Quirónsalud
Blog de Salud y bienestar mental del Hospital Quirónsalud Digital
Adriana Atencio Antoranz, psicóloga en Hospital Quirónsalud Digital
En España, el 14,1 % del alumnado afirma que él mismo o algún compañero de su clase sufre acoso escolar o ciberacoso, frente al 12,3 % del curso anterior. Así lo recoge el último informe de la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña, publicado en septiembre de 2026, que alerta además de que más de una cuarta parte de los casos de acoso presencial se prolonga durante más de un año. Detrás de cada cifra hay un niño que, muchas veces, todavía no ha encontrado a quién contárselo.
Saber que un hijo está sufriendo acoso escolar puede generar rabia, culpa, impotencia y una necesidad urgente de intervenir. Aunque estas reacciones son comprensibles, una respuesta conveniente suele ser la de un adulto que mantenga la calma, escuche con atención y actúe en consonancia. Esta guía ofrece pautas para identificar posibles señales de acoso, comprender sus consecuencias y acompañar al menor durante el proceso de recuperación.
Muchos niños y adolescentes no comunican lo que les sucede. El silencio puede deberse a la vergüenza, al temor a posibles represalias o a la percepción de que los adultos no podrán ayudarles. Por este motivo, es importante observar aquellos cambios que persisten a lo largo del tiempo:
La aparición aislada de una de estas señales no permite confirmar una situación de acoso. Sin embargo, la coincidencia de varias de ellas requiere una valoración atenta, sin precipitarse. Para favorecer la conversación, la apertura y el diálogo que ayude a identificar el acoso escolar, conviene elegir momentos tranquilos —por ejemplo, durante un paseo o un trayecto en coche— y plantear preguntas concretas sobre su experiencia cotidiana: con quién comparte el recreo o qué ha sido lo mejor y lo más difícil del día.
El acoso escolar, también denominado bullying, comprende conductas de agresión reiterada —física, verbal, social o digital— caracterizadas por un desequilibrio de poder entre la persona que agrede y la que las recibe. Sus repercusiones pueden trascender el ámbito escolar e incluir ansiedad, síntomas depresivos, baja autoestima, dificultades para establecer relaciones de confianza y un deterioro del rendimiento académico. En determinados casos, el malestar puede prolongarse hasta la edad adulta. La detección temprana y una intervención adecuada contribuyen a reducir de manera significativa estas consecuencias.
Cuando tu hijo explique lo que está ocurriendo, es importante agradecerle la confianza y recordarle que no es responsable de la situación. Conviene evitar los interrogatorios o las reacciones desproporcionadas, ya que podrían dificultar que vuelva a comunicarse con libertad.
Expresiones como «ignóralos» o «defiéndete» le atribuyen una responsabilidad que corresponde a los adultos. Resulta más adecuado validar su experiencia, reconocer sus emociones y transmitirle que se buscará una solución de manera conjunta.
Se recomienda solicitar una reunión con el tutor, con el jefe de estudios o con la persona coordinadora de bienestar y protección, figura que la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia (LOPIVI) establece en todos los centros educativos. Ante indicios de acoso, el centro educativo debe activar el protocolo de actuación correspondiente.
Mantener actividades y vínculos significativos fuera del centro educativo —como la práctica deportiva, las relaciones en el entorno cercano o el contacto con familiares— permite disponer de contextos de relación seguros y positivos, además de favorecer la recuperación de su autoestima.
Si el malestar persiste, afecta al funcionamiento cotidiano o se manifiesta mediante una angustia intensa, consultar con un psicólogo especialista en el área infanto-juvenil
puede facilitar la elaboración de la experiencia y la recuperación de la sensación de seguridad. La intervención profesional también puede proporcionar a la familia pautas específicas de orientación y acompañamiento.
La recuperación tras una experiencia de acoso escolar requiere tiempo y debe adaptarse a las necesidades individuales. El acompañamiento de adultos que validen su relato, garanticen su protección y coordinen la intervención con el centro educativo constituye un factor esencial en este proceso. Para recibir orientación inmediata, el Teléfono contra el Acoso Escolar del Ministerio de Educación (900 018 018) ofrece atención gratuita durante las 24 horas.
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