Quirónsalud
Blog del servicio de Traumatología de los Hospitales Quirónsalud Alicante, Torrevieja, Murcia, Valencia, Tenerife, Costa Adeje y Vida
Texto elaborado por el doctor Antonio Giner, especialista de la Unidad de Medicina del Deporte del Centro Médico Quirónsalud Mercado de Colón
Retomar la actividad física después de un periodo de inactividad es una de las decisiones más beneficiosas para la salud cardiovascular, metabólica y emocional. Sin embargo, en las consultas es frecuente observar un aumento de consultas relacionadas con la sobrecarga muscular en personas que vuelven al deporte con más entusiasmo que planificación.
El deseo de recuperar rápidamente la forma física puede provocar la aparición de dolor muscular intenso, sensación de rigidez y fatiga persistente. Aunque en muchos casos se trata de molestias leves y transitorias, en otros puede ser el primer signo de un entrenamiento mal estructurado o incluso de un proceso de sobreentrenamiento.
La sobrecarga muscular es una alteración funcional del músculo que se produce cuando se somete a un esfuerzo superior al que está preparado para asumir. No implica necesariamente una rotura de fibras, pero sí genera una contractura mantenida, aumento de la tensión muscular y dolor localizado.
Tras semanas o meses sin actividad, el tejido muscular pierde parte de su capacidad de adaptación. La fuerza, la resistencia y la elasticidad disminuyen progresivamente si no se estimulan de forma regular. Cuando la vuelta al ejercicio se realiza con sesiones intensas, largas o muy frecuentes, el músculo no dispone del tiempo suficiente para recuperarse y comienza a manifestar síntomas.
Es habitual que estas molestias aparezcan en corredores que retoman el running, en aficionados al pádel tras el parón estacional o en personas que vuelven al gimnasio intentando recuperar en pocas semanas el nivel previo.
El dolor muscular posterior al ejercicio no siempre es motivo de preocupación. Las conocidas agujetas, que suelen aparecer entre las 24 y 48 horas posteriores a una actividad más intensa de lo habitual, forman parte del proceso de adaptación muscular. Se caracterizan por ser difusas, mejorar progresivamente y no limitar de forma significativa el movimiento.
La diferencia radica en que la sobrecarga muscular produce un dolor más localizado, con sensación de músculo endurecido o contracturado, que aumenta al presionar la zona o al realizar determinados movimientos. Cuando la molestia persiste más allá de varios días, no mejora con el reposo relativo o interfiere en la actividad cotidiana, conviene realizar una valoración médica para descartar lesiones estructurales como una rotura fibrilar.
Escuchar al cuerpo resulta fundamental. El dolor que obliga a modificar la técnica deportiva o a compensar con otras zonas musculares puede desencadenar nuevas lesiones.
Cuando el descanso no compensa el esfuerzo realizado, el organismo entra en un estado de desequilibrio conocido como sobreentrenamiento. En este contexto, la sobrecarga muscular suele ser uno de los primeros avisos.
El sobreentrenamiento no solo se manifiesta con dolor muscular persistente, sino también con una disminución del rendimiento, sensación de cansancio constante, dificultades para conciliar el sueño o falta de motivación. El cuerpo necesita tiempo para reparar las microlesiones que se producen con cada sesión de ejercicio. Sin recuperación adecuada, la acumulación de fatiga termina afectando tanto al sistema musculoesquelético como al bienestar general.
Los especialistas insisten en la importancia de entender que la mejora física no se produce únicamente durante el entrenamiento, sino en los periodos de descanso posteriores, cuando el músculo se adapta y se fortalece.
La clave para evitar una sobrecarga muscular tras volver al deporte está en la progresión. Aumentar de forma gradual la intensidad, la duración y la frecuencia del ejercicio permite que el músculo recupere su capacidad de adaptación sin verse sometido a un estrés excesivo.
Un calentamiento adecuado antes de cada sesión mejora la elasticidad y la activación muscular, reduciendo la probabilidad de sufrir dolor muscular posterior. Del mismo modo, la hidratación, una alimentación equilibrada y el descanso nocturno desempeñan un papel esencial en la recuperación.
La planificación individualizada es especialmente recomendable en personas que han permanecido inactivas durante largos periodos o que presentan antecedentes de lesiones. Contar con el asesoramiento de especialistas en Medicina del Deporte o Fisioterapia ayuda a diseñar un programa seguro y adaptado a cada condición física.
Si el dolor muscular es intenso, no mejora tras varios días de reposo relativo, aparece inflamación visible o existe pérdida de fuerza significativa, es aconsejable realizar una valoración médica. Un diagnóstico precoz permite diferenciar una simple sobrecarga muscular de una lesión de mayor entidad y establecer el tratamiento más adecuado, evitando complicaciones.
Retomar el deporte es siempre una decisión positiva. Sin embargo, hacerlo de forma progresiva y consciente es la mejor estrategia para prevenir la sobrecarga muscular, minimizar el dolor muscular y evitar caer en el sobreentrenamiento. El objetivo no debe ser recuperar en pocas semanas el nivel previo, sino construir una base sólida que permita mantener la actividad física de forma segura y sostenida en el tiempo.
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Texto elaborado por el doctor Diego Giménez, jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Quirónsalud Murcia
La tendinopatía aquílea en corredores es una de las lesiones más frecuentes en consultas de Traumatología. El aumento del número de personas que practican running, junto con entrenamientos intensos o mal planificados, ha incrementado la incidencia de esta patología que afecta al tendón de Aquiles, una estructura clave en la mecánica de la carrera.
El tendón de Aquiles soporta grandes cargas en cada zancada. Cuando la exigencia supera su capacidad de adaptación, aparece inflamación, degeneración del tejido y el característico dolor en el tendón de Aquiles al correr, que suele ser el primer signo de alerta.

La tendinopatía aquílea en corredores es un proceso degenerativo del tendón que une los músculos de la pantorrilla con el calcáneo. No se trata únicamente de una inflamación puntual, sino de una alteración progresiva del tejido tendinoso como consecuencia de microtraumatismos repetidos.
En el contexto del running, la repetición constante de impactos, los cambios bruscos de intensidad o volumen de entrenamiento y la falta de descanso adecuado favorecen la aparición de una sobrecarga tendón de Aquiles. Factores como un calzado inadecuado, alteraciones biomecánicas o superficies duras también influyen en el desarrollo de la lesión.
Cuando no se corrige a tiempo, la sobrecarga puede evolucionar hacia una auténtica lesión tendón de Aquiles running, que puede limitar la actividad deportiva durante semanas o incluso meses.
El síntoma más característico es el dolor en el tendón de Aquiles al correr, especialmente al inicio de la actividad. Muchos corredores refieren molestias matutinas o rigidez en los primeros pasos del día. En fases iniciales, el dolor puede disminuir tras el calentamiento, pero reaparece al finalizar el entrenamiento.
Con la progresión de la tendinopatía aquílea en corredores, el dolor puede hacerse más persistente, aparecer durante actividades cotidianas e incluso provocar engrosamiento visible del tendón. En estos casos, continuar entrenando sin tratamiento adecuado aumenta el riesgo de rotura parcial o total.
La detección precoz es fundamental para evitar que una simple sobrecarga tendón de Aquiles evolucione hacia una lesión tendón de Aquiles running de mayor gravedad.
El diagnóstico de la tendinopatía aquílea en corredores se basa en la historia clínica, la exploración física y, cuando es necesario, pruebas de imagen como la ecografía musculoesquelética o la resonancia magnética. Estas herramientas permiten valorar el estado del tejido tendinoso y determinar el grado de afectación.
El tratamiento se adapta a cada paciente en función de la fase de la lesión y del nivel deportivo. El abordaje suele incluir reposo relativo, fisioterapia especializada, ejercicios de fortalecimiento excéntrico y corrección de factores biomecánicos. En determinados casos, pueden emplearse técnicas intervencionistas guiadas por ecografía.
El objetivo no es únicamente aliviar el dolor en el tendón de Aquiles al correr, sino favorecer la regeneración del tejido y reducir el riesgo de recaídas.
La prevención lesiones running es clave para evitar la aparición de la tendinopatía aquílea en corredores. La planificación adecuada del entrenamiento, con incrementos progresivos de intensidad y volumen, permite que el tendón se adapte a las cargas de forma segura.
El fortalecimiento específico de la musculatura de la pantorrilla, una correcta técnica de carrera y el uso de calzado adecuado contribuyen a disminuir la tensión sobre el tendón. Asimismo, respetar los tiempos de descanso y prestar atención a las primeras señales de dolor en el tendón de Aquiles al correr ayuda a detectar de forma precoz una posible sobrecarga tendón de Aquiles.
Escuchar al cuerpo es fundamental. El dolor persistente nunca debe considerarse normal en el running. Una valoración temprana por parte de especialistas en traumatología puede evitar que una molestia leve evolucione hacia una lesión tendón de Aquiles running más compleja.
Texto elaborado por el doctor Rogelio Carratalá, especialista del Servicio de Traumatología del hospital Quirónsalud Valencia
El press de banca es uno de los ejercicios más populares en el entrenamiento de fuerza, especialmente en culturismo y fitness. Sin embargo, su ejecución incorrecta puede llevar a lesiones en el hombro, una de las articulaciones más complejas y vulnerables del cuerpo humano.
En este post, los expertos en traumatología de Quirónsalud te contamos cómo realizar el press de banca de manera segura, qué músculos se trabajan, los beneficios que aporta y cómo prevenir lesiones comunes asociadas a este ejercicio.
El press de banca es un ejercicio de empuje horizontal que se realiza acostado en un banco plano, con una barra cargada que se baja hasta el pecho y luego se empuja hacia arriba hasta extender completamente los brazos. Este movimiento trabaja principalmente los músculos del pecho, los hombros y los tríceps.
Para ejecutar el press de banca de forma segura y efectiva, es fundamental seguir una técnica adecuada:
Posición inicial: Acuéstate en el banco con los pies firmemente apoyados en el suelo. La espalda debe mantener su curvatura natural, sin arquearse excesivamente.
Agarre de la barra: Coloca las manos en la barra a una distancia ligeramente mayor que el ancho de los hombros. Un agarre demasiado amplio puede aumentar el riesgo de lesiones en los hombros.
Movimiento descendente: Baja la barra controladamente hasta que toque ligeramente el pecho, asegurándote de que los codos se mantengan en un ángulo de aproximadamente 45 grados respecto al torso.
Movimiento ascendente: Empuja la barra hacia arriba hasta extender completamente los brazos, sin bloquear los codos.
Respiración: Inhala al bajar la barra y exhala al empujarla hacia arriba.

El press de banca es un ejercicio compuesto que activa varios grupos musculares:
Pectorales mayores: Son los principales músculos trabajados, responsables de la aducción y rotación interna del brazo.
Deltoides anteriores: Ayudan en la flexión y aducción del brazo.
Tríceps braquial: Participan en la extensión del codo.
Serrato anterior y trapecios: Contribuyen a la estabilización de la escápula durante el movimiento.
Realizado correctamente, el press de banca ofrece múltiples beneficios:
A pesar de sus beneficios, el press de banca puede causar lesiones si no se ejecuta correctamente:
Síndrome de pinzamiento subacromial: Ocurre cuando los tendones del manguito rotador se irritan debido a una posición incorrecta del hombro durante el movimiento.
Tendinitis del manguito rotador: Inflamación de los tendones que estabilizan el hombro, a menudo causada por sobreuso o técnica inadecuada.
Lesiones en la articulación acromioclavicular: El estrés repetido en esta articulación puede llevar a lesiones si no se mantiene una postura adecuada.
Fracturas de clavícula: En casos de caídas o levantamientos con pesos excesivos, la clavícula puede fracturarse.
Lesiones del labrum glenoideo: provocando inestabilidad por una hipermovilidad articular y lesión tipo SLAP en la inserción articular de la porción larga del bíceps por una compresión repetida del hombro en abducción y rotación externa
Para minimizar el riesgo de lesiones, es esencial:
Mantener una técnica adecuada: Asegúrate de que los codos estén en un ángulo de 45 grados y evita que la barra baje demasiado rápido.
Calentamiento adecuado: Realiza ejercicios de movilidad y calentamiento antes de comenzar el entrenamiento.
Uso de pesos adecuados: No levantes más peso del que puedes manejar con seguridad.
Fortalecimiento del manguito rotador: Incorpora ejercicios específicos para fortalecer los músculos estabilizadores del hombro.
Descanso y recuperación: Permite que los músculos se recuperen adecuadamente entre sesiones de entrenamiento.
El press de banca es un ejercicio efectivo para desarrollar la fuerza en la parte superior del cuerpo. Sin embargo, su ejecución incorrecta puede llevar a lesiones en el hombro. Siguiendo una técnica adecuada, utilizando pesos apropiados y fortaleciendo los músculos estabilizadores, puedes disfrutar de los beneficios de este ejercicio mientras minimizas el riesgo de lesiones.
Si experimentas dolor o molestias en el hombro al realizar el press de banca, es recomendable consultar a un especialista en traumatología o fisioterapia. En Quirónsalud, nuestros profesionales están capacitados para evaluar tu técnica y ofrecerte un plan de tratamiento personalizado para prevenir y tratar lesiones relacionadas con el entrenamiento.
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Texto elaborado por Dr. Juan Carlos Gómez Castilla responsable servicio de Traumatología Quirónsalud Costa Adeje y Quirónsalud Vida
Las malas posturas al sentarse pueden generar una serie de problemas que afectan tanto a la salud musculoesquelética como a la circulación sanguínea. Pasar largas horas sentados sin adoptar una postura correcta puede incrementar la presión sobre los discos intervertebrales, lo que provoca la aparición de dolor lumbar, contracturas musculares y tensión en la columna vertebral. Además, las malas posturas al estar sentados afectan la alineación natural de la columna, lo que puede derivar en lesiones crónicas, como las hernias discales.
El dolor cervical también es común en quienes pasan mucho tiempo sentados con la cabeza inclinada hacia adelante o en una postura forzada. La musculatura de los hombros y cuello se ve sobrecargada, lo que provoca fatiga muscular y puede desencadenar dolores persistentes. Esta sobrecarga en la columna no solo afecta a las personas que tienen trabajos sedentarios, sino también a quienes pasan mucho tiempo frente a un ordenador o realizando actividades que requieren concentración.
Es importante destacar que el estrés y la ansiedad también pueden tener un impacto directo en la postura. Las tensiones emocionales a menudo llevan a las personas a adoptar posturas encorvadas o rígidas, lo que empeora aún más la disfunción postural.
Una forma de prevenir los efectos negativos de las malas posturas al sentarse es realizar ajustes ergonómicos en el espacio de trabajo. Usar una silla ergonómica que brinde soporte adecuado a la zona lumbar y mantener los pies planos en el suelo con las rodillas a la altura de las caderas son pasos básicos para evitar que la columna se sobrecargue. Además, se recomienda realizar pausas activas cada 30 a 60 minutos, levantándose, estirándose y caminando un poco.
En resumen, las malas posturas al sentarse afectan la alineación de la columna vertebral, generan sobrecarga muscular, tensiones y fatiga, lo que puede derivar en dolores crónicos y afectar la circulación sanguínea. Para prevenir estos problemas, es esencial adoptar hábitos posturales saludables, realizar ajustes ergonómicos en el entorno de trabajo y practicar ejercicios de estiramiento y fortalecimiento muscular.
Dormir en una mala postura puede generar una variedad de problemas en el sistema musculoesquelético, especialmente en la columna vertebral y el cuello. Al dormir, la columna debe mantenerse en una posición neutral, es decir, en alineación natural, sin forzarla hacia posiciones incómodas que puedan generar presión o tensión en los discos intervertebrales. Dormir boca abajo es una de las posturas más perjudiciales, ya que obliga al cuello a girarse de manera antinatural durante toda la noche, lo que provoca dolores cervicales y rigidez en la columna.
La postura al dormir también puede afectar la calidad del sueño. Malas posturas como dormir con las piernas flexionadas de manera excesiva o en posiciones incómodas pueden interferir con la circulación sanguínea, lo que a su vez contribuye a la fatiga y los despertares frecuentes durante la noche. Las personas que duermen en estas posiciones pueden experimentar molestias al despertar, como dolores musculares o la sensación de que no han descansado lo suficiente.
Una de las principales consecuencias de una mala postura al dormir es el desarrollo de trastornos posturales crónicos, como la hipercifosis (curvatura excesiva de la espalda), y desviaciones vertebrales que, con el tiempo, pueden convertirse en problemas más graves, como hernias discales o incluso en dolores crónicos en la parte superior de la espalda.
La almohada juega un papel crucial en mantener la postura correcta durante el sueño. Una almohada demasiado alta o demasiado baja puede forzar al cuello a adoptar una posición inapropiada, lo que causa dolor cervical y tensión muscular. Por tanto, es fundamental elegir una almohada adecuada que se ajuste a la posición de descanso y a las necesidades individuales de cada persona.
En cuanto al colchón, debe ser firme pero adaptable para proporcionar soporte a la columna vertebral. Un colchón demasiado blando no brindará el soporte necesario para mantener una alineación adecuada de la columna, mientras que un colchón demasiado duro puede generar presión en puntos de contacto como los hombros y las caderas.
En conclusión, dormir en una mala postura puede generar dolores musculares, problemas de alineación en la columna vertebral y afectar la calidad del sueño, lo que repercute directamente en la salud general. Para prevenir estos problemas, se recomienda adoptar posturas de descanso lateral o boca arriba, utilizar almohadas y colchones adecuados, y realizar ejercicios de estiramiento para mejorar la flexibilidad y reducir las tensiones musculares.
Adoptar una postura correcta al sentarse es esencial para prevenir problemas musculoesqueléticos y mejorar la salud postural a largo plazo. La forma en que nos sentamos tiene un impacto directo en nuestra columna vertebral, músculos y articulaciones. La postura adecuada minimiza la presión sobre los discos intervertebrales y distribuye el peso corporal de manera equitativa, evitando tensiones innecesarias en la espalda, cuello y hombros.
La clave de una postura correcta comienza con una silla ergonómica que proporcione un adecuado soporte lumbar. La parte baja de la espalda debe estar respaldada por el asiento para evitar que la pelvis se incline hacia adelante y provoque una curvatura excesiva de la zona lumbar. Los pies deben estar planos en el suelo, con las rodillas a la altura de las caderas o ligeramente por debajo de ellas. Si la altura del asiento no es ajustable, un reposapiés puede ser útil para mantener esta alineación.
La espalda debe mantenerse recta y los hombros relajados, sin estar forzados hacia atrás ni encorvados hacia adelante. Además, el monitor o la pantalla del ordenador debe estar a la altura de los ojos para evitar forzar el cuello hacia abajo o hacia arriba, lo que puede provocar dolores cervicales. Los brazos deben estar a un ángulo de aproximadamente 90 grados en los codos, con las muñecas en una posición neutral para evitar el dolor de muñeca o el síndrome del túnel carpiano.
El teletrabajo ha hecho que muchas personas pasen largas horas frente a un ordenador sin una correcta organización ergonómica de su espacio de trabajo. Es recomendable ajustar la altura del teclado y la pantalla, utilizar una silla con soporte lumbar y realizar pausas activas cada hora para evitar que la postura se deteriore y se generen molestias en el cuerpo.
Es importante recordar que la postura no solo depende de la posición estática en la que nos encontramos sentados, sino también de cómo mantenemos esa postura a lo largo del tiempo. Evitar permanecer mucho tiempo en una misma posición y realizar estiramientos periódicos ayudará a mantener una buena postura y a prevenir lesiones.
En resumen, una postura correcta al sentarse es fundamental para mantener la salud de la columna vertebral, prevenir dolores musculares y mejorar la circulación. La clave está en adoptar una postura erguida, con los pies en el suelo, el respaldo adecuado, el ángulo de los codos a 90 grados y realizando pausas activas para evitar la sobrecarga de los músculos y articulaciones.
La postura al dormir es uno de los factores clave para mantener la salud de la columna vertebral y prevenir dolores musculares. Dormir en una posición incorrecta puede generar una serie de problemas a largo plazo, desde dolores cervicales hasta trastornos más serios como hernias discales. La postura correcta al dormir debe mantener la alineación natural de la columna, sin forzarla hacia posiciones incómodas que aumenten la presión en los discos intervertebrales.
La mejor postura para dormir es de lado o boca arriba, ya que estas posiciones permiten que la columna mantenga su curvatura natural. Dormir boca abajo es especialmente perjudicial, ya que obliga al cuello a girarse en una posición forzada, lo que provoca tensiones musculares y dolor cervical. Cuando se duerme de lado, es importante utilizar una almohada adecuada para mantener el cuello alineado con la columna. La almohada no debe ser ni demasiado alta ni demasiado baja, ya que si es demasiado gruesa, puede forzar la flexión del cuello, mientras que si es demasiado delgada, no brindará suficiente soporte.
Además, es recomendable colocar una almohada entre las piernas
si se duerme de lado, ya que esto ayuda a mantener las caderas alineadas y previene tensiones en la parte baja de la espalda. Si se duerme boca arriba, una almohada baja es la mejor opción, ya que permite que el cuello se mantenga alineado sin forzar su posición. También se pueden utilizar almohadas ortopédicas o cuñas si es necesario corregir alguna postura particular o aliviar molestias específicas.
El colchón también juega un papel crucial en la postura al dormir. Debe ser firme pero adaptable, de modo que brinde el soporte necesario para la columna sin generar puntos de presión excesivos en las caderas, los hombros o la espalda. Un colchón demasiado blando no mantiene la alineación adecuada de la columna, mientras que uno demasiado duro puede resultar incómodo y provocar tensiones.
En resumen, la postura al dormir debe ser cuidadosamente seleccionada para garantizar una alineación adecuada de la columna vertebral. Dormir de lado o boca arriba, con una almohada adecuada y un colchón que proporcione soporte firme pero adaptable, son las claves para prevenir dolores crónicos y mejorar la calidad del sueño.
Claro, continuaré desarrollando las respuestas a las siguientes preguntas.
El colchón y la almohada son elementos clave para mantener una postura adecuada mientras dormimos. La elección de estos productos tiene un impacto directo en la alineación de la columna vertebral y en la reducción de tensiones musculares durante el descanso. Usar un colchón o una almohada inadecuados puede generar dolores musculares, rigidez y afectar la calidad del sueño, lo que a largo plazo puede causar problemas en la columna vertebral.
Colchón adecuado: Un colchón debe ser firme pero flexible para proporcionar el soporte necesario, sin resultar incómodo. Un colchón demasiado blando no ofrece soporte suficiente para la columna vertebral, provocando una postura incorrecta y generando dolores en la espalda baja y contracturas musculares. Por otro lado, un colchón excesivamente duro puede generar puntos de presión en las caderas, los hombros y la columna, lo que puede resultar igualmente incómodo.
La firmeza del colchón debe adaptarse al peso y la posición de sueño de cada persona. Las personas que duermen de lado, por ejemplo, pueden beneficiarse de un colchón de firmeza media que ofrezca el soporte adecuado mientras permite un ligero hundimiento para acomodar los hombros y las caderas. Para quienes duermen boca arriba, un colchón de firmeza media a alta será más adecuado para mantener la alineación de la columna sin que se hunda demasiado.
Además, la materialidad del colchón es crucial. Los colchones de espuma viscoelástica o latex suelen ser buenos para aquellos que buscan una superficie más adaptable que se amolde a las curvas naturales del cuerpo, distribuyendo el peso de manera equitativa y evitando puntos de presión.
Almohada adecuada: La almohada también debe ser elegida cuidadosamente para mantener la postura correcta mientras dormimos. Una almohada demasiado alta puede forzar al cuello a doblarse hacia arriba, lo que genera dolor cervical y rigidez. Por otro lado, una almohada demasiado baja no brinda soporte suficiente, lo que puede causar que el cuello se incline hacia adelante, resultando en incomodidad y dolor.
Si se duerme de lado, se debe optar por una almohada más gruesa que rellene el espacio entre la cabeza y el colchón, manteniendo la columna vertebral alineada. Para quienes duermen boca arriba, es recomendable una almohada de altura media, lo que asegura que el cuello no se incline hacia arriba o hacia abajo. Si se duerme boca abajo, la recomendación es evitar las almohadas tradicionales y, si es necesario, optar por una almohada muy fina o incluso prescindir de ella, ya que esta postura es la menos recomendable para la columna.
Es importante mencionar que las almohadas ortopédicas o de memoria también pueden ser útiles, ya que se adaptan a la forma de la cabeza y el cuello, proporcionando un soporte más preciso y ayudando a mantener la alineación natural de la columna cervical durante el descanso.
En conclusión, tanto el colchón como la almohada son fundamentales para garantizar una postura saludable al dormir. La elección de un colchón de firmeza adecuada y una almohada que ofrezca soporte sin forzar el cuello son esenciales para prevenir dolores crónicos y asegurar una buena calidad del sueño.
Mantener una postura estática durante largos períodos de tiempo puede ser perjudicial para la salud musculoesquelética. En especial, si estamos sentados en la misma posición durante horas, se generan tensiones musculares, rigidez y una sobrecarga en los músculos de la espalda y el cuello. Es por eso que se recomienda cambiar de postura al sentarse con regularidad para evitar que estos problemas se agraven.
El cuerpo humano no está diseñado para estar en una sola posición durante mucho tiempo, por lo que es esencial adoptar el hábito de realizar pausas activas cada 30 o 60 minutos. Levántate de la silla, camina un poco, estira las piernas y los brazos. Esto no solo ayudará a evitar la rigidez, sino que también mejorará la circulación sanguínea, evitando problemas como la hinchazón de piernas o la fatiga muscular.
Cuando estamos sentados durante períodos largos, especialmente al trabajar frente a un ordenador, la postura tiende a deteriorarse. Adoptar una postura incorrecta al estar sentado puede causar dolores de espalda, contracturas en el cuello y los hombros, y fatiga ocular. Es por esto que se recomienda no solo cambiar la postura, sino también incorporar ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de la musculatura que soporta la columna vertebral. Esto fortalecerá los músculos de la espalda y reducirá el riesgo de desarrollar problemas posturales a largo plazo.
Si trabajas en un entorno de oficina, es recomendable configurar tu espacio de trabajo para fomentar la ergonomía. Asegúrate de que tu silla proporcione el soporte lumbar adecuado, que el monitor esté a la altura de tus ojos y que el teclado esté a la altura correcta para evitar que tus muñecas se sobrecarguen.
La clave no solo está en cambiar de postura, sino en hacerlo de manera consciente y con una buena alineación postural. Asegúrate de que, al sentarte, mantengas la espalda recta, los pies apoyados en el suelo y los hombros relajados. Alternar posiciones también puede incluir la práctica de cambiar de un asiento a otro o incluso utilizar una silla de balanceo o una pelota de ejercicio para activar la musculatura.
En resumen, cambiar de postura al sentarse es una parte esencial de la salud postural. Si trabajas de manera sedentaria, asegúrate de hacer pausas activas y estiramientos cada cierto tiempo para prevenir el desarrollo de dolores musculares y lesiones a largo plazo.
Existen varios ejercicios que pueden ayudarte a corregir malas posturas y a fortalecer los músculos que sostienen la columna vertebral. Realizar estos ejercicios con regularidad no solo mejora la alineación postural, sino que también alivia los dolores y la rigidez causados por una postura inadecuada. A continuación, se detallan algunos de los ejercicios más efectivos para corregir malas posturas:
Estiramiento de gato-vaca: Este ejercicio ayuda a mejorar la flexibilidad de la columna vertebral. Comienza en una posición de cuadrupedia, con las manos alineadas con los hombros y las rodillas con las caderas. Al inhalar, arquea la espalda hacia abajo y mira hacia el techo (postura de vaca), y al exhalar, redondea la espalda hacia arriba y baja la cabeza (postura de gato). Realiza 10 repeticiones para mejorar la movilidad de la columna.
Puente: El ejercicio del puente fortalece los músculos de los glúteos, las caderas y la parte baja de la espalda, lo que ayuda a mantener una buena postura. Acuéstate boca arriba, con las rodillas dobladas y los pies apoyados en el suelo. Eleva las caderas hacia el techo, apretando los glúteos y manteniendo la espalda recta. Baja lentamente y repite 10 a 15 veces.
Rotaciones de cuello: Las malas posturas al estar sentados pueden generar tensión en el cuello. Para aliviar la rigidez, realiza rotaciones suaves de cuello hacia un lado y luego hacia el otro, manteniendo el movimiento lento y controlado. Realiza 10 repeticiones en cada dirección.
Plancha: La plancha es excelente para fortalecer el core (abdominales, espalda baja, glúteos) y mantener la estabilidad de la columna. Comienza en posición de plancha, apoyando los antebrazos y los dedos de los pies en el suelo. Mantén la postura durante 20 a 30 segundos, asegurándote de que tu cuerpo forme una línea recta desde la cabeza hasta los talones.
Estiramiento de la parte superior de la espalda: Si sufres de tensión en los hombros y la parte superior de la espalda debido a malas posturas, los estiramientos específicos de esta área son clave. Para ello, entrelaza las manos y estira los brazos hacia adelante, mientras empujas las manos hacia el suelo. Mantén la postura durante 20 segundos y repite 3 veces.
Incorporar estos ejercicios en tu rutina diaria no solo mejora la postura a corto plazo, sino que también previene la aparición de dolores crónicos y ayuda a mantener una columna vertebral saludable.
Nuestros expertos en traumatología de Quirónsalud te darán información más detallada si lo necesitas.
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El esguince de tobillo es una de las lesiones más comunes que afectan a personas de todas las edades, desde deportistas hasta aquellos que simplemente caminamos a diario. Esta lesión ocurre cuando los ligamentos que estabilizan el tobillo se estiran o se desgarran debido a un movimiento brusco o una torsión. Aunque es una lesión frecuente, el tratamiento adecuado y la prevención pueden marcar la diferencia en la rapidez de la recuperación y en evitar complicaciones a largo plazo.
Si te has lesionado el tobillo o simplemente quieres saber cómo prevenir este tipo de lesiones, en Quirónsalud tenemos toda la información que necesitas.
Un esguince de tobillo ocurre cuando los ligamentos que rodean el tobillo se estiran más allá de su capacidad normal, lo que puede generar un daño parcial o total de estas estructuras. Los ligamentos son bandas de tejido que conectan los huesos entre sí, y en el caso del tobillo, estos ligamentos tienen el papel crucial de mantener el tobillo estable durante el movimiento.
El esguince puede variar en intensidad dependiendo de la magnitud del daño a los ligamentos. Los esguinces suelen clasificarse en tres grados:
Grado 1 (leve): El ligamento se estira, pero no se rompe. Hay dolor y algo de hinchazón, pero el tobillo sigue siendo funcional.
Grado 2 (moderado): El ligamento se estira más allá de su límite, con algunos desgarros parciales. El dolor, la hinchazón y la incapacidad para mover el tobillo son más evidentes.
Grado 3 (grave): El ligamento se rompe o desgarrado completamente. El dolor y la hinchazón son severos, y se pierde la función del tobillo.
Un esguince de tobillo generalmente ocurre cuando el pie gira o se tuerce de manera no natural, lo que provoca que los ligamentos se estiren o desgasten. Las causas más comunes de esta lesión incluyen:
Deportes de alto impacto: Correr, saltar, baloncesto, fútbol o cualquier deporte en el que haya movimientos rápidos o cambios de dirección pueden provocar un esguince.
Terrenos irregulares: Caminar sobre superficies irregulares o resbaladizas, como caminos de tierra o pisos mojados, aumenta el riesgo de lesión.
Calzado inadecuado: Zapatos con poco soporte o tacones altos pueden desestabilizar el tobillo y hacerlo más susceptible a un esguince.
Fatiga muscular: Los músculos que rodean el tobillo no siempre son capaces de soportar el peso del cuerpo correctamente si están fatigados, lo que puede hacer que se produzca una lesión.
Despreocupación o distracción: A veces, un esguince puede producirse por una caída repentina al no prestar atención a los movimientos.
Los síntomas del esguince de tobillo pueden variar según la gravedad de la lesión, pero generalmente incluyen:
Dolor agudo en el tobillo: Especialmente al caminar o moverse.
Hinchazón e inflamación: El tobillo puede volverse visiblemente hinchado debido a la acumulación de líquido en la zona.
Moretones: Los hematomas o moretones pueden aparecer en el área lesionada.
Dificultad para mover el tobillo: El tobillo afectado puede volverse rígido, lo que dificulta caminar o moverlo de manera natural.
Sensibilidad al tacto: La zona alrededor del tobillo se vuelve sensible al contacto, debido a la inflamación y el daño de los ligamentos.
El diagnóstico de un esguince de tobillo se realiza principalmente mediante una evaluación clínica. Un médico especializado en traumatología examinará el tobillo para determinar la gravedad de la lesión y si los ligamentos están comprometidos. En algunos casos, pueden ser necesarias pruebas adicionales, como:
Radiografía: Para asegurarse de que no haya fracturas óseas, ya que a menudo el dolor de un esguince de tobillo puede confundirse con una fractura.
Resonancia magnética (RMN): En casos más graves o cuando se sospecha que hay un daño a los ligamentos internos, una RMN puede proporcionar una imagen detallada de los tejidos blandos.
En Quirónsalud contamos con los especialistas en traumatología que detectarán tu esguince lo antes posible y te darán las indicaciones para su cuidado.
Tratamiento para el esguince de tobillo
El tratamiento del esguince de tobillo depende de su gravedad. A continuación se describen los enfoques más comunes para tratar un esguince de tobillo:
En la mayoría de los casos, los esguinces leves y moderados se tratan con reposo, hielo, compresión y elevación, conocido como el protocolo R.I.C.E. (Reposo, Hielo, Compresión, Elevación). Esto ayuda a reducir la inflamación y aliviar el dolor en los primeros días de la lesión. Además:
Medicamentos antiinflamatorios ayudan a controlar el dolor y la inflamación.
Fisioterapia: Un fisioterapeuta puede recomendar ejercicios específicos para fortalecer los músculos alrededor del tobillo y mejorar la flexibilidad.
En casos de esguinces graves, donde los ligamentos están completamente desgarrados, puede ser necesario realizar una cirugía para reparar los ligamentos. La cirugía de tobillo suele reservarse para aquellos pacientes en los que el tratamiento conservador no ha tenido éxito o si la lesión es muy severa.
La rehabilitación es crucial después de una cirugía de tobillo para restaurar el rango de movimiento, la fuerza y la estabilidad. Esta incluye ejercicios progresivos que van desde movimientos suaves hasta ejercicios de mayor intensidad.
La prevención de un esguince de tobillo es posible mediante una serie de medidas que ayudan a reducir el riesgo de sufrir esta lesión:
Usa el calzado adecuado: Asegúrate de que tus zapatos tengan un buen soporte para el tobillo y sean apropiados para la actividad que vayas a realizar.
Fortalece tus tobillos: Ejercicios de fortalecimiento y estiramientos específicos para los tobillos pueden mejorar la estabilidad y reducir el riesgo de lesiones.
Realiza calentamientos adecuados: Antes de hacer ejercicio, asegúrate de realizar estiramientos y calentamientos para preparar los músculos y ligamentos.
Evita superficies irregulares: Si estás caminando o corriendo, trata de evitar suelos resbaladizos o irregulares que puedan poner en riesgo la estabilidad del tobillo.
No sobrecargues los tobillos: Si practicas deportes de alto impacto, asegúrate de descansar adecuadamente entre sesiones para evitar la fatiga y sobrecarga.
Aunque la mayoría de los esguinces de tobillo se pueden tratar en casa, hay casos en los que es necesario consultar a un médico especializado. Si experimentas lo siguiente, busca atención médica de inmediato:
Dolor intenso que no mejora con el reposo.
Hinchazón severa o hematomas extensos.
Incapacidad para mover el tobillo.
Dificultad para caminar.
Sospecha de una fractura o lesión grave.
Si tienes estos síntomas te recomendamos que acudas a un especialista en traumatología de Quirónsalud.
Si sufres un esguince de tobillo, sigue estos pasos inmediatos para reducir el dolor y la hinchazón:
Reposo: Evita poner peso sobre el tobillo afectado. Descansa y eleva el pie.
Hielo: Aplica hielo en la zona afectada durante 15-20 minutos cada 2-3 horas durante las primeras 48 horas para reducir la inflamación.
Compresión: Usa una venda elástica para comprimir el tobillo y evitar que la hinchazón aumente.
Elevación: Mantén el tobillo elevado por encima del nivel del corazón para ayudar a reducir la hinchazón.
Evita mover el tobillo de forma forzada o caminar sin protección, ya que esto puede agravar la lesión.
El tiempo de recuperación de un esguince de tobillo varía dependiendo de la gravedad de la lesión:
Grado 1 (leve): Generalmente, se recupera en 1-2 semanas con reposo, hielo y fisioterapia.
Grado 2 (moderado): La recuperación puede durar entre 3-6 semanas, y puede ser necesario realizar ejercicios de rehabilitación para recuperar la movilidad.
Grado 3 (grave): Un esguince grave, con ruptura de los ligamentos, puede requerir de cirugía y un período de recuperación de entre 6-12 semanas, dependiendo de la gravedad.
Recuerda que una rehabilitación adecuada puede acelerar la recuperación y ayudar a evitar recaídas.
Depende de la gravedad del esguince. En esguinces leves (grado 1), es posible caminar con cierta incomodidad, pero en esguinces moderados o graves (grados 2 y 3), caminar puede ser muy doloroso y puede agravar la lesión. En estos casos, es fundamental usar un bastón o muletas para evitar poner peso sobre el tobillo afectado durante las primeras fases de la recuperación.
Siempre es importante consultar con un médico sobre cuándo es seguro reanudar las actividades normales.
Los principales factores de riesgo para sufrir un esguince de tobillo son:
Deportes de contacto o de alto impacto: Fútbol, baloncesto, voleibol, entre otros, donde hay cambios rápidos de dirección.
Uso de calzado inapropiado: Zapatos con poco soporte o tacones altos pueden aumentar la probabilidad de torcerse el tobillo.
Terrenos irregulares: Caminar sobre superficies resbaladizas o irregulares puede aumentar el riesgo de lesión.
Historial previo de lesiones: Si ya has sufrido un esguince en el pasado, es más probable que lo vuelvas a padecer.
Debilidad muscular o falta de flexibilidad: Los músculos débiles y la falta de flexibilidad aumentan la probabilidad de sufrir un esguince.
Sí, la prevención es posible mediante varias estrategias:
Ejercicios de fortalecimiento: Mantener los músculos de los tobillos fuertes y flexibles es clave para evitar esguinces.
Uso de calzado adecuado: Elige zapatos que ofrezcan buen soporte y que sean adecuados para la actividad que realices.
Técnicas deportivas adecuadas: Aprender y practicar técnicas adecuadas en deportes puede reducir la probabilidad de lesiones.
Evitar superficies irregulares: Ten cuidado al caminar o correr sobre terrenos difíciles.
La prevención activa mediante ejercicios y buenos hábitos puede reducir significativamente el riesgo de esguinces.
El esguince de tobillo es una lesión común, pero tratable, que no debe ser subestimada. Con el enfoque adecuado, la mayoría de las personas pueden recuperarse por completo y volver a sus actividades diarias sin problemas. Si has sufrido un esguince de tobillo o deseas prevenir futuras lesiones, no dudes en consultar con nuestros especialistas en Quirónsalud. Nuestro equipo de traumatólogos y fisioterapeutas te proporcionará el tratamiento y la rehabilitación que necesitas para recuperar tu movilidad y evitar complicaciones.
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