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Hospitales Quirónsalud San José y Quirónsalud Valle del Henares.

  • Cómo prevenir lesiones en los meniscos

    Lesiones meniscosLesiones meniscos

    Los meniscos son estructuras esenciales para el buen funcionamiento de las rodillas. Mantener las articulaciones en óptimas condiciones es clave para evitar lesiones en los meniscos, las cuales pueden ser altamente incapacitantes.

    ¿Qué son los meniscos?

    Los meniscos son fibrocartílagos ubicados en la rodilla, entre el fémur y la tibia, que rellenan los espacios entre las articulaciones. Compuestos por agua, colágeno y elastina, su textura flexible y gelatinosa les permite funcionar como amortiguadores que absorben impactos y proporcionan estabilidad a la articulación.

    Tipos de menisco

    Existen dos meniscos en cada rodilla. El menisco interno o medial se encuentra en la parte central de la rodilla y se divide en dos secciones llamadas cuernos: uno anterior, que se conecta a la tibia por delante del ligamento cruzado anterior, y uno posterior, que se une frente al ligamento cruzado posterior.

    El menisco externo o lateral, en contraste, es más pequeño y tiene mayor movilidad debido a que no está unido directamente a los ligamentos de la rodilla, lo que le confiere una mayor capacidad de movimiento.

    Funciones de los meniscos

    Los meniscos desempeñan un papel crucial en la movilidad de la rodilla, facilitando movimientos básicos como la flexión y la extensión, así como otros más complejos. Su principal función es mejorar la congruencia articular, es decir, asegurar que la tibia y el fémur encajen correctamente para evitar roces entre los huesos, lo cual puede causar dolor y derivar en artrosis si no se maneja adecuadamente.

    Movimientos principales de los meniscos

    Los meniscos acompañan a la tibia en todos los movimientos de la rodilla. Durante la extensión, se desplazan hacia adelante, mientras que, en la flexión se mueven hacia atrás. Además, en las rotaciones, los meniscos siguen el movimiento de los cóndilos femorales: en la rotación interna, el menisco externo se desplaza hacia atrás y el interno hacia adelante; en la rotación externa, ocurre lo contrario.

    Lesiones comunes en los meniscos

    Las lesiones en los meniscos, o meniscopatías, pueden clasificarse en tres tipos según su causa:

    1. Lesiones degenerativas: Son resultado del desgaste y deshidratación de los meniscos con el tiempo, comunes en personas mayores. En estos casos, el menisco puede romperse incluso sin realizar movimientos bruscos.
    2. Lesiones traumáticas: Ocurren por movimientos bruscos o traumatismos directos en la rodilla.
    3. Lesiones mecánicas: Relacionadas con deformidades o anomalías en la rodilla, como una rotación excesiva o hiperextensión.

    Estas lesiones suelen manifestarse con dolor, que inicialmente aparece tras la actividad física, y puede ir acompañado de rigidez o inmovilidad en la rodilla.

    Rotura de menisco

    La rotura del menisco es la lesión más frecuente y afecta tanto a deportistas como a personas mayores. En jóvenes, generalmente ocurre por un traumatismo que desgarra el cartílago. En personas más adultas suele estar asociada a la artritis, que desgasta el cartílago sin necesidad de movimientos bruscos.

    El tratamiento inicial suele incluir reposo para reducir la inflamación. Si el dolor persiste, se puede optar por cirugía o tratamientos regenerativos con células madre para evitar la intervención quirúrgica. Las cirugías meniscales, normalmente realizadas por artroscopia, pueden ser parciales o totales, y en algunos casos, se prefiere suturar el menisco en lugar de extirparlo para reducir el riesgo de desarrollar artrosis. Posteriormente, la rehabilitación es fundamental para una recuperación completa.

    Recomendaciones para prevenir lesiones en los meniscos

    Aunque no siempre se pueden evitar las lesiones meniscales, seguir ciertas recomendaciones puede reducir su riesgo. Es fundamental fortalecer la musculatura de las piernas para disminuir la presión sobre los meniscos y evitar deportes de alto impacto o posiciones forzadas de la rodilla. Mantener un peso corporal saludable también es clave, ya que el sobrepeso aumenta la presión sobre las rodillas.

    Cuidar la salud de las rodillas es esencial para mantener una vida activa y evitar lesiones que puedan afectar significativamente la calidad de vida.

  • Los tratamientos más efectivos para la tendinitis rotuliana

    Tendinitis rotulianaTendinitis rotuliana

    La tendinitis rotuliana es una afección común, especialmente en personas que practican deportes de alto impacto. Esta lesión, que afecta el tendón rotuliano, se asocia frecuentemente con la presión constante ejercida sobre este.

    Para prevenir su aparición, es crucial seguir ciertas pautas que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida y evitar complicaciones.

    ¿Qué es la tendinitis rotuliana y cuáles son sus causas?

    La tendinitis rotuliana es una lesión que afecta al tendón rotuliano, encargado de conectar la rótula con la tibia y de facilitar la extensión de la rodilla. Esta condición es particularmente común entre los deportistas, tanto que es conocida como "rodilla del saltador". La lesión suele originarse por el estrés repetitivo que se ejerce sobre el tendón, lo que puede derivar en pequeños desgarros y debilitar la estructura tendinosa.

    Además de la sobrecarga, un desequilibrio muscular en la articulación también puede ser un factor desencadenante. Asimismo, personas con enfermedades autoinmunes, trastornos metabólicos o insuficiencia renal tienen mayor probabilidad de desarrollar esta tendinitis, debido a que estas condiciones afectan la circulación sanguínea en la rodilla.

    Síntomas de la tendinitis rotuliana

    El síntoma principal de la tendinitis rotuliana es un dolor agudo en la rodilla, especialmente después de realizar actividad física. A medida que la afección avanza, el dolor puede volverse persistente, incluso durante actividades cotidianas como subir o bajar escaleras, lo cual puede llegar a ser incapacitante.

    El dolor suele ir acompañado de rigidez en la articulación y debilidad en la pierna afectada.

    Tipos de tendinitis rotuliana

    Dependiendo de cómo se manifiesta la lesión, la tendinitis rotuliana se clasifica en diferentes tipos:

    1. Tendinopatía del tendón rotuliano proximal: En este caso, las fibras del tendón se desgastan debido a un exceso de fricción o sobrecarga.
    2. Tendinopatía del tendón rotuliano distal: Caracterizada por la presencia de calcificaciones cercanas a la tibia.
    3. Neovascularización tendinosa: En esta variante, se desarrollan pequeños vasos sanguíneos y fibras nerviosas cerca del tendón, lo que intensifica el dolor.

    Diagnóstico de la tendinitis rotuliana

    Para diagnosticar adecuadamente esta afección, es fundamental realizar una revisión completa del historial médico del paciente, prestando especial atención a episodios anteriores de dolor en el tendón rotuliano.

    Una vez realizado esto, el siguiente paso es una exploración física que permita identificar la ubicación precisa del dolor y detectar posibles calcificaciones. En muchos casos, se recurre a pruebas de imagen como ecografías o resonancias magnéticas para obtener un diagnóstico más detallado.

    Tratamientos disponibles para la tendinitis rotuliana

    Es vital que el tratamiento de la tendinitis rotuliana se adapte a las necesidades de cada paciente, con el objetivo de evitar que la lesión se convierta en un problema crónico que interfiera con las actividades diarias.

    Inicialmente, se suelen recetar antiinflamatorios y se recomienda aplicar hielo en la zona afectada. Además, la fisioterapia desempeña un papel crucial en el tratamiento, mediante ejercicios de estiramiento que alivian los espasmos musculares y de fortalecimiento que reducen la presión sobre el tendón.

    En los últimos años, se han introducido tratamientos innovadores como las infiltraciones de corticoides, que disminuyen la inflamación alrededor del tendón, y las infiltraciones de células madre, que ayudan a prevenir la formación de neovasos.

    La rehabilitación ha avanzado significativamente, y los tratamientos con ultrasonidos son un ejemplo de ello, ya que generalmente no presentan efectos secundarios graves.

    En algunos casos, la cirugía se hace necesaria. Estas intervenciones, que suelen realizarse por artroscopia con incisiones mínimas, permiten liberar las adherencias del tendón y aliviar el dolor de manera efectiva.

    Recomendaciones para prevenir la tendinitis rotuliana

    La prevención de la tendinitis rotuliana pasa por mantener un peso corporal adecuado, pues un mayor peso incrementa la presión sobre el tendón rotuliano, aumentando el riesgo de lesiones. También es aconsejable realizar ejercicios de fortalecimiento muscular para proteger la articulación.

    La práctica regular de deportes de bajo impacto puede ser beneficiosa. Si experimentas dolor al mover la rodilla, es importante consultar a un especialista de inmediato para evitar complicaciones y que la lesión se cronifique, lo que podría requerir tratamientos más invasivos y prolongados. Un diagnóstico temprano permite intervenir con mayor efectividad y reducir el tiempo de recuperación.

  • Cómo evitar y prevenir la aparición de sinovitis

    SinovitisSinovitis

    La sinovitis es una lesión común entre la población, especialmente en deportistas y pacientes con enfermedades metabólicas. No es una patología grave, pero un tratamiento inadecuado puede hacer que se convierta en una patología crónica, que afecte a la calidad de vida del paciente.

    Está provocada por la inflamación de la membrana sinovial, que recubre las articulaciones. Esta contiene el líquido sinovial, que actúa como lubricante.

    En estos casos, la membrana sinovial se hace más espesa y, como consecuencia, se forman más vasos sanguíneos, que pueden originar sangrado en la articulación.

    Causas de la sinovitis

    Pueden ser muy diversas, pero normalmente están relacionadas con el desgaste de la articulación. De esta forma, los traumatismos, las acciones repetitivas o las actividades que suponen un impacto excesivo sobre las articulaciones, son algunas de las causas más frecuentes.

    Otro de los motivos de su aparición son las infecciones, provocadas por una bacteria que penetra en la barrera sinovial, durante una intervención quirúrgica o a través de una herida abierta.

    Por último, una producción de ácido úrico por encima de lo normal puede provocar la aparición de depósitos de cristales en las articulaciones lo que, a su vez, puede terminar en sinovitis.

    En el caso de pacientes de enfermedades autoinmunes como psoriasis, lupus o artritis reumatoide, también es más habitual el desarrollo de dicha afección.

    Síntomas de la sinovitis

    Son diferentes en función de las características generales del paciente, es común que aparezca inflamación en la zona articular como consecuencia de la acumulación de líquido sinovial, además en estos casos, puede producirse un aumento de la temperatura en la zona.

    Los pacientes suelen presentar dolor intenso en el área, que provoca rigidez e inmovilidad, pudiendo afectar de forma directa a la realización de actividades cotidianas.

    Tipos de sinovitis más comunes

    En función de la causa que la provoque y su duración, se puede hacer una primera clasificación, entre sinovitis aguda, su aparición es repentina y suele estar provocada por un traumatismo, y sinovitis crónica, tienen una duración de más de tres meses y el dolor no desaparece en situaciones de reposo.

    En cuanto a los tipos más comunes de sinovitis, hay varios: la sinovitis congénita, se produce cuando se forma un pliegue en el tejido de la rodilla, generando inflamación. Mientras que la sinovitis traumática es la consecuencia de caídas o traumatismos.

    Por otro lado, la sinovitis reumatoide está relacionada con enfermedades degenerativas, como la artritis reumatoide. Sin embargo, la sinovitis infecciosa, como se ha comentado anteriormente, se desencadena por la presencia de hongos o bacterias en la articulación.

    Articulaciones más comunes con sinovitis

    • Sinovitis de cadera

    Es la patología de dolor de cadera más frecuente entre los niños de 3 a 10 años. Algunos de sus síntomas son dolor en la ingle, rodilla o muslo, suponiendo un esfuerzo el realizar actividades físicas sencillas como caminar. El origen suele ser debido a una infección vírica o por un traumatismo.

    • Sinovitis de rodilla

    Es una de las articulaciones más afectadas. Se origina por la inflamación de la membrana sinovial de la rodilla, produciendo así un derrame articular. Entre sus síntomas, destacan dolor e inflamación, falta de movilidad y rigidez. Su tratamiento puede realizarse mediante una artroscopia de rodilla, con la que el tiempo de recuperación será muy breve en comparación a una cirugía convencional.

    • Sinovitis de tobillo

    Es una inflamación producida en la articulación del tobillo. En ciertas ocasiones, llega a desencadenar un esguince.

    Diagnóstico de la sinovitis

    Habitualmente no reviste gran complejidad y puede ser detectada mediante un examen físico, en el que se explore manualmente la articulación afectada, que, en ocasiones, irá acompañado de una extracción del líquido sinovial, para su posterior análisis.

    En otros casos es necesario realizar pruebas más complejas, que den más información sobre el alcance de la lesión, como resonancias magnéticas o ecografías musculoesqueléticas.

    Tratamiento de la sinovitis

    Se inicia con la recomendación de reposo, suministro de antiinflamatorios y aplicación de terapias de frío y calor. En ocasiones, es necesario realizar una punción para extraer el líquido sinovial y, así, reducir la inflamación y las molestias del paciente.

    Si los dolores sean muy intensos, se recurrirá a la medicina deportiva, realizando inyecciones de corticoides directamente en la articulación, lo que aliviará los dolores de forma notable y mejorará la movilidad.

    La rehabilitación con ultrasonidos es un método muy eficaz sin efectos secundarios casi en la totalidad de los pacientes. Este tratamiento, actualmente, es muy demandado para el tratamiento de lesiones deportivas.

    Cómo prevenir la sinovitis

    En muchos casos el riesgo de sufrir sinovitis se puede reducir siguiendo ciertas pautas. En primer lugar, es importante mantener una alimentación saludable, evitando un consumo excesivo de alimentos ricos en ácido úrico, ya que pueden propiciar la creación de depósitos de cristales en las articulaciones.

    Es recomendable realizar ejercicio de forma moderada, que permita mantener las articulaciones en buen estado y fortalecer la musculatura. En esta línea, hay que evitar los deportes de impacto repetitivo que ejerzan presión sobre la articulación.

  • Plantillas ortopédicas

    Plantillas ortopédicasPlantillas ortopédicas

    Prevenir y tratar lesiones con plantillas ortopédicas

    Las plantillas ortopédicas son dispositivos médicos recetados que se colocan en el interior del zapato, con el objetivo de corregir problemas en la pisada.

    Para que sean efectivas y cumplan su función de forma correcta es necesario realizar un estudio biomecánico previo de la pisada en el que se analiza el pie en posición estática y dinámica, y su relación con la posición de otras articulaciones, como la rodilla, la cadera o la columna vertebral. Se realiza una prueba de estabilidad y un estudio de la huella plantar mediante una plataforma de presiones.

    Función de las plantillas ortopédicas

    El principal objetivo de las plantillas ortopédicas es reducir las fuerzas patológicas en el pie, para prevenir y mejorar el rendimiento de algunos músculos.

    En caso de padecer lesiones, estas pueden ayudar a aliviar el dolor, ya que disminuye la tensión y la presión sobre la zona lesionada. Además, ayudan a mejorar la estabilidad corporal, ya que reparten el peso del cuerpo de forma equilibrada.

    Una de sus funciones más importantes es proporcionar un apoyo óptimo al arco del pie, lo que puede evitar la aparición de ciertas patologías.

    Tipos de plantillas ortopédicas

    En función de sus características y de lo que se pretenda corregir, existen diferentes clases de plantillas. Por un lado, están las de contención, que evitan las posiciones forzadas del pie, en las que pueda existir riesgo de lesiones.

    Por otro lado, las de corrección rectifican la postura incorrecta del pie, para evitar el desarrollo de lesiones y la sobrecarga de otras articulaciones.

    También, existen las específicas para cada zona, por ejemplo, las taloneras. Se colocan en la zona del talón, y corrigen desviaciones. Suelen ser de silicona, para absorber impactos. En esta línea, también se pueden encontrar unas para tratar patologías concretas, es el caso de las plantillas para espolón calcáneo, con su uso se puede reducir la inflamación de forma notable en poco tiempo.

    ¿Cuándo utilizar plantillas ortopédicas?

    Su uso ha de estar pautado y supervisado por un especialista, para evitar efectos colaterales negativos. De esta forma, es fundamental, que se diseñen en función de las características del paciente.

    Normalmente, su uso se recomienda en casos de enfermedades metabólicas que afecten al peso corporal. En caso de aumentos drásticos de peso, pueden reducir el impacto sobre los pies.

    En casos de dolor crónico, que impide realizar actividades habituales, logran aliviar los dolores de forma notable.

    Consejos para el cuidado de los pies

    Los pies son una de las zonas del cuerpo humano que más sufre las consecuencias de otras lesiones y que más incapacitante puede resultar para la realización de actividades cotidianas. Por eso, es importante tener en cuenta ciertas pautas para mantenerlos en buen estado.

    En primer lugar, hay que tener en cuenta el calzado que se usa. Debe ser de buena calidad, que permita que el pie transpire y que proporcione una sujeción adecuada que evite torceduras o malas posturas. Por eso, los expertos recomiendan no abusar de los zapatos de tacón, ya que suponen una posición forzada para los huesos del pie y los músculos posteriores de la pierna.

    Añadido a esto, es importante la calidad y el material de los calcetines. Lo más adecuado, es utilizar calcetines de algodón, que permitan que el pie transpire. De esta forma, además, se evitará la aparición de hongos y otras patologías. Tampoco es recomendable andar descalzo en superficies muy duras o irregulares.

    Es recomendable acudir al podólogo de forma periódica, y utilizar plantillas cuando sea necesario, siempre pautadas por un profesional, y personalizadas para cada paciente, realizando un estudio previo de la pisada.

    Su uso supone, en la mayoría de los casos, grandes beneficios para la persona afectada por alguna patología, ya que eliminan dolores que resulten incapacitantes en la realización de actividades diarias.

  • Cáncer de huesos

    Cáncer huesosCáncer huesos

    ¿Qué es el cáncer de huesos?

    El cáncer de huesos se forma en las células óseas. Tiene lugar cuando estas comienzan a crecer y expandirse sin control.

    Es poco frecuente que sea un cáncer primario, ya que normalmente suele originarse por una metástasis de otro tumor existente en otra parte del cuerpo humano. Por tanto, en estos casos las células cancerígenas presentes en los huesos tendrán las mismas características y apariencia que las células del cáncer primario.

    Causas del cáncer de huesos

    Habitualmente, el cáncer de huesos aparece de forma esporádica, sin que se pueda distinguir una causa clara. Sin embargo, en algunos casos está relacionado con alteraciones genéticas que pueden ser hereditarias. Las más comunes son las de los genes RB1, p53 y WRN, así como personas que padecen el Síndrome de Rothmund-Thomson.

    En algunos casos, se trata de la evolución de un tumor óseo benigno. Existen patologías, tales como la Enfermedad de Paget o la displasia fibrosa, que se caracterizan por la formación de tejido óseo de manera anormal, y que pueden derivar en dicha enfermedad.

    La exposición a grandes dosis de radiación ionizante también está relacionada con su aparición. Así como, la exposición a sustancias radioactivas, como el radio o el estroncio.

    En el caso de los niños, se ha observado cómo se puede desarrollar tras haber sido sometidos a un trasplante medular.

    Tipos de cáncer de huesos

    Para diferenciar las clases de cáncer de huesos, es imprescindible establecer una primera división entre cáncer primario y secundario.

    En el caso del primario, se hace referencia a los tumores formados en el propio hueso. Existen distintos tipos, pero los más habituales son tres: el osteosarcoma, es el más frecuente. Suele aparecer en huesos largos, especialmente en brazos y piernas. Se genera en las células óseas que generan hueso nuevo. Existen dos tipos de osteosarcoma: medular y periférico. Suele aparecer en jóvenes de entre 13 y 16 años, y en mayores de 65 años.

    Otro de los tumores óseos más frecuentes, es el condrosarcoma. Este se forma en el cartílago del hueso, normalmente se manifiesta en la pelvis, el hombro o las costillas. Suele darse en adultos mayores de 40 años.

    En tercer lugar, encontramos el sarcoma de Ewing, se caracteriza por la forma redonda de sus células y por la fusión de zonas de dos genes. Por lo general, se diagnostica antes de los 20 años.

    Por otro lado, se habla de metástasis óseas, al cáncer de huesos secundario. Es decir, son células cancerígenas que proceden de otras partes del cuerpo y se asientan en el tejido óseo. Es habitual que el cáncer de próstata produzca metástasis óseas. Se pueden diferenciar dos tipos: metástasis osteolíticas y osteoblásticas.

    Etapas del cáncer de huesos

    Cuando se habla de cáncer de huesos, se clasifica por periodos, en función del estado en el que se encuentre. Las fases van desde el uno al cuatro: cuánto más alto sea el número, el cáncer será más agresivo y estará más extendido.

    Para establecer en la que se encuentra, se usa un sistema conocido como TNM que tiene en cuenta cuatro parámetros: el tamaño del tumor, la extensión a los nódulos linfáticos cercanos, la propagación o metástasis en otros lugares y, por último, el grado.

    Para medir este último parámetro, se establecen tres niveles: el 1 hace referencia a un tejido del hueso relativamente normal; el 2, que presenta características diferentes; y, por último, el 3, en el que se ve completamente anormal.

    Síntomas del cáncer de huesos

    El cáncer de huesos muestra señales, casi, desde su inicio. El síntoma más característico es la aparición de dolor intenso y de inflamación o bultos. La debilidad de los huesos suele suponer una limitación de la movilidad en el paciente.

    Como en otros tipos de tumores, el paciente puede presentar una pérdida de peso de forma repentina, además de cansancio generalizado.

    Diagnóstico del cáncer de huesos

    Para una correcta identificación del cáncer de huesos, en primer lugar, debes de acudir a un especialista, estos te realizarán una exploración física, con el objetivo de localizar cualquier adenopatía o signo que pueden alertar de la existencia de tumores óseos.

    En segundo lugar, se realizarán pruebas diagnósticas de imagen, tales como radiografías. También resonancias magnéticas, que son las más indicadas.

    Normalmente, suele ser necesario realizar una biopsia que permita ampliar la información que se tiene, en el caso de las biopsias óseas, se diferencian dos tipos: abiertas y cerradas. En las primeras se diseccionan la piel y los músculos para acceder al hueso. Y en las segundas, con una aguja gruesa se extrae tejido del tumor.

    Es importante, realizar un estudio de la extensión para saber si la enfermedad está localizada o no. Para ello, las pruebas más empleadas son el TAC, que detecta metástasis pulmonares, y la grammagrafía ósea, que puede localizarla en todo el cuerpo.

    En último lugar, es importante observar el estado general del paciente y de su capacidad funcional para, así, poder aplicar el tratamiento adecuado.

    Tratamientos para el cáncer de huesos

    La terapia para curar el cáncer de huesos debe ser multidisciplinar, es decir, en su diseño deben participar profesionales de distintas especialidades para que sea completo.

    Cada tipo de tumor tiene un tratamiento diferente, en función de sus características. De esta forma, el osteosarcoma suele tratarse con quimioterapia neoadyuvante, es decir antes de la intervención, y quimioterpia adyuvante, después de la operación. En este caso, la radioterapia no es efectiva, porque suelen ser resistentes a la radiación.

    Por otro lado, para el sarcoma de Ewing, el tratamiento más empleado suele ser la cirugía, en combinación con otros tratamientos, habitualmente, radioterapia, ya que se trata de tumores radiosensibles.

    El tratamiento para el condrosarcoma suele pasar por una cirugía, que se puede acompañar de radioterapia. En este caso, este tipo de tumores son resistentes a la quimioterapia.

    Pronóstico del cáncer de huesos

    En los últimos años la esperanza de vida ha aumentado de forma notable para los pacientes de cáncer de huesos. Aun así, la expectativa está directamente condicionada por varios parámetros.

    En primer lugar, la edad del paciente, que puede suponer una limitación para ciertos tratamientos. La localización y el tamaño del tumor, la respuesta que la persona presente al tratamiento o la existencia de metástasis, son claves para el pronóstico y las posibilidades de curación.

    Prevención del cáncer de huesos

    El cáncer de huesos no se puede anticipar directamente, pero sí se pueden seguir medidas preventivas que ayuden a disminuir los factores de riesgo. Algunas de ellas son:

    • Llevar una alimentación saludable, rica en calcio y vitamina D.
    • Evitar la nicotina.
    • Consumir alcohol de forma moderada.
    • Realizar ejercicio físico controlado y evitar el sedentarismo.
    • Detectarlo de forma precoz, acudiendo a un especialista ante la presencia de síntomas.
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Sobre este blog

Blog de los expertos de la Unidad de Traumatología del Dr. Elgeadi, Jefe de Servicio de los Hospitales Quirónsalud San José y Quirónsalud Valle del Henares, con los mejores consejos para tratar y prevenir patologías y lesiones traumatológicas.

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