Calor, verano y fertilidad: lo que la ciencia dice

Antonio Urries. Unidad de Reproducción Asistida Quirónsalud Zaragoza

Este verano, con las temperaturas superando récords y las olas de calor convirtiéndose en protagonistas de los informativos, nos hemos encontrado con consultas que antes no eran tan habituales: ¿puede el calor afectar a mis posibilidades de quedarme embarazada? Y la respuesta es… depende. Depende de si hablamos de él o de ella, de cuanto calor, de cuanto tiempo, y de si estamos en tratamiento o no. Vamos por partes.

El calor sí importa, sobre todo para ellos

La evolución del cuerpo masculino lleva millones de años con una respuesta muy "práctica" al problema del calor y la fertilidad: sacar los testículos fuera del cuerpo. La espermatogénesis necesita una temperatura de entre 2 y 4 grados por debajo de la temperatura corporal, y el escroto es el mecanismo natural de refrigeración. Cuando el calor ambiental se dispara, sobre todo, por encima de los 34-35°, ese sistema termorregulador se satura.

La evidencia científica es bastante contundente en este punto. Un metaanálisis publicado en PubMed confirma que las altas temperaturas ambientales se asocian con descensos significativos en el volumen seminal, la concentración espermática, la motilidad y la morfología. Y un dato que llama especialmente la atención: un potente estudio argentino publicado en 2024 que analizó muestras de casi 55.000 hombres durante 19 años demostró que el mayor daño a la fertilidad ocurría cuando los hombres se exponían a olas de calor justo al inicio del proceso de espermatogénesis, un proceso que dura aproximadamente 90 días por cada célula espermática. Esto significa que el espermatozoide que va a entrar en acción en septiembre empezó a formarse en junio. El calor de este verano tiene memoria.

Además, la concentración y el número total de espermatozoides pueden ser hasta un 30% menores en verano que en invierno. No es una anécdota: es biología básica con impacto clínico real.

En las mujeres el problema queda más matizado

El efecto del calor sobre la fertilidad femenina es menos directo, pero no inexistente. Las temperaturas extremas pueden reducir la reserva ovárica y dificultar la concepción, y ya nos estamos encontrando estudios que apoyan la teoría de que las olas de calor pueden reducir las tasas de exito de los tratamientos de reproducción asistida como la FIV. De hecho, un artículo de revisión publicado en Endocrine Reviews en noviembre de 2025 alertó específicamente sobre el impacto del cambio climático en la reproducción humana, situando el calor como uno de los factores ambientales de mayor preocupación reproductiva a futuro.

Ahora bien, el efecto directo del calor sobre los óvulos es mucho

Ahora bien, el efecto directo del calor sobre los óvulos es mucho menor que sobre el espermatozoide, precisamente porque los ovarios están protegidos dentro de la cavidad abdominal. El problema femenino en verano viene más por la vía indirecta: el estrés térmico sostenido puede alterar el eje hipotálamo-hipofisario-gonadal, afectando a la regularidad ovulatoria.

¿Y los tratamientos de reproducción asistida?

A pesar de lo anterior parece ser que no. O por lo menos no de una forma tan determinante. Varios estudios recientes analizando miles de ciclos de FIV llegan a la conclusión de que los ciclos iniciados en primavera y verano no tienen peores tasas de exito que los de invierno. Un estudio de 2025 publicado en International Journal of Biometeorology que analizó 1.179 ciclos frescos de FIV encontró que la probabilidad de embarazo clínico era 1,5 veces mayor en verano que en invierno. Una posible explicación es la influencia positiva de la luz solar sobre el sistema hormonal femenino. La conclusión práctica es tranquilizadora: no hay evidencias claras en un sentido u otro, así que si tienes un ciclo de FIV este verano la estación por sí sola no es motivo para cambiar la planificación.

Los hábitos veraniegos: el riesgo que nadie menciona

Y aquí llegamos al capítulo que quizás más nos concierne en consulta. Porque el verano no solo trae calor: trae baños en aguas no controladas, saunas, noches de alcohol, dietas irregulares, exceso de sol y, generalmente, cierto "desorden" en los hábitos diarios. Todo eso tiene consecuencias.

Un estudio de 2025 publicado en Fertility and Sterility encontró que la exposición regular a baños muy calientes se asoció con una reducción del 62,5% en la concentración espermática y un 84% en el recuento total de espermatozoides. Las saunas a mas de 80°C y los jacuzzis producen efectos comparables. Y ojo: el daño tarda hasta tres meses en recuperarse, que es exactamente lo que dura un ciclo completo de espermatogénesis.

El alcohol, omnipresente en las vacaciones, afecta tanto a la calidad espermática como a los niveles de estrógenos femeninos. La alteración del sueño por el calor o los cambios de horario vacacional incide en la regulación del cortisol, que a su vez interfiere con el eje reproductivo. Y el sedentarismo o, en el otro extremo, el ejercicio físico intenso en ambiente muy caluroso, también añaden carga oxidativa al espermatozoide.

Los "cuentos de la abuela" que merece la pena revisar

Hay dos mitos veraniegos que conviene abordar directamente. El primero: que bañarse en agua fría mejora la fertilidad masculina. Es cierto que el frío favorece el sistema termorregulador testicular, pero no existe ninguna evidencia de que un chapuzón en el ibón de Anayet del Pirineo aragonés (aparte de estar prohibido) mejore el espermiograma. El segundo: que en verano "todo el mundo se queda embarazada" porque hay más vacaciones y más relaciones sexuales. La estacionalidad de los nacimientos es un fenómeno real en algunas poblaciones, pero en España los datos del INE no muestran un pico tan claro, y ese aumento en la frecuencia de las relaciones sexuales que se presupone durante el verano tiene un efecto limitado cuando hay factores biológicos de base.

Conclusión práctica

El calor no va a arruinar tu fertilidad con un verano, pero sí puede dejar huella si se combinan exposición termina intensa, hábitos poco saludables y continuidad en el tiempo. La recomendación es sencilla: hidratación, evitar fuentes de calor directo prolongado en la zona genital masculina, moderar el alcohol y mantener los hábitos de sueño en la medida de lo posible. Y si estás en tratamiento, sigue las instrucciones de tu equipo: los laboratorios de reproducción asistida están perfectamente controlados en temperatura, y el verano, de por sí, no es enemigo de un buen ciclo.