Quirónsalud
Blog del servicio de Traumatología de los Hospitales Quirónsalud Alicante, Torrevieja, Murcia, Valencia, Tenerife, Costa Adeje y Vida
Texto elaborado por el Dr. Ricardo Aveledo, especialista en cirugía de hombro del Hospital Quirónsalud Tenerife.
El hombro es la articulación con mayor movilidad del cuerpo y también la que se luxa, o se sale de su sitio, con más frecuencia. Cuando esto ocurre, puede lesionarse el labrum, una estructura fundamental para mantener la estabilidad del hombro.
La lesión del labrum puede provocar dolor, sensación de inestabilidad y limitación para realizar determinadas actividades deportivas o cotidianas. En algunos casos, puede ser necesario recurrir a la cirugía para recuperar la función normal de la articulación.

El labrum es un anillo de tejido que rodea la cavidad del hombro y ayuda a mantener la cabeza del húmero centrada dentro de la articulación.
Su función es aumentar la estabilidad de la articulación y contribuir al correcto movimiento del hombro.
Las lesiones del labrum suelen producirse tras una luxación de hombro, una caída, un traumatismo o por movimientos repetitivos durante la práctica deportiva.
Existen diferentes tipos de lesiones. La más frecuente tras una luxación es la lesión de Bankart, que puede favorecer nuevos episodios de inestabilidad. Otra lesión conocida es la lesión SLAP, que afecta a la parte superior del labrum y suele producir dolor, especialmente en deportistas que realizan movimientos por encima de la cabeza.
Los síntomas más habituales son:
No todas las lesiones del labrum requieren una operación. En muchos casos, el tratamiento mediante fisioterapia y fortalecimiento muscular puede ser suficiente para mejorar los síntomas.
La cirugía suele plantearse cuando:
Actualmente, la mayoría de las intervenciones se realizan mediante artroscopia, una técnica mínimamente invasiva que permite acceder al interior de la articulación a través de pequeñas incisiones.
El objetivo de la cirugía es reparar el labrum lesionado y restaurar la estabilidad y función del hombro.
Tras la intervención suele ser necesario utilizar un cabestrillo durante aproximadamente cuatro semanas y realizar un programa de rehabilitación supervisado.
La recuperación es progresiva y el retorno a las actividades deportivas suele producirse entre los 4 y 6 meses, dependiendo del tipo de lesión y de las características de cada paciente.
Las lesiones del labrum son una causa frecuente de dolor e inestabilidad del hombro. Un diagnóstico adecuado permite elegir el tratamiento más apropiado para cada paciente y, cuando la cirugía está indicada, las técnicas actuales ofrecen excelentes resultados para recuperar la movilidad, la estabilidad y la calidad de vida.
La valoración por un especialista es fundamental para determinar la mejor opción de tratamiento en cada caso.
Texto elaborado por el doctor Juan Carlos Gómez Castilla, jefe del servicio de Traumatología del hospital Quirónsalud Costa Adeje y Quirónsalud Vida
El dolor de cadera en deportistas es una de las consultas más frecuentes en traumatología, especialmente en disciplinas que implican movimientos repetitivos, impacto o cambios bruscos de dirección. Aunque en ocasiones puede parecer una molestia leve, lo cierto es que puede esconder lesiones que requieren un abordaje específico para evitar su cronificación.
La cadera es una articulación clave para la movilidad y la estabilidad, por lo que cualquier alteración puede afectar directamente al rendimiento deportivo y a la calidad de vida.

Entre las causas más habituales del dolor de cadera en deportistas se encuentran lesiones de origen inflamatorio como la tendinitis cadera, que aparece por sobrecarga o uso excesivo de los músculos y tendones que rodean la articulación.
Otra patología frecuente es la bursitis trocantérica, una inflamación de las bursas situadas en la parte externa de la cadera que provoca dolor localizado, especialmente al caminar, correr o permanecer tumbado sobre ese lado.
Estas afecciones suelen estar relacionadas con desequilibrios musculares, errores en la técnica deportiva o una planificación inadecuada del entrenamiento.
El diagnóstico del dolor de cadera en deportistas requiere una valoración clínica detallada, acompañada en muchos casos de pruebas de imagen como ecografías o resonancias magnéticas. El objetivo es identificar la causa exacta del dolor y descartar lesiones más complejas.
Un diagnóstico precoz permite establecer un tratamiento adecuado y evitar que la lesión evolucione hacia un problema crónico que limite la actividad deportiva.
El tratamiento del dolor de cadera en deportistas dependerá de la causa y la gravedad de la lesión. En casos como la tendinitis cadera o la bursitis trocantérica, el abordaje suele ser conservador, incluyendo reposo relativo, fisioterapia y readaptación progresiva al ejercicio.
Cuando el tratamiento conservador no es suficiente o existe una lesión estructural más compleja, puede ser necesario recurrir a técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas como la artroscopia cadera, que permite tratar determinadas patologías con una recuperación más rápida.
El dolor de cadera en deportistas no debe ignorarse, ya que puede ser el primer signo de una lesión que, sin el tratamiento adecuado, puede empeorar con el tiempo. Identificar problemas como la tendinitis cadera o la bursitis trocantérica, y valorar opciones como la artroscopia cadera cuando sea necesario, permite una recuperación eficaz y un retorno seguro a la actividad deportiva.
Un abordaje precoz y personalizado es clave para mantener el rendimiento y prevenir recaídas.
Texto elaborado por Miguel Ángel Moltó,traumatólogo del hospital Quirónsalud Torrevieja
La ecografía musculoesquelética se ha convertido en una herramienta fundamental en las consultas de Traumatología su capacidad para ofrecer imágenes en tiempo real, sin radiación y con alta precisión diagnóstica, la sitúa como una prueba clave en la valoración de patologías musculares, tendinosas y articulares.
Especialmente en el ámbito deportivo, la ecografía deportiva permite realizar un diagnóstico lesiones musculares de forma rápida, segura y eficaz, facilitando decisiones terapéuticas precoces y personalizadas.

La ecografía musculoesquelética es una técnica de imagen que utiliza ultrasonidos para visualizar estructuras como músculos, tendones, ligamentos, fascias, nervios periféricos y articulaciones. A diferencia de otras pruebas diagnósticas, permite estudiar el tejido en movimiento, lo que aporta un valor añadido en la valoración funcional.
Esta técnica se emplea tanto en procesos agudos como en patologías crónicas. Su carácter dinámico permite explorar la zona dolorosa mientras el paciente realiza determinados movimientos, identificando alteraciones que podrían pasar desapercibidas en pruebas estáticas.
Además, es una prueba rápida, accesible y bien tolerada, que puede realizarse en la propia consulta sin necesidad de preparación previa.
Uno de los principales beneficios de la ecografía musculoesquelética es su precisión en el diagnóstico lesiones musculares. Permite diferenciar entre una simple contractura, una sobrecarga, una rotura fibrilar parcial o completa, e incluso valorar la presencia de hematomas o colecciones líquidas.
En el contexto de la ecografía deportiva, esta capacidad resulta esencial para determinar el grado exacto de la lesión y estimar los tiempos de recuperación. No todas las lesiones musculares requieren el mismo tratamiento ni el mismo periodo de reposo, y una valoración precisa evita tanto la reincorporación precoz como el reposo innecesariamente prolongado.
La imagen ecográfica también permite hacer un seguimiento evolutivo. A lo largo del proceso de recuperación, el especialista puede comprobar cómo cicatriza el tejido muscular y ajustar la pauta de rehabilitación en función de la evolución real de la lesión.
En el entorno de la práctica deportiva, la ecografía deportiva es especialmente útil en lesiones de isquiotibiales, gemelos, cuádriceps y musculatura del hombro. También resulta clave en tendinopatías, esguinces y procesos inflamatorios articulares.
Su capacidad para detectar pequeñas roturas o zonas de edema muscular en fases muy iniciales permite iniciar tratamiento precoz, reduciendo el riesgo de complicaciones y recaídas. En muchos casos, la rapidez en el diagnóstico lesiones musculares marca la diferencia en el pronóstico y en la planificación del regreso a la actividad física.
Además, la ecografía no solo cumple una función diagnóstica. También se utiliza como guía en procedimientos intervencionistas, como infiltraciones ecoguiadas, lo que mejora la precisión y la seguridad del tratamiento.
Aunque la resonancia magnética sigue siendo una herramienta de referencia en determinadas patologías complejas, la ecografía musculoesquelética ofrece ventajas claras en muchos escenarios clínicos. Permite una evaluación inmediata, comparativa con el lado sano y adaptada a la sintomatología exacta del paciente.
El hecho de no emplear radiación ionizante la convierte en una prueba segura y repetible, especialmente útil en el seguimiento de deportistas o pacientes con lesiones recurrentes. Su accesibilidad también facilita una atención más ágil, reduciendo tiempos de espera y acelerando el inicio del tratamiento.
Texto elaborado por el doctor Antonio Giner, especialista de la Unidad de Medicina del Deporte del Centro Médico Quirónsalud Mercado de Colón
Retomar la actividad física después de un periodo de inactividad es una de las decisiones más beneficiosas para la salud cardiovascular, metabólica y emocional. Sin embargo, en las consultas es frecuente observar un aumento de consultas relacionadas con la sobrecarga muscular en personas que vuelven al deporte con más entusiasmo que planificación.
El deseo de recuperar rápidamente la forma física puede provocar la aparición de dolor muscular intenso, sensación de rigidez y fatiga persistente. Aunque en muchos casos se trata de molestias leves y transitorias, en otros puede ser el primer signo de un entrenamiento mal estructurado o incluso de un proceso de sobreentrenamiento.
La sobrecarga muscular es una alteración funcional del músculo que se produce cuando se somete a un esfuerzo superior al que está preparado para asumir. No implica necesariamente una rotura de fibras, pero sí genera una contractura mantenida, aumento de la tensión muscular y dolor localizado.
Tras semanas o meses sin actividad, el tejido muscular pierde parte de su capacidad de adaptación. La fuerza, la resistencia y la elasticidad disminuyen progresivamente si no se estimulan de forma regular. Cuando la vuelta al ejercicio se realiza con sesiones intensas, largas o muy frecuentes, el músculo no dispone del tiempo suficiente para recuperarse y comienza a manifestar síntomas.
Es habitual que estas molestias aparezcan en corredores que retoman el running, en aficionados al pádel tras el parón estacional o en personas que vuelven al gimnasio intentando recuperar en pocas semanas el nivel previo.
El dolor muscular posterior al ejercicio no siempre es motivo de preocupación. Las conocidas agujetas, que suelen aparecer entre las 24 y 48 horas posteriores a una actividad más intensa de lo habitual, forman parte del proceso de adaptación muscular. Se caracterizan por ser difusas, mejorar progresivamente y no limitar de forma significativa el movimiento.
La diferencia radica en que la sobrecarga muscular produce un dolor más localizado, con sensación de músculo endurecido o contracturado, que aumenta al presionar la zona o al realizar determinados movimientos. Cuando la molestia persiste más allá de varios días, no mejora con el reposo relativo o interfiere en la actividad cotidiana, conviene realizar una valoración médica para descartar lesiones estructurales como una rotura fibrilar.
Escuchar al cuerpo resulta fundamental. El dolor que obliga a modificar la técnica deportiva o a compensar con otras zonas musculares puede desencadenar nuevas lesiones.
Cuando el descanso no compensa el esfuerzo realizado, el organismo entra en un estado de desequilibrio conocido como sobreentrenamiento. En este contexto, la sobrecarga muscular suele ser uno de los primeros avisos.
El sobreentrenamiento no solo se manifiesta con dolor muscular persistente, sino también con una disminución del rendimiento, sensación de cansancio constante, dificultades para conciliar el sueño o falta de motivación. El cuerpo necesita tiempo para reparar las microlesiones que se producen con cada sesión de ejercicio. Sin recuperación adecuada, la acumulación de fatiga termina afectando tanto al sistema musculoesquelético como al bienestar general.
Los especialistas insisten en la importancia de entender que la mejora física no se produce únicamente durante el entrenamiento, sino en los periodos de descanso posteriores, cuando el músculo se adapta y se fortalece.
La clave para evitar una sobrecarga muscular tras volver al deporte está en la progresión. Aumentar de forma gradual la intensidad, la duración y la frecuencia del ejercicio permite que el músculo recupere su capacidad de adaptación sin verse sometido a un estrés excesivo.
Un calentamiento adecuado antes de cada sesión mejora la elasticidad y la activación muscular, reduciendo la probabilidad de sufrir dolor muscular posterior. Del mismo modo, la hidratación, una alimentación equilibrada y el descanso nocturno desempeñan un papel esencial en la recuperación.
La planificación individualizada es especialmente recomendable en personas que han permanecido inactivas durante largos periodos o que presentan antecedentes de lesiones. Contar con el asesoramiento de especialistas en Medicina del Deporte o Fisioterapia ayuda a diseñar un programa seguro y adaptado a cada condición física.
Si el dolor muscular es intenso, no mejora tras varios días de reposo relativo, aparece inflamación visible o existe pérdida de fuerza significativa, es aconsejable realizar una valoración médica. Un diagnóstico precoz permite diferenciar una simple sobrecarga muscular de una lesión de mayor entidad y establecer el tratamiento más adecuado, evitando complicaciones.
Retomar el deporte es siempre una decisión positiva. Sin embargo, hacerlo de forma progresiva y consciente es la mejor estrategia para prevenir la sobrecarga muscular, minimizar el dolor muscular y evitar caer en el sobreentrenamiento. El objetivo no debe ser recuperar en pocas semanas el nivel previo, sino construir una base sólida que permita mantener la actividad física de forma segura y sostenida en el tiempo.
Solicita más información en el Centro Médico Mercado de Colón
Texto elaborado por el doctor Diego Giménez, jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Quirónsalud Murcia
La tendinopatía aquílea en corredores es una de las lesiones más frecuentes en consultas de Traumatología. El aumento del número de personas que practican running, junto con entrenamientos intensos o mal planificados, ha incrementado la incidencia de esta patología que afecta al tendón de Aquiles, una estructura clave en la mecánica de la carrera.
El tendón de Aquiles soporta grandes cargas en cada zancada. Cuando la exigencia supera su capacidad de adaptación, aparece inflamación, degeneración del tejido y el característico dolor en el tendón de Aquiles al correr, que suele ser el primer signo de alerta.

La tendinopatía aquílea en corredores es un proceso degenerativo del tendón que une los músculos de la pantorrilla con el calcáneo. No se trata únicamente de una inflamación puntual, sino de una alteración progresiva del tejido tendinoso como consecuencia de microtraumatismos repetidos.
En el contexto del running, la repetición constante de impactos, los cambios bruscos de intensidad o volumen de entrenamiento y la falta de descanso adecuado favorecen la aparición de una sobrecarga tendón de Aquiles. Factores como un calzado inadecuado, alteraciones biomecánicas o superficies duras también influyen en el desarrollo de la lesión.
Cuando no se corrige a tiempo, la sobrecarga puede evolucionar hacia una auténtica lesión tendón de Aquiles running, que puede limitar la actividad deportiva durante semanas o incluso meses.
El síntoma más característico es el dolor en el tendón de Aquiles al correr, especialmente al inicio de la actividad. Muchos corredores refieren molestias matutinas o rigidez en los primeros pasos del día. En fases iniciales, el dolor puede disminuir tras el calentamiento, pero reaparece al finalizar el entrenamiento.
Con la progresión de la tendinopatía aquílea en corredores, el dolor puede hacerse más persistente, aparecer durante actividades cotidianas e incluso provocar engrosamiento visible del tendón. En estos casos, continuar entrenando sin tratamiento adecuado aumenta el riesgo de rotura parcial o total.
La detección precoz es fundamental para evitar que una simple sobrecarga tendón de Aquiles evolucione hacia una lesión tendón de Aquiles running de mayor gravedad.
El diagnóstico de la tendinopatía aquílea en corredores se basa en la historia clínica, la exploración física y, cuando es necesario, pruebas de imagen como la ecografía musculoesquelética o la resonancia magnética. Estas herramientas permiten valorar el estado del tejido tendinoso y determinar el grado de afectación.
El tratamiento se adapta a cada paciente en función de la fase de la lesión y del nivel deportivo. El abordaje suele incluir reposo relativo, fisioterapia especializada, ejercicios de fortalecimiento excéntrico y corrección de factores biomecánicos. En determinados casos, pueden emplearse técnicas intervencionistas guiadas por ecografía.
El objetivo no es únicamente aliviar el dolor en el tendón de Aquiles al correr, sino favorecer la regeneración del tejido y reducir el riesgo de recaídas.
La prevención lesiones running es clave para evitar la aparición de la tendinopatía aquílea en corredores. La planificación adecuada del entrenamiento, con incrementos progresivos de intensidad y volumen, permite que el tendón se adapte a las cargas de forma segura.
El fortalecimiento específico de la musculatura de la pantorrilla, una correcta técnica de carrera y el uso de calzado adecuado contribuyen a disminuir la tensión sobre el tendón. Asimismo, respetar los tiempos de descanso y prestar atención a las primeras señales de dolor en el tendón de Aquiles al correr ayuda a detectar de forma precoz una posible sobrecarga tendón de Aquiles.
Escuchar al cuerpo es fundamental. El dolor persistente nunca debe considerarse normal en el running. Una valoración temprana por parte de especialistas en traumatología puede evitar que una molestia leve evolucione hacia una lesión tendón de Aquiles running más compleja.
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