Quirónsalud
Blog de la Escuela de Enfermería del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
¿Puede una enfermera de 2026 enamorarse de una enfermera de 1800? Definitivamente sí.
La primera vez que escuché el nombre de Isabel Zendal fue durante la pandemia. El gobierno de la Comunidad de Madrid lo eligió para un nuevo hospital de campaña. Lo oí, lo aprendí, seguí adelante.
En el verano de 2024, la asignatura de Historia y Fundamentos del Cuidado llegó a mi carga docente. Y ahí apareció ella otra vez. Esta vez no podía ignorarla. Tenía que conocerla, entenderla, contársela a mis alumnos.
Me obsesioné. Busqué, leí, investigué. Y me enamoré de un personaje. Valiente, decidida, española, enfermera. Una mujer gallega que lo dejó todo para ayudar a quienes no podían ayudarse a sí mismos.
Una vida forjada en la adversidad
Nació en 1773 en Ordes, A Coruña, hija de agricultores pobres. Perdió a su madre con 13 años. De viruela. Con 20 ya trabajaba en el Hospital de la Caridad de A Coruña. Llegó a ser rectora. Tuvo un hijo en 1793, Benito, y lo crio sola. En aquella época eso te convertía en "nadie".
No llegó a la expedición por casualidad. Francisco Javier Balmis, director de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, la eligió a ella. El 14 de octubre de 1803, mes y medio antes de zarpar, la contrató con el mismo sueldo que los hombres de su rango. Nadie más hubiera podido hacer lo que hizo.
El 30 de noviembre de 1803: el día que cambió la historia de la salud pública
La viruela se llevó la vida de más de 60 millones de personas solo en Europa a lo largo del siglo XVIII. En América fue mucho peor. Las poblaciones indígenas no habían visto nunca esa enfermedad. Morían el 50% de los que la contraían. Y la vacuna existía, pero no había manera de transportarla viva durante meses de travesía.
Se barajó embarcar vacas infectadas. La idea se descartó. Balmis diseñó entonces algo que hoy nos costaría imaginar: una cadena humana de niños huérfanos que llevaban el virus activo de brazo a brazo, inoculándolos de dos en dos cada diez días para que si uno fallaba el otro mantuviera el fluido vivo. Isabel era quien los cuidaba, los mantenía sanos, los preparaba para cada inoculación. Ella era el eslabón que no podía romperse.
La corbeta María Pita zarpó desde A Coruña con 22 niños huérfanos gallegos, de entre 3 y 9 años. Eran la vacuna. El fluido viajaba vivo en sus cuerpos, pasando de brazo en brazo cada diez días. Los documentos de la época llaman a Isabel "madre de los galleguitos" y "mujer de probidad".
A lo largo del viaje, en cada nuevo territorio, se reclutaron grupos de niños distintos para continuar la cadena. Isabel estuvo al frente en cada etapa, con niños nuevos, en condiciones cada vez más duras y en lugares cada vez más lejanos de casa.
La expedición recorrió Canarias, Puerto Rico, Venezuela, Cuba, México y Filipinas. Más de 500.000 personas fueron vacunadas directamente. Y Balmis no llegaba a un sitio, vacunaba y se iba. Formaba a médicos, sacerdotes y autoridades locales para que la cadena continuara después de su partida. Dejaba una red funcionando. Algo que no había hecho nadie antes.
Sus nombres
Estos son los 22 niños que lo hicieron posible. Sus nombres aparecen en el libro "En el nombre de los niños", de Balaguer y Ballester. Este artículo los recoge por primera vez en un blog de Enfermería, como agradecimiento:
El reconocimiento que tardó siglo y medio en llegar
En 1950, la OMS reconoció a Isabel Zendal como la primera enfermera de la historia en misión internacional. 147 años tarde. Si hubiera sido inglesa, su nombre lo sabría todo el mundo. Pero era española. Y de origen humilde. Y mujer. Eso no se perdonaba.
Me llamo Isabel. He trabajado más de 35 años con niños. Lo que siento por Isabel Zendal es admiración pura. Compartimos nombre y el amor por los niños. Pero su valor, su capacidad de dejarlo todo y cruzar un océano, eso es algo que yo sé que no hubiera tenido.
Vivimos en un mundo de mezclas de culturas. Siglos de migraciones, de matrimonios entre continentes, de historias que se cruzan sin que lo sepamos. Quién nos dice que algún antepasado nuestro no recibió aquella vacuna. Quién nos dice que nuestra propia existencia no depende, en algún eslabón invisible, de lo que hicieron Isabel y esos niños.
Quizás uno de ellos es tu antepasado. Quizás llevas en tu historia a uno de estos niños. Quizás eres familia de un héroe.
La historia mundial cambió porque una pequeña corbeta española cruzó dos océanos. Nunca una corbeta ha sido capaz de transformar la historia universal. Y porque hubo una mujer gallega que no soltó a esos niños
A Ángela y a Cristina, por contagiarme su amor por la historia de la Enfermería.
Isabel Aragón Gómez
Profesora de Historia y Fundamentos del Cuidado.
Escuela de Enfermería Fundación Jiménez Díaz-Universidad Autónoma de Madrid
* Nota: "Miserable" debe entenderse en el sentido histórico de mujer sufrida o desdichada, no como desprecio.
Bibliografía consultada
1. López Mariño A. Isabel Zendal Gómez, la enfermera de la primera vacuna. Temperamentvm [Internet]. 2018 [citado 19 jun 2026];14:e12229. Disponible en: http://ciberindex.com/c/t/e12229
2. López Mariño A. Isabel Zendal Gómez en los archivos de Galicia. Santiago de Compostela: Parlamento de Galicia; 2018.
3. Caamaño-Abelenda CB, Conceiro-Rúa A, Gómez-Besteiro MI. Paralelismo en los cuidados enfermeros entre Isabel Zendal y Florence Nightingale. Temperamentvm [Internet]. 2020 [citado 19 jun 2026];16:e12600. Disponible en: https://ciberindex.com/index.php/t/article/view/e12600
4.Cátedra Balmis de Vacunología. Los niños de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna [Internet]. Alicante: Universidad de Alicante; [citado 19 jun 2026]. Disponible en: https://balmis.org/expedicion-vacuna-1803-1813/los-ninos/
5. Balaguer Perigüell E, Ballester Añón R. En el nombre de los niños: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806). Madrid: Asociación Española de Pediatría; 2003.
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