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Blog del Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas. Neurología. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo y Olympia Centro Médico Pozuelo

  • Esofagitis eosinofílica en neurología y psiquiatría infantil: un diagnóstico olvidado

    EsofaguitisEsofaguitisEsofagitis eosinofílica.

    Introducción y clínica: La esofagitis eosinofílica (EoE) es una enfermedad inflamatoria crónica del esófago, que afecta una de cada mil individuos, causada por una reacción retardada del sistema inmunológico a uno o varios alimentos (los más prevalentes son leche y trigo, pero hay muchos más)1. En los niños, se manifiesta de formas diferentes según la edad: los más pequeños pueden presentar vómitos recurrentes, dolor abdominal y dificultad para comer, mientras que los mayores suelen quejarse de dificultad para tragar (disfagia) o episodios de atragantamiento alimentario. Por ello lo pacientes con EoE pueden preferir alimentos blandos, purés o nutrición líquida, y pueden evitan ciertas carnes (perritos o filete) y pan tostado si hubo antecedentes previos de atragantamiento con estos alimentos. Si sospechas que tu hijo tiene estos síntomas, sobre todo la disfagia, es importante saber que no es "simplemente caprichoso con la comida": puede tratarse de un problema médico real que requiere diagnóstico y tratamiento2,3.

    Diagnóstico: Se realiza mediante una endoscopia (una cámara pequeña que permite visualizar el interior del esófago) con toma de biopsias. Los médicos buscan la presencia de células inflamatorias específicas (eosinófilos) en el tejido esofágico, y descartan otras causas como el reflujo ácido o infecciones. En la endoscopia pueden verse marcas características (surcos lineales, placas blancas redondeadas, anillos concéntricos), aunque es importante saber que hasta un tercio de los niños tienen un esófago completamente normal a simple vista incluso teniendo la enfermedad. Por eso puede ser necesaria la biopsia2,3.

    Tratamiento: Una vez confirmada la EoE, el tratamiento es multimodal: cambios en la dieta (eliminación empírica o dirigida de alimentos sospechosos de desencadenar la inflamación), medicamentos (por ejemplo: inhibidores de la bomba de protones y corticosteroides tópicos que se tragan), y en casos más severos o con complicaciones, nuevas terapias biológicas de indicación hospitalaria2,3. Lo importante es que esta enfermedad es tratable y controlable, pero requiere seguimiento médico prolongado (con control endoscópico-histológico y reintroducción progresiva variable en función del caso) para evitar que el esófago se cicatrice o estreche, lo que podría causar problemas más serios a largo plazo. Si tu hijo tiene dificultad persistente para tragar, vómitos frecuentes o antecedentes familiares de alergias, consulta con tu pediatra para una evaluación adecuada en gastroenterología infantil si lo cree pertinente2,3.

    Esofagitis eosinofílica y trastornos neuropsiquiátricos.

    Introducción: Existe una asociación entre la esofagitis eosinofílica (EoE) y un mayor riesgo de trastornos neurológicos y psiquiátricos, especialmente interiorizantes como la ansiedad o la depresión y del neurodesarrollo como el TDAH o el TEA, con mayor riesgo en niños y adultos jóvenes4-6. Otras enfermedades gastrointestinales (enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad celíaca) se han vinculado con psicopatología, pero en este texto hablaremos de la EoE al ser menos conocida dicha asociación4. Hasta el 50% de adultos y el 40% de niños con EoE presentan comorbilidad psiquiátrica documentada en registros médicos, aunque algunos estudios sugieren que la prevalencia real podría ser mayor si se incluyeran síntomas subclínicos de ansiedad. La comorbilidad se asocia con peor calidad de vida y mayor duración de síntomas4,5.

    Trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad (TDAH)

    La EoE es una enfermedad inflamatoria y alérgica (esto es, atópica), similar al asma, la rinitis alérgica o la dermatitis atópica, en la que el sistema inmunológico reacciona de forma exagerada contra ciertos alimentos, inflamando el esófago mediante la sobreexpresión de ciertas citocinas, como algunas interleukinas, y la activación de varios tipos de células: linfocitos tipo Th2 y eosinófilos2,3. Este mecanismo atópico, en sus aspectos básicos, es compartido con la EoE.

    Esta caracterización es importante porque la investigación científica ha demostrado consistentemente que los trastornos atópicos en general se asocian con un mayor riesgo de TDAH7-9. Los estudios de metaanálisis muestran que los niños con enfermedades atópicas tienen entre un 30% y 80% más riesgo de TDAH en comparación con niños sin estas condiciones, por lo que es lógico inferir que los niños con EoE podrían tener un riesgo elevado de TDAH además de una mayor probabilidad de tener también cualquiera de las demás enfermedades atópicas comentadas y viceversa. Los estudios genéticos y epidemiológicos demuestran que EoE comparte la susceptibilidad y mecanismos fisiopatológicos de las demás enfermedades atópicas, reforzando su clasificación dentro del espectro atópico2,3.

    Desde la perspectiva del neurólogo o psiquiatra infanto-juvenil, esto tiene una implicación clínica fundamental: cuando evaluamos a un niño con TDAH que presenta síntomas gastrointestinales típicos de EoE— vómitos recurrentes, dificultad para tragar (disfagia) o episodios de atragantamiento alimentario, dificultad para alimentarse o comportamientos de evitación alimentaria—no debemos atribuirlos de forma constante, exclusivamente, a ansiedad o factores psicosomáticos. Un atragantamiento episódico recurrente o disfagia verdadera son síntomas típicos de EoE, raramente de ansiedad pura. Hay que derivar a gastroenterología infanto-juvenil.

    Al descartar o diagnosticar la EoE en un niño con TDAH, no solo tratamos una enfermedad inflamatoria: prevenimos que los síntomas gastrointestinales enmascaren el manejo del TDAH o sean interpretados como manifestaciones puramente psicológicas. El enfoque integral—evaluando ambos problemas—nos permite diagnósticos precisos y manejo terapéutico más efectivo.

    Trastornos psiquiátricos relacionados con la restricción alimentaria

    La EoE puede presentar síntomas que se superponen con trastornos alimentarios codificados en el DSM-5, como anorexia nerviosa o ARFID (avoidant restrictive food intake disorder o Trastorno de Evitación/Restricción de la Ingesta de Alimentos), incluyendo pérdida de peso o fallo de crecimiento, rechazo de alimentos, ansiedad alrededor de la comida, y conductas de masticar y escupir, por lo que hay que estar atento y descartar EoE en los pacientes con trastornos alimentarios cuando la clínica sea compatible con EoE (especialmente si hay disfagia, antecedentes personales o familiares de atopia y/ o atragantamientos espontáneos)1. El ARFID es un trastorno de restricción alimentaria basado en factores neurosensoriales (texturas, sabores, colores, apariencia) y miedo a consecuencias adversas (atragantamiento, vómitos), sin que existan preocupaciones por la imagen corporal o miedo a ganar peso, a diferencia de la anorexia nerviosa. Un niño con ARFID evita alimentos porque rechaza la textura o teme atragantarse; un niño con anorexia nerviosa los evita (sobre todos aquellos que considera con mayor densidad calórica) porque tiene miedo de engordar (distorsión de la imagen corporal, etcétera), u otros motivos diferentes a los del ARFID1. Por lo tanto, es fundamental obtener una historia detallada para aclarar la causa raíz de las aversiones alimentarias y tener descartada o bien tratada su EoE de presentarse de forma concomitante1. Aproximadamente un 25%-50% de niños con ARFID tiene Trastorno del espectro autista (TEA) comórbido10. Los trastornos alimentarios basados en factores neurosensoriales (texturas, sabores, colores, apariencia) y hábitos alimentarios rígidos son frecuentes en el TEA. Ante una pérdida significativa de peso o una deficiencia nutricional significativa, dependencia de alimentación enteral o suplementos nutricionales orales y la gravedad de la alteración de la alimentación excede la que se observa habitualmente en los niños con TEA, se justifica el diagnóstico de ARFID comórbido al TEA y por supuesto, descartar EoE si hay sospecha clínica.

    Trastorno del espectro autista (TEA)

    Los niños con EoE tienen un riesgo significativamente aumentado de presentar trastorno del espectro autista (TEA)—entre 3 y 4 veces mayor que la población general11. Además, esta relación funciona en ambas direcciones: los niños con TEA también tienen más probabilidad de desarrollar EoE11,12. El desafío clínico real emerge cuando se solapan la EoE, el TEA y el ARFID. Los niños con TEA frecuentemente presentan selectividad alimentaria extrema basada en factores sensoriales: rechazo a texturas, sabores o colores específicos y en bastantes casos un verdadero ARFID. Pero cuando esta selectividad se debe realmente a EoE—porque el niño siente dolor al tragar o teme atragantarse—el tratamiento debe abordar ambas condiciones11,12. No es suficiente trabajar solo los aspectos sensoriales o conductuales del TEA con/sin ARFID si hay inflamación esofágica no tratada11,12. Por tanto, en un niño con TEA que presenta restricción alimentaria severa, especialmente si tiene antecedentes de atopia o síntomas gastrointestinales típicos de EoE, se debe realizar una evaluación gastroenterológica y alérgica para descartar o confirmar EoE12. Solo así podemos ofrecer un manejo integral que trate simultáneamente la enfermedad inflamatoria, el componente neurosensorial del autismo y, si existe, el ARFID1.

    Ansiedad/Depresión

    Los niños y adolescentes con EoE presentan tasas significativamente más altas de ansiedad y depresión que la población general5. Los estudios muestran que hasta el 40% de los niños con EoE experimentan ansiedad y el 30% depresión, con cifras que aumentan progresivamente con la edad: en menores de 11 años, un 9% presenta depresión (comparado con menos del 2% en población general), mientras que en adolescentes de 11-17 años esta cifra alcanza el 20% (frente al 6% en población general)5,13. Esta relación es bidireccional y compleja. Por un lado, vivir con una enfermedad crónica que causa dolor al tragar, miedo a atragantarse, restricciones dietéticas severas y necesidad de endoscopias repetidas genera un estrés psicológico considerable que puede desencadenar ansiedad y depresión. Los niños con EoE reportan preocupaciones constantes sobre su enfermedad, síntomas físicos de ansiedad, problemas de sueño (duermen hasta un 22% menos horas que controles sanos), dificultades escolares y sociales, y miedo al estigma social relacionado con sus limitaciones alimentarias. Por otro lado, los trastornos de ansiedad y depresión pueden agravar la percepción de los síntomas esofágicos: los estudios demuestran que la hipervigilancia esofágica y la ansiedad específica relacionada con los síntomas predicen mejor la disfagia y la calidad de vida reducida que los propios hallazgos endoscópicos o histológicos. Además, la depresión se asocia con peor adherencia al tratamiento médico, complicando el control de la EoE13.

    Lo importante es que esta es una relación reversible: tratando la EoE, podemos mejorar significativamente la ansiedad y depresión asociadas. Y ofreciendo apoyo psicológico (terapia cognitivo-conductual específica para la ansiedad relacionada con síntomas), podemos mejorar cómo el niño tolera y maneja la enfermedad.

    ​Son esenciales las intervenciones multidisciplinarias que incluyan apoyo psicológico (terapia cognitivo-conductual, técnicas de reducción de estrés) junto con el tratamiento médico de la enfermedad inflamatoria y de la ansiedad/depresión si fuera necesario4,5. El riesgo psiquiátrico es particularmente elevado en los primeros años tras el diagnóstico, lo que hace esencial una detección temprana para prevenir el desarrollo de psicopatología más severa4,5,13.

    Problemas neurológicos motores: La EoE se ha asociado raramente con alteraciones de la motilidad esofágica, pero estos efectos a largo plazo son poco frecuentes y se previenen con diagnóstico y tratamiento tempranos14.

    Resumen final.

    Los signos de alarma que sugieren evaluar EoE incluyen: disfagia (especialmente incapacidad para tragar pastillas), pérdida de peso aguda, indigestión persistente, antecedentes personales o familiares de atopia (asma, rinitis, eczema, alergias), episodios de atragantamiento o impactación alimentaria, y preferencia marcada por alimentos blandos desde edades tempranas, particularmente cuando estos síntomas aparecen junto con rechazo a carnes duras o pan2.

    La evaluación y el tratamiento debe ser multidisciplinar: en caso de afectación neurológica y psiquiátrica, el manejo de la EoE debe incluir Gastroenterología +/- nutricionista + Alergología + Psiquiatría/ Neuropediatría1,2,5,7,14.

    Como corolario, la EoE se asocia principalmente con trastornos psiquiátricos o del neurodesarrollo y, en menor medida, con alteraciones neurológicas básicamente limitadas a la motilidad esofágica. Se recomienda una evaluación proactiva de síntomas neuropsiquiátricos y alimentarios en estos pacientes, especialmente en niños y adultos jóvenes, para optimizar el manejo clínico1,2,5,7,14.

    BIBLIOGRAFÍA

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    5. Reed CC, Corder SR, Kim E, Sanders E, Tappata M, Eluri S, et al. Psychiatric Comorbidities and Psychiatric Medication Use Are Highly Prevalent in Patients With Eosinophilic Esophagitis and Associate With Clinical Presentation. Am J Gastroenterol 2020;115:853-8.

    6. Taft TH, Carlson DA, Simons M, Zavala S, Hirano I, Gonsalves N, et al. Esophageal Hypervigilance and Symptom-Specific Anxiety in Patients with Eosinophilic Esophagitis. Gastroenterology 2021;161:1133-44.

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    11. Lima RV, Muniz MCR, Barroso LL, Pinheiro MCA, Matos YMT, Nogueira SBR, et al. Autism in patients with eosinophilic gastrointestinal disease: A systematic review with meta-analysis. Pediatr Allergy Immunol 2024;35:e14122.

    12. Heifert TA, Susi A, Hisle-Gorman E, Erdie-Lalena CR, Gorman G, Min SB, et al. Feeding Disorders in Children With Autism Spectrum Disorders Are Associated With Eosinophilic Esophagitis. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2016;63:e69-73.

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    14. Spechler SJ, Konda V, Souza R. Can Eosinophilic Esophagitis Cause Achalasia and Other Esophageal Motility Disorders? Am J Gastroenterol 2018;113:1594-9.

  • CANNABIS y TDAH: la importancia del diagnóstico y del tratamiento precoz.

    El consumo de cannabis durante la adolescencia, especialmente entre los 12 y los 18 años, está asociado a consecuencias negativas, como cierta disminución del cociente intelectual, del rendimiento académico, problemas de memoria de trabajo, del autocontrol (impulsividad) y del razonamiento, a pesar de que su uso es cada vez más aceptado socialmente, debido, entre otras razones, a una falsa sensación de seguridad de su uso debido a mala información a través de redes y medios de comunicación, y a la posibilidad de un uso médico controlado terapéutico y bien orientado en ciertas afecciones psiquiátricas y neurológicas. Por otro lado, los jóvenes continúan buscando sus efectos euforizantes (sentirse "colocados"), o lo usan como medio de afrontamiento y cohesión social, alivio temporal de los síntomas de ansiedad y tristeza. De hecho, los problemas interiorizantes, como la depresión y la ansiedad, son muy comunes en quienes usan cannabis y pueden llevar un trastorno por consumo de dicha sustancia. Es importante enfatizar las terribles complicaciones y consecuencias de la depresión, asociadas a un uso problemático de sustancias, incluyendo el cannabis.

    Cannabis y TDAHCannabis y TDAH

    El trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad (TDAH) y otros comportamientos problemáticos (especialmente el trastorno de conducta oposicionista/negativista-desafiante) pueden ser factores de riesgo para desarrollar una adición al cannabis. El diagnóstico y tratamiento precoz del TDAH disminuye la probabilidad de ésta y otras adicciones. Los factores hereditarios individuales del TDAH y la iniciación del uso de cannabis se han observado entre el 70% y el 80% y entre el 40% y el 50%, respectivamente. Debido a la comorbilidad de estos trastornos, es esencial contar con un amplio conjunto de intervenciones clínicas, que incluyan tanto tratamientos farmacológicos como psicosociales, bien desarrollados, para mejorar la calidad de vida de estos jóvenes. Los síntomas del uso crónico de cannabis y del TDAH pueden ser similares (por ejemplo, disminución del rendimiento académico, comportamiento disruptivo en clase, dificultades de aprendizaje, dificultades frontales ejecutivas como la gestión del tiempo, etcétera), lo que hace que sea difícil el diagnóstico diferencial correcto, y dado que la adicción retroalimenta la disfunción propia del TDAH de forma negativa, el tratamiento del propio TDAH se torna más difícil y complejo, siendo importante, además, la anamnesis evolutiva para detectar cambios más o menos súbitos en los síntomas del paciente. Las intervenciones psicosociales para el TDAH, como el tratamiento cognitivo conductual y otras terapias, deben de adaptarse cuando existe un consumo de sustancias y otros problemas emocionales y de comportamiento asociadas. Entender las diferencias a largo plazo entre los problemas internos (como la depresión y la ansiedad) y los problemas externos (como el TDAH y el trastorno oposicionista desafiante) y cómo se relacionan con el uso de sustancias puede ayudar a crear intervenciones preventivas para las personas con mayor riesgo.

    Por lo tanto, ante un diagnóstico de TDAH, es muy importante realizar un tratamiento multimodal (medicación si es necesaria más terapia psicopedagógica, cognitivo-conductual o basada en el entrenamiento neurocognitivo, entre otras) de cara a disminuir el riesgo de consumo de esta droga, así como de otras muchas, muy nocivas para el desarrollo cerebral de los jóvenes.


  • Redes sociales y salud mental

    Con la colaboración de María del Rosario Campos Díaz. Psicóloga Clínica Infanto- Juvenil y responsable del Centro Cogniciona (Pozuelo de Alarcón)

    Las redes sociales son aplicaciones web cuya finalidad es la comunicación entre individuos, la transmisión de información, y sabemos que la información es poder. Sin embargo, a pesar de las ventajas de su uso, por ejemplo, a nivel laboral, y teniendo en cuenta que conectarse a ellas forma parte de la conducta normal y cotidiana de la vida moderna (Andreassen, 2015), diversos estudios empíricos llegan a la conclusión de que las personas que emplean menos tiempo en redes sociales tienen mejor salud mental (Moreno y otros, 2011).

    RRSS y salud mentalRRSS y salud mental

    Dichas investigaciones evidencian una correlación directa entre el uso de redes sociales y la ansiedad, al igual que con la depresión. Además, está demostrado que a mayor cantidad de tiempo de uso de redes sociales, mayor probabilidad de padecer depresión y ansiedad.

    El impacto en nuestro estado emocional y, más aún, en el de nuestros niños/as y adolescentes va aún más allá. Así, en el trabajo de investigación "Tiempos Modernos: Redes Sociales y Ansiedad", de Laura Vanessa García Gualdrón (asesorada por Mario Andrés Ernesto Martín Padilla), en 2015, se encontró que el uso de las redes sociales en población juvenil se encuentra caracterizada por una fuerte dependencia psicológica, e impulsividad, lo que repercute en el área social y personal de los usuarios, causando también un mal uso del tiempo.

    Mucho se ha escrito ya sobre la adicción a las redes sociales, que se relaciona de forma negativa con el nivel de autoestima, y de forma significativa con el nivel de ansiedad, de manera que los estudiantes con mayor adicción a dichas redes manifiestan también un mayor nivel de ansiedad, como se constata en el estudio publicado en el siguiente artículo: Portillo-Reyes, V. Ávila-Amaya, J. A., Capps, J. W. (2021). Relación del Uso de Redes Sociales con la Autoestima y la Ansiedad en Estudiantes Universitarios. Enseñanza e Investigación en Psicología, 3(1), 139-149.

    Otras consecuencias de su mal uso serían: amistades débiles y superficiales, exclusión, estrés, depresión, adicción y alteraciones en los patrones de sueño, envidia, vinculaciones irreales, entre otras (Drahošová y Balco, 2017). El uso excesivo de redes sociales también puede generar alteraciones emocionales por la visualización de información de alto impacto o de estándares y prototipos de belleza casi imposibles.

    En relación a ello, señalar el artículo publicado en la revista Behavioral Psychology / Psicología Conductual, Vol. 30, Nº 3, 2022, pp. 677-691 https://doi.org/10.51668/bp.8322305sEste enlace se abrirá en una ventana nueva: EFECTO DE LA EXPOSICIÓN A IDEALES DE DELGADEZ EN LAS REDES SOCIALES SOBRE LA AUTOESTIMA Y LA ANSIEDAD, de Blanca Rodríguez-Suárez1 , José Manuel Caperos1 y José Ángel Martínez-Huertas1,2 1 UNINPSI, Universidad Pontificia Comillas; 2 Universidad Nacional de Educación a Distancia (España), que resume que el uso de redes sociales está relacionado con la aparición de trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Los autores encuentran una diminución de la autoestima en el grupo expuesto a imágenes de carga comparativa alta y un aumento de la ansiedad. Concluyen que efecto de las imágenes sobre la autoestima está completamente mediado por el incremento en la ansiedad.

    En la actualidad, las redes sociales cubren algunas de nuestras necesidades en el mundo de la apariencia, como las del reconocimiento, la necesidad de afecto (muchas veces, medida en función de los likes, los retwit, o el número de visualizaciones de vídeos colgados). Las redes te dan la posibilidad de mostrar una imagen de ti que no puedes ser en la vida real e, incluso, el desarrollar distintas identidades, con el peligro que ello supone en una personalidad que se está forjando.

    Por otra parte, "las redes no duermen", por lo que algunos jóvenes sufren angustia por no poder responder de inmediato a mensajes durante la noche o durante su asistencia a clases u otras obligaciones, o bien, sí los contestan, a costa de su higiene del sueño y de la repercusión negativa en sus estudios. Por no hablar de lo problemas de conducta en algunos cuando sus padres tratan de poner límites en este sentido.

    En 2018, Marina Díaz- Marsá, Presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid, ya declaraba que cada vez hay más diagnósticos en jóvenes depresivos que pasan horas y horas en redes sociales.

    En consulta, cada vez más a menudo, además de lo comentado, los profesionales de la salud mental vemos jóvenes víctimas de ciberacoso o de pederastas que contactan con ellos a través de las redes. Los más vulnerables son los/las menores que ya presentan un trastorno de base, como un TDAH o un TAS, de manera que podemos casi hablar de patología dual.

    Todo ello hace imprescindible la prevención, por lo que a continuación se explicitan algunas pautas concretas para un buen uso de la redes, principalmente en los más jóvenes:

    - Controlar el tiempo de conexión a Internet.

    - No creer por completo todo lo que se publica en estos medios.

    - Identificar grupos sociales con gustos o intereses similares a los propios.

    - No dedicar demasiado tiempo a visualizar publicaciones de otros.

    - Evitar pensar de forma irracional, por ejemplo, que es necesario hacer publicaciones que llamen la atención para ser aceptado/a.

    - Participar en actividades sociales fuera de la red.

    - Realizar actividad física con frecuencia.

    - Fomentar otras aficiones y actividades, tanto individuales como en equipo (pero de manera presencial).

    - Trabajar la propia autoestima, independiente de la opinión de los demás.

    Para concluir, como no podía ser de otra forma, se recomiendas los siguientes enlaces web de cara a la seguridad en Internet:

    — Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2019. https://www.dsn.gob.es/es/documento/estrategia-nacional-ciberseguridad-2019Este enlace se abrirá en una ventana nueva.

  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y ansiedad

    TDAH y anisedadTDAH y anisedad

    Los trastornos de ansiedad son los problemas psicológicos más diagnosticados en niños y adolescentes españoles y los de mayor demanda asistencial.

    Si hablamos de adolescentes, la prevalencia de cualquier trastorno de ansiedad según los datos de la entrevista diagnóstica del suplemento para adolescentes de la encuesta nacional estadounidense de comorbilidad (NCS-A), el 30% de los adolescentes tiene algún trastorno de ansiedad (algo menos del 10% de ellos presentan una ansiedad muy grave)1.

    La prevalencia de cualquier trastorno de ansiedad entre los adolescentes es mayor en las chicas (casi el 40%) que en los chicos (25%)1.

    Pero lo más importante, para empezar, sería definir "qué es" la ansiedad. Hay gente que confunde ansiedad con "inquietud", o que utiliza el término "nervioso" para calificar tanto a chavales con ansiedad como a aquellos con hiperactividad, cuando son dos categorías de síntomas diferentes, que eso sí, pueden cursar a la vez, aunque el tratamiento de cada una es diferente.

    El miedo es una respuesta emocional a una amenaza inminente, real o imaginaria, mientras que la ansiedad es una respuesta anticipatoria a una amenaza futura. Como dice el manual DSM, del que ya hablaremos, es evidente que ambas respuestas se solapan, aunque también se pueden diferenciar, estando el miedo frecuentemente asociado a la defensa o la fuga, pensamientos de peligro inminente y conductas de huida, y la ansiedad está más a menudo asociada con tensión muscular, el miedo a un peligro futuro y los comportamientos cautelosos o que evitan (evitativos) el enfrentamiento a ese peligro real o irreal.

    Hemos curioseado en el diccionario de la Real Academia Española De La Lengua. Éste nos dice que la ansiedad es una "angustia", que puede (o no) acompañar a "muchas enfermedades", que impide el "sosiego" (esto es: quietud, tranquilidad, serenidad) a quien la padece. Se entiende en este contexto la "angustia" como una aflicción, un temor opresivo sin causa precisa, una sensación de opresión en la región torácica o abdominal ("sofoco").

    Como vemos, el diccionario de la RAE es bastante difuso y poco concreto en sus múltiples definiciones, pero al menos nos deja claras tres cosas: 1) no hay un solo tipo de trastorno de ansiedad, 2) la ansiedad se manifiesta a través de múltiples síntomas, muchos de ellos físicos (dolor abdominal, dolor de cabeza, opresión torácica, contractura de trapecios y otros músculos del cuello, náuseas, vómitos, etcétera), y 3) la ansiedad impide estar tranquilo, sosegado, calmado, lo que hace sufrir, siendo, por lo tanto, un tostón soportarla.

    Existen varios tipos de trastornos de ansiedad. Todos se recogen en un manual llamado DSM-5 (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition), que es donde se codifican los diferentes problemas que pueden afectar a la mente2. Los más frecuentes son: trastorno de ansiedad por separación, fobia específica (por ejemplo, a una situación, a un animal como perros o avispas, a un entorno natural, a la visión de la sangre, inyecciones, heridas o lesiones, etcétera), trastorno de ansiedad social, trastorno de pánico, agorafobia y el trastorno de ansiedad generalizada, pero hay más. Por otra parte, tendríamos un tipo de trastorno de ansiedad especial que llamamos trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) relacionado o no con tics y otros trastornos relacionados2.

    COMORBILIDADES: TDAH

    El trastorno por déficit de atención / hiperactividad (TDAH) y los trastornos de ansiedad se encuentran entre los trastornos más comunes en niños y adolescentes, pero además la tasa de comorbilidad (esto es, el porcentaje de pacientes que tienen ambos diagnósticos a la vez) es del 25% entre sí3.

    Los trastornos de ansiedad pueden cambiar sustancialmente la presentación, el pronóstico y el tratamiento del propio TDAH. En la infancia o la adolescencia, la presencia de un trastorno de ansiedad generalizada podría alterar, en el día a día, la impulsividad típica del TDAH, dificultando el diagnóstico de este último al actuar la ansiedad como un factor de "despiste"3. Además, la ansiedad puede aumentar el déficit de la memoria de trabajo, muy frecuente en el TDAH, así como aumentar la presencia de problemas de sueño. Las personas con TDAH y trastornos de ansiedad comórbidos se beneficiarían de intervenciones farmacológicas psicosociales o adyuvantes complementarias a la psicoterapia de la ansiedad. Además, los pacientes con ansiedad elevada pueden responder, sobre todo inicialmente, con cierta irritabilidad a los fármacos estimulantes, por lo que conviene adoptar una especial precaución (la mayoría de estudios documentan que con el tiempo los efectos son más beneficiosos que prejudiciales, pero al principio pueden existir problemas)4, de ahí la importancia del diagnóstico de ambas entidades, de hecho, de todas aquellas que puedan estar presentes en un mismo paciente3.

    En conclusión: el mejor tratamiento es un buen diagnóstico, si sólo diagnosticamos una parte de los problemas, probablemente cualquier tratamiento que efectuemos será inefectivo.

    Próximamente trataremos estos temas con mayor profundidad en este BLOG, gracias a todos por leernos.

    BIBLIOGRAFÍA

    1. Kessler RC, Chiu WT, Demler O, et al. Prevalence, severity, and comorbidity of 12-month DSM-IV disorders in the National Comorbidity Survey Replication. Arch Gen Psychiatry 2005; 62:617-27.

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    3. D'Agati E, Curatolo P, Mazzone L. Comorbidity between ADHD and anxiety disorders across the lifespan. Int J Psychiatry Clin Pract 2019:1-7.

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  • Breve guía del Síndrome de Klinefelter (SK) - Segunda parte

    Síndrome de KlinefelterSíndrome de Klinefelter

    Seguimiento.

    El seguimiento médico es importante y multidisciplinar desde el inicio del diagnóstico. El médico o pediatra de familia constituye la piedra angular del seguimiento en el SK.

    El Neuropediatra debe de interrogar por posibles crisis epilépticas febriles o si hay síntomas de crisis no febriles (por ejemplo, ausencias o crisis parciales complejas). La población XXY tiene una mayor incidencia de crisis epilépticas que la población general, aunque de existir, el control no suele ser muy difícil. Además debe de procurar tratamiento farmacológico para los problemas de atención (TDAH) o de otro tipo de trastorno de conducta cuando sea preciso. Puede y debe recurrir al psiquiatra infantil cuando sea necesario. También ha de estar atento a la posibilidad de que aparezca temblor esencial benigno, relativamente frecuente en el SK, y también tratable.

    Inmediata e independientemente de la edad el paciente, éste debe ser evaluado por un endocrinólogo y un urólogo infantil. Con frecuencia hay que tratar la criptorquidia o el hipospadias, si existe, durante los dos primeros años de vida. En ocasiones, si existe micropene, pueden usarse pequeñas dosis de testosterona.

    Los neuropediatras (y a veces los psiquiatras infantiles), logopedas, pedagogos y psicólogos son importantes de cara al manejo de las dificultades del neurodesarrollo.

    Los traumatólogos deben evaluar la masa muscular, que puede estar poco desarrollada (se cansan con más facilidad), los pies planos, así como la afectación de la articulación del codo, del dedo meñique (clinodactilia), y de la espalda (escoliosis). Se debe promover una dieta adecuada y fomentar ejercicio físico. Los reumatólogos pueden sospechar enfermedades reumáticas, más frecuentes que en la población general.

    Los cardiólogos deben realizar al menos un estudio cardiológico, para descartar cualquier defecto de conducción o anomalía cardiaca congénita (son raras, la más frecuente, el prolapso de la válvula mitral).

    Tratamiento.

    El tratamiento sustitutivo hormonal (habitualmente con derivados de la testosterona) en diferentes etapas (para inducir progresivamente y mantener una virilización apropiada a la edad) ha demostrado aumentar la energía y el rendimiento muscular además de mejorar el humor, concentración y relaciones con los demás. Se suele aconsejar su uso prolongado para la prevención de osteoporosis, obesidad, síndrome metabólico, dislipemia y diabetes.

    La monitorización de la terapia incluye analíticas u otras pruebas que determinará el endocrinólogo infantil.

    Aunque clásicamente que ha dicho que el tratamiento sustitutivo hormonal debe empezarse cuando se inicia la pubertad, alrededor de los 12 años, parece que su inicio precoz, dictaminado por un endocrinólogo infantil especialista, puede mejorar ciertos aspectos del neurodesarrollo, incluyendo atención y aprendizaje, así como la ansiedad y la timidez secundaria a ésta (ansiedad social). Éste promoverá el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios masculinos, el crecimiento testicular (pero no tanto la función) y el aumento de la masa muscular lo que suele implicar un aumento de la autoestima, y suele mejorar la atención y el resto de los síntomas TDAH.

    El tratamiento debe ser iniciado y seguido por el endocrinólogo infantil, para individualizar la dosis en cada caso, evaluar el uso de suplementos de calcio/vitamina D y también vigilar la aparición de efectos secundarios, como la hipercolesterolemia o la poliglobulia (que a veces conduce a trombosis). Algunos estudios recientes que han usado alta tecnología consideran que se puede obtener esperma durante la edad pediátrica y tras inyecciones intracitoplasmáticas, conseguir la paternidad en algunos casos (quizás entre el 30-40% de los casos). Suelen llevar a cabo este procedimiento los urólogos especializados. La criopreservación de muestras de semen podría ser ofrecida a los niños antes de iniciar la terapia con testosterona. No hay que olvidar el riesgo de que la paternidad biológica en pacientes con SK puede asociar a fetos con otras cromosomopatías sexuales o de otro tipo. En todo caso, este caso debe ser llevado por un especialista en fertilidad, lo que está muy lejos del alcance de mis conocimientos.

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