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Blog del equipo del Dr. Meneu, Jefe de Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del CH Ruber Juan Bravo

Inteligencia artificial y futuro de la cirugía: ¿Sustituirán las máquinas al cirujano o cambiarán su manera de operar y decidir?

DR. JUAN CARLOS MENEU DÍAZ

IA y futuro cirugía_1IA y futuro cirugía_1La cirugía lleva más de un siglo reinventándose. La anestesia, la laparoscopia, la imagen médica y la cirugía robótica han cambiado qué podemos tratar y cómo se recuperan nuestros pacientes. La inteligencia artificial (IA) anuncia otro salto. Pero esta vez no llega solo como un instrumento más preciso: entra en terrenos que asociábamos al conocimiento médico, como analizar imágenes, estimar riesgos o proponer alternativas.

Por eso surge una pregunta inevitable: ¿puede la IA reemplazar al cirujano? La respuesta depende de lo que entendamos por cirugía. Si operar fuera únicamente ejecutar una secuencia de movimientos, la automatización podría asumir cada vez más tareas. Sin embargo, la práctica quirúrgica incluye decidir si conviene intervenir, explicar incertidumbres, adaptar el plan a una anatomía inesperada y responsabilizarse de decisiones que afectan a la vida de una persona.

La idea central

La IA puede superar al ser humano en tareas concretas y los robots pueden ganar autonomía técnica. Aun así, la cirugía seguirá necesitando profesionales capaces de integrar datos, valores del paciente, experiencia clínica, ética y responsabilidad.

¿Qué puede aportar ya la inteligencia artificial a la cirugía?

No existe una única IA quirúrgica. Son sistemas distintos, entrenados para tareas específicas. Algunos analizan imágenes; otros ordenan información clínica o reconocen las fases de una operación. Bien utilizados, pueden funcionar como un copiloto cognitivo: amplían la capacidad del equipo, pero no convierten una recomendación en una decisión automática.

Entre sus aplicaciones más prometedoras se encuentran:

  • Analizar pruebas de imagen y ayudar a identificar estructuras, lesiones o relaciones anatómicas relevantes para planificar la intervención.
  • Combinar antecedentes, analíticas, imagen y evidencia científica para estimar riesgos y comparar opciones de tratamiento.
  • Reconocer en tiempo real en qué fase se encuentra una operación y avisar de desviaciones o situaciones que requieren atención.
  • Apoyar la formación mediante el análisis objetivo de gestos, tiempos y secuencias técnicas.
  • Aprender de grandes volúmenes de casos para detectar patrones que ningún profesional podría revisar individualmente.

Estas capacidades no significan que el sistema comprenda al paciente como lo hace una persona. Significan que puede procesar cantidades de información enormes, encontrar asociaciones y ofrecer una predicción. El valor clínico aparece cuando esa predicción se interpreta en el contexto adecuado.

Inteligencia artificial y robot quirúrgico no son lo mismo

Conviene separar dos conceptos que a menudo se confunden.

La IA se ocupa principalmente de analizar información y generar predicciones o recomendaciones. La robótica traslada los movimientos del cirujano a instrumentos de gran precisión. La primera aporta capacidad cognitiva; la segunda, capacidad técnica.

Los sistemas robóticos actuales reproducen y perfeccionan los movimientos del profesional: mejoran la visión, filtran el temblor y facilitan maniobras delicadas a través de pequeñas incisiones. No deciden por sí solos la indicación de una operación ni actúan con independencia del equipo.

La transformación más profunda llegará de su combinación. Un robot capaz de reconocer tejidos mediante visión por computador, integrar imagen en tiempo real y aprender de intervenciones previas podría asistir en tareas cada vez más complejas. La evolución razonable no es pasar de golpe del robot controlado al robot autónomo, sino avanzar por niveles: primero ayuda, después coejecución supervisada y, quizá, autonomía limitada en pasos muy estandarizados.

IA y futuro cirugía_2IA y futuro cirugía_2

¿Puede un robot llegar a operar solo?

En procedimientos rutinarios y muy bien delimitados, es posible imaginar sistemas que ejecuten determinados pasos con una consistencia, precisión y resistencia superiores a las humanas. La investigación en visión por computador, ciencia de datos quirúrgicos y robótica autónoma ya trabaja en esa dirección.

Pero una operación real no siempre sigue el guion previsto. La anatomía varía, los tejidos pueden comportarse de forma inesperada y el objetivo inicial puede tener que revisarse. En esos momentos no basta con repetir una maniobra: hay que comprender qué ha cambiado, valorar alternativas y decidir hasta dónde continuar.

La autonomía técnica, además, no resuelve por sí sola la pregunta más importante: si esa operación debe hacerse. Un procedimiento puede descomponerse en acciones; la indicación quirúrgica reúne riesgos, beneficios, alternativas, preferencias personales y un grado de incertidumbre que no siempre puede reducirse a una cifra.

El juicio clínico va más allá de acertar un pronóstico

Una herramienta puede calcular que una opción ofrece, en promedio, la mayor probabilidad de éxito. Sin embargo, dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden tomar decisiones diferentes. Uno puede priorizar la duración de la vida; otro, la autonomía, la recuperación o la preservación de una función. Ambos pueden decidir de forma razonable.

El juicio quirúrgico incluye, al menos, cuatro tareas que deben mantenerse unidas:

1. Seleccionar al paciente adecuado y el momento oportuno para intervenir.

2. Interpretar riesgos y beneficios cuando la evidencia es incompleta o no representa bien ese caso concreto.

3. Incorporar los objetivos, temores y preferencias de la persona a la decisión compartida.

4. Asumir la responsabilidad de explicar, supervisar y responder cuando el resultado se aparta de lo previsto.

La IA puede ayudar en todas ellas, pero no debería ocultar la incertidumbre ni convertir la recomendación estadística en una orden. Una decisión técnicamente óptima puede no ser la mejor decisión para esa persona.

¿Qué puede significar para el paciente?

El beneficio real de la innovación no se mide por la sofisticación del sistema, sino por su capacidad para mejorar resultados relevantes. En un escenario bien diseñado, la IA y la robótica podrían contribuir a:

  • Una planificación más personalizada y una mejor anticipación de dificultades.
  • Mayor precisión y regularidad en tareas técnicas concretas.
  • Detección más temprana de riesgos antes, durante y después de la intervención.
  • Explicaciones más visuales y comprensibles de la enfermedad y del plan quirúrgico.
  • Aprendizaje continuo de los resultados, con evaluación de la calidad y mejora de los procesos.

Estos beneficios son posibilidades, no garantías. Cada herramienta debe demostrar que funciona en pacientes reales, en distintos hospitales y sin crear nuevos riesgos. Una predicción muy precisa en el laboratorio puede fallar cuando cambia la población, la calidad de la imagen o la forma de registrar los datos.

Los riesgos que no debemos perder de vista

La incorporación de IA exige el mismo rigor que cualquier intervención sanitaria, y añade preguntas nuevas:

  • Sesgos. Si los datos de entrenamiento no representan a toda la población, el sistema puede rendir peor en determinados grupos.
  • Explicabilidad. El equipo y el paciente necesitan saber qué información sustenta una recomendación y cuáles son sus límites.
  • Privacidad y seguridad. Los datos quirúrgicos e imágenes clínicas requieren una protección especialmente cuidadosa.
  • Responsabilidad. Debe quedar claro quién valida, supervisa y responde por las decisiones apoyadas en tecnología.
  • Dependencia tecnológica. La automatización no debe erosionar competencias esenciales ni impedir que el equipo actúe cuando el sistema falla.

Por este motivo, los cirujanos no pueden ser usuarios pasivos.

Deben participar en el diseño, la evaluación y la gobernanza de estas herramientas. Un algoritmo puede optimizar aquello que se le pide; corresponde a los profesionales y a la sociedad decidir qué resultados merecen ser optimizados: supervivencia, calidad de vida, autonomía, seguridad, equidad o una combinación transparente de todos ellos.

El cirujano del futuro será un integrador

La IA no anuncia necesariamente el final del cirujano, sino una transformación de su función. El profesional puede pasar de acumular información a interpretarla; de ejecutar cada gesto a supervisar sistemas; y de usar tecnología a participar activamente en sus reglas y límites.

Ese cirujano integrador reunirá tres ámbitos que no deberían separarse: la inteligencia de la máquina, la capacidad técnica de la robótica y el juicio humano. Tendrá que conocer qué hace bien un algoritmo, detectar cuándo puede equivocarse y explicar sus recomendaciones en un lenguaje comprensible. También deberá preservar la relación de confianza cuando una parte creciente del proceso dependa de sistemas complejos.

Para recordar

El futuro no se decidirá solo por lo que la tecnología sea capaz de hacer, sino por lo que pacientes y sociedad sigan esperando de quien cuida, aconseja y asume responsabilidad en una decisión quirúrgica.

Una cirugía más tecnológica y también más humana

Las máquinas pueden analizar millones de casos, mantener una precisión constante y ayudar a reconocer situaciones que pasarían inadvertidas. No conviene minimizar esa capacidad. Tampoco conviene confundirla con la totalidad de la cirugía.

Cuando un paciente afronta un cáncer, una insuficiencia orgánica o una enfermedad compleja, rara vez elige entre opciones perfectas. Elige entre riesgos, información incompleta y objetivos que pueden cambiar. En ese espacio, la tarea del cirujano seguirá siendo traducir la evidencia, escuchar, recomendar, decidir junto al paciente y responder por el proceso.

La inteligencia artificial puede hacer la cirugía más precisa, predecible y segura. Su verdadero valor dependerá de que se incorpore con evidencia, transparencia y supervisión. La pregunta, por tanto, no es solo si la IA sustituirá al cirujano. La pregunta decisiva es qué clase de cirujano necesitaremos para gobernar bien estas herramientas sin perder de vista a la persona.

Fuente principal

Moris D, Pappas TN. Artificial Intelligence and the Future of Surgery. Annals of Surgery. 2026. DOI 10.1097/SLA.0000000000007225Este enlace se abrirá en una ventana nueva

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