Congestión nasal

La congestión nasal es un síntoma de diversas enfermedades que causan la obstrucción de los conductos de la nariz y, en consecuencia, dificultad para respirar.

Síntomas y causas

La congestión nasal, llamada comúnmente nariz tapada, es la inflamación de la mucosa que recubre las fosas nasales y los vasos sanguíneos que la riegan. Esta hinchazón provoca dificultad para respirar debido a la obstrucción parcial de los conductos nasales.

La duración de los síntomas permite hablar de dos tipos principales de congestión nasal:

  • Congestión nasal aguda: desaparece en el plazo de unos 7 o 10 días.
  • Congestión nasal crónica: si persiste después de 14 días se considera que la patología subyacente se está complicando. Se considera crónica cuando dura más de 12 semanas.

Cuando la congestión nasal es persistente, puede afectar negativamente a la calidad de vida, ya que dificulta el descanso nocturno, el rendimiento físico y el bienestar general. El pronóstico depende de la afección que la causa, por lo que es importante identificarla lo antes posible para encontrar el tratamiento más adecuado en cada caso.

Síntomas

La congestión nasal suele estar acompañada de otros síntomas, que varían dependiendo de la causa subyacente. Los más frecuentes son:

  • Rinorrea: secreción nasal que va desde el goteo de moco líquido y transparente a la mucosidad espesa y de coloración blanca, amarilla o verde.
  • Dificultad para respirar por la nariz.
  • Anosmia: pérdida del olfato.
  • Hiposmia: disminución del olfato.
  • Dolor o sensación de presión alrededor de los ojos, la frente y las mejillas.
  • Tos y dolor de garganta producido por el goteo postnasal, que es la mucosidad que se acumula o baja por la parte posterior de la garganta.
  • Estornudos.
  • Picor nasal.
  • Ronquidos.
  • Apnea del sueño: la respiración se detiene por un tiempo durante el sueño.
  • Rinolalia: alteración en la resonancia vocal que produce una voz nasal.

En algunos casos, especialmente en los que hay causas estructurales, se presenta una congestión nasal sin moco, caracterizada por la inflamación de los tejidos y ausencia de secreciones.

Causas

La congestión nasal puede tener muchas causas, que se dividen en dos grandes grupos:

  • Causas inflamatorias:
    • Infecciones víricas en las vías altas: causan inflamación de la mucosa nasal:
      • Resfriado común o catarro (rinovirus).
      • Gripe (influenza).
      • COVID-19 (SARS-CoV-2).
  • Rinitis alérgica: también llamada fiebre del heno, es la respuesta alérgica al polen, los ácaros, el pelo de las mascotas y otros alérgenos ambientales.
  • Sinusitis: inflamación de los senos paranasales (cavidades llenas de aire que están en los huesos que rodean la nariz) que provoca moco y obstrucción.
  • Pólipos nasales: crecimientos benignos que se forman en el interior de la nariz o los senos paranasales. Se caracterizan por ser tumores blandos e indoloros.
  • Cambios hormonales: los estrógenos y la progesterona aumentan el flujo sanguíneo y, en consecuencia, pueden provocar inflamación en el interior de la nariz. Por este motivo, es frecuente la congestión nasal durante el embarazo, la menstruación o la menopausia.
  • Causas estructurales:
    • Tabique desviado: el hueso y el cartílago que dividen la nariz se desplazan hacia uno de los lados.
    • Hipertrofia de cornetes: aumento anormal de tamaño de las estructuras encargadas de filtrar, calentar y humidificar el aire respirado.
    • Hipertrofia de adenoides: crecimiento anormal de las adenoides, también llamadas vegetaciones, que es el tejido linfático presente en la parte posterior de la nariz que sirve para combatir las infecciones.
  • Causas conductuales:
    • Acostarse para dormir: la congestión nasal nocturna deriva del aumento del flujo sanguíneo en la nariz al estar tumbado.
    • Tabaquismo primario o secundario: el humo del tabaco irrita el tejido interno de la nariz de forma crónica.
    • Exposición a agentes irritantes, como la contaminación ambiental, los productos de limpieza fuertes o los perfumes muy intensos.
    • Consumo de alimentos picantes: las terminaciones nerviosas se estimulan y los vasos sanguíneos se dilatan.

Factores de riesgo

El riesgo de congestión nasal aumenta en los siguientes casos:

  • Sexo: las mujeres son más propensas debido a los cambios hormonales inherentes al ciclo menstrual y reproductivo.
  • Alergias a los ácaros, el moho, al polen o al pelo y la caspa de los animales.
  • Asma.
  • Infecciones respiratorias frecuentes.
  • Exposición a gases contaminantes, productos químicos o perfumes fuertes.
  • Cambios repentinos de temperatura.
  • Uso de sprays descongestionantes durante tiempo prolongado.

Complicaciones

En la mayoría de los casos, la congestión nasal no produce complicaciones de gravedad. Si no se trata de la forma adecuada o se manifiesta de forma crónica, puede derivar en:

  • Sinusitis crónica: la inflamación de los senos paranasales se prolonga durante más de 12 semanas.
  • Otitis media: infección o inflamación del oído medio (entre el tímpano y el oído interno).
  • Empeoramiento del asma: las vías respiratorias se estrechan más de lo habitual.
  • Alteraciones del sueño: al disminuir el flujo nasal, se producen micro despertares, respiración bucal, ronquidos y empeoramiento de la apnea del sueño en aquellos pacientes que ya la sufren.
  • Disminución de la calidad de vida: la dificultad para respirar afecta negativamente al descanso y al rendimiento diario. Además, provoca fatiga constante, falta de concentración y, frecuentemente, incomodidad social.
  • Faringitis y Laringitis: al respirar por la boca el aire frio y seco sin filtrar pasa a la garganta provocando irritación, sequedad, carraspera y dolor.

¿Qué médico trata la congestión nasal?

La congestión nasal se trata habitualmente en las especialidades de Medicina familiar y comunitaria o Pediatría y sus áreas específicas. Cuando el síntoma persiste, intervienen los especialistas en Otorrinolaringología o Alergología.

Diagnóstico

El diagnóstico de la causa que provoca la congestión nasal requiere una combinación de la anamnesis y otras pruebas específicas:

  • Historia clínica: se estudian los antecedentes médicos y el estilo de vida del paciente. También se analizan las características y la duración de los síntomas.
  • Exploración física: se observa de forma directa, con ayuda de un espéculo y una fuente de luz, la mucosa nasal y el tabique. En la mayoría de los casos, también se observan los oídos.
  • Endoscopia nasal: se introduce un tubo fino y flexible con una cámara en el extremo a través de las fosas nasales y se desliza hasta la garganta. Se visualizan los conductos, el tabique y los cornetes, por lo que sirve para detectar inflamación, acumulación de mucosidad, anomalías estructurales o pólipos.
  • Pruebas de alergia: se utilizan para identificar las sustancias a las que el paciente es alérgico o para descartar la enfermedad.
    • Cutáneas: con el prick-test, se aplican gotas que contienen distintos alérgenos en el brazo y se hacen unas punciones para que penetren en la piel. Se espera un tiempo para comprobar si el sistema inmunitario ha reaccionado, caso en el que se confirma la alergia.
    • En sangre: se extrae una muestra para medir los niveles de inmunoglobulina E específica, que es un anticuerpo que libera el organismo en una reacción alérgica.
    • Pruebas de imagen: la tomografía axial computarizada facial (TAC facial) y la resonancia magnética (RM) proporcionan imágenes detalladas de la estructura de la nariz y los senos paranasales.

Tratamiento

El tratamiento puede variar mucho de unos pacientes a otros, ya que se centra en la enfermedad subyacente. Los enfoques más frecuentes son:

  • Remedios caseros: se utilizan para aliviar la congestión nasal y mejorar la calidad de vida, aunque no sirven para curar la patología que la causa.
    • Lavados nasales con soluciones salinas: eliminan el exceso de moco y limpian las fosas nasales.
    • Humidificadores: al mantener el ambiente húmedo, se alivia la irritación de la mucosa.
    • Hidratación adecuada: beber abundantes líquidos ayuda a que el moco se vuelva más fluido y se elimine con mayor facilidad.
    • Elevar la cabeza ligeramente para dormir, de esta forma, se facilita la respiración.
    • Medicamentos: el taponamiento, la irritación y la inflamación se alivian con:
      • Descongestionantes: tanto los aerosoles como los jarabes son eficaces, pero no se recomienda utilizarlos durante más de 5 días, ya que pueden provocar un efecto rebote.
      • Corticoides: se utilizan en casos de rinitis y pólipos para reducir la inflamación.
      • Antihistamínicos: bloquean la histamina, que es la sustancia que libera el cuerpo en una reacción alérgica, por lo que los síntomas se reducen.
    • Intervención quirúrgica: es necesaria para corregir defectos estructurales o eliminar pólipos.
      • Septoplastia: corrige la desviación del tabique nasal. Se recorta y se centra el cartílago central realizando incisiones en el interior de la nariz, por lo que no deja cicatriz.
      • Turbinoplastia: reduce el tamaño de los cornetes nasales (huesos que están en los laterales de las fosas nasales) para mejorar la respiración. Puede hacerse mediante radiofrecuencia o láser.
      • Cirugía endoscópica nasosinusal (CENS): se introduce el endoscopio a través de los orificios nasales para limpiar y abrir los senos paranasales o retirar pólipos.
      • Sinuplastia con balón: se dilatan los conductos de los senos paranasales introduciendo a través de la nariz un catéter fino con un globo en el extremo que se infla al llegar al área bloqueada. Después, se drena el moco y se limpia la zona con suero.
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