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Blog del Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas. Neurología. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo y Olympia Centro Médico Pozuelo

  • Cinco artículos clave sobre TDAH en 2025: evidencia con impacto en la vida real

    Dirigido de forma preferente, aunque no exclusiva, a madres y padres de niños con trastornos del neurodesarrollo y otras patologías neurológicas he elaborado una selección de los cinco "mejores" artículos publicados en 2025 sobre el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH).

    Esta tarea es, en sentido estricto, imposible: a lo largo del año han aparecido decenas de trabajos de gran calidad. Aun así, el objetivo de esta selección no es tanto jerarquizar la evidencia como dar visibilidad a cinco artículos especialmente relevantes, priorizando aquellos con un enfoque práctico. En esta búsqueda me he alejado deliberadamente de la ciencia básica y molecular para centrarme en aspectos con impacto directo en la vida cotidiana: funcionamiento diario, estilo de vida, el papel emergente de las nuevas tecnologías y el impacto familiar.

    1. El estilo de vida como tratamiento real (no solo consejos vacíos)

    Artículo: Modifiable unhealthy lifestyle behaviours in subclinical manifestations of attention-deficit hyperactivity disorder: what are the first empirical results and putative clinical implications? Publicación: BJPsych Open. 2025 Mar 20;11(2):e66. (Basado en Subclinical attention-deficit hyperactivity disorder symptoms and unhealthy lifestyle behaviours. BJPsych Open. 2024 Oct 3;10(5):e168).

    Los padres suelen preguntar: "¿Podemos hacer algo antes de medicar?". Este comentario basado en un estudio de 2024 remarca la validación científica de que ciertos factores modificables tienen una correlación directa no solo con el TDAH clínico, sino con los síntomas "subclínicos". El TDAH subclínico se refiere a la expresión de síntomas subumbrales con características distintivas del TDAH que no son lo suficientemente graves, numerosos o incapacitantes como para justificar un diagnóstico "completo". Sin embargo, es muy probable que las recomendaciones para cambiar los hábitos de vida desfavorables en los niñ@s y adolescentes "subclínicos" podrían, en última instancia, mejorar la calidad de vida relacionada con la salud de este grupo de adolescentes en riesgo de desarrollar el síndrome de TDAH en toda su extensión.

    Algunos hábitos modificables en el TDAH subclínico (la "ventana de oportunidad"):

    Dormir poco y mal: La privación de sueño empeora drásticamente la inatención; asegurar rutinas que garanticen horas suficientes y calidad de descanso es la primera línea de defensa.

    Abuso de pantallas y "Nomofobia": El uso descontrolado del móvil y la dependencia tecnológica no son solo ocio pasivo, sino que retroalimentan la dispersión y la ansiedad.

    Dieta desordenada y exceso de azúcar: Comer de forma impulsiva, a deshoras o con exceso de ultraprocesados y bebidas azucaradas agrava los picos de energía y la inestabilidad emocional.

    Sedentarismo: La falta de actividad física priva al cerebro de un regulador natural de la dopamina; el deporte no es opcional, es parte del tratamiento preventivo.

    Descontrol de impulsos: El consumo precoz de alcohol o atracones de comida son señales de alarma de una impulsividad no gestionada que puede derivar en problemas clínicos mayores.

    Kristin nos dice a los padres (soy padre de tres niños): "No es culpa nuestra, pero tenemos poder de cambio". Mejorar la higiene del sueño y la actividad física no es solo 'bueno para la salud', sino que reduce la intensidad de los síntomas de inatención, incluso si el niño no tiene un diagnóstico severo.

    2. El nuevo "villano": La Nomofobia y el TDAH

    Artículo: Investigation of Nomophobia, Anxiety, and Depression Levels and Their Relationships in Children Diagnosed with Attention Deficit Hyperactivity Disorder Med J West Black Sea, Agosto 2025.

    La batalla por las pantallas es el "pan nuestro de cada día" en mi casa y en mi consulta. Muchos padres me dicen angustiados: "Es que se pone agresivo si le quito el móvil". Este estudio de agosto de 2025 pone nombre a ese fenómeno: Nomofobia (el miedo irracional a estar desconectado).

    Lo revelador para nosotros como padres es entender que el vicio, la adición, es biología. El cerebro TDAH tiene una "sed" de dopamina inmediata que las pantallas sacian al instante. El estudio confirma que la ansiedad que sienten al desconectarse es real y física.

    Mi lectura para casa: No debemos enfadarnos por su ansiedad, sino ayudarles a regularla. No son "yonquis digitales" por elección; tienen un cerebro más vulnerable a la hiperestimulación. Este estudio tan reciente nos da una pista clave: la 'Nomofobia' en nuestros hijos con TDAH no es tanto por 'chatear', sino por la incomodidad de perder el acceso fácil a su fuente de estímulo. Es una dependencia de la 'comodidad digital' más que social. La solución no es prohibir sin más y sin ofrecer alternativas (lo prohibido atrae), sino pactar y ofrecer alternativas de "dopamina lenta" (deporte, juegos de mesa) antes de dar la "tablet".

    Aquí tienes 3 medidas prácticas ("recetas caseras") que pueden funcionar, según la persona:

    1. La regla del "Intercambio, no sustracción"

    El cerebro TDAH entra en pánico ante el vacío. Si le quitas la pantalla y le dices "vete a jugar", el abismo de aburrimiento es doloroso. La práctica: Nunca retires la pantalla "en frío" para dejarle sin nada. El móvil se entrega a cambio de algo inmediatamente gratificante. Ejemplo: "Dame el móvil y te doy ya este batido de chocolate / vamos a tirar 5 canastas / jugamos una partida rápida de cartas". El cerebro recibe una "recompensa puente" que suaviza la caída de dopamina.

    2. "Zonas Libres" (físicas), no "Horas Libres" (temporales)

    El tiempo es abstracto para el cerebro TDAH ("luego te lo doy" es una tortura). El espacio físico es concreto y más fácil de respetar. La práctica: Crea zonas donde el móvil físicamente no entra. Ejemplo: "El móvil se carga en la cocina, nunca entra en el dormitorio". Si el cargador "duerme" en el salón, se elimina la lucha nocturna de voluntad. El entorno decide por ellos, lo cual reduce su ansiedad de tener que autocontrolarse.

    3. El "Modo Avión" compartido (Modelaje)

    Los niños con nomofobia a menudo copian la ansiedad de los padres. Si tú miras el mail en la cena, validas que la desconexión es peligrosa. La práctica: Un "parking de móviles" visible en la entrada de casa durante la cena o la hora de juegos. Ejemplo: Una caja bonita o cesta donde todos (padres incluidos) dejan el móvil silenciado 30 minutos al día. Ver a sus padres sobrevivir sin el móvil les baja la alerta inconsciente de que "algo urgente podría pasar".

    3. Cuidar al cuidador: Tu estrés afecta a su tratamiento

    Artículo: Quality of Life in Mothers of Children with ADHD: A Scoping Review. Children (Basel) 2025 Oct 12;12(10):1376.

    En consulta, a menudo veo a madres y padres que se han abandonado a sí mismos para volcarse en el niño. Las madres, como suelen ser con más frecuencia, las principales cuidadoras, suelen experimentar un alto nivel de estrés y una disminución de su bienestar más acusado. Las madres indicaron regularmente una peor calidad de vida en comparación con los grupos de control, lo que demostró deficiencias en los ámbitos físico, psicológico, social y ambiental. Esta revisión de la última década (2015-2025) es un "tironcito de orejas" cariñoso para nosotros. El impacto del TDAH se extiende más allá del niño o adolescente, impacta brutalmente en la salud mental, social y física de los padres, especialmente de las madres, influyendo profundamente en las madres y a la unidad familiar en su conjunto.

    Pero ojo al dato inverso: padres quemados tienen hijos con peor evolución. Solo un enfoque integrado centrado en la familia puede reducir la carga del trastorno y mejorar los resultados para todos los miembros de la familia.

    El mensaje que me aplico: Cuidarse no es egoísmo, es una estrategia clínica. Si tú estás bien, tienes más paciencia, regulas mejor sus rabietas y el clima familiar mejora. Reservar esa hora para tu gimnasio, tu lectura o tu café con amigos es tan parte del tratamiento de tu hijo como la terapia psicopedagógica.

    Importante: Estos resultados subrayan la necesidad de adoptar un enfoque centrado en la familia en el tratamiento del TDAH. Este enfoque incluiría un tratamiento eficaz de los síntomas del TDAH del niño con un apoyo personalizado para la madre y/o padre o ambos según el tipo y características familiares. No solo regular el comportamiento del niño mediante intervenciones basadas en la evidencia (terapia cognitivo-conductual, condicionamiento operante, estimulantes cuando son necesarios, etcétera), sino también evaluar y abordar metódicamente el malestar psicológico de la madre (otras veces el padre e idealmente ambos), ofrecer recursos que fortalezcan sus mecanismos de afrontamiento y su resiliencia, y fomentar las redes de apoyo social (como los grupos de apoyo para padres o los servicios de cuidado de relevo). Las intervenciones como los programas de gestión del estrés parental, el asesoramiento y la formación y psicoeducación de los padres específicamente diseñadas deben incorporarse al plan de atención para las familias de niños con TDAH.

    4. El deporte: La medicina que no se compra en farmacia

    Artículo: The effects of physical activity on mental health in adolescents with attention-deficit hyperactivity disorder: a randomized controlled trial. Int J Behav Nutr Phys Act. 2025 Apr 17;22(1):47.

    A veces les digo a las familias en mi consulta: "El deporte no es solo ocio, es neuroquímica en movimiento". Este estudio de abril de 2025 es oro puro porque no es una simple encuesta, sino un ensayo clínico controlado (el "pata negra" de la ciencia). Los investigadores demostraron que los adolescentes con TDAH que seguían un programa de ejercicio estructurado no solo mejoraban en forma física, sino que reducían significativamente su ansiedad, depresión y agresividad comparados con los que no lo hacían.

    Mi conclusión para padres: Muchas veces nos centramos tanto en las notas o en la terapia de gabinete que quitamos las extraescolares deportivas "porque no hay tiempo". Error. Este estudio nos grita que el ejercicio es un antidepresivo y ansiolítico natural para nuestros hijos. Antes de estudiar, que suden. Su cerebro necesita esa descarga motora para poder luego "frenar" y concentrarse. El deporte no compite con los estudios, los hace posibles, pues el ejercicio físico actúa directamente sobre las funciones ejecutivas del lóbulo frontal (el "director de orquesta" del cerebro). El estudio sugiere que el deporte no es solo para "cansarlos" y que duerman; es para activar su atención.

    5. Perder el miedo al tratamiento: Datos, no opiniones

    Artículo: Advancing the evidence base for child and adolescent psychopharmacology. BMJ Ment Health. 2025 Mar 3;28(1):e301634.

    Entiendo el miedo. Cuando hablo de fármacos en consulta, veo esa mirada de preocupación: "¿Cambiará su personalidad?", "¿Es para siempre?". Este editorial de 2025 es una herramienta de tranquilidad. Recopila la evidencia más sólida y actual confirmando que los tratamientos, bien manejados por un profesional, son seguros, eficaces y, crucialmente, protectores a largo plazo contra otros riesgos (como el fracaso escolar o accidentes, entre otros pronósticos).

    La reflexión final: Usar la ciencia a nuestro favor, a través de las herramientas que la evidencia nos pone en las manos, es un inteligente acto de amor. Este fin de año, que estos cinco estudios (podrían haber sido otros) nos recuerden que no estáis solos, y que cada cambio pequeño en casa —un paseo rápido, hacer deporte juntos, una tarde de juego de mesa en familia sin móviles, una cena para conversar sin pantallas cerca, una noche de bromas y risas antes del sueño— es un acto de amor revolucionario.

  • El Trastorno por Déficit de Atención / Hiperactividad (TDAH) en adultos: realidades clínicas clave más allá del estereotipo

    Introducción: un trastorno del neurodesarrollo persistente e infradiagnosticado

    El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo de inicio temprano que, en una parte significativa de los casos, persiste hasta la edad adulta. Lejos de ser una entidad restringida a la etapa escolar, continúa repercutiendo en la capacidad de planificación, autorregulación y funcionamiento laboral, académico y social. Muchos adultos llegan a la consulta tras años interpretando sus dificultades como fallos de personalidad o falta de disciplina, pese a presentar un patrón sindrómico claro desde la infancia.

    2. Más que falta de atención: desregulación atencional y ejecutiva

    El problema central en el TDAH adulto no es la ausencia de atención, sino la incapacidad para regularla y dirigirla de manera eficaz. La clínica típica incluye fluctuaciones marcadas del rendimiento atencional, hiperfoco selectivo, dificultades de planificación, memoria de trabajo, gestión del tiempo, procrastinación crónica y tendencia a funcionar únicamente bajo presión temporal o emocional.

    Desde esta perspectiva, el TDAH se entiende como un trastorno multifactorial que afecta a las funciones ejecutivas, al procesamiento motivacional y a la regulación del comportamiento. El entorno suele malinterpretar estas dificultades como falta de voluntad o esfuerzo, lo que contribuye al deterioro emocional y social.

    3. La desregulación emocional como componente clínico central

    En adultos, la desregulación emocional es uno de los elementos con mayor impacto funcional. Aunque no aparezca aún como criterio diagnóstico nuclear en el DSM, se considera un fenómeno primario en un elevado porcentaje de pacientes.

    Incluye labilidad afectiva, respuestas desproporcionadas al estrés, irritabilidad, dificultades para modular emociones negativas y vulnerabilidad ante la frustración. Se relaciona con conflictos interpersonales, bajo rendimiento laboral y elevada comorbilidad psiquiátrica. La evaluación sistemática de este componente es esencial para orientar el tratamiento.

    4. Más allá de lo neurológico: impacto sistémico y comorbilidad somática

    El TDAH adulto se asocia a mayor prevalencia de condiciones médicas como trastornos del sueño, obesidad, migrañas, síndrome metabólico, asma y enfermedad cardiovascular. Estas asociaciones no son meramente casuales: intervienen factores neurobiológicos, conductuales, endocrinos y de estilo de vida.

    El abordaje clínico debe ir más allá de la esfera neuropsiquiátrica. La consulta del adulto con TDAH exige una valoración médica completa, cribado de comorbilidad somática relevante y coordinación con otras especialidades cuando procede.

    5. Diagnóstico: una evaluación estructurada y sensible a la sospecha clínica

    El diagnóstico del TDAH adulto debe realizarse mediante una evaluación cuidadosa que incluya:

    • Historia evolutiva detallada desde la infancia (cuando es posible, con heteroinformes).
    • Entrevista clínica estructurada o semiestructurada.
    • Exploración específica de síntomas ejecutivos y emocionales.
    • Evaluación sistemática de comorbilidades psiquiátricas y somáticas.
    • Escalas estandarizadas de autoinforme y heteroinforme.

    Pruebas complementarias: solo cuando la sospecha clínica lo indica

    Aunque no se recomiendan de forma rutinaria, el médico puede solicitar pruebas complementarias si existen signos o síntomas que sugieran otras patologías concomitantes o diagnósticos diferenciales:

    • Electroencefalograma o estudios de sueño.
    • Resonancia magnética cerebral (ante focalidad, deterioro cognitivo atípico, cefalea u otros síntomas neurológicos o psiquiátricos atipicos o antecedentes relevantes).
    • Analítica general y hormonales (celiaca, alteraciones tiroideas, anemia, intoxicación, etc.).
    • Test genéticos, únicamente en casos seleccionados (según sospecha del profesional).
    • Otras pruebas según la presentación clínica.

    El objetivo es descartar condiciones que puedan simular TDAH, coexistir con él o modificar el pronóstico.

    6. Evolución histórica del concepto: del daño cerebral mínimo al TDAH a lo largo de la vida

    El reconocimiento del TDAH adulto ha evolucionado a través de sucesivas versiones de los criterios diagnósticos del DSM, pasando desde antiguas formulaciones como "disfunción cerebral mínima" hasta la conceptualización actual. Hoy sabemos que no es un cuadro que siempre remita espontáneamente con la adolescencia, sino un trastorno crónico y frecuentemente infradiagnosticado.

    7. TDAH de alto rendimiento: deterioro funcional invisible

    Una parte significativa de adultos con TDAH mantiene estudios superiores, vida laboral estable o posiciones de alta exigencia. Sin embargo, su funcionamiento depende de estrategias compensatorias intensas y poco sostenibles: hiperorganización, funcionamiento por urgencia y esfuerzo cognitivo desproporcionado.

    Desde el punto de vista clínico, es fundamental no interpretar el buen desempeño externo como ausencia de deterioro. El coste emocional y cognitivo acumulado puede ser tan relevante como el fracaso académico o laboral.

    8. Implicaciones terapéuticas

    El tratamiento debe ser multimodal:

    • Psicoestimulación o fármacos autorizados para TDAH adulto en casos moderados-graves, según repercusión funcional o sufrimiento personal.
    • Psicoterapia estructurada centrada en funciones ejecutivas y regulación emocional.
    • Psicoeducación individual y familiar.
    • Modificación de hábitos, sueño y organización del entorno.
    • Tratamiento de comorbilidades.

    El objetivo es reducir el deterioro clínicamente significativo y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

    Bibliografía seleccionada

    (Referencias más importantes, ordenadas por relevancia clínica y evidencia):

    1. Kooij JJS, Bijlenga D, Salerno L, et al. Updated European Consensus Statement on diagnosis and treatment of adult ADHD. Eur Psychiatry. 2019.
    2. Faraone SV, Biederman J, Daly EJ, et al. The World Federation of ADHD International Consensus Statement. Neurosci Biobehav Rev. 2021.
    3. Royal College of Psychiatrists. ADHD in adults: Good Practice Guidelines. RCPsych; 2017.
    4. Barkley RA. Attention-Deficit Hyperactivity Disorder: A Handbook for Diagnosis and Treatment. 4th ed. Guilford Press; 2014.
    5. Hirsch O, Chavanon ML, et al. Emotional dysregulation is a primary symptom in adult ADHD. J Affect Disord. 2018.
    6. Instanes JT, Klungsøyr K, et al. Adult ADHD and comorbid somatic disease. J Atten Disord. 2018.
    7. Lange KW, Reichl S, et al. The history of attention deficit hyperactivity disorder. Atten Defic Hyperact Disord. 2010.
  • La permanencia del objeto: cómo descubren los bebés que el mundo sigue existiendo

    Permanencia del objetoPermanencia del objeto

    Entre los hitos más importantes del desarrollo cognitivo infantil, la permanencia del objeto destaca por lo que revela sobre la capacidad del bebé para entender su entorno. Este concepto fue descrito por el célebre psicólogo suizo Jean Piaget, pionero en el estudio del desarrollo mental durante la infancia. Según el excelso psicólogo, la permanencia del objeto es la comprensión de que las personas y las cosas existen, aunque no estén presentes ante los ojos o el alcance del niño.

    Esta habilidad suele aparecer de manera progresiva entre los 8 y 12 meses. Al principio, cuando un objeto sale de su vista, el bebé actúa como si hubiera dejado de existir: no lo busca ni parece esperarlo. Conforme se va acercando al año, muchos niños empiezan a buscar objetos ocultos, y en el clásico juego del cucú-tras esperan y celebran la "reaparición" del adulto. Este comportamiento indica que el niño ya está formando una idea mental más estable del mundo y de las personas que le rodean.

    Para los neuropediatras, observar la aparición de esta capacidad es fundamental. Lo habitual es que la permanencia del objeto se consolide antes de los 16-18 meses. Si después de esa edad el niño todavía no muestra interés en buscar cosas que desaparecen o parece no notar la ausencia de personas conocidas, conviene consultarlo con el especialista para valorar de manera global el desarrollo. No hay que alarmarse: existen diferentes ritmos de maduración y a veces pequeñas variabilidades entran dentro de lo normal. Sin embargo, su retraso puede ser, junto a otros signos, una pista sobre posibles diferencias en el desarrollo, como ocurre en ocasiones en niños con trastorno del espectro autista (TEA). En estos casos, la permanencia del objeto puede no aparecer ni consolidarse o presentarse de forma "extraña", aunque siempre es importante considerar el conjunto y no solo un aspecto aislado del desarrollo antes de alarmarse, por supuesto.

    El logro de la permanencia del objeto tiene consecuencias prácticas: facilita que el niño tolere mejor las ausencias breves, desarrolla su memoria y promueve la aparición del lenguaje, al poder referirse a personas u objetos que no están presentes en ese momento. Es, por tanto, el primer peldaño para construir la capacidad de anticipar, recordar y entender el entorno de forma más compleja.

    En definitiva, tal como subrayó Piaget, este hito es una auténtica ventana al pensamiento infantil y nos ayuda tanto a reconocer un desarrollo armónico como a detectar, cuando sea necesario, la necesidad de una valoración más detallada. Si tienes dudas sobre este proceso, recuerda que cada niño evoluciona a su propio ritmo, y que cualquier consulta a tiempo permite acompañar y apoyar mejor a cada pequeño en su recorrido único.

  • No es (solo) TDAH: la clave oculta tras la montaña rusa emocional

    Introducción: la confusión habitual

    Cuando un niño o un adulto muestra cambios de humor bruscos, impulsividad o una baja tolerancia a la frustración, es común que la primera sospecha sea un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Sin embargo, no toda inestabilidad emocional es un trastorno del ánimo ni una simple manifestación de desatención. Existe un concepto clave, a menudo pasado por alto, que explica esta "montaña rusa emocional" y que es fundamental para entender lo que realmente está ocurriendo.

    Clave 1: existe algo llamado "impulsividad emocional" (y no es un trastorno del ánimo).

    El término técnico es Déficit en la Autorregulación Emocional (DESR, por sus siglas en inglés), también conocido como "Impulsividad Emocional". Para entenderlo, es útil pensar en un espectro: en un extremo están las fluctuaciones normales del estado de ánimo que todos experimentamos; en el otro, los trastornos severos como la depresión o el trastorno bipolar. Como bien sabemos en psicología, entre la normalidad y la patología existen matices, y el DESR ocupa precisamente ese espacio intermedio.

    La diferencia fundamental es que el problema no reside en el estado de ánimo en sí mismo, sino en la dificultad para regular la intensidad y la expresión de las emociones una vez que aparecen. Una persona con DESR no está constantemente triste o eufórica, pero su reacción emocional ante un estímulo puede ser desproporcionada y difícil de controlar.

    Clave 2: el problema es la respuesta al gatillo, no un estado de ánimo constante.

    Esta es la distinción más importante. La desregulación emocional ocurre como una reacción a estímulos o situaciones provocadoras concretas. Una vez que el estímulo desaparece o se gestiona, la intensidad emocional tiende a disiparse con relativa rapidez.

    Por el contrario, los trastornos del estado de ánimo, como la depresión o la manía en el trastorno bipolar, implican estados emocionales sostenidos y persistentes que no siempre son provocados por un evento externo. La persona vive en un estado de ánimo alterado durante un período prolongado.

    Los déficits en la regulación emocional son fenomenológicamente distintos de los trastornos del estado de ánimo, los cuales se caracterizan por la experiencia de emociones fuertes, no por su autorregulación (Thus, emotional impulsivity).

    Clave 3: su vínculo con el TDAH es sorprendentemente fuerte.

    La impulsividad emocional no es exclusiva del TDAH, pero la asociación entre ambos es innegable y está respaldada por la ciencia. Un estudio clave del Hospital General de Massachusetts (MGH) con población infantil reveló un dato contundente: el 44% de los niños con TDAH presentaban un perfil de desregulación emocional (DESR), en comparación con solo el 2% de los niños sin TDAH.

    Y esto no es solo un problema de la infancia. Los estudios demuestran que el vínculo persiste en la vida adulta, donde una "mayoría considerable" de los adultos con TDAH también presentan DESR. Es más, el diagnóstico de TDAH predice la presencia de desregulación emocional de forma independiente, incluso cuando se descarta la influencia de otras condiciones comórbidas como la ansiedad o los trastornos de conducta.

    Clave 4: el impacto es real, pero no donde crees.

    La dificultad para regular las emociones tiene consecuencias directas y medibles que van más allá del malestar momentáneo. En los adultos, la presencia de DESR junto al TDAH agrava significativamente los resultados en la vida diaria, no solo en comparación con la población general, sino también en comparación con personas que solo tienen TDAH. Los datos muestran que el grupo TDAH+DESR presenta:

    • Una peor calidad de vida y un peor ajuste social en áreas como el trabajo, el ocio y las relaciones familiares.
    • Tasas de divorcio significativamente más altas que los grupos de control y que el grupo con TDAH sin DESR.
    • Un mayor porcentaje de accidentes de coche, con un riesgo superior tanto al de los controles como al de los adultos con TDAH sin esta comorbilidad.

    Sin embargo, aquí viene el hallazgo más sorprendente y contraintuitivo: el DESR no se asoció con un menor funcionamiento intelectual (CI) ni con el trastorno de la función ejecutiva (es decir, la capacidad de planificar, organizar o iniciar tareas). Esto es crucial porque desmonta el prejuicio de que estas reacciones emocionales se deben a una falta de inteligencia o de organización. El problema es específico de la gestión emocional, no de la capacidad cognitiva general.

    Clave 5: no es falta de disciplina, es neurobiología.

    Estas dificultades no son el resultado de una mala crianza, una falta de disciplina o un defecto de carácter. Tienen una base neurobiológica clara. Los estudios de neuroimagen apuntan a la circuitería cerebral que conecta la amígdala (el centro de procesamiento emocional del cerebro) con la corteza prefrontal (el centro de control y regulación). En este sistema, una estructura llamada cíngulo anterior juega un papel fundamental, ya que actúa como un puente que conecta el sistema límbico con la corteza y es crucial para procesar y regular la emoción.

    En última instancia, estas dificultades no son una falta de amor ni de disciplina. Son expresiones de cómo el cerebro de una persona gestiona la emoción y la impulsividad.

    Conclusión: entender para acompañar mejor

    La desregulación emocional es un concepto distinto, con una base neurobiológica real y un impacto funcional significativo, que está fuertemente ligado al TDAH pero que no debe confundirse con un trastorno del estado de ánimo. Comprender esta diferencia es el primer paso para ofrecer un apoyo más preciso y compasivo, tanto en el ámbito clínico como en el familiar.

    Ahora que entendemos que no se trata de un defecto de carácter, ¿cómo podemos cambiar nuestro enfoque para apoyar mejor a quienes viven esta realidad a diario?

  • TDAH en la adolescencia: el reto de cumplir BIEN el tratamiento farmacológico

    El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no siempre desaparece al crecer. En muchos adolescentes sigue presente y también puede continuar en la vida adulta. En Estados Unidos, por ejemplo, los estudios estiman que alrededor del 8–9 % de los adolescentes presenta síntomas compatibles con TDAH (ver: https://www.nimh.nih.gov/health/statistics/attention-deficit-hyperactivity-disorder-adhdEste enlace se abrirá en una ventana nueva)

    Vivir con TDAH en esta etapa puede traer varios desafíos: prestar atención en clase, organizarse, cumplir plazos, mantener el foco, relacionarse con los demás… Todo esto puede afectar al rendimiento escolar, la autoestima y el estado de ánimo. Además, cuando no se maneja bien, puede aumentar el riesgo de ansiedad, depresión, consumo de sustancias o trastornos de conducta, como el trastorno negativista desafiante (TND) o el trastorno disocial, que suelen aparecer cuando hay mucha frustración, conflictos familiares o sensación de falta de control. En algunos casos, el TDAH también se solapa con otros trastornos aparentemente muy diferentes, como ciertos trastornos de la personalidad o trastornos del estado de ánimo, como el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo (DMDD), lo que puede complicar el diagnóstico y el tratamiento.

    ¿Por qué tantos adolescentes dejan el tratamiento?

    Durante la adolescencia, muchos jóvenes abandonan o cambian su tratamiento —ya sea la medicación o las intervenciones psicológicas y educativas—. Menos de la mitad sigue con el plan completo, especialmente al pasar a la vida adulta. Es una etapa en la que todo se mueve: el cuerpo, las amistades, la forma de pensar, los horarios, las prioridades… y también la percepción del propio TDAH. Muchos sienten que "ya no son niños" y que no quieren depender de una pastilla ni de citas médicas. Esa necesidad de decidir por sí mismos, tan necesaria para crecer, a veces los lleva a dejar de lado algo que les estaba ayudando.

    Las razones suelen sonar razonables, pero con frecuencia esconden cansancio, inseguridad o el deseo de no sentirse diferentes: "ya me apaño solo", "eso del TDAH era cosa del cole", "no quiero ser el rarito que toma medicación", o "me la quito en verano y si me va bien, paso". También están las excusas más refinadas, como "ya controlo mis impulsos" o "prefiero ir natural", que en el fondo revelan miedo a depender o a admitir que aún hay dificultades. A veces hay efectos secundarios que desaniman, o padres que, agotados, bajan la guardia.

    Pero dejar el tratamiento sin una buena planificación tiene su precio. No porque "sin medicación se hundan", sino porque muchos subestiman el papel que el TDAH sigue jugando en su vida diaria: en su organización, su motivación o su autocontrol. Lo que en la infancia eran despistes o impulsividad, en la adolescencia puede transformarse en suspensos, discusiones constantes, decisiones impulsivas o conductas de riesgo: coger el coche sin pensar, gastar dinero sin control o engancharse a pantallas o sustancias.

    El problema no es solo que interrumpan algo que les ayudaba, sino que suelen hacerlo justo cuando más lo necesitan. La adolescencia exige más madurez, más independencia, más decisiones, más gestión emocional… y el cerebro con TDAH aún está aprendiendo a equilibrar todo eso. Es como soltar el cinturón de seguridad justo al entrar en la curva.

    Por eso, más que insistir con frases como "tienes que tomarte la medicación", suele funcionar mejor cambiar la conversación. No se trata de obedecer, sino de entender que el tratamiento les ofrece herramientas para manejar su vida con más libertad. Cuando comprenden que no les quita autonomía, sino que les ayuda a tenerla, todo cambia. El objetivo no es "portarse bien" o "sacar buenas notas", sino vivir con menos caos y más opciones reales.

    Además, el pronóstico para muchos adolescentes y adultos jóvenes con TDAH se deteriora de forma notable cuando los síntomas persisten y no se mantiene un tratamiento farmacológico de manera constante y adecuada. La evidencia muestra que quienes interrumpen el tratamiento tienen mayor riesgo de dificultades académicas, laborales y sociales, así como de desarrollar problemas emocionales o conductas de riesgo. En cambio, la continuidad terapéutica se asocia con mejor adaptación, menor impulsividad y mayor estabilidad emocional. Ver: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3520745/Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    Tratamientos y apoyos que realmente funcionan

    Los fármacos estimulantes (como el metilfenidato o la lisdexanfetamina) y los no estimulantes (atomoxetina, guanfacina, etcétera) siguen siendo los tratamientos más eficaces para controlar los síntomas principales. Sin embargo, su efecto sobre la organización, la motivación o las relaciones sociales puede variar mucho entre personas. Por eso, lo ideal es que el tratamiento no se limite solo a la medicación, sino que se complemente con apoyos psicosociales: terapia psicológica para las comorbilidades, entrenamiento en habilidades y funciones ejecutivas, intervención familiar —a menudo esencial en los trastornos de conducta—, entre otros. Cada caso necesita un enfoque personalizado, teniendo en cuenta la edad, las características del joven y sus preferencias.

    Aun así, no siempre el tratamiento "encaja bien" con el adolescente o el adulto joven. Es fundamental escuchar sus sensaciones y atender a sus demandas, especialmente cuando describen efectos adversos subjetivos como nerviosismo, apatía o la sensación de "no sentirse ellos mismos". Ajustar la dosis, el horario o incluso el tipo de fármaco puede marcar una gran diferencia. Este enfoque más flexible y personalizado mejora la tolerancia y refuerza la adherencia, porque el joven percibe que su experiencia importa y que el tratamiento se adapta a él, no al revés.

    Las intervenciones psicosociales —como la terapia cognitivo-conductual, el entrenamiento en planificación o la entrevista motivacional— no siempre reducen los síntomas tanto como la medicación, pero aportan algo igual de importante: enseñan al adolescente a entenderse y a convivir mejor con su forma de ser. Le ayudan a anticipar dificultades, a manejar la frustración, a desarrollar estrategias y a construir rutinas que funcionan en la vida real.
    Más que "curar", estas terapias dan estructura y sentido, fortalecen la autoestima y devuelven la sensación de control. Por eso, la combinación entre medicación y apoyo psicológico suele ofrecer los mejores resultados: una trabaja sobre los síntomas, la otra sobre la manera de vivir con ellos.

    Cuando el tratamiento se plantea así —de manera integral y compartida— el adolescente se siente parte activa del proceso. Es clave explicarle qué es el TDAH, por qué no es culpa suya y qué opciones tiene para manejarlo. Cuando siente que tiene voz, la implicación mejora. También ayuda mucho facilitar el acceso a los servicios, ofrecer apoyos no farmacológicos y entender que el tratamiento no se reduce a "tomar o no tomar una pastilla".

    En definitiva, el TDAH en la adolescencia puede manejarse con éxito si se combinan los tratamientos médicos con estrategias que refuercen la autonomía, la motivación, la planificación y la participación del joven. El objetivo va mucho más allá de "quitar síntomas": se trata de que el adolescente entienda su manera de funcionar, aprenda a vivir con ella y desarrolle herramientas que le sirvan cuando empiece su vida adulta.

    Estrategias reales para hablar con adolescentes en casa

    1. Haz que la charla sea un "quiero entenderte" y no un "te lo exijo". En vez de "tienes que tomar la medicación", prueba con "¿qué te parece cómo va esto? ¿Qué te ayuda, qué no?". Abrir el diálogo siempre funciona mejor que imponer.
    2. Relaciónalo con sus propios intereses. Más que hablar de lo que "hay que hacer", vincúlalo con lo que le importa: "¿Qué te gustaría mejorar para tener más tiempo libre, menos discusiones, mejores notas?".
    3. Dale opciones reales. "¿Prefieres tomarla antes o después de desayunar?", "¿Quieres llevarla tú en la mochila o la dejo lista?". Sentir que decide es parte del compromiso.
    4. Valida lo que siente. "Sé que esto te agota, que a veces piensas que no sirve tanto, y lo entiendo." Cuando se sienten escuchados, bajan las defensas y aumenta la cooperación.
    5. Hazlo en equipo, no en modo vigilancia. Padres y madres pueden acompañar sin controlar. Que el adolescente sienta apoyo, no presión.
    6. Revisad juntos el plan. "¿Qué ha ido bien esta semana? ¿Qué podríamos cambiar?". La flexibilidad es mejor que la rigidez.
    7. Usa apoyos visuales y recordatorios. Apps, notas, alarmas o rutinas claras. No se trata de repetir órdenes, sino de construir sistemas que funcionen.
    8. Refuerza el esfuerzo, no solo el resultado. Un "gracias por intentarlo" puede ser más útil que un "ya era hora". El reconocimiento sincero motiva.
    9. Busca aliados externos. Psicólogos, tutores o mentores pueden ser figuras de referencia que alivien la carga familiar.
    10. Hablad del futuro. "¿Dónde te gustaría estar dentro de un año? ¿Qué cosas te ayudarían a llegar ahí?" Ver el TDAH como algo manejable —no como un obstáculo— da sentido y esperanza.

    Referencias

    1. Chan E, Fogler JM, Hammerness PG. Treatment of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder in Adolescents: A Systematic Review. JAMA. 2016;315(18):1997–2008. doi:10.1001/jama.2016.5453
    2. Posner J, Polanczyk GV, Sonuga-Barke E. Attention-Deficit Hyperactivity Disorder. Lancet. 2020;395(10222):450–462. doi:10.1016/S0140-6736(19)33004-1
    3. Wolraich ML, Wibbelsman CJ, Brown TE, et al. Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Among Adolescents: A Review of the Diagnosis, Treatment, and Clinical Implications. Pediatrics. 2005;115(6):1734–1746. doi:10.1542/peds.2004-1959
    4. Titheradge D, Godfrey J, Eke H, et al. Why Young People Stop Taking Their Attention Deficit Hyperactivity Disorder Medication: A Thematic Analysis of Interviews With Young People. Child: Care, Health and Development. 2022;48(5):724–735. doi:10.1111/cch.12978
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    6. Sibley MH, Flores S, Murphy M, et al. Research Review: Pharmacological and Non-Pharmacological Treatments for Adolescents With Attention Deficit/Hyperactivity Disorder – A Systematic Review of the Literature. Journal of Child Psychology and Psychiatry. 2025;66(1):132–149. doi:10.1111/jcpp.14056
    7. Mattingly GW, Wilson J, Ugarte L, Glaser P. Individualization of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Treatment: Pharmacotherapy Considerations by Age and Co-Occurring Conditions. CNS Spectrums. 2021;26(3):202–221. doi:10.1017/S1092852919001822
    8. Wolraich ML, Hagan JF, Allan C, et al. Clinical Practice Guideline for the Diagnosis, Evaluation, and Treatment of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder in Children and Adolescents. Pediatrics. 2019;144(4):e20192528. doi:10.1542/peds.2019-2528
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