un tiempo para revisar las actividades en casa
    • Periodos para reflejar y trabajar sobre las dificultades
    • Cierre de la sesión y propuesta de nuevas tareas

    El entorno de la terapia es en sí mismo algo artificial, de modo que todo esfuerzo por acomodarlo y vivenciarlo de forma que se asemeje al hogar resultará beneficioso. Para ello, se prioriza un estilo activo y dinámico provocando los diálogos entre los participantes de manera que puedan entrenarse en la comunicación de sus desacuerdos de modo adecuado y empático.

    Podría decirse que la sesión de terapia de parejaEste enlace se abrirá en una ventana nueva termina siendo un permanente ejercicio — real o simulado (role-playing) -— con actividades para la reflexión, la comprensión, el perdón y el reconocimiento mutuo.

    También es recomendable trasladar el contexto del hogar a la sesión de psicoterapia mediante la grabación y posterior escucha de interacciones no satisfactorias.

    Ejercicios en casa

    No todo ocurre en la consulta. Muchas veces, la terapia incluye tareas para practicar en el día a día, como mejorar la escucha activa, acordar tiempos de ocio compartido o ensayar nuevas formas de resolver conflictos.

    En definitiva, la terapia de pareja no es una varita mágica, pero sí un espacio de trabajo estructurado, profesional y transformador, capaz de marcar la diferencia entre una relación que se deteriora sin freno y otra que encuentra un nuevo rumbo.

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Sobre este blog

La salud mental influye en las relaciones sociales y en el bienestar emocional. Cuidarla resulta fundamental para alcanzar la serenidad y la calidad de vida que todos buscamos. En este blog, profesionales expertos en psicología y psiquiatría nos invitan a profundizar en los distintos aspectos que influyen en la salud y bienestar mental con el objetivo de comprenderla, cuidarla y desterrar tabúes y estigmas.

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