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Lo que no te enseñaron sobre comer. Blog de María Sánchez Jarque, nutricionista clínica del Centro Médico Quirónsalud Valle del Henares.

Llega el otoño y empiezas a notar algo que te preocupa: tienes más hambre, te apetecen más alimentos reconfortantes y quizá terminas comiendo más de lo habitual.
Pero antes de empezar a restringir, compensar o intentar comer menos, merece la pena preguntarte algo diferente:
¿Qué está intentando decirte tu cuerpo?
Comer más no significa que hayas perdido el control.
Nuestra alimentación no es exactamente igual durante todo el año.
Cambian nuestros horarios, nuestras rutinas, nuestro nivel de actividad, nuestro descanso, el ambiente, nuestras emociones e incluso el tipo de alimentos que nos apetecen.
Con la llegada del frío es bastante habitual que busquemos comidas más calientes y reconfortantes. También puede cambiar nuestra rutina después del verano: volvemos a horarios más estructurados, tenemos más estrés o pasamos más tiempo en casa.
Por eso, notar cambios en el apetito no significa automáticamente que estés comiendo "mal".
El problema aparece cuando interpretamos cualquier aumento del hambre como algo que tenemos que combatir.
Pero ¿por qué puedes tener más hambre?
1. Quizá estás comiendo demasiado poco durante el día
Este es uno de los motivos que más fácilmente pasamos por alto.
Si durante el día intentas comer poco, o controlar las cantidades, es posible que llegues a la tarde o a la noche con un hambre mucho mayor. Y entonces aparecen las ganas de picar, los dulces o esa sensación de:
Puede que simplemente tu cuerpo esté intentando recuperar energía.
2. Tus comidas quizá no te están saciando
No solo importa cuánto comes, sino también cómo están construidas tus comidas.
Una comida basada únicamente en verduras o demasiado pequeña puede parecer "saludable", pero dejarte con hambre poco después.
Una alimentación que te cuide necesita aportar suficiente energía y combinar diferentes nutrientes: proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra y alimentos que realmente disfrutes.
La saciedad también importa.
3. Puede haber más cansancio y estrés
El otoño también puede venir acompañado de vuelta a la rutina, trabajo, horarios, responsabilidades y menos momentos de descanso.
Y cuando estás cansada, es normal que busques alimentos que proporcionen placer, energía o sensación de confort.
Eso no convierte esos alimentos en un problema. El problema es pensar que necesitas prohibirlos para "portarte bien".
4. Quizá estás utilizando la comida para compensar
A veces no llegamos a la comida con hambre física, sino con una necesidad de desconectar. Después de un día intenso, sentarte en el sofá y comer algo que te gusta puede convertirse en uno de los pocos momentos agradables del día.
Y aquí hay una pregunta realmente interesante:
"¿Qué necesito realmente en este momento?": Quizá necesitas comer. Quizá necesitas descansar. Quizá necesitas placer. Quizá necesitas desconectar. O quizá llevas todo el día atendiendo las necesidades de los demás y la comida se ha convertido en el único momento en el que te permites parar.
¿Qué puedes hacer si notas que estás comiendo más este otoño?
Quizá lo que necesitas no es volver a controlar tu alimentación. Quizá necesitas aprender a escucharla.
Porque cuidar tu alimentación no consiste en conseguir comer cada vez menos. Consiste en poder alimentarte de una forma que tenga sentido para tu cuerpo, tu vida y tus necesidades.
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