Quirónsalud
Blog de la Escuela de Enfermería del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
Coincidiendo con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, desde la Escuela de Enfermería de la Fundación Jiménez Díaz, adscrita a la Universidad Autónoma de Madrid, queremos recordar la importancia de adoptar medidas sencillas que ayuden a proteger la salud de los más pequeños. Los lactantes y los niños constituyen uno de los grupos más vulnerables frente al calor extremo, por lo que conocer cómo prevenir problemas como la deshidratación o el golpe de calor resulta fundamental para disfrutar de esta época del año de forma segura.
El verano es sinónimo de vacaciones, juegos al aire libre y tiempo en familia. Sin embargo, las altas temperaturas también pueden convertirse en un riesgo para la salud, especialmente en los más pequeños. Los lactantes y los niños tienen una menor capacidad para adaptarse al calor que los adultos, por lo que resulta fundamental conocer algunas medidas sencillas que ayuden a prevenir problemas como la deshidratación o el golpe de calor.
En los últimos años, las olas de calor han aumentado en frecuencia e intensidad. Diversas investigaciones han alertado sobre el impacto que las temperaturas elevadas pueden tener en la salud infantil, incrementando el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor y golpe de calor. Por ello, adoptar medidas preventivas sencillas resulta fundamental para disfrutar del verano de forma segura.
¿Por qué los niños son más vulnerables al calor?
Los niños no responden al calor de la misma manera que los adultos. Los lactantes, además, dependen completamente de sus cuidadores para hidratarse, buscar lugares frescos o adaptar su ropa a las condiciones ambientales.
Entre los factores que aumentan su vulnerabilidad destacan:
Por este motivo, es importante extremar las precauciones durante los días de calor intenso.
Medidas para prevenir el golpe de calor
La prevención es la herramienta más eficaz para evitar complicaciones relacionadas con las altas temperaturas. Algunas recomendaciones básicas son:
Mantener una adecuada hidratación
Ofrecer agua frecuentemente a los niños y aumentar la frecuencia de las tomas en los lactantes ayuda a prevenir la deshidratación.
Evitar la exposición solar en las horas centrales del día
Siempre que sea posible, se recomienda limitar las actividades al aire libre entre las 12 y las 17 horas, cuando las temperaturas suelen ser más elevadas.
Utilizar ropa ligera y transpirable
Las prendas holgadas y de colores claros facilitan la pérdida de calor corporal y aumentan el confort durante los días calurosos.
Buscar espacios frescos y sombreados
Permanecer en lugares bien ventilados y protegerse del sol reduce significativamente el riesgo de sufrir problemas relacionados con el calor.
Nunca dejar a un niño dentro de un vehículo estacionado
Aunque sean pocos minutos, la temperatura en el interior de un coche puede aumentar rápidamente y alcanzar niveles peligrosos para la vida.
Señales de alarma
Reconocer los síntomas de forma precoz puede evitar complicaciones graves. Algunos signos que requieren atención inmediata son:
Ante cualquiera de estas situaciones, es importante trasladar al niño a un lugar fresco, aflojar o retirar la ropa innecesaria, ofrecer líquidos si está consciente y solicitar valoración médica lo antes posible.
Educación para la salud: el papel de la enfermería
La promoción de hábitos saludables y la prevención de enfermedades forman parte esencial de los cuidados de enfermería. A través de la educación sanitaria, los profesionales de enfermería ayudamos a las familias a identificar situaciones de riesgo, reconocer signos de alarma y adoptar medidas sencillas que contribuyen a proteger la salud infantil.
La prevención del golpe de calor no requiere intervenciones complejas, pero sí información adecuada y una vigilancia activa por parte de los adultos responsables del cuidado de los niños. Pequeños gestos cotidianos, como ofrecer líquidos con frecuencia, evitar las horas de máximo calor o buscar espacios frescos, pueden marcar una gran diferencia.
El golpe de calor es una situación potencialmente grave, pero en gran medida prevenible. Con unas sencillas medidas de protección y una adecuada educación sanitaria, podemos ayudar a que los niños disfruten del verano de forma segura y saludable. Fomentar estos hábitos y conocer las señales de alarma permite actuar de forma precoz y reducir el riesgo de complicaciones, contribuyendo así al bienestar y la salud de los más pequeños. Porque, en muchas ocasiones, cuidar de la salud infantil no depende de grandes intervenciones, sino de pequeños gestos cotidianos capaces de marcar una gran diferencia.
Prof. Marina Pérez Garrido.
Tutora de Prácticas. Profesora.
Escuela de Enfermeria Fundación Jiménez Díaz-Universidad Autónoma de Madrid. Campus Villalba.
Fuentes consultadas
Alergología (2)
Cardiología (1)
Cirugía General y del Aparato Digestivo (1)
Dermatología (1)
Divulgación médica (1)
Endocrinología y Nutrición (2)
Enfermería (2)
Geriatría (2)
Hematología (1)
Materno infantil (1)
Medicina deportiva (1)
Medicina Estética y Antienvejecimiento (1)
Neurocirugía (1)
Neurofisiología (2)
Neurología (2)
Nutrición Clínica (1)
Oncología (1)
Pediatría (2)
Prevención (1)
Reproducción Asistida (2)
Salud y Bienestar Mental (1)
Traumatología (2)
Unidad del Dolor (1)
Urología (4)
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