Quirónsalud
Lo que no te enseñaron sobre comer. Blog de María Sánchez Jarque, nutricionista clínica del Centro Médico Quirónsalud Valle del Henares.

Septiembre suele venir acompañado de una frase que escucho mucho en consulta: "Ahora sí. Tengo que volver a cuidarme."
Y muchas veces, detrás de ese "cuidarme", aparece otra cosa: restricciones, control, compensaciones, pesarse, empezar otra dieta, eliminar alimentos o intentar hacerlo todo perfecto. Pero volver a la rutina no debería significar volver a exigirte.
Después de un verano con horarios diferentes, comidas fuera de casa, viajes, más improvisación o simplemente más flexibilidad, es completamente normal que necesites unos días para volver a encontrar tu ritmo. No has perdido todo lo que habías conseguido. No tienes que empezar de cero.
1. No necesitas compensar el verano
Haber comido más fuera de casa, haber tomado más helados, haber cenado tarde o haber tenido menos horarios no significa que hayas hecho las cosas mal. Tu alimentación no se estropea por unas semanas diferentes. Por eso, evita empezar septiembre con frases como:
La culpa no es una estrategia nutricional.
2. Vuelve a las comidas regulares
Si durante el verano tus horarios han cambiado, una buena forma de recuperar cierta estructura es volver poco a poco a unas comidas más organizadas. Puedes empezar simplemente preguntándote:
¿Qué necesito para que esta comida me resulte completa y saciante? Una estructura sencilla puede ser: verdura + proteína + hidrato de carbono + grasa insaturada.
Y adaptar las cantidades a tu hambre, tus necesidades y tu contexto.
La estructura aporta tranquilidad porque reduce la improvisación, pero no tiene que convertirse en una cárcel.
3. Planifica para facilitarte la vida
Planificar no significa tener toda la semana perfectamente calculada. Significa quitarte decisiones de encima cuando llegas cansad@ a casa. Puedes dedicar 15-20 minutos a pensar:
Por ejemplo, tener verduras lavadas o cocinadas, huevos, pescado congelado, pollo preparado, patata cocida o una crema de verduras puede hacer que comer bien sea mucho más fácil.
4. Haz una compra que te ayude
No necesitas llenar la nevera de productos "fit" ni comprar únicamente alimentos que consideres saludables. Piensa en alimentos que te permitan construir comidas variadas y que realmente disfrutes.
Ten a mano:
Verduras y frutas + fuentes de proteína (carnes magras, pescado, huevos, legumbres...) + hidratos de carbono (pastas integrales, arroz integral, patata...)+ grasas con moderación (aceite de oliva, aguacate, aceitunas...)+ alimentos que disfrutas.
Porque una alimentación saludable también necesita tener espacio para el placer. No se trata de elegir entre "comer bien" o "disfrutar". Podemos hacer las dos cosas.
5. Cuidado con el pensamiento de "todo o nada"
Uno de los mayores enemigos de la vuelta a la rutina es pensar: "Ya que he empezado mal, sigo igual."
O: "Si no puedo hacerlo perfecto, no merece la pena."
Pero la alimentación real no funciona así. Puedes desayunar de una manera diferente a la que habías planeado y seguir cuidándote. Puedes comer fuera y volver a tu rutina en la siguiente comida. Puedes tener una semana complicada y retomarlo después.
Una comida no define tu alimentación. Un día tampoco.
No necesitas esperar al lunes. Siempre puedes volver a tu siguiente comida.
6. Escucha cómo estás, no solo lo que marca la báscula
La vuelta a la rutina también puede despertar mucha preocupación por el cuerpo.
Quizás te pesas después del verano y el número no es el que esperabas. Quizás notas cambios en tu cuerpo. Quizás empiezas a compararte.
Antes de reaccionar desde la urgencia, recuerda algo: tu cuerpo no necesita ser castigado para volver a sentirse bien.
Pregúntate: ¿Cómo estoy durmiendo?, ¿Tengo energía?, ¿Estoy comiendo con regularidad?, ¿Estoy disfrutando de lo que como?, ¿Cómo está mi digestión?, ¿Tengo hambre durante el día?, ¿Cómo me estoy relacionando con la comida?
Porque cuidar tu alimentación es mucho más que intentar que un número baje.
7. Empieza pequeño
No necesitas cambiarlo todo en septiembre. De hecho, cuanto más radical sea el cambio, más difícil suele ser mantenerlo. Puedes empezar con tres objetivos sencillos:
Y cuando eso esté integrado, añadir otro cambio. No necesitas hacerlo todo hoy.
Y, sobre todo, recuerda esto: quizá este septiembre no necesitas volver a "ponerte a dieta".
Quizá necesitas volver a cuidarte sin castigarte. Volver a escuchar tu cuerpo. Volver a disfrutar de la comida. Volver a organizarte. Volver a tener rutinas que te ayuden, pero que también te permitan vivir.
No necesitas empezar de cero. Solo necesitas volver a encontrarte contigo.
Y si la vuelta a la rutina te genera ansiedad, culpa o una necesidad constante de controlar lo que comes, quizá el problema no sea que te falte fuerza de voluntad. Quizá necesitas aprender a relacionarte con la alimentación desde otro lugar.
Uno en el que cuidarte no signifique exigirte más.
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