Quirónsalud
Blog del servicio de Traumatología de los Hospitales Quirónsalud Alicante, Torrevieja, Murcia, Valencia, Tenerife, Costa Adeje y Vida
Texto elaborado por el doctor Felipe Garibo, traumatólogo especialista en espalda del Hospital Quirónsalud Valencia
El dolor lumbar en ciclistas es una de las molestias más habituales entre quienes practican ciclismo de forma regular, tanto a nivel amateur como profesional. Esta afección suele estar relacionada con la postura mantenida sobre la bicicleta, la repetición del gesto y la sobrecarga lumbar en ciclismo.
Si no se corrigen los factores que lo provocan, pueden aparecer lesiones lumbares en ciclistas que afectan al rendimiento y a la calidad de vida. Por ello, es fundamental conocer sus causas y aplicar medidas de prevención de lesiones en ciclismo.

El dolor lumbar en ciclistas suele tener un origen multifactorial. La posición inclinada hacia adelante durante largos periodos genera tensión en la zona baja de la espalda.
Además, el pedaleo continuo implica una activación constante de la musculatura, lo que puede provocar fatiga y sobrecarga lumbar en ciclismo si no existe una buena preparación física.
Otros factores que influyen son:
Las lesiones lumbares en ciclistas suelen estar relacionadas con varios factores que actúan de forma combinada:
Postura incorrecta en la bicicleta
Una mala postura en bicicleta con dolor lumbar es una de las principales causas. Un manillar demasiado bajo o un sillín mal ajustado pueden aumentar la tensión en la zona lumbar.
Sobrecarga muscular
El exceso de kilómetros o la falta de descanso favorecen la sobrecarga lumbar en ciclismo, provocando fatiga y dolor.
Falta de fortalecimiento
Una musculatura débil, especialmente en el abdomen y la zona lumbar, reduce la capacidad de estabilizar la columna.
Rigidez muscular
La falta de estiramientos puede generar tensión acumulada en la espalda y aumentar el riesgo de dolor lumbar en ciclistas.
El dolor lumbar en ciclistas puede manifestarse de diferentes formas según la intensidad y la causa:
En casos más avanzados, pueden aparecer lesiones lumbares en ciclistas con dolor persistente que limita la actividad.
La prevención de lesiones en ciclismo es clave para evitar problemas en la zona lumbar. Adoptar hábitos adecuados puede reducir significativamente el riesgo.
Algunas recomendaciones fundamentales son:
Ajustar correctamente la bicicleta
Una buena posición reduce la tensión en la espalda. Es esencial revisar la altura del sillín, la posición del manillar y la distancia entre ambos.
Mejorar la postura en bicicleta
Mantener una correcta postura en bicicleta sin dolor lumbar ayuda a distribuir mejor las cargas y evitar sobrecargas.
Fortalecer el core
Ejercitar la musculatura abdominal y lumbar proporciona estabilidad y protege la columna.
Realizar estiramientos
Estirar después de cada salida ayuda a reducir la rigidez y prevenir la sobrecarga lumbar en ciclismo.
Progresar de forma gradual
Evitar aumentos bruscos en la intensidad o duración del entrenamiento es clave para prevenir lesiones lumbares en ciclistas.
Una buena técnica de pedaleo y una planificación adecuada del entrenamiento son esenciales para evitar el dolor lumbar en ciclistas.
El trabajo complementario fuera de la bicicleta, como ejercicios de fuerza y movilidad, ayuda a mejorar el rendimiento y reducir el riesgo de lesión.
Además, escuchar al cuerpo y respetar los tiempos de descanso es fundamental dentro de cualquier estrategia de prevención de lesiones en ciclismo.
Aunque el dolor lumbar en ciclistas suele ser leve en sus fases iniciales, hay ciertos signos que indican la necesidad de prestar atención:
En estos casos, es importante valorar la situación para evitar que evolucionen a lesiones lumbares en ciclistas más complejas.
El dolor lumbar en ciclistas es un problema frecuente, pero en muchos casos prevenible. La clave está en combinar una buena postura en bicicleta, un entrenamiento equilibrado y hábitos adecuados fuera de ella.
Cuidar la técnica, evitar la sobrecarga lumbar en ciclismo y aplicar estrategias de prevención de lesiones en ciclismo permitirá disfrutar de este deporte con seguridad, mejorando tanto el rendimiento como el bienestar a largo plazo.
Texto elaborado por especialista Álvaro Alejandro García Londoño, traumatólogo del hospital Quirónsalud Tenerife
Las lesiones por movimiento repetitivo son un problema cada vez más frecuente en el entorno laboral y en la vida diaria. Se producen cuando una misma acción se repite de forma continua durante largos periodos de tiempo, generando una sobrecarga en estructuras osteomusculares.
Este tipo de lesiones pueden afectar significativamente a la calidad de vida, provocando dolor, limitación funcional e incluso incapacidad si no se detectan y tratan a tiempo. Por ello, conocer cómo prevenir las lesiones por movimiento repetitivo es clave para evitar complicaciones a largo plazo.

Las lesiones por movimiento repetitivo son alteraciones de músculos, tendones, vainas tendinosas, nervios, articulaciones o estructuras periarticulares producidas por la repetición mantenida de gestos, especialmente cuando se combinan con fuerza, posturas forzadas, falta de pausas, vibración o mala ergonomía.
trastornos musculoesqueléticos causados por la repetición constante de un mismo gesto o actividad. Este esfuerzo continuo genera microtraumatismos que, con el tiempo, pueden desencadenar inflamación y daño en los tejidos.
Suelen aparecer en trabajos o actividades que implican movimientos repetidos, posturas mantenidas o esfuerzos prolongados, lo que favorece la sobrecarga.
Las zonas más afectadas son:
El desarrollo de lesiones por movimiento repetitivo está relacionado con diversos factores que aumentan el estrés sobre el sistema musculoesquelético:
La combinación de estos factores incrementa el riesgo de desarrollar dolor y lesiones progresivas.
Las lesiones por movimiento repetitivo suelen aparecer de forma gradual, empeorando con el tiempo si no se corrigen los factores de riesgo.
Los síntomas más comunes incluyen:
En fases más avanzadas, el dolor puede persistir incluso en reposo, dificultando las actividades cotidianas.
Dentro de las lesiones por movimiento repetitivo, existen algunas patologías especialmente frecuentes:
Todas ellas están relacionadas con la sobrecarga laboral y el uso excesivo de determinadas estructuras del cuerpo.
La prevención es fundamental para evitar la aparición de este tipo de lesiones. Adoptar hábitos adecuados puede marcar una gran diferencia.
Algunas recomendaciones clave son:
Reducir la sobrecarga laboral y mejorar las condiciones de trabajo son aspectos esenciales para proteger la salud.
La ergonomía juega un papel clave en la prevención de las lesiones por movimiento repetitivo.
Adaptar el puesto de trabajo a las necesidades del cuerpo permite disminuir la tensión sobre músculos y articulaciones. Esto incluye:
Una buena ergonomía reduce significativamente el riesgo de sobrecarga laboral y lesiones asociadas.
Es importante consultar con un profesional cuando los síntomas persisten o interfieren con la actividad diaria.
Se recomienda acudir a un especialista si:
Un diagnóstico precoz permite tratar las lesiones por movimiento repetitivo de forma eficaz y evitar su progresión.
Las lesiones por movimiento repetitivo son trastornos por sobreuso acumulativo. Predominan en miembro superior, sobre todo hombro, codo, muñeca y mano, pero también afectan columna y rodilla según el tipo de trabajo. La causa rara vez es única: suele ser la mezcla de repetición, fuerza, postura, falta de pausas, vibración, ambiente y factores personales.
El mejor tratamiento es detectar pronto, reducir exposición, corregir ergonomía y rehabilitar de forma progresiva. Cuando ya hay atrapamiento nervioso, tenosinovitis severa o fracaso conservador, entran infiltraciones, pruebas complementarias o cirugía selectiva.
Texto elaborado por especialista el doctor Juan carlos Gómez Castilla, Jefe del Servicio de Traumatología del hospital Quirónsalud Costa Adeje y Quirónsalud Vida.
Las contracturas musculares son una de las causas más frecuentes de consulta por molestias en el aparato locomotor. Aunque suelen ser leves y temporales, en algunos casos pueden volverse persistentes, generando dolor muscular continuo y limitando la movilidad.
Cuando una contractura muscular no se resuelve de forma espontánea, es importante identificar su causa y aplicar un tratamiento adecuado para evitar que se cronifique.

Una contractura muscular es una contracción involuntaria y mantenida de un músculo o de algunas de sus fibras. A diferencia de un calambre, la contractura no desaparece rápidamente, sino que puede durar horas, días o incluso más tiempo.
Esta contracción sostenida provoca una disminución del flujo sanguíneo en la zona, lo que favorece la aparición de rigidez muscular, dolor y sensación de tensión.
Las contracturas pueden variar en intensidad, pero suelen presentar una serie de síntomas característicos:
· Dolor muscular localizado
· Sensación de tensión o "nudo" en el músculo
· Rigidez muscular y dificultad para moverse
· Molestias al presionar la zona afectada
· Limitación funcional
En algunos casos, el dolor puede irradiarse a otras zonas cercanas, especialmente cuando afecta a la espalda o el cuello.
Las contracturas musculares pueden aparecer por múltiples factores, especialmente cuando se mantienen en el tiempo.
Entre las causas más frecuentes destacan:
· Sobrecarga muscular o esfuerzo excesivo
· Mala postura mantenida (trabajo sedentario, uso de pantallas)
· Estrés y tensión emocional
· Falta de descanso o fatiga acumulada
· Deshidratación o déficit de minerales
· Falta de actividad física o sedentarismo
Cuando estos factores persisten, el músculo no logra relajarse correctamente, favoreciendo la aparición de contracturas crónicas.
El tratamiento de la contractura muscular tiene como objetivo relajar el músculo, aliviar el dolor y recuperar la movilidad.
Las opciones más habituales incluyen:
· Aplicación de calor local
· Masajes terapéuticos
· Estiramientos suaves y progresivos
· Fisioterapia
· Medicación analgésica o relajantes musculares (si es necesario)
La actividad física moderada también puede ayudar a mejorar la circulación y reducir la rigidez muscular.
En casos persistentes, es importante realizar una valoración profesional para descartar otras patologías musculares o articulares.
Aunque muchas contracturas se resuelven por sí solas, es recomendable acudir a un especialista cuando:
· El dolor muscular dura varios días o semanas
· La contractura limita las actividades diarias
· Aparece de forma recurrente
· No mejora con tratamiento básico
· Se acompaña de otros síntomas
Un diagnóstico adecuado permitirá establecer un tratamiento específico y evitar complicaciones.
Prevenir la contractura muscular es posible con algunos hábitos sencillos:
· Mantener una buena higiene postural
· Realizar pausas activas durante el día
· Hacer ejercicio de forma regular
· Estirar los músculos después de la actividad
· Mantener una adecuada hidratación
· Gestionar el estrés
Estas medidas ayudan a reducir la sobrecarga muscular y a prevenir la aparición de dolor muscular y contracturas persistentes.
Aunque la contractura muscular suele considerarse un problema leve, cuando se vuelve persistente puede afectar significativamente la calidad de vida.
La presencia continua de rigidez muscular y dolor puede limitar la movilidad, afectar el descanso e incluso interferir con las actividades diarias.
Por ello, es fundamental tratarla de forma adecuada y abordar las causas subyacentes.
Ante síntomas persistentes, consultar con un profesional de la salud permitirá recibir un tratamiento personalizado y prevenir la cronificación del problema
Artículo elaborado por el Dr. Diego Giménez Belmonte, jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Quirónsalud Murcia.
Hay síntomas que los pacientes describen con cierta vaguedad: "noto un hormigueo raro en la mano", "se me duerme el brazo por las noches", "tengo una debilidad que no sé de dónde viene". Son molestias que a veces llevan meses ignorando, hasta que ya no pueden más. Cuando llegan a consulta, una de las pruebas que con más frecuencia les pedimos es la electromiografía.

La electromiografía —o EMG— es una prueba que mide la actividad eléctrica de los músculos, tanto en reposo como en movimiento. Nos dice si el músculo responde bien a las órdenes que le manda el nervio, o si en algún punto de esa cadena hay un problema.
Casi siempre se combina con un estudio de conducción nerviosa, que evalúa la velocidad a la que viajan los impulsos eléctricos por los nervios. Juntas, estas dos partes nos dan una imagen bastante completa de lo que está pasando: si el problema está en el músculo, en el nervio periférico, o en el punto donde ambos se conectan.
La solicitamos cuando los síntomas apuntan a algo de origen neuromuscular. Los más habituales que vemos en consulta son:
También es la prueba de referencia cuando sospechamos patologías concretas como el síndrome del túnel carpiano, una hernia discal con afectación radicular, neuropatías periféricas o enfermedades musculares.
La prueba se realiza en consulta especializada y tiene dos fases. En la primera, el estudio de conducción nerviosa, se colocan unos pequeños electrodos sobre la piel y se aplican estímulos eléctricos suaves para medir la velocidad de transmisión nerviosa. En la segunda, la EMG propiamente dicha, se introduce una aguja fina en el músculo para registrar su actividad.
En total, el procedimiento dura entre 20 y 45 minutos. No requiere preparación especial en la mayoría de los casos.
La EMG es una prueba diagnóstica con una utilidad clínica muy amplia. Entre las patologías que más frecuentemente detectamos están:
Uno de sus grandes valores es precisamente ese: ayudarnos a distinguir si el origen del problema está en el músculo o en el nervio. Esa diferencia, que al paciente puede parecerle un detalle técnico, cambia completamente el enfoque del tratamiento.
Hay pacientes que llegan a la consulta con meses de síntomas que han ido tolerando como algo "normal". La EMG nos permite, en menos de una hora, aclarar lo que hay detrás de esas molestias y orientar el tratamiento de forma precisa. No es una prueba incómoda de hacer ni difícil de interpretar cuando se tiene experiencia. Y en muchos casos, marca la diferencia entre seguir dando vueltas o encontrar la respuesta.
Texto elaborado por el doctor Juan Carlos Gómez Castilla, Jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Quirónsalud Costa Adeje y Quirónsalud Vida
La tendinitis de muñeca es una de las causas más frecuentes de dolor de muñeca, especialmente en personas que realizan movimientos repetitivos en su día a día, ya sea en el trabajo o durante la práctica deportiva. Esta afección se produce por la inflamación de los tendones que permiten el movimiento de la muñeca, generando molestias que pueden llegar a limitar las actividades cotidianas.
En muchos casos, la tendinitis de muñeca está relacionada con una sobrecarga laboral o con gestos repetitivos mantenidos en el tiempo. Si no se trata adecuadamente, puede evolucionar hacia una tenosinovitis, una inflamación más compleja que afecta también a la vaina que recubre el tendón.

La tendinitis de muñeca consiste en la inflamación de uno o varios tendones de esta articulación. Los tendones son estructuras que conectan los músculos con los huesos y permiten el movimiento.
Cuando estos tendones se someten a un uso excesivo o a esfuerzos repetidos, se produce una irritación que desencadena el dolor de muñeca y otros síntomas asociados.
En algunos casos, esta inflamación puede extenderse a la vaina sinovial que rodea el tendón, dando lugar a una tenosinovitis, que suele provocar mayor dolor y limitación funcional.
La tendinitis de muñeca puede aparecer por diferentes motivos, aunque en la mayoría de los casos está relacionada con la repetición de movimientos o el exceso de carga.
Entre las causas más habituales se encuentran:
· Movimientos repetitivos de la mano y la muñeca
· Uso prolongado del ordenador o dispositivos móviles
· Actividades laborales con sobrecarga laboral
· Práctica deportiva intensa (tenis, pádel, gimnasio)
· Mala ergonomía en el puesto de trabajo
· Posturas incorrectas mantenidas
Estos factores generan estrés continuo sobre los tendones, favoreciendo la aparición de inflamación.
Los síntomas de la tendinitis de muñeca suelen aparecer de forma progresiva y empeoran si no se modifica la actividad que los provoca.
Los más frecuentes son:
· Dolor de muñeca, especialmente al moverla
· Sensibilidad o dolor al presionar la zona
· Inflamación leve
· Rigidez
· Dificultad para realizar movimientos o agarrar objetos
En casos más avanzados, especialmente cuando hay tenosinovitis, puede aparecer sensación de roce o chasquido al mover el tendón.
El diagnóstico de la tendinitis de muñeca se basa principalmente en la exploración clínica realizada por el especialista.
El médico evaluará el tipo de dolor de muñeca, los movimientos que lo desencadenan y los antecedentes del paciente, como la presencia de sobrecarga laboral.
En algunos casos, pueden solicitarse pruebas de imagen como ecografía o resonancia magnética para confirmar la inflamación o descartar otras lesiones.
El tratamiento de la tendinitis de muñeca suele ser conservador y tiene como objetivo reducir la inflamación y aliviar el dolor.
Las principales medidas incluyen:
· Reposo relativo y evitar movimientos repetitivos
· Aplicación de frío local
· Uso de férulas para inmovilizar la muñeca
· Medicación antiinflamatoria (según indicación médica)
· Fisioterapia
La fisioterapia es especialmente importante para recuperar la movilidad y fortalecer la zona, evitando recaídas.
En casos más persistentes o cuando existe tenosinovitis, pueden valorarse infiltraciones o tratamientos más específicos.
Prevenir la tendinitis de muñeca es posible si se adoptan hábitos adecuados, especialmente en entornos de trabajo con sobrecarga laboral.
Algunas recomendaciones clave son:
· Realizar pausas frecuentes
· Mantener una postura correcta al trabajar
· Ajustar la ergonomía del puesto de trabajo
· Evitar movimientos repetitivos prolongados
· Realizar ejercicios de estiramiento
Estas medidas ayudan a reducir el riesgo de dolor de muñeca y otras lesiones asociadas.
Es recomendable consultar con un profesional si:
· El dolor de muñeca persiste varios días
· Limita las actividades diarias
· Aumenta con el movimiento
· Aparece inflamación importante
Un diagnóstico precoz permite tratar la tendinitis de muñeca de forma eficaz y evitar complicaciones como la tenosinovitis.
La tendinitis de muñeca es una afección frecuente relacionada con el uso repetitivo y la sobrecarga laboral. Aunque suele ser leve en sus fases iniciales, puede evolucionar si no se toman medidas a tiempo.
Reconocer los síntomas, actuar de forma precoz y adoptar hábitos preventivos es fundamental para evitar el dolor de muñeca y mantener una buena salud articular a largo plazo.
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