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Blog del equipo del Dr. Meneu, Jefe de Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del CH Ruber Juan Bravo

Cuando una diverticulitis de colon se perfora…

El Dr. Meneu explica cómo se trata una peritonitis Hinchey III

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El fallecimiento de Bonnie Tyler, a los 75 años, ha vuelto a poner el foco sobre la gravedad que pueden alcanzar algunas enfermedades intestinales. La cantante fue ingresada en Portugal en mayo de 2026 para someterse a una cirugía intestinal urgente. Tras permanecer varias semanas en cuidados intensivos, falleció el 8 de julio como consecuencia de la enfermedad por la que estaba siendo tratada, según comunicaron su familia y su equipo.

Es importante introducir una precisión: no se ha hecho público el diagnóstico concreto de Bonnie Tyler. Por tanto, no se puede afirmar que padeciera una diverticulitis perforada ni una peritonitis Hinchey III. Su caso sirve únicamente para recordar que una urgencia intestinal puede aparecer de forma inesperada, evolucionar con rapidez y requerir intervenciones complejas.

A partir de una reciente revisión sistemática publicada en International Journal of Colorectal Disease, preguntamos al Dr. Juan Carlos Meneu por una de estas situaciones especialmente graves: la diverticulitis perforada con peritonitis purulenta.

Doctor, ¿qué es una diverticulitis?

Los divertículos son pequeñas bolsas que pueden formarse en la pared del colon, sobre todo en el sigma, que es su tramo final. Su presencia es frecuente, especialmente a partir de cierta edad, y muchas personas nunca desarrollarán síntomas.

Hablamos de diverticulitis cuando uno de esos divertículos se inflama o infecta. La mayoría de los episodios son leves y pueden tratarse sin cirugía. El problema aparece cuando la inflamación provoca un absceso, una obstrucción o una perforación del intestino.

¿Qué significa que una diverticulitis sea Hinchey III?

La clasificación de Hinchey permite ordenar la gravedad de la diverticulitis complicada. El estadio III corresponde a una perforación que ha provocado una peritonitis purulenta generalizada.

En términos sencillos, el contenido inflamatorio e infectado se ha extendido por la cavidad abdominal. Es una urgencia potencialmente grave. El paciente suele presentar dolor abdominal intenso, fiebre, deterioro general y signos de infección sistémica. Necesita antibióticos, estabilización y una valoración quirúrgica urgente.

No debe confundirse con el estadio IV, en el que existe una contaminación fecal del abdomen y la situación suele ser todavía más grave.

¿Por qué resulta tan difícil elegir la operación adecuada?

Porque no tratamos únicamente una perforación. Tratamos a una persona que puede llegar al hospital con una infección avanzada, inestabilidad circulatoria, enfermedades previas o tratamientos que reducen sus defensas.

La operación más sencilla desde el punto de vista técnico, no siempre ofrece el mejor resultado a largo plazo. Y la intervención más completa puede resultar demasiado agresiva para un paciente inestable. La decisión debe individualizarse y tomarse con rapidez. Un paciente, por ejemplo con enfermedad hepatica, despues de una cirugia, puede desarrollar una descompensacion de su enfermedad que condicione mas su pronostico que la propia perforacion, o la agresividad de la intervencion. Por eso es muy necesario adecuar el tratamiento no a la enfermedad, si no al pacientes. Y en ocasiones, estsr dsipuesto a cambiar la estrategia si la respuesta obtenida no e sla deseada. También influyen la experiencia del equipo y las condiciones que encontramos al explorar el abdomen.

¿Qué tratamientos quirúrgicos pueden utilizarse?

Existen tres grandes estrategias.

La primera es el lavado laparoscópico. Se accede al abdomen mediante pequeñas incisiones, se aspira el material purulento, se lava la cavidad y se colocan drenajes. No se extirpa inicialmente el segmento de colon enfermo.

La segunda consiste en resecar el sigma afectado y reconstruir inmediatamente el tránsito intestinal mediante una anastomosis. En determinados pacientes se añade una ileostomía temporal para proteger esa unión.

La tercera es la operación de Hartmann: se extirpa el segmento perforado, se cierra el extremo distal y se realiza una colostomía. Es una solución especialmente segura en pacientes de alto riesgo, aunque no siempre resulta posible reconstruir posteriormente el tránsito intestinal.

Bien entendidio que hoy por hoy, la mayoria de los pacientes con diverticulitis aguda complicada, no necesitan ser operados para controlar el cuadro agudo

¿Qué aporta la nueva evidencia cientifica publicada en realacion a Hinchey III?

El trabajo reúne los resultados de tres ensayos clínicos aleatorizados -SCANDIV, LOLA y DILALA- que compararon el lavado laparoscópico con la resección del colon.

Dependiendo del resultado estudiado, el análisis agrupó datos de entre 292 y 380 pacientes. No es una muestra enorme, pero reúne la mejor evidencia aleatorizada disponible sobre esta situación concreta.

El primer hallazgo importante es que no se observaron diferencias estadísticamente significativas en la mortalidad después de la intervención. Es decir, el lavado y la resección presentaron una mortalidad comparable en los estudios analizados.

Entonces, ¿los dos tratamientos son equivalentes?

No exactamente. Que la mortalidad sea similar no significa que el resto de los resultados sean iguales.

La resección se asoció con menos complicaciones graves durante el periodo postoperatorio. El lavado puede controlar inicialmente la infección, pero deja en su lugar el segmento de colon que se ha perforado. Por ello pueden aparecer abscesos, persistencia de la infección o nuevos episodios de diverticulitis.

En el metaanálisis, la recaída fue claramente más frecuente después del lavado laparoscópico. Los autores señalan aproximadamente un 16 % después del lavado frente a un 2 % después de la resección durante el seguimiento disponible. Muchas de esas recurrencias fueron leves, pero otras necesitaron drenajes o nuevas intervenciones.

¿Cuál es la principal ventaja del lavado?

Su gran ventaja es evitar una resección urgente y reducir la probabilidad de llevar un estoma.

Alrededor de un año después de la intervención, el 31 % de los pacientes tratados mediante resección continuaba con un estoma, frente al 13 % de los tratados con lavado. El estoma puede salvar una vida y, en muchas circunstancias, constituye la opción más segura. Pero también afecta a la imagen corporal, la autonomía y la calidad de vida.

Por tanto, el lavado plantea un intercambio muy concreto: menos estomas inicialmente, pero más riesgo de complicaciones infecciosas y de nuevos episodios de diverticulitis.

¿Se encontraron diferencias en la necesidad de volver a operar?

Al combinar los ensayos no se observó una diferencia estadísticamente significativa en las reoperaciones. Sin embargo, este resultado debe interpretarse con cautela, porque los estudios no fueron completamente homogéneos y utilizaron criterios y periodos de seguimiento algo diferentes.

Además, una reintervención no siempre significa una nueva cirugía mayor. Algunos abscesos pueden tratarse mediante un drenaje colocado con ayuda de técnicas de imagen.

¿Qué pacientes parecen responder peor al lavado?

Los fumadores y los pacientes que reciben tratamientos inmunosupresores presentan un mayor riesgo de fracaso después del lavado laparoscópico.

El tabaco perjudica la cicatrización y la respuesta frente a la infección. La inmunosupresión, incluidos determinados tratamientos con corticoides, puede dificultar que el organismo controle la contaminación abdominal.

La revisión recomienda mucha prudencia con el lavado en estos grupos. Sus autores consideran que la resección con procedimiento de Hartmann puede ser la alternativa más segura en numerosos casos.

¿Quién puede beneficiarse de una resección con anastomosis primaria?

Puede ser una buena opción para pacientes estables, con un estado general adecuado y cuando se dispone de experiencia suficiente en cirugía colorrectal de urgencias.

La anastomosis primaria permite extirpar el foco de la enfermedad y evitar una colostomía definitiva. Pero no debe convertirse en una obligación. Si la infección es muy extensa, los tejidos no ofrecen garantías o el paciente se encuentra inestable, unir el intestino puede aumentar el riesgo de una fuga anastomótica.

En esas circunstancias, una operación de Hartmann o una estrategia de control de daños puede ser más segura.

¿Qué es la cirugía de control de daños?

Es una estrategia destinada a pacientes muy graves que no tolerarían una intervención larga y definitiva.

El objetivo inicial es controlar la contaminación y estabilizar al paciente. La reconstrucción intestinal o la decisión sobre el estoma se posponen hasta que las condiciones generales hayan mejorado. En una urgencia extrema, intentar resolverlo todo en una única operación puede ser más peligroso que dividir el tratamiento en etapas.

¿Qué limitaciones tiene la evidencia?

Los tres ensayos incluidos tuvieron dificultades para reclutar pacientes y pérdidas durante el seguimiento. Uno de ellos se interrumpió antes de tiempo por la aparición de acontecimientos adversos en el grupo tratado con lavado.

Los estudios tampoco utilizaron exactamente los mismos criterios y algunas comparaciones se basan en un número reducido de pacientes. Por eso no podemos convertir sus resultados en una receta válida para todos.

La conclusión más útil no es que exista una operación universalmente mejor, sino que cada alternativa presenta un equilibrio diferente entre seguridad inmediata, riesgo de recurrencia y posibilidad de llevar un estoma.

¿Cuál sería el mensaje para los pacientes y sus familias?

Una diverticulitis perforada con peritonitis es una enfermedad grave, pero existen distintas opciones quirúrgicas. La elección depende del estado del paciente, de sus factores de riesgo y de lo que encontremos durante la operación.

En una persona estable y en buenas condiciones, la resección con anastomosis primaria puede ofrecer un buen equilibrio cuando la realiza un equipo experimentado. El lavado laparoscópico puede evitar una resección urgente y reducir los estomas, pero obliga a aceptar una mayor probabilidad de recurrencia y complicaciones infecciosas. En pacientes inestables, fumadores, inmunosuprimidos o con elevado riesgo quirúrgico, la opción más conservadora desde el punto de vista reconstructivo puede ser la más segura.

La muerte de Bonnie Tyler recuerda, con enorme tristeza, que las enfermedades intestinales urgentes pueden tener consecuencias imprevisibles incluso después de una intervención. Pero sería incorrecto atribuirle una diverticulitis perforada sin disponer de información clínica confirmada. La divulgación sanitaria también exige respetar esa incertidumbre.

Conclusión

El tratamiento de la diverticulitis Hinchey III no se reduce a elegir entre lavar o resecar. Se trata de encontrar la operación adecuada para cada paciente y para cada momento de la enfermedad.

El lavado laparoscópico reduce la probabilidad de estoma, pero aumenta el riesgo de recurrencia. La resección controla mejor el foco de la enfermedad y reduce las complicaciones graves, aunque puede dejar al paciente con una colostomía. La anastomosis primaria es una alternativa valiosa en pacientes seleccionados y con experiencia quirúrgica disponible.

En cirugía de urgencias, la mejor decisión no siempre es la más ambiciosa. Es la que ofrece mayores posibilidades de superar la infección con seguridad y preservar, en la medida de lo posible, la calidad de vida.

Fuentes

Ib MT, Holbek OT, Tøttrup A. The surgical management of perforated diverticulitis Hinchey III: a systematic review and meta-analysis. International Journal of Colorectal Disease. 2025;40:238. DOI 10.1007/s00384-025-05021-6Este enlace se abrirá en una ventana nueva

La información pública sobre Bonnie Tyler procede de los comunicados de su página oficialEste enlace se abrirá en una ventana nueva y de la información publicada por Associated PressEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

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