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Blog del Dr. Francois Peinado. Urología. Hospital Universitario Ruber Juan Bravo

Enfermedad de Peyronie en España: primer registro nacional de la enfermedad

La enfermedad de Peyronie continúa siendo una patología relativamente desconocida para buena parte de la población, pese a que puede alterar de manera importante la vida sexual, la percepción corporal y la calidad de vida de los hombres que la padecen. Se caracteriza por la aparición de una zona de fibrosis o placa en la túnica albugínea del pene que puede provocar curvatura durante la erección, acortamiento, estrechamientos o deformidades, dolor y, en algunos pacientes, disfunción eréctil.

Con el objetivo de conocer mejor cómo se presenta realmente esta enfermedad en nuestro país, cómo la estamos tratando y qué resultados perciben los propios pacientes, he coordinado a nivel nacional un estudio multicéntrico que constituye el primer gran registro prospectivo español de enfermedad de Peyronie de estas características.

El trabajo, que he liderado como primer autor y autor de correspondencia, reunió a especialistas de algunos de los principales centros de andrología y urología de España. En su desarrollo tuve además la colaboración especialmente estrecha del Dr. Javier Romero-Otero, del Hospital Universitario 12 de Octubre, que participó de forma destacada en la coordinación científica y en el desarrollo del proyecto, junto con un amplio grupo de urólogos y andrólogos españoles.

El resultado ha sido el estudio "Peyronie’s disease in Spain: a prospective study", publicado en 2026 en Sexual Medicine, revista científica de la International Society for Sexual Medicine. El trabajo recoge información de 601 hombres atendidos en 15 centros españoles, lo que representa la mayor cohorte de pacientes con enfermedad de Peyronie estudiada hasta ahora en nuestro país.

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Una fotografía de la enfermedad de Peyronie en la vida real

Uno de los aspectos que considero más importantes de este trabajo es que no se trata de una revisión teórica ni de pacientes seleccionados para probar un determinado tratamiento. Es un estudio prospectivo y multicéntrico realizado sobre pacientes atendidos en la práctica clínica habitual.

Se incluyeron hombres mayores de 18 años con un diagnóstico confirmado de enfermedad de Peyronie que todavía no habían recibido un tratamiento específico para la enfermedad. De esta manera pudimos obtener una imagen bastante fiel de cómo llegan estos pacientes por primera vez a nuestras consultas: qué edad tienen, cuánto tiempo llevan con la enfermedad, qué tipo de deformidad presentan, cuál es su función eréctil y qué enfermedades asociadas aparecen con mayor frecuencia.

La edad media representativa de estos pacientes se situó alrededor de los 57 años, aunque evidentemente la enfermedad puede aparecer tanto antes como después. El tiempo transcurrido desde el comienzo de los síntomas hasta la valoración era de aproximadamente 12 meses.

Este dato es importante. La enfermedad de Peyronie no debería contemplarse únicamente cuando la curvatura ya está completamente establecida. Aproximadamente un 42 % de los hombres estudiados todavía se encontraba en la denominada fase activa o inflamatoria, en la que pueden existir dolor y cambios progresivos en la deformidad.

Peyronie no significa solamente tener el pene curvado

Uno de los errores más frecuentes es reducir la enfermedad de Peyronie a una simple desviación del pene.

En realidad, puede producir una combinación de problemas: curvatura, pérdida de longitud, estrechamientos, deformidad en reloj de arena, dificultad para mantener relaciones sexuales y, en algunos casos, disfunción eréctil.

En nuestro registro encontramos una placa palpable en algo más del 82 % de los pacientes, localizada predominantemente en la cara dorsal del pene. Entre los pacientes en los que se realizó una medición específica de la curvatura, la mayoría presentaba deformidades de intensidad moderada, aunque encontramos también casos con curvaturas superiores a 60º, 90º e incluso más grados. Aproximadamente un 9 % presentaba además una deformidad en reloj de arena.

Estos datos son importantes porque dos hombres con el diagnóstico de "Peyronie" pueden tener enfermedades completamente diferentes desde el punto de vista funcional. Una curvatura dorsal de 30 grados con buenas erecciones no plantea el mismo problema que una deformidad compleja de 80 grados, pérdida importante de longitud, estrechamiento del cuerpo del pene y disfunción eréctil.

Por eso el tratamiento no debería establecerse simplemente en función de que exista o no una placa. Hay que estudiar la geometría completa del pene y, sobre todo, cómo afecta esa deformidad a la vida sexual del paciente.

La repercusión psicológica forma parte de la enfermedad

Otro de los mensajes fundamentales del estudio es que Peyronie no es únicamente una enfermedad anatómica. Los pacientes completaron cuestionarios específicos destinados a estudiar tanto la función eréctil como el impacto de la enfermedad. Los resultados confirmaron algo que vemos diariamente en la consulta: el aspecto del pene, la pérdida de longitud y las dificultades para mantener determinadas posiciones durante las relaciones sexuales pueden afectar considerablemente a la seguridad y a la percepción que el hombre tiene de sí mismo.

En algunos pacientes aparece preocupación constante por el aspecto del pene, disminución de la actividad sexual, miedo a que la penetración sea dolorosa o imposible y deterioro de la relación de pareja.

Por este motivo, cuando evaluamos a un paciente con Peyronie, no basta con medir los grados de curvatura. Debemos preguntarle qué le preocupa realmente. Para algunos hombres será la curvatura; para otros, la pérdida de longitud; para otros, la dificultad de penetración o la calidad de la erección.

La indicación de tratamiento debe tener en cuenta todo este conjunto.

Enfermedad de Peyronie y salud cardiovascular y metabólica

El registro también nos permitió estudiar las enfermedades asociadas.

Encontramos hipercolesterolemia en aproximadamente el 30 % de los pacientes, hipertensión arterial en el 27 % y diabetes en el 15 %.

Esto no significa que estas enfermedades sean necesariamente la causa directa de Peyronie. Sin embargo, existe desde hace años un interés creciente por la posible relación entre alteraciones vasculares, metabólicas, procesos de cicatrización anómalos y fibrosis.

La teoría más aceptada sobre el origen de la enfermedad considera que determinados traumatismos o microtraumatismos repetidos sobre la túnica albugínea durante las relaciones sexuales pueden desencadenar, en hombres predispuestos, una respuesta anormal de reparación y fibrosis. Probablemente no exista una única causa. La edad, la susceptibilidad individual, los factores metabólicos, la calidad de los tejidos y los microtraumatismos pueden actuar conjuntamente.

¿Cómo se está tratando la enfermedad de Peyronie en España?

Una de las aportaciones más interesantes del registro fue conocer qué tratamientos se estaban utilizando realmente en nuestro país.

En el periodo analizado, las estrategias no quirúrgicas más frecuentes fueron la terapia de tracción peneana, utilizada en aproximadamente el 36 % de los pacientes; las inyecciones intraplaca de colagenasa, en alrededor del 29 %; y el tadalafilo diario, en aproximadamente el 23 %.

También aparecieron tratamientos como pentoxifilina, vitamina E, L-arginina, ondas de choque y otras opciones, aunque con una utilización considerablemente menor.

Este resultado pone de manifiesto uno de los problemas históricos de la enfermedad de Peyronie: durante décadas se han utilizado numerosos tratamientos con niveles de evidencia científica muy diferentes. Nuestro trabajo demuestra que en la práctica clínica existe una importante heterogeneidad terapéutica. Y precisamente una de las conclusiones del estudio es la necesidad de avanzar hacia protocolos de tratamiento más claros y basados en la evidencia disponible.

No todo tratamiento que se ha utilizado tradicionalmente para Peyronie ha demostrado realmente modificar la enfermedad.

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El papel de la tracción peneana

La terapia de tracción aparece como una de las estrategias conservadoras más empleadas.

Conceptualmente tiene sentido: aplicar una fuerza mecánica mantenida sobre los tejidos puede favorecer una remodelación progresiva y ayudar a preservar o recuperar parcialmente longitud, además de mejorar la curvatura en determinados pacientes. Sin embargo, tampoco puede presentarse como una solución universal. Su eficacia depende de la fase de la enfermedad, el tipo de deformidad, el dispositivo utilizado, la duración diaria del tratamiento y, sobre todo, del cumplimiento por parte del paciente.

En mi práctica clínica considero particularmente importante diferenciar qué pacientes pueden beneficiarse de una estrategia conservadora y cuáles presentan una deformidad estructural que difícilmente va a corregirse suficientemente sin cirugía.

¿Cuándo termina siendo necesaria la cirugía?

La cirugía sigue teniendo un papel fundamental cuando la enfermedad se ha estabilizado y la deformidad impide o dificulta significativamente las relaciones sexuales.

En nuestro registro, el intervalo medio desde el inicio de la enfermedad hasta la cirugía fue de aproximadamente 18 meses.

La técnica quirúrgica empleada con mayor frecuencia fue la plicatura peneana, aunque también se realizaron cirugías de incisión de placa, técnicas con injerto y, en determinados pacientes con disfunción eréctil asociada, implante de prótesis de pene.

La elección de una técnica u otra debe individualizarse cuidadosamente.

Las técnicas de plicatura permiten corregir eficazmente muchas curvaturas, pero lo hacen acortando el lado más largo del pene. Por ello, en pacientes con pérdida importante de longitud, deformidades severas o determinadas características anatómicas, puede resultar más adecuado emplear técnicas de alargamiento del lado corto mediante incisión de la túnica e injerto.

Y cuando existe una disfunción eréctil grave que no responde adecuadamente al tratamiento médico, la prótesis de pene puede permitir tratar simultáneamente la rigidez y la deformidad.

No existe, por tanto, una única "operación de Peyronie". Existen diferentes herramientas quirúrgicas que deben adaptarse a la anatomía, la función eréctil y las expectativas de cada paciente.

Los resultados quirúrgicos fueron buenos, pero la cirugía no es inocua

Entre los pacientes con datos quirúrgicos disponibles, aproximadamente el 80 % consiguió una corrección completa o casi completa de la curvatura, definida como una desviación residual igual o inferior a 15 grados.

También se registraron complicaciones postoperatorias, en su mayoría hematomas o problemas menores de la herida, lo que recuerda que cualquier procedimiento reconstructivo del pene debe realizarse con una indicación adecuada y explicando previamente al paciente los posibles riesgos.

La cirugía de Peyronie puede producir acortamiento, alteraciones de sensibilidad, disfunción eréctil, curvatura residual u otras complicaciones. El objetivo no consiste solamente en dejar un pene visualmente recto, sino en conseguir un pene funcional con el mejor equilibrio posible entre longitud, rigidez, sensibilidad y satisfacción del paciente.

¿Quedaron satisfechos los pacientes?

Este fue otro aspecto particularmente interesante del registro.

Entre los pacientes con información de seguimiento disponible, algo más de la mitad consideraba que su pene estaba completamente o casi completamente recto. Cerca del 58 % refería mantener relaciones sexuales satisfactorias, y aproximadamente nueve de cada diez pacientes que respondieron a esta pregunta manifestaron que volverían a elegir el mismo tratamiento.

Sin embargo, estos datos deben interpretarse con prudencia. El número de pacientes con cuestionarios completos de seguimiento fue mucho menor que el de la cohorte inicial y no se trataba de un estudio diseñado para comparar de forma aleatorizada cirugía frente a tratamientos conservadores.

Por eso no debemos concluir simplemente que "la cirugía es mejor". Lo que sí podemos afirmar es que, cuando la cirugía está correctamente indicada y seleccionamos adecuadamente la técnica, puede conseguir un grado elevado de corrección y satisfacción.

Un problema todavía infradiagnosticado

Uno de los aspectos que vemos repetidamente en la consulta es que muchos hombres tardan meses en acudir al especialista.

Algunos piensan que la curvatura desaparecerá espontáneamente. Otros sienten vergüenza. En ocasiones reciben inicialmente un diagnóstico de simple disfunción eréctil sin evaluar adecuadamente la deformidad.

Nuestro registro muestra una duración mediana de la enfermedad de aproximadamente un año antes de la inclusión en el estudio. Esto debería hacernos reflexionar. Una valoración precoz no significa que haya que operar antes. Al contrario: significa estudiar bien al paciente desde el inicio, establecer en qué fase se encuentra la enfermedad, medir correctamente la deformidad, valorar la calidad de la erección y decidir si es necesario tratar, observar o realizar seguimiento.

La importancia de medir correctamente la deformidad

Otro resultado interesante es que la evaluación de la curvatura se realizó fundamentalmente mediante fotografías del pene en máxima erección tomadas desde diferentes posiciones, siguiendo el método clásico descrito por Kelami.

En nuestra práctica considero que la evaluación debería ser lo más objetiva y reproducible posible. No basta con que el paciente diga que el pene "se ha torcido mucho más". Debemos intentar documentar los grados de curvatura, su dirección, la longitud peneana, la localización de la placa y la presencia de deformidades como estrechamiento, reloj de arena o efecto bisagra.

Cuando está indicado, la ecografía peneana puede aportar información adicional sobre la placa, su localización y la presencia de calcificación.

Cuanto mejor caractericemos la deformidad antes de tratar, más razonable será la elección terapéutica y más realistas serán las expectativas.

Lo que nos enseña este primer gran registro español

Para mí, una de las principales enseñanzas del estudio es que la enfermedad de Peyronie es mucho más heterogénea de lo que puede parecer.

No existe un "paciente típico" al que podamos aplicar el mismo tratamiento. Hay hombres en fase activa y dolorosa y otros con una enfermedad estabilizada desde hace años. Hay curvaturas leves y deformidades superiores a 90 grados. Algunos mantienen erecciones completamente normales y otros presentan una disfunción eréctil severa. Algunos están fundamentalmente preocupados por la curvatura; otros, por la pérdida de longitud o por la apariencia del pene.

El tratamiento moderno de la enfermedad debe abandonar progresivamente los algoritmos demasiado simplistas y dirigirse hacia una medicina personalizada.

También debemos ser críticos con tratamientos que se han mantenido durante años pese a disponer de poca evidencia científica. El propio estudio concluye que en la práctica clínica española se ha utilizado una gran variedad de tratamientos y que algunos cuentan con un respaldo científico limitado, lo que refuerza la necesidad de mejorar la formación, la investigación y la estandarización de los protocolos.

Investigar Peyronie significa también escuchar al paciente

Existe finalmente otro aspecto que considero esencial.

Durante muchos años, los resultados de la cirugía de Peyronie se expresaban fundamentalmente en grados de corrección de la curvatura. Pero para el paciente el resultado es mucho más complejo. Quiere saber cómo quedará la longitud de su pene, si podrá mantener relaciones sexuales, si conservará la sensibilidad, cómo serán sus erecciones y si volverá a sentirse cómodo con su cuerpo. Por eso la investigación futura debe combinar medidas anatómicas objetivas con resultados comunicados directamente por los pacientes.

En este registro intentamos precisamente incorporar esa visión.

Un proyecto de colaboración nacional

Este trabajo tampoco habría sido posible sin la colaboración de numerosos centros y especialistas españoles.

Coordinar a nivel nacional un registro prospectivo de 601 pacientes procedentes de 15 centros de andrología nos ha permitido disponer por primera vez de una visión amplia de cómo se manifiesta y cómo se trata la enfermedad de Peyronie en nuestro entorno.

He tenido la oportunidad de liderar y escribir este proyecto como primer autor, desde su conceptualización hasta el análisis y supervisión final, contando especialmente con la colaboración del Dr. Javier Romero-Otero y de un amplio grupo de urólogos y andrólogos españoles que hicieron posible la recogida de los datos.

Más allá de las cifras, creo que su principal valor es que nos permite conocer mejor a nuestros pacientes. Y conocer mejor una enfermedad es siempre el primer paso para tratarla mejor.

La enfermedad de Peyronie sigue planteando numerosas preguntas sin resolver. Necesitamos estudios con seguimientos más prolongados, mejores sistemas de medición, registros prospectivos más amplios y comparaciones rigurosas entre tratamientos.

Pero disponer ya de una cohorte española de más de 600 pacientes constituye un paso importante. Nuestro objetivo final no debería ser simplemente conseguir que un pene esté más recto. Debemos intentar preservar o recuperar, siempre que sea posible, función sexual, longitud, rigidez, confianza y calidad de vida.

Ese es, en definitiva, el verdadero objetivo del tratamiento de la enfermedad de Peyronie.

Referencia científica

Peinado-Ibarra F, García-Gómez B, Alonso-Isa M, et al. Peyronie’s disease in Spain: a prospective study. Sexual Medicine. 2026;14(4):qfag006. DOI: 10.1093/sexmed/qfag006. Publicado el 11 de mayo de 2026.

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