Quirónsalud
Blog del Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas. Neurología. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo y Olympia Centro Médico Pozuelo
Entrevista con Luis Fernando Vázquez, psicólogo con amplia experiencia en TEA

Introducción
Entrevistador (Daniel Martín Fernández-Mayoralas): Luis, gracias por acompañarnos. Hoy queremos hablar específicamente del TEA grado 1, lo que antes se conocía como síndrome o trastorno de Asperger. Es muy habitual que aparezcan el miedo, la confusión y una sensación enorme de incertidumbre. Muchos padres no saben por dónde empezar, qué terapias son adecuadas o qué pueden esperar realmente para el futuro de sus hijos. ¿Qué necesitan saber?
Luis Fernando Vázquez: Gracias. Es fundamental aclarar que el TEA grado 1 llamado de "alto" funcionamiento (es decir, con funcionamiento intelectual dentro de la normalidad) tiene unas características y necesidades muy específicas. Son niños y adolescentes con inteligencia media-baja, media o incluso superior, que hablan con fluidez, pero que tienen dificultades importantes en la interacción social, la regulación emocional y la flexibilidad cognitiva, por lo que las terapias o la intervención con ellos son muy diferentes a las del TEA severo. Cada caso es único y cada niño tiene unas necesidades muy concretas.
Las intervenciones específicas para TEA grado 1
E: ¿Qué terapias están demostradas científicamente para este perfil?
LFV: La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) adaptada al TEA es la intervención con mayor evidencia para adolescentes y niños con TEA grado 1. Se centra en la conexión entre pensamientos, sentimientos y conductas, y es especialmente efectiva para:
E: ¿Hay programas específicos?
LFV: Sí, varios. Por ejemplo:
Todos ellos adaptan la TCC tradicional a las características del TEA, usando apoyos visuales, ejemplos concretos y práctica estructurada.
Creo que es importante señalar que entre el 35 y el 70 % de los niños y adolescentes con TEA presentan dificultades significativas en las Funciones Ejecutivas —organización, planificación, establecimiento de prioridades, gestión del tiempo, perseverancia, multitarea, memoria de trabajo…—. Esto implica que, en muchos casos, su perfil ejecutivo puede solaparse clínicamente con el de un TDAH y, por tanto, pueden beneficiarse de abordajes terapéuticos similares y basados en la evidencia, un ámbito en el que tú, Daniel, cuentas con amplia experiencia y especialización.
Habilidades sociales: el núcleo del problema
E: Las habilidades sociales parecen ser el desafío principal. ¿Cómo se trabajan?
LFV: Sin duda. Es el núcleo del problema. Por eso el entrenamiento en habilidades sociales es clave. Funciona especialmente bien el trabajo en grupos pequeños, de unas cuatro o seis personas, donde se entrenan situaciones reales.
Se suele trabajar con:
• Role-playing: ensayo práctico de situaciones sociales simuladas.
• Modelado en vídeo: observación de ejemplos adecuados de conducta.
• Retroalimentación inmediata: corrección y orientación en el momento.
De no ser posible, intentamos imitar estas situaciones en las sesiones de terapia individual.
E: ¿Y fuera de las sesiones?
LFV: Clave: hay que generalizar lo aprendido. A mí me gusta decirles a las familias que lo que ocurre en las sesiones no puede quedarse ahí, como si fuera un laboratorio. Hay que darles pautas para reforzar estas habilidades en casa, y coordinarse con el colegio para que se trabajen también allí. Sin generalización, el progreso es limitado.
Regulación emocional y gestión del estrés
E: Muchos padres nos comentan que sus hijos tienen "explosiones" o crisis emocionales frecuentes.
LFV: Es muy común. Los niños con TEA grado 1 experimentan el mundo de forma más intensa y tienen dificultades para regular sus emociones. Aquí trabajamos:
Los horarios visuales y rutinas predecibles son fundamentales para reducir la ansiedad.
Terapias complementarias
E: ¿Qué otras terapias pueden ayudar?
LFV: Dependiendo de cada caso:
El papel de la familia
E: ¿Cómo pueden ayudar los padres?
LFV: Los padres son fundamentales. Deben:
Cómo elegir al profesional adecuado
E: ¿Qué deben buscar los padres en un terapeuta?
LFV: Cinco elementos clave:
Señales de alarma
E: ¿Qué deben evitar?
LFV: Cuidado con:
• Terapias que prometen "normalizar" o "curar" el autismo.
• Intervenciones que buscan eliminar todos los comportamientos "raros" sin analizar previamente su función.
• Programas centrados exclusivamente en déficits, que no contemplan las fortalezas y el perfil cognitivo del niño.
• Intervenciones conductuales intensivas no individualizadas, especialmente cuando no se ajustan al perfil cognitivo y social del TEA grado 1.
• La ausencia de trabajo específico en habilidades sociales, funciones ejecutivas y regulación emocional.
Pronóstico y expectativas realistas
E: ¿Qué pueden esperar las familias?
LFV: Con intervención adecuada, los resultados son muy positivos:
La clave es el apoyo continuo, especialmente en transiciones vitales: paso a secundaria, universidad, primer empleo, … No es un "tratamiento" que se termina, sino un acompañamiento que se adapta a cada etapa.
Mensaje final
E: Para cerrar, ¿qué les dirías a las familias?
LFV: Que el TEA grado 1 no es una sentencia, sino una condición del neurodesarrollo que implica un perfil cognitivo y socioemocional particular. Con el apoyo adecuado y una intervención ajustada a sus necesidades, sus hijos pueden desarrollar plenamente sus capacidades.
Es fundamental:
• Buscar profesionales con experiencia específica en este perfil.
• Centrarse en habilidades sociales y regulación emocional.
• Combinar la intervención terapéutica con comprensión y coherencia educativa en casa y en el colegio.
• Mantener expectativas altas, pero ajustadas a la realidad evolutiva de cada niño.
• Y, sobre todo, entender que no se trata de "arreglar" a nadie, sino de proporcionar las herramientas necesarias para que puedan funcionar mejor en su entorno.
E: Muchas gracias, Luis.
Esofagitis eosinofílica.
Introducción y clínica: La esofagitis eosinofílica (EoE) es una enfermedad inflamatoria crónica del esófago, que afecta una de cada mil individuos, causada por una reacción retardada del sistema inmunológico a uno o varios alimentos (los más prevalentes son leche y trigo, pero hay muchos más)1. En los niños, se manifiesta de formas diferentes según la edad: los más pequeños pueden presentar vómitos recurrentes, dolor abdominal y dificultad para comer, mientras que los mayores suelen quejarse de dificultad para tragar (disfagia) o episodios de atragantamiento alimentario. Por ello lo pacientes con EoE pueden preferir alimentos blandos, purés o nutrición líquida, y pueden evitan ciertas carnes (perritos o filete) y pan tostado si hubo antecedentes previos de atragantamiento con estos alimentos. Si sospechas que tu hijo tiene estos síntomas, sobre todo la disfagia, es importante saber que no es "simplemente caprichoso con la comida": puede tratarse de un problema médico real que requiere diagnóstico y tratamiento2,3.
Diagnóstico: Se realiza mediante una endoscopia (una cámara pequeña que permite visualizar el interior del esófago) con toma de biopsias. Los médicos buscan la presencia de células inflamatorias específicas (eosinófilos) en el tejido esofágico, y descartan otras causas como el reflujo ácido o infecciones. En la endoscopia pueden verse marcas características (surcos lineales, placas blancas redondeadas, anillos concéntricos), aunque es importante saber que hasta un tercio de los niños tienen un esófago completamente normal a simple vista incluso teniendo la enfermedad. Por eso puede ser necesaria la biopsia2,3.
Tratamiento: Una vez confirmada la EoE, el tratamiento es multimodal: cambios en la dieta (eliminación empírica o dirigida de alimentos sospechosos de desencadenar la inflamación), medicamentos (por ejemplo: inhibidores de la bomba de protones y corticosteroides tópicos que se tragan), y en casos más severos o con complicaciones, nuevas terapias biológicas de indicación hospitalaria2,3. Lo importante es que esta enfermedad es tratable y controlable, pero requiere seguimiento médico prolongado (con control endoscópico-histológico y reintroducción progresiva variable en función del caso) para evitar que el esófago se cicatrice o estreche, lo que podría causar problemas más serios a largo plazo. Si tu hijo tiene dificultad persistente para tragar, vómitos frecuentes o antecedentes familiares de alergias, consulta con tu pediatra para una evaluación adecuada en gastroenterología infantil si lo cree pertinente2,3.
Esofagitis eosinofílica y trastornos neuropsiquiátricos.
Introducción: Existe una asociación entre la esofagitis eosinofílica (EoE) y un mayor riesgo de trastornos neurológicos y psiquiátricos, especialmente interiorizantes como la ansiedad o la depresión y del neurodesarrollo como el TDAH o el TEA, con mayor riesgo en niños y adultos jóvenes4-6. Otras enfermedades gastrointestinales (enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad celíaca) se han vinculado con psicopatología, pero en este texto hablaremos de la EoE al ser menos conocida dicha asociación4. Hasta el 50% de adultos y el 40% de niños con EoE presentan comorbilidad psiquiátrica documentada en registros médicos, aunque algunos estudios sugieren que la prevalencia real podría ser mayor si se incluyeran síntomas subclínicos de ansiedad. La comorbilidad se asocia con peor calidad de vida y mayor duración de síntomas4,5.
Trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad (TDAH)
La EoE es una enfermedad inflamatoria y alérgica (esto es, atópica), similar al asma, la rinitis alérgica o la dermatitis atópica, en la que el sistema inmunológico reacciona de forma exagerada contra ciertos alimentos, inflamando el esófago mediante la sobreexpresión de ciertas citocinas, como algunas interleukinas, y la activación de varios tipos de células: linfocitos tipo Th2 y eosinófilos2,3. Este mecanismo atópico, en sus aspectos básicos, es compartido con la EoE.
Esta caracterización es importante porque la investigación científica ha demostrado consistentemente que los trastornos atópicos en general se asocian con un mayor riesgo de TDAH7-9. Los estudios de metaanálisis muestran que los niños con enfermedades atópicas tienen entre un 30% y 80% más riesgo de TDAH en comparación con niños sin estas condiciones, por lo que es lógico inferir que los niños con EoE podrían tener un riesgo elevado de TDAH además de una mayor probabilidad de tener también cualquiera de las demás enfermedades atópicas comentadas y viceversa. Los estudios genéticos y epidemiológicos demuestran que EoE comparte la susceptibilidad y mecanismos fisiopatológicos de las demás enfermedades atópicas, reforzando su clasificación dentro del espectro atópico2,3.
Desde la perspectiva del neurólogo o psiquiatra infanto-juvenil, esto tiene una implicación clínica fundamental: cuando evaluamos a un niño con TDAH que presenta síntomas gastrointestinales típicos de EoE— vómitos recurrentes, dificultad para tragar (disfagia) o episodios de atragantamiento alimentario, dificultad para alimentarse o comportamientos de evitación alimentaria—no debemos atribuirlos de forma constante, exclusivamente, a ansiedad o factores psicosomáticos. Un atragantamiento episódico recurrente o disfagia verdadera son síntomas típicos de EoE, raramente de ansiedad pura. Hay que derivar a gastroenterología infanto-juvenil.
Al descartar o diagnosticar la EoE en un niño con TDAH, no solo tratamos una enfermedad inflamatoria: prevenimos que los síntomas gastrointestinales enmascaren el manejo del TDAH o sean interpretados como manifestaciones puramente psicológicas. El enfoque integral—evaluando ambos problemas—nos permite diagnósticos precisos y manejo terapéutico más efectivo.
Trastornos psiquiátricos relacionados con la restricción alimentaria
La EoE puede presentar síntomas que se superponen con trastornos alimentarios codificados en el DSM-5, como anorexia nerviosa o ARFID (avoidant restrictive food intake disorder o Trastorno de Evitación/Restricción de la Ingesta de Alimentos), incluyendo pérdida de peso o fallo de crecimiento, rechazo de alimentos, ansiedad alrededor de la comida, y conductas de masticar y escupir, por lo que hay que estar atento y descartar EoE en los pacientes con trastornos alimentarios cuando la clínica sea compatible con EoE (especialmente si hay disfagia, antecedentes personales o familiares de atopia y/ o atragantamientos espontáneos)1. El ARFID es un trastorno de restricción alimentaria basado en factores neurosensoriales (texturas, sabores, colores, apariencia) y miedo a consecuencias adversas (atragantamiento, vómitos), sin que existan preocupaciones por la imagen corporal o miedo a ganar peso, a diferencia de la anorexia nerviosa. Un niño con ARFID evita alimentos porque rechaza la textura o teme atragantarse; un niño con anorexia nerviosa los evita (sobre todos aquellos que considera con mayor densidad calórica) porque tiene miedo de engordar (distorsión de la imagen corporal, etcétera), u otros motivos diferentes a los del ARFID1. Por lo tanto, es fundamental obtener una historia detallada para aclarar la causa raíz de las aversiones alimentarias y tener descartada o bien tratada su EoE de presentarse de forma concomitante1. Aproximadamente un 25%-50% de niños con ARFID tiene Trastorno del espectro autista (TEA) comórbido10. Los trastornos alimentarios basados en factores neurosensoriales (texturas, sabores, colores, apariencia) y hábitos alimentarios rígidos son frecuentes en el TEA. Ante una pérdida significativa de peso o una deficiencia nutricional significativa, dependencia de alimentación enteral o suplementos nutricionales orales y la gravedad de la alteración de la alimentación excede la que se observa habitualmente en los niños con TEA, se justifica el diagnóstico de ARFID comórbido al TEA y por supuesto, descartar EoE si hay sospecha clínica.
Trastorno del espectro autista (TEA)
Los niños con EoE tienen un riesgo significativamente aumentado de presentar trastorno del espectro autista (TEA)—entre 3 y 4 veces mayor que la población general11. Además, esta relación funciona en ambas direcciones: los niños con TEA también tienen más probabilidad de desarrollar EoE11,12. El desafío clínico real emerge cuando se solapan la EoE, el TEA y el ARFID. Los niños con TEA frecuentemente presentan selectividad alimentaria extrema basada en factores sensoriales: rechazo a texturas, sabores o colores específicos y en bastantes casos un verdadero ARFID. Pero cuando esta selectividad se debe realmente a EoE—porque el niño siente dolor al tragar o teme atragantarse—el tratamiento debe abordar ambas condiciones11,12. No es suficiente trabajar solo los aspectos sensoriales o conductuales del TEA con/sin ARFID si hay inflamación esofágica no tratada11,12. Por tanto, en un niño con TEA que presenta restricción alimentaria severa, especialmente si tiene antecedentes de atopia o síntomas gastrointestinales típicos de EoE, se debe realizar una evaluación gastroenterológica y alérgica para descartar o confirmar EoE12. Solo así podemos ofrecer un manejo integral que trate simultáneamente la enfermedad inflamatoria, el componente neurosensorial del autismo y, si existe, el ARFID1.
Ansiedad/Depresión
Los niños y adolescentes con EoE presentan tasas significativamente más altas de ansiedad y depresión que la población general5. Los estudios muestran que hasta el 40% de los niños con EoE experimentan ansiedad y el 30% depresión, con cifras que aumentan progresivamente con la edad: en menores de 11 años, un 9% presenta depresión (comparado con menos del 2% en población general), mientras que en adolescentes de 11-17 años esta cifra alcanza el 20% (frente al 6% en población general)5,13. Esta relación es bidireccional y compleja. Por un lado, vivir con una enfermedad crónica que causa dolor al tragar, miedo a atragantarse, restricciones dietéticas severas y necesidad de endoscopias repetidas genera un estrés psicológico considerable que puede desencadenar ansiedad y depresión. Los niños con EoE reportan preocupaciones constantes sobre su enfermedad, síntomas físicos de ansiedad, problemas de sueño (duermen hasta un 22% menos horas que controles sanos), dificultades escolares y sociales, y miedo al estigma social relacionado con sus limitaciones alimentarias. Por otro lado, los trastornos de ansiedad y depresión pueden agravar la percepción de los síntomas esofágicos: los estudios demuestran que la hipervigilancia esofágica y la ansiedad específica relacionada con los síntomas predicen mejor la disfagia y la calidad de vida reducida que los propios hallazgos endoscópicos o histológicos. Además, la depresión se asocia con peor adherencia al tratamiento médico, complicando el control de la EoE13.
Lo importante es que esta es una relación reversible: tratando la EoE, podemos mejorar significativamente la ansiedad y depresión asociadas. Y ofreciendo apoyo psicológico (terapia cognitivo-conductual específica para la ansiedad relacionada con síntomas), podemos mejorar cómo el niño tolera y maneja la enfermedad.
Son esenciales las intervenciones multidisciplinarias que incluyan apoyo psicológico (terapia cognitivo-conductual, técnicas de reducción de estrés) junto con el tratamiento médico de la enfermedad inflamatoria y de la ansiedad/depresión si fuera necesario4,5. El riesgo psiquiátrico es particularmente elevado en los primeros años tras el diagnóstico, lo que hace esencial una detección temprana para prevenir el desarrollo de psicopatología más severa4,5,13.
Problemas neurológicos motores: La EoE se ha asociado raramente con alteraciones de la motilidad esofágica, pero estos efectos a largo plazo son poco frecuentes y se previenen con diagnóstico y tratamiento tempranos14.
Resumen final.
Los signos de alarma que sugieren evaluar EoE incluyen: disfagia (especialmente incapacidad para tragar pastillas), pérdida de peso aguda, indigestión persistente, antecedentes personales o familiares de atopia (asma, rinitis, eczema, alergias), episodios de atragantamiento o impactación alimentaria, y preferencia marcada por alimentos blandos desde edades tempranas, particularmente cuando estos síntomas aparecen junto con rechazo a carnes duras o pan2.
La evaluación y el tratamiento debe ser multidisciplinar: en caso de afectación neurológica y psiquiátrica, el manejo de la EoE debe incluir Gastroenterología +/- nutricionista + Alergología + Psiquiatría/ Neuropediatría1,2,5,7,14.
Como corolario, la EoE se asocia principalmente con trastornos psiquiátricos o del neurodesarrollo y, en menor medida, con alteraciones neurológicas básicamente limitadas a la motilidad esofágica. Se recomienda una evaluación proactiva de síntomas neuropsiquiátricos y alimentarios en estos pacientes, especialmente en niños y adultos jóvenes, para optimizar el manejo clínico1,2,5,7,14.
BIBLIOGRAFÍA
1. Cifra N, Lomas JM. Differentiating Eosinophilic Esophagitis and Eating/Feeding Disorders. Pediatrics 2022;149.
2. Muir A, Falk GW. Eosinophilic Esophagitis: A Review. JAMA 2021;326:1310-8.
3. Goyal R, Kamboj AK, Snyder DL. Eosinophilic Esophagitis: Clinical Pearls for Primary Care Providers and Gastroenterologists. Mayo Clin Proc 2024;99:640-8.
4. Rojler L, Garber JJ, Butwicka A, Roelstraete B, Ludvigsson JF. Individuals With Eosinophilic Esophagitis Are at Greater Risk of Later Psychiatric Disorder. Am J Gastroenterol 2022;117:1046-55.
5. Reed CC, Corder SR, Kim E, Sanders E, Tappata M, Eluri S, et al. Psychiatric Comorbidities and Psychiatric Medication Use Are Highly Prevalent in Patients With Eosinophilic Esophagitis and Associate With Clinical Presentation. Am J Gastroenterol 2020;115:853-8.
6. Taft TH, Carlson DA, Simons M, Zavala S, Hirano I, Gonsalves N, et al. Esophageal Hypervigilance and Symptom-Specific Anxiety in Patients with Eosinophilic Esophagitis. Gastroenterology 2021;161:1133-44.
7. Schans JV, Cicek R, de Vries TW, Hak E, Hoekstra PJ. Association of atopic diseases and attention-deficit/hyperactivity disorder: A systematic review and meta-analyses. Neurosci Biobehav Rev 2017;74:139-48.
8. Miyazaki C, Koyama M, Ota E, Swa T, Mlunde LB, Amiya RM, et al. Allergic diseases in children with attention deficit hyperactivity disorder: a systematic review and meta-analysis. BMC Psychiatry 2017;17:120.
9. Lin YT, Chen YC, Gau SS, Yeh TH, Fan HY, Hwang YY, et al. Associations between allergic diseases and attention deficit hyperactivity/oppositional defiant disorders in children. Pediatr Res 2016;80:480-5.
10. Islamoglu AH, Orhan S, Gurmese Z, Akgul S, Gezer S. Evaluation of Avoidant/Restrictive Food Intake Disorder and Nutrition-Related Factors in Autism Spectrum Disorder: A Case-Control Study. J Autism Dev Disord 2025.
11. Lima RV, Muniz MCR, Barroso LL, Pinheiro MCA, Matos YMT, Nogueira SBR, et al. Autism in patients with eosinophilic gastrointestinal disease: A systematic review with meta-analysis. Pediatr Allergy Immunol 2024;35:e14122.
12. Heifert TA, Susi A, Hisle-Gorman E, Erdie-Lalena CR, Gorman G, Min SB, et al. Feeding Disorders in Children With Autism Spectrum Disorders Are Associated With Eosinophilic Esophagitis. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2016;63:e69-73.
13. Harris RF, Menard-Katcher C, Atkins D, Furuta GT, Klinnert MD. Psychosocial dysfunction in children and adolescents with eosinophilic esophagitis. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2013;57:500-5.
14. Spechler SJ, Konda V, Souza R. Can Eosinophilic Esophagitis Cause Achalasia and Other Esophageal Motility Disorders? Am J Gastroenterol 2018;113:1594-9.
Introducción: un trastorno del neurodesarrollo persistente e infradiagnosticado
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo de inicio temprano que, en una parte significativa de los casos, persiste hasta la edad adulta. Lejos de ser una entidad restringida a la etapa escolar, continúa repercutiendo en la capacidad de planificación, autorregulación y funcionamiento laboral, académico y social. Muchos adultos llegan a la consulta tras años interpretando sus dificultades como fallos de personalidad o falta de disciplina, pese a presentar un patrón sindrómico claro desde la infancia.
2. Más que falta de atención: desregulación atencional y ejecutiva
El problema central en el TDAH adulto no es la ausencia de atención, sino la incapacidad para regularla y dirigirla de manera eficaz. La clínica típica incluye fluctuaciones marcadas del rendimiento atencional, hiperfoco selectivo, dificultades de planificación, memoria de trabajo, gestión del tiempo, procrastinación crónica y tendencia a funcionar únicamente bajo presión temporal o emocional.
Desde esta perspectiva, el TDAH se entiende como un trastorno multifactorial que afecta a las funciones ejecutivas, al procesamiento motivacional y a la regulación del comportamiento. El entorno suele malinterpretar estas dificultades como falta de voluntad o esfuerzo, lo que contribuye al deterioro emocional y social.
3. La desregulación emocional como componente clínico central
En adultos, la desregulación emocional es uno de los elementos con mayor impacto funcional. Aunque no aparezca aún como criterio diagnóstico nuclear en el DSM, se considera un fenómeno primario en un elevado porcentaje de pacientes.
Incluye labilidad afectiva, respuestas desproporcionadas al estrés, irritabilidad, dificultades para modular emociones negativas y vulnerabilidad ante la frustración. Se relaciona con conflictos interpersonales, bajo rendimiento laboral y elevada comorbilidad psiquiátrica. La evaluación sistemática de este componente es esencial para orientar el tratamiento.
4. Más allá de lo neurológico: impacto sistémico y comorbilidad somática
El TDAH adulto se asocia a mayor prevalencia de condiciones médicas como trastornos del sueño, obesidad, migrañas, síndrome metabólico, asma y enfermedad cardiovascular. Estas asociaciones no son meramente casuales: intervienen factores neurobiológicos, conductuales, endocrinos y de estilo de vida.
El abordaje clínico debe ir más allá de la esfera neuropsiquiátrica. La consulta del adulto con TDAH exige una valoración médica completa, cribado de comorbilidad somática relevante y coordinación con otras especialidades cuando procede.
5. Diagnóstico: una evaluación estructurada y sensible a la sospecha clínica
El diagnóstico del TDAH adulto debe realizarse mediante una evaluación cuidadosa que incluya:
Pruebas complementarias: solo cuando la sospecha clínica lo indica
Aunque no se recomiendan de forma rutinaria, el médico puede solicitar pruebas complementarias si existen signos o síntomas que sugieran otras patologías concomitantes o diagnósticos diferenciales:
El objetivo es descartar condiciones que puedan simular TDAH, coexistir con él o modificar el pronóstico.
6. Evolución histórica del concepto: del daño cerebral mínimo al TDAH a lo largo de la vida
El reconocimiento del TDAH adulto ha evolucionado a través de sucesivas versiones de los criterios diagnósticos del DSM, pasando desde antiguas formulaciones como "disfunción cerebral mínima" hasta la conceptualización actual. Hoy sabemos que no es un cuadro que siempre remita espontáneamente con la adolescencia, sino un trastorno crónico y frecuentemente infradiagnosticado.
7. TDAH de alto rendimiento: deterioro funcional invisible
Una parte significativa de adultos con TDAH mantiene estudios superiores, vida laboral estable o posiciones de alta exigencia. Sin embargo, su funcionamiento depende de estrategias compensatorias intensas y poco sostenibles: hiperorganización, funcionamiento por urgencia y esfuerzo cognitivo desproporcionado.
Desde el punto de vista clínico, es fundamental no interpretar el buen desempeño externo como ausencia de deterioro. El coste emocional y cognitivo acumulado puede ser tan relevante como el fracaso académico o laboral.
8. Implicaciones terapéuticas
El tratamiento debe ser multimodal:
El objetivo es reducir el deterioro clínicamente significativo y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Bibliografía seleccionada
(Referencias más importantes, ordenadas por relevancia clínica y evidencia):

Entre los hitos más importantes del desarrollo cognitivo infantil, la permanencia del objeto destaca por lo que revela sobre la capacidad del bebé para entender su entorno. Este concepto fue descrito por el célebre psicólogo suizo Jean Piaget, pionero en el estudio del desarrollo mental durante la infancia. Según el excelso psicólogo, la permanencia del objeto es la comprensión de que las personas y las cosas existen, aunque no estén presentes ante los ojos o el alcance del niño.
Esta habilidad suele aparecer de manera progresiva entre los 8 y 12 meses. Al principio, cuando un objeto sale de su vista, el bebé actúa como si hubiera dejado de existir: no lo busca ni parece esperarlo. Conforme se va acercando al año, muchos niños empiezan a buscar objetos ocultos, y en el clásico juego del cucú-tras esperan y celebran la "reaparición" del adulto. Este comportamiento indica que el niño ya está formando una idea mental más estable del mundo y de las personas que le rodean.
Para los neuropediatras, observar la aparición de esta capacidad es fundamental. Lo habitual es que la permanencia del objeto se consolide antes de los 16-18 meses. Si después de esa edad el niño todavía no muestra interés en buscar cosas que desaparecen o parece no notar la ausencia de personas conocidas, conviene consultarlo con el especialista para valorar de manera global el desarrollo. No hay que alarmarse: existen diferentes ritmos de maduración y a veces pequeñas variabilidades entran dentro de lo normal. Sin embargo, su retraso puede ser, junto a otros signos, una pista sobre posibles diferencias en el desarrollo, como ocurre en ocasiones en niños con trastorno del espectro autista (TEA). En estos casos, la permanencia del objeto puede no aparecer ni consolidarse o presentarse de forma "extraña", aunque siempre es importante considerar el conjunto y no solo un aspecto aislado del desarrollo antes de alarmarse, por supuesto.
El logro de la permanencia del objeto tiene consecuencias prácticas: facilita que el niño tolere mejor las ausencias breves, desarrolla su memoria y promueve la aparición del lenguaje, al poder referirse a personas u objetos que no están presentes en ese momento. Es, por tanto, el primer peldaño para construir la capacidad de anticipar, recordar y entender el entorno de forma más compleja.
En definitiva, tal como subrayó Piaget, este hito es una auténtica ventana al pensamiento infantil y nos ayuda tanto a reconocer un desarrollo armónico como a detectar, cuando sea necesario, la necesidad de una valoración más detallada. Si tienes dudas sobre este proceso, recuerda que cada niño evoluciona a su propio ritmo, y que cualquier consulta a tiempo permite acompañar y apoyar mejor a cada pequeño en su recorrido único.
Introducción: la confusión habitual
Cuando un niño o un adulto muestra cambios de humor bruscos, impulsividad o una baja tolerancia a la frustración, es común que la primera sospecha sea un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Sin embargo, no toda inestabilidad emocional es un trastorno del ánimo ni una simple manifestación de desatención. Existe un concepto clave, a menudo pasado por alto, que explica esta "montaña rusa emocional" y que es fundamental para entender lo que realmente está ocurriendo.
Clave 1: existe algo llamado "impulsividad emocional" (y no es un trastorno del ánimo).
El término técnico es Déficit en la Autorregulación Emocional (DESR, por sus siglas en inglés), también conocido como "Impulsividad Emocional". Para entenderlo, es útil pensar en un espectro: en un extremo están las fluctuaciones normales del estado de ánimo que todos experimentamos; en el otro, los trastornos severos como la depresión o el trastorno bipolar. Como bien sabemos en psicología, entre la normalidad y la patología existen matices, y el DESR ocupa precisamente ese espacio intermedio.
La diferencia fundamental es que el problema no reside en el estado de ánimo en sí mismo, sino en la dificultad para regular la intensidad y la expresión de las emociones una vez que aparecen. Una persona con DESR no está constantemente triste o eufórica, pero su reacción emocional ante un estímulo puede ser desproporcionada y difícil de controlar.
Clave 2: el problema es la respuesta al gatillo, no un estado de ánimo constante.
Esta es la distinción más importante. La desregulación emocional ocurre como una reacción a estímulos o situaciones provocadoras concretas. Una vez que el estímulo desaparece o se gestiona, la intensidad emocional tiende a disiparse con relativa rapidez.
Por el contrario, los trastornos del estado de ánimo, como la depresión o la manía en el trastorno bipolar, implican estados emocionales sostenidos y persistentes que no siempre son provocados por un evento externo. La persona vive en un estado de ánimo alterado durante un período prolongado.
Los déficits en la regulación emocional son fenomenológicamente distintos de los trastornos del estado de ánimo, los cuales se caracterizan por la experiencia de emociones fuertes, no por su autorregulación (Thus, emotional impulsivity).
Clave 3: su vínculo con el TDAH es sorprendentemente fuerte.
La impulsividad emocional no es exclusiva del TDAH, pero la asociación entre ambos es innegable y está respaldada por la ciencia. Un estudio clave del Hospital General de Massachusetts (MGH) con población infantil reveló un dato contundente: el 44% de los niños con TDAH presentaban un perfil de desregulación emocional (DESR), en comparación con solo el 2% de los niños sin TDAH.
Y esto no es solo un problema de la infancia. Los estudios demuestran que el vínculo persiste en la vida adulta, donde una "mayoría considerable" de los adultos con TDAH también presentan DESR. Es más, el diagnóstico de TDAH predice la presencia de desregulación emocional de forma independiente, incluso cuando se descarta la influencia de otras condiciones comórbidas como la ansiedad o los trastornos de conducta.
Clave 4: el impacto es real, pero no donde crees.
La dificultad para regular las emociones tiene consecuencias directas y medibles que van más allá del malestar momentáneo. En los adultos, la presencia de DESR junto al TDAH agrava significativamente los resultados en la vida diaria, no solo en comparación con la población general, sino también en comparación con personas que solo tienen TDAH. Los datos muestran que el grupo TDAH+DESR presenta:
Sin embargo, aquí viene el hallazgo más sorprendente y contraintuitivo: el DESR no se asoció con un menor funcionamiento intelectual (CI) ni con el trastorno de la función ejecutiva (es decir, la capacidad de planificar, organizar o iniciar tareas). Esto es crucial porque desmonta el prejuicio de que estas reacciones emocionales se deben a una falta de inteligencia o de organización. El problema es específico de la gestión emocional, no de la capacidad cognitiva general.
Clave 5: no es falta de disciplina, es neurobiología.
Estas dificultades no son el resultado de una mala crianza, una falta de disciplina o un defecto de carácter. Tienen una base neurobiológica clara. Los estudios de neuroimagen apuntan a la circuitería cerebral que conecta la amígdala (el centro de procesamiento emocional del cerebro) con la corteza prefrontal (el centro de control y regulación). En este sistema, una estructura llamada cíngulo anterior juega un papel fundamental, ya que actúa como un puente que conecta el sistema límbico con la corteza y es crucial para procesar y regular la emoción.
En última instancia, estas dificultades no son una falta de amor ni de disciplina. Son expresiones de cómo el cerebro de una persona gestiona la emoción y la impulsividad.
Conclusión: entender para acompañar mejor
La desregulación emocional es un concepto distinto, con una base neurobiológica real y un impacto funcional significativo, que está fuertemente ligado al TDAH pero que no debe confundirse con un trastorno del estado de ánimo. Comprender esta diferencia es el primer paso para ofrecer un apoyo más preciso y compasivo, tanto en el ámbito clínico como en el familiar.
Ahora que entendemos que no se trata de un defecto de carácter, ¿cómo podemos cambiar nuestro enfoque para apoyar mejor a quienes viven esta realidad a diario?
Blog sobre los temas relacionados con la neuropedciatría: déficit de atención, hiperactividad, epilepsia, cefaleas, tics, encefalitis, problemas escolares, etc.
2.026
2.025
Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
Enero
2.024
2.023
2.022
2.021
2.020
2.019
2.018
Diciembre
Noviembre
Octubre
Julio
Mayo
Abril
Febrero
Enero
2.017
2.016
La finalidad de este blog es proporcionar información de salud que, en ningún caso sustituye la consulta con su médico. Este blog está sujeto a moderación, de manera que se excluyen de él los comentarios ofensivos, publicitarios, o que no se consideren oportunos en relación con el tema que trata cada uno de los artículos.
Quirónsalud no se hace responsable de los contenidos, opiniones e imágenes que aparezcan en los "blogs". En cualquier caso, si Quirónsalud es informado de que existe cualquier contenido inapropiado o ilícito, procederá a su eliminación de forma inmediata.
Los textos, artículos y contenidos de este BLOG están sujetos y protegidos por derechos de propiedad intelectual e industrial, disponiendo Quirónsalud de los permisos necesarios para la utilización de las imágenes, fotografías, textos, diseños, animaciones y demás contenido o elementos del blog. El acceso y utilización de este Blog no confiere al Visitante ningún tipo de licencia o derecho de uso o explotación alguno, por lo que el uso, reproducción, distribución, comunicación pública, transformación o cualquier otra actividad similar o análoga, queda totalmente prohibida salvo que medie expresa autorización por escrito de Quirónsalud.
Quirónsalud se reserva la facultad de retirar o suspender temporal o definitivamente, en cualquier momento y sin necesidad de aviso previo, el acceso al Blog y/o a los contenidos del mismo a aquellos Visitantes, internautas o usuarios de internet que incumplan lo establecido en el presente Aviso, todo ello sin perjuicio del ejercicio de las acciones contra los mismos que procedan conforme a la Ley y al Derecho.