Quirónsalud
Blog de Reproducción Asistida del Grupo Quirónsalud
Antonio Urries, Unidad de Reproducción Asistida Quirónsalud Zaragoza
El pasado 29 de septiembre tuve el privilegio de participar en Barcelona, junto a otros profesionales de reconocido prestigio en genética y embriología, en una mesa de debate sobre los avances en el estudio genético de los embriones antes de su implantación. Salí de allí con una sensación curiosa: la de haber pasado la tarde dentro de una película de ciencia ficción que, en realidad, ya se está rodando en nuestros laboratorios.
Una película de 1997 que envejece demasiado bien
En Gattaca, el destino de cada persona se decidía al nacer, leyendo su ADN. Vincent, concebido "a la antigua", tenía por delante un futuro limitado por sus genes. Su hermano, Anton, seleccionado genéticamente, lo tenía todo a favor. Casi treinta años después, la pregunta ya no es si podemos leer el genoma de un embrión. Podemos. La pregunta es qué hacemos con esa información.
Vamos por partes. En un ciclo de Fecundación In Vitro es posible extraer unas pocas células de la capa externa del embrión en fase de blastocisto (la que formará la placenta) y comprobar si tiene una estructura cromosómica correcta. Es lo que llamamos test genético preimplantacional de aneuploidías, el PGT-A. Hasta aquí, nada nuevo. Lo interesante es todo lo que ha venido después.
No todo lo "anómalo" es igual
Durante años, un embrión con cualquier alteración cromosómica se descartaba. Hoy sabemos que no todas las alteraciones se comportan igual. Un estudio internacional publicado este año ha analizado 250 transferencias de embriones con alteraciones contemplando distintas posibilidades:
• Cuando faltaba o sobraba un cromosoma completo, ninguna terminó en nacimiento.
• Cuando la alteración afectaba solo a un fragmento de cromosoma (las llamadas aneuploidías segmentales), nacieron niños sanos en el 17% de los casos.
Algo parecido ocurre con el mosaicismo, que es cuando el embrión mezcla células normales y alteradas. Muchas veces lo que vemos en la biopsia es solo una parte de la historia. Hasta hace poco
tiempo estos embriones eran clasificados como "no aptos", pero el consenso científico actual es claro: hay que informar de estos hallazgos, pero no usarlos para descartar embriones de forma automática. Detrás de esa decisión puede estar el único hijo posible de una pareja. Eso sí, exige tiempo, consejo genético y profesionales bien formados para explicarlo.
Embriones con un juego de cromosomas de más
Pero ya no sólo es posible detectar alteraciones numéricas o estructurales en un único cromosoma, las nuevas plataformas permiten detectar algo que el PGT-A clásico apenas veía: embriones con un juego completo de cromosomas extra (triploidía). Afecta a alrededor del 1% de los embriones, pero supera el 4% en mujeres de más de 40 años. Y estos embarazos no llegan a término.
Hay un dato todavía más llamativo. Tradicionalmente, en el laboratorio comprobamos que un óvulo se ha fecundado bien contando unas pequeñas estructuras llamadas pronúcleos (PN). Contar esos PN nos ayudaba a detectar cualquier alteración de este tipo. Cada PN pertenece a la carga genética de cada uno de los progenitores (padre y madre), con lo cual siempre esperamos que haya dos. Uno de cada. Hoy sabemos que ese recuento no es infalible. Embriones que habríamos descartado por un aspecto "atípico" (un único PN o tres PN) pueden ser perfectamente normales, y otros de aspecto impecable (con dos PN) no lo son. Combinar el análisis por vídeo mediante cámaras de time-lapse con el análisis genético nos permite rescatar embriones que antes iban directamente a la papelera.
Donde la seguridad es muy importante
Pero aún hay más. Nadie puede dudar de la importancia en la seguridad y trazabilidad que se precisa en el manejo de gametos y embriones humanos. Los laboratorios ya usamos sistemas de testigo electrónico, con códigos de barras o radiofrecuencia, que han reducido prácticamente a cero el riesgo de error. Pero, por si fuera poco, el mismo análisis genético del embrión puede añadir un punto más de seguridad en la trazabilidad de estos embriones, certificando su procedencia, con la tranquilidad añadida que puede suponer para las pacientes que deben de recurrir a estas técnicas.
Entonces…¿Hasta dónde podemos llegar?
Técnicamente, muy lejos. Ya es posible detectar pequeñas pérdidas o ganancias de material genético, invisibles para los test convencionales, que causan síndromes conocidos. Incluso se ha comparado el genoma completo de un embrión, estudiado antes de implantar, con el del niño que nació de él, y coincidían. La tecnología funciona.
Y aquí es donde más nos acercamos al mundo distópico de Gattaca. Aquí es donde puede aparecer Antón Freeman (el hermano "mejorado" de Vincent). Los denominados GenRicos (humanos genéticamente enriquecidos). Ya hay países que están aplicando el llamado PGT poligénico (PGT-P), el cual promete estimar el riesgo de un embrión de desarrollar en la edad adulta enfermedades como la diabetes, la hipertensión o algunos cánceres. Es cierto que las principales sociedades científicas, tanto americanas como europeas, han concluido que esta técnica no está preparado para la práctica clínica. La sociedad europea de genética llegó a calificarlo de práctica "no probada y no ética". Nuestra salud depende de miles de genes, del ambiente y del estilo de vida, y elegir según la información que nos aportan unos poco genes de forma aislada es, hoy en día, insuficiente.
Y la misma película nos recuerda el motivo. Vincent acaba superando a su hermano "perfecto" nadando mar adentro porque, como él mismo explica, "nunca guardaste fuerzas para la vuelta". Una simple frase que aporta mucho significado. La genética te puede aportar capacidad, pero luego está la forma como tú mismo eres capaz de utilizar y aprovechar (o desaprovechar) esa capacidad.
Como decía mi profesor de genética durante mis estudios de biología: "Si Einstein hubiera nacido en África, con toda su inteligencia, se lo habría comido un león por miope".
Mi conclusión
Quizá la pregunta no sea "¿hasta dónde podemos llegar?", sino "¿para qué decisión vamos a usar esta información?, ¿qué evidencia la respalda? y ¿qué límites ponemos?".
Si estás en un proceso de reproducción asistida y te proponen un estudio genético de tus embriones, pregunta qué incluye, qué significan sus posibles resultados y qué harías con cada uno. La información es poder, pero solo si sabemos interpretarla.
El futuro de la reproducción humana ya no es ciencia ficción. Precisamente por eso, debemos construirlo con ciencia, prudencia y mucha humanidad.
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